El doctor Federico Fasano Mertens, periodista y editor de larga trayectoria e intensa presencia en la comunicación y la política uruguayas, protagonista de primera línea de la década predictadura y activo luchador por la causa democrática, responde una a una las alusiones del ex comandante tupamaro Héctor Amodio Pérez.
Escrito por: Federico Fasano Mertens
La República Miércoles 05 de junio
( los subrayados y mayúsculas son de posta)
Recién retornado a Montevideo, desde la siempre sorprendente Roma, portando contestatarias ideas sobre la televisión digital abierta a la que me presentaré para defender una vez más las utopías de la izquierda uruguaya, me entero que el diario El Observador, publicó 6 cartas de Amodio Pérez en la que éste, me denosta con mucha pasión y poca razón en varias de sus vehementes misivas.
Cuando se publicaron los primeros trascendidos en los cuales el presunto Amodio se refería a mi persona, me llamé a silencio por aquello de que el silencio después de la palabra es el segundo poder del mundo
.Hasta que no se identificara al autor y no se publicaran en algún medio los textos completos de su alegato, no tomaría la palabra.
La publicación se concretó durante mi ausencia lo que me lleva ahora a contestar sus referencias e inexactitudes en 10 sumarias reflexiones.
1) Amodio afirma en su carta No. 1 que me convocó a escribir sus memorias políticas, porque me consideraba su amigo y compañero sindical al integrar juntos la Comisión Interna del diario BP Color.
Ambas afirmaciones son ciertas
Milité sindicalmente con él, antes de que Héctor pasara a la clandestinidad y fui también su amigo. Como fui amigo de todos aquellos ciudadanos que se cruzaron en mi camino y entregaron su vida a las ideas socialistas. Para hacer más justa y libertaria la sociedad en que vivimos. Amodio era uno de ellos.
Y dejé de ser su amigo cuando descubrí que él estaba enrolado en un proyecto, que por salvar su vida y la de su mujer, fortalecía a los motineros uniformados que finalmente tomaron por asalto el Estado y la sociedad, perpetrando las sevicias más terribles que el pueblo uruguayo sufriera colectivamente desde los albores de su nacionalidad.
2) Amodio en su relato dice que me envió el texto manuscrito al que yo debía darle forma de libroy que después de leerlo le pedí una entrevista en el cuartel Florida. No entiendo porqué distorsiona los hechos, salvo que los 41 años de distancia de los sucesos le haya afectado algo la memoria y nublado en parte el entendimiento.
La verdad es que su padre me contacta en mi casa para decirme que su hijo, prisionero en el cuartel Florida, quiere hablar conmigo por temas muy importantes para la causa de la izquierda uruguaya y que si yo acepto, él se ocuparía del encuentro.
No me entregó en ese momento ningún manuscrito salvo una nota escrita por él, en letras de imprenta, pidiéndome la reunión. Jamás pedí yo entrevista alguna.
Como me llamó la atención que un prisionero en esos tiempos dramáticos de nuestra historia, pudiera disponer del apoyo necesario para que un periodista, adversario del Presidente Bordaberry y los criminales en ciernes que lo rodeaban, pudiera ingresar en los cuarteles y hablar en privado con los tupamaros encarcelados, consulté en primer lugar a algunos guerrilleros que aún no estaban clandestinos, pero ninguna información solvente pudieron aportarme.
Después consulté a Seregni, a Héctor Rodríguez, a Zelmar Michelini, y a mi hermano Carlos Fasano, y todos aprobaron mi entrevista con Amodio como una forma de saber lo que estaba pasando. Con la firme y comprensible oposición de mi esposa, Charo Márquez, quien temía por nuestros cinco pequeños hijos, accedí a la reunión.
Me fijaron un lugar de encuentro nocturno y un militar de civil me hizo subir a un taxímetro y tras encapucharme y dar numerosas vueltas por la ciudad terminamos en el cuartel Florida,donde la guardia se cuadró al paso del civil que me acompañaba. Nunca supe porqué me encapucharon si finalmente iba a entrar a cara descubierta al siniestro centro de detención donde al par que se torturaba sistemáticamente se discutía ideológicamente con los prisioneros sobre la corrupción política de la oligarquía en el poder.
