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CRITICA FORMALISTA O CRÍTICA DE RAÍZ

 

Las formas más burdas del reformismo y del socialismo burgués hoy consisten justamente en criticar aspectos fenomenales del capital sin ir a la raíz: así se critica la "globalización" sin criticar al capitalismo que fue global desde su inicio, se critica el "neoliberalismo", sin criticar el capital que siempre impone el liberalismo y dice que todo lo viejo es nuevo; se critica el mundo de las finanzas sin ver que el capitalismo siempre fue financiero; se quiere condenar el poder de los bancos y todo lo que parece "virtual", sin darse cuenta que en toda compra/venta existe la abstracción del trabajo del ser humano de carne y hueso (trabajo abstracto, dinero) y sin justamente criticar el valor que es la célula de todo el sistema social del capital!

El famoso dualismo entre mundo oscuro y siniestro de la finanza y el claro y natural mundo de la producción es una siniestra mentira.

¡No existen los grandes explotadores financieros por un lado que se quieren enriquecer demasiado y por el otro lado los buenos y leales industriales que, si bien se quieren enriquecer un poco, lo que buscan en realidad es el progreso de todos nosotros!

Cómo tampoco existen un proyecto social basado en la sumisión del país a la especulación financiera internacional y otro que estaría basado en el país productivo, en el famoso mito de que “el progreso de la producción nos conviene a todos”.

El asunto es que al ciudadano de a pie, condicionado por la ideología dominante le resulta misterioso lo que hace el banco y el poder de los financieros, pero le resulta "natural" el billete de banco y hasta le han hecho creer que desde que existe el hombre existe el dinero. Sin embargo ninguno de los problemas que vive hoy la humanidad se podrá solucionar de raíz si no se ataca la clave del mundo actual: el valor, el dinero.

El imperialismo es agitado como un cuco, como ayer el fascismo.

En realidad se busca hacer adherir a la esencia normal del sistema social capitalista, el imperialismo y lo que se conoce hoy como "fascismo" existe desde mucho antes del capitalismo y no se lo puede combatir si no se corta la raíz misma del sistema social vigente de lo cual el "fascismo" y el "Imperialismo", no son más que sus jetas modernas.

 No hay que caer en la codena de las “barbaridades” que hace el capitalismo, hay que enfrentar al capitalismo que contiene todas las barbaridades.

No cedáis a la estúpida crítica de los excesos de las finanzas, de los “gobiernos fascistas” o de las “masacres imperialistas”; luchemos por destruir de raíz la sociedad del valor y del dinero que produce las finanzas con sus excesos, los gobiernos fascistas y de izquierda y las masacres “imperialistas” y “anti-imperialistas”-

Lo que hoy está viviendo la humanidad no es una crisis financiera, una crisis económica y o una destrucción ecológica; lo que se está viviendo es la crisis generalizada de la sociedad del valor y el dinero; lo que nos están ocultando todas esas “crisis financieras”, “ecológicas”, “económicas”,…; es que el sistema mercantil generalizado (en otros términos el capitalismo) no puede seguir creciendo sin destruir al planeta entero.

Ya no se trata de derecha o izquierda, progresismo o conservadurismo, crisis o crecimiento, paz o guerra; sino mucho más prosaicamente de seguir la carrera enloquecida de este mundo de producción de mercancías o de la especie humana: el futuro será o mercancía o ser humano.  

El capitalismo financiero es tan podrido como el real, el mundo siniestro de las finanzas no es más que la otra cara del famoso progreso nacional y uno no puede existir ni desarrollarse sin el otro.

Más aún ambos están condicionados por el mismísimo criterio: la maximización de la ganancia, los capitales migran de uno para otro no en función del progreso de la nación o de la buena consciencia ecológica sino simple y llanamente según la tasa de ganancia. El crédito y la especulación no son más que una de las actividades que el capital hace para realizar su objetivo: ganar lo más posible.

El país productivo, el progreso, o la famosa producción o cambio equitativo no son más que consignas que recubren exactamente el mismo contenido: tasa de ganancia.

Si un proyecto se le hace mucha propaganda, si otro se oculta, si otros tienen políticos o ideólogos que los defiendan por ejemplo en función del progreso del país o de la defensa del planeta, todo eso no es más que pantomima que en realidad entra en los gastos de representación del capital.

Hoy todos los partidos políticos del más de derecha al más de izquierda están financiados por esos gastos de representación, cuesta más dinero para esos partidos el hacer una campaña que pegue más a la ideología  a la moda.

Si además hay que presentar tal o cual destrucción de la naturaleza y/o privación/represión de humanos para ese proyecto como su contrario (“progreso”, “gran avance productivo”, “aporta capitales al país”…) como si fuera la puerta de la felicidad para el país es normal que se financien partidos enteros (o lo que es lo mismo que se compren consejos de ministros o grupos de parlamentarios!).

No existe ningún país en donde en nombre del progreso, del país productivo y del trabajo nacional, no se esté hoy reprimiendo seres humanos, privándolos de tierra y de otros recursos naturales.

Los políticos que dan la jeta para justificar tanto progreso siempre utilizan alguna de esas falsas oposiciones para justificarlos y son pagados a cuenta de aquellos gastos de representación del capital. Pero el dualismo es sólo “pour la galerie”.

En realidad en una sola operación de esas ganan todos los tipos de capitales y capitalistas, desde el productivo al que llaman “improductivo”, desde el “real” al “virtual”, desde el “nacional” al “imperialista”, desde el “económico” al “político”; así como también ganan los burgueses de aquí y de allá, los jefes de empresa y los accionistas, los políticos y los económicos.

Lo que los inversores pagan en explicación política, en campañas para los partidos políticos progresistas que llevarán a cabo ese “sacrificado proyecto en beneficio del desarrollo nacional” forma parte del total del capital invertido que se recuperará con creces en los años sucesivos y, más allá de la capacidad de los economistas para inventar estupideces que el ciudadano de a pie no entiende, nadie podrá desagregar en real o financiero, “natural o ficticio”, “nacional o imperial”, ni ninguna de esas pajas la plusvalía obtenida ya no sólo gracias al trabajo inmediato de los proletarios que ahí trabajen, sino también por la renta absoluta y relativa apropiada gracias a haber separado más al ser humano de la Tierra que sigue empobreciéndose al mismo ritmo que él.

No se trata entonces de criticar o luchar sólo contra los aspectos fenomenales del capitalismo, sino contra el capitalismo mismo cuyo desarrollo amenaza no sólo al ser humano sino a todas las especies vivas del planeta.

La crítica del capitalismo debe ir a la raíz, al ser humano, a la incompatibilidad entre el ser humano y el capital.