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Estado

 

Argentina

Muchas conjeturas surgen del análisis de la rebelión de uniformados de los últimos días.

Una de las críticas interesantes de la propia burguesía hacia el oficialismo es que dio lugar a la ruptura de la verticalidad, “La cadena de mandos ya se había roto antes por el manejo político de las fuerzas de seguridad. La rompió la propia Presidenta cuando empezó a desconfiar de la eficacia de su ministra de Seguridad, Nilda Garré, y nombró un viceministro, Sergio Berni, que es más ministro que la ministra “[i].

Esto va más allá de las formas que debe mantener una institución militar; es producto de la necesidad del partido gobernante de ocupar espacios y centralizar en los más allegados por dos razones, una es el premio de los recursos públicos, la prebenda con la que se sostiene la fidelidad.

La otra es la imperiosa necesidad, de toda la clase dominante, de fortalecer el Estado ante la crisis que no terminó de llegar y todavía no se pueden vislumbrar sus consecuencias[ii].

Una de ellas es el fracaso de  la clase dominante para recomponer la institucionalidad, que si bien lo logró fue un logro efímero, luego de diez meses de mandato del actual gobierno los conflictos no dan tregua, por arriba y por abajo, caceroleros y prefectos y  huelgas parciales en casi todo el país.

El centro de la política, como analizábamos en otros artículos, ha pasado de los salones a la calle.

La preocupación central del gobierno ya no son los bloques parlamentarios sino la protesta social. Esto es visible desde la lucha de “Los Dragones” que incluso opacó la primera manifestación de Moyano.

Es importante destacar que esta rebelión uniformada, si bien tiene antecedentes en acuartelamientos policiales, es más pesada porque se produce en la fuerza que el gobierno consideraba su “guardia republicana”, es la que más creció numéricamente desde el 2003 y fue la estrella de los recientes  operativos contra la inseguridad.

Esa es la causa de la velocidad de respuesta del gobierno ante los reclamos de los uniformados (velocidad que nunca tuvo ni tendrá con los trabajadores), pero hay otro aspecto que se deslizó dese el propio oráculo ideológico del kirchnerismo y que ilustra cómo se sostiene el Estado burgués, en esta fase de descomposición del capitalismo. El entramado de negocios judiciales, políticos y uniformados que desde hace décadas crecen con los recursos del Estado.[iii]

El reclamo de gendarmes y prefectos tiene esa base.

El gobierno quiso recortar ante la creciente crisis fiscal, parte del drenaje que alimenta a los mercenarios de uniforme no por ánimo de combatir la corrupción, eso es imposible para el capitalismo serio o no, sino porque ya no hay tanta plata para tirar y como reconoce el mismo oficialismo, el recorte se efectuó en los escalafones más bajos.

Pero lo puso en una contradicción entre recortar gastos y mantener contenta a la mano que empuña el garrote del capital, si cede como todo parece indicar puede abrir un cauce de reclamos salariales en otras fuerzas, pero también en los trabajadores a los que nos quiere imponer un salario de 3200 pesos, ante los 7000  que exigen los mercenarios.

Por esta razón rechazamos la postura de algunas centrales sindicales y partidos de izquierda, que promueven la sindicalización de las fuerzas de seguridad y asumen estas pujas como reclamos salariales.

Así como no podemos considerar trabajadores a los burócratas y traidores a nuestra clase, tampoco debemos guiarnos por el origen social de quienes componen la gendarmería y la prefectura, la cuestión no es la forma del reclamo sino el lugar que ocupan en la producción social y lo determinante que es la posición de clase que asumen. Eso es indudable, son verdugos de los trabajadores.

Otro aspecto sustancial es de dónde provienen esos ingresos que ahora defienden ¿del salario o de la enorme red de negociados? Si el grueso de sus ingresos proviene del narcotráfico y la prostitución ¿son trabajadores o empresarios?  ¿son trabajadores o mafias?

No sólo rechazamos la sindicalización y el mismo reclamo que realizan, sino que apuntamos a eliminar estas fuerzas como toda la burocracia que sostiene al capital.

Insistimos con esto porque no vemos que haya ninguna conspiración golpista detrás, como agita permanentemente el oficialismo.

Afirmar eso es desconocer el historial de golpes de Estado que asolaron a nuestro pueblo y quienes los digitaron, justamente no son los uniformados sino señores de traje y corbata, “empresarios respetables” los que bajan el pulgar.

Los uniformes obedecen porque justamente los golpes militares se dan para defender al capital cuando la clase obrera está en condiciones de amenazar  su existencia, situación que no se da hoy, en la que el capital más concentrado obtiene ganancias incluso mayores que en los '90 y en la última dictadura.

Es a raíz de esto que valoramos que no es viable para los sectores dominantes un golpe de Estado en este período histórico, fundamentalmente porque no es necesario para garantizar las ganancias de la burguesía y la dominación imperialista.

¡Ninguna solidaridad con quienes nos reprimen!

¡Basta de perseguir a los luchadores populares!

¡Castigo a los responsables materiales e intelectuales del asesinato de Mariano Ferreyra!

Notas 

[i] Joaquín Morales Solá, La Nación 07/10/2012

[ii] Página12 , suplemento Cash 07/10/2012

[iii] Horacio Verbitsky;  “Hacéte amigo del juez”. Página12 07/10/2012



FRENTE DE ACCIÓN REVOLUCIONARIA