por Daniel Gianelli
Que un embajador "político", hombre de la total confianza del presidente de la República, reconozca públicamente en una entrevista radial un hecho que la Cancillería y el ministro se habían tomado el trabajo de desmentir en varias ocasiones en los días previos —y por el cual el mandatario reprochó a la oposición por supuesta deslealtad—, no deja de ser un hecho sorprendente.
No lo es menos que el presidente reproche la indiscreción, el embajador político presente su renuncia y que esta sea rechazada por el mandatario y el canciller.
El episodio no hace sino confirmar el grado de desprolijidad, improvisación, voluntarismo y falta de profesionalidad con que el gobierno conduce las relaciones con Argentina y la política exterior del país.
Una conducción que en los últimos meses ha merecido severos cuestionamientos de la oposición, críticas del periodismo independiente y que incluso genera preocupación en la propia coalición de gobierno.
Cuestionamientos que han subido de tono a medida que los anuncios optimistas del presidente Mujica y del canciller Almagro no pasan de palabras que se lleva el viento.
Sobre todo porque las reiteradas expresiones de apoyo a acciones argentinas (caso Malvinas, expropiación de Repsol, etc.) no son correspondidas. Ni siquiera como socio del Mercosur Uruguay recibe un tratamiento especial ante medidas proteccionistas que vulneran el acuerdo subregional y que traban exportaciones de rubros "sensibles" por la generación de mano de obra.
La difusión pública ("El Observador", 5/5) de "un intento de coima" a un funcionario uruguayo de la Comisión bilateral del Río de la Plata (CARP), que trata el planteo de Uruguay de ampliar y aumentar la profundidad del canal Martín García, fue cuestionada y negada por el canciller e incluso mediante un comunicado ministerial.
Sin embargo, días después, otra publicación ("Caras y Caretas", 11/5) dio cuenta de un encuentro que habrían tenido hace más de un año el ex vicecanciller argentino Roberto García Moritán y el presidente de la representación uruguaya en la CARP, Francisco Bustillo.
Según la versión, se le habría trasladado a este último un ofrecimiento de pago de un millón de dólares si Uruguay concedía a Riovía SA, representante de la holandesa Royal Boskalis, nuevos trabajos de dragado en el canal empleado para conectarse vía marítima con Nueva Palmira.
Según trascendió ahora, Bustillo, quien también se desempeña como jefe de gabinete de Almagro, puso en conocimiento de su superior el hecho, decidiéndose mantenerlo en reserva para evitar un escándalo que pudiera entorpecer el objetivo de mejorar las condiciones de navegación del canal Martín García, obra de exclusivo beneficio uruguayo cuyo costo ambos países debían compartir.
Meses atrás trascendió que firmas competidoras de Riovía SA mejoraban mucho la cotización del actual proveedor, cuya oferta fue defendida por la delegación argentina. Ello supuso postergar una obra que no le depara mayores beneficios porque la exportación de sus granos se hace principalmente a través del canal Emilio Mitre, que corre paralelo a su costa y tiene más profundidad que el canal Martín García.
Las dilatorias argentinas en este y otros temas de infraestructura planteados por Uruguay debilitaron en lo interno la posición del gobierno, golpeado además por problemas de seguridad pública y conflictos en la enseñanza y la salud.
El reiterado optimismo de Mujica y Almagro, sus abrazos y sonrisas con Cristina y Timmerman, pasaron a ser incomprensibles.
Quizás para cerrar esa brecha interna, Bustillo hizo contactos políticos para explicar la posición oficial, oportunidad en la que en reserva aludió al intento de soborno.
Pero cuando la información se publicó, la noticia fue negada una y otra vez para evitar complicaciones con Argentina.
Así fue hasta que el embajador Julio Baráibar (tupamaro, ex visitador médico, exiliado en Suecia, a quien Mujica profesa "infinita confianza") se fue de boca y reconoció haber recibido en "un acto de confianza" el relato de "este embajador (Bustillo) que vino y me contó en detalle cómo había sido toda la situación".
Enterado Mujica de los dichos de Baráibar lo llamó por teléfono y le reprochó su indiscreción. Poco más tarde éste difundió una carta de renuncia acomodando sus dichos para "salvar" a sus superiores.Ya no fue "un acto de confianza" sino "comentarios" que "llegaron" a sus "oídos".
Al día siguiente el subsecretario Roberto Conde reconoció que "hay una transmisión oral a un funcionario de la CARP que dice haber recibido la versión, de una persona externa, sobre presuntos arreglos", lo cual fue "registrado en actas". Eso es, según Conde, la "única referencia objetiva sobre un hecho dudoso".
Y agregó: "¿Alguien sabe si efectivamente es una decisión de la empresa o es de una persona que está buscando un lucro personal o tratando de enturbiar un clima porque está haciendo un mandado? Nadie lo sabe".
Los "detalles exactos" del encuentro, "que sí existió pero fue por otras razones", agregó, habría que "afinarlos" con "el embajador Bustillo".
Independientemente de las derivaciones que estos hechos tengan en la relación con Argentina, revelan la improvisación y el voluntarismo con que se maneja hoy el MRREE.
El canciller, un secretario de primera en el Servicio Exterior, se subió al estribo de Mujica cuando éste fue ministro de Ganadería para salir catapultado como embajador político a China. Dada su funcionalidad a las ideas —y talenteos— de Mujica, desde allí regresó como ministro.
Almagro armó su equipo de colaboradores requiriendo los mismos méritos que él le ofrecía a Mujica.
Su jefe de gabinete es un embajador que avanzó en la profesión a la sombra de la carrera de su padre, con escasa experiencia diplomática y que tiene una causa judicial abierta en Argentina por la importación, mediante documentación adulterada, de dos coches deportivos (Porsche) no comprendidos por la franquicia diplomática, según una investigación interna del Palacio San Martín.
Pese a la situación de vulnerabilidad que la causa abierta supone, el canciller no consideró relevante el antecedente y lo designó jefe de su gabinete y, como si nada, presidente de la delegación uruguaya en la CARP. De no creer.
Como consecuencia de los manejos de personal y las decisiones tomadas por el ministro se ha producido un claro distanciamiento entre el ministro y su entorno y la mayoría de los integrantes del Servicio Exterior.
Ello quedó de manifiesto en la elección de autoridades de la Asociación de Funcionarios (Afuseu) y en la de la representación del personal en las Juntas Calificadoras de ascensos, donde "el caballo del comisario" tuvo una derrota aplastante.
Hace unos meses se hizo el ridículo en la subcomisión de Límites de la Plataforma Continental de la ONU porque, pese a saberse que la presentación debía hacerse en inglés, el presidente de la delegación uruguaya no pudo hacer la defensa de la posición uruguaya por no hablar ese idioma.
Semanas después se encargaron las gestiones para abrir una embajada en Vietnam a un periodista cuyo único mérito era haber entrevistado a Ho Chi Min en los años ‘60. En su apoyo, dado su desconocimiento del idioma, debió enviarse a un funcionario acreditado en Beijing.
Son solo dos perlas de un largo collar que se reconoce por la discrecionalidad, la incondicionalidad y el amiguismo que rigen hoy en el MRE. Ponen de manifiesto asimismo el sentimiento de impunidad que guía muchas decisiones que se toman.
Mientras, la oposición mira para otro lado o cuida otros intereses.
Búsqueda Edición nro. 1663