Recién en ese encuentro Amodio me entrega sus manuscritosy trata de convencerme de que redacte el libro, elogiando mi estilo y mi prosa, y sobre todo argumenta a favor de la alianza del tenientismo progresista con lo que quedaba del MLN para dar el golpe antioligárquico a fin de año.
Conocía mi origen revisionista histórico que abrevaba en Vivián Trías, Ares Pons, Methol Ferré, Real de Azúa, De Torres Wilson, Daniel Vidart y tantos otros intelectuales políticos cuestionadores de la historia oficial, concentrados en la añorada Agrupación Nuevas Bases, que fue la forja de mi militancia fundacional.
Amodio había leído algunos artículos míos donde yo apoyaba las posturas de Rosa Luxemburgo y Guillermo Liebknecht, quienes sostenían que había que derrotar el ‘’antimilitarismo vulgar’’ de ciertos sectores de la izquierda y que la revolución no se haría ‘’contra el Ejército y sin el Ejército,sino con el Ejército’’, unido al pueblo y su vanguardia, el pueblo organizado.
Me explicó que entre los tenientes que apoyaban la idea de terminar con la oligarquía corrupta en el poder, se destacaban Calcagno, que era el que me había llevado en el taxi,Camacho, Armando Méndez, Aguirregaray y otro de apellido Gonzálezy que el jefe del Florida, Carlos Legnanitambién simpatizaba con la idea.
Amodio insistió en su proyecto, me recordó mis ideas nacionales, me ocultó que estaba colaborando con sus captores en la destrucción de lo que quedaba del MLN y sobre todo me engañó al maquillar el objetivo real de sus propósitos, que no era el libro ni el proyecto político que me proponía, sino la obtención del salvoconducto hacia su libertad y la de su compañera a cambio de ‘’ordenar los papeles de Armando Méndez” y entregar a la tortura, la prisión y quizás la muerte, a los compañeros que aun respiraban en libertad.
Tras esas 9 horas le dije que no me había convencido. Sus ácidas y no comprensibles para mí, críticas a Raúl Sendic, a quien yo admiraba, y era una garantía, por su cabeza política, para evitar el predominio militarista en la organización,acentuaban aun más mi desconfianza.
Expliqué que necesitaba un tiempo para escuchar las otras voces militantes y consultar con gente de confianza y sobre todo con mi propia conciencia.
En el momento de la despedida le advertí que si me había mentido sobre su conducta y sus intenciones, no me dejara salir, que yo estaba dispuesto a dar mi vida para enfrentar el golpe y él me conocía lo suficiente para saber que pondría todas mis neuronas y mis músculos en defensa de la izquierda uruguaya.
Pero si sus intenciones eran honestas políticamente, aunque fueran desacertadas, las iba a considerar con racionalidad
3) Aclara en sus cartas que me había convocado pese a que ‘’sabía que Fasano discrepaba con el MLN’’
Llama la atención su precisión ya que los decretos de clausura de mis medios se fundaban en ‘’los diarios pro tupamaros de Fasano’’. Así lo sostenía el pachequismo y buena parte de los parlamentarios gubernamentales.
Pero cierto era, que yo me afiliaba a la táctica del ‘’ golpeteo y desgaste’’ más que a la confrontación armadaque en oportunidades derivó en ‘’el héroe en la escena y las masas en la platea’’.
Siempre los protegí y apoyé en mis diarios porque formaban parte del partido del cambio, adversario histórico del statu quo que dominó la historia uruguaya.
Admiraba por su coherencia a esa juventud que empuñó las armas contra la injusticia y la desigualdad, pero discrepaba con su voluntarismoy sobre todo con la falta de coordinación con el movimiento de masas que avanzaba lenta pero inexorablemente en el ascenso de la lucha social y la formación de la herramienta política más importante de nuestra historia, el Frente Amplio del Uruguay, orgullo de la izquierda latinoamericana y que hoy encuentra en sus primeras filas a los desconfiados guerrilleros de antaño.
4) Dice en otra parte de sus cartas que yo le ofrecí U$S 150.000 por el manuscritoexigiéndole borrar del texto todos los contactos del MLN con los dirigentes políticos, como Wilson Ferreira, Erro, Michelini entre muchos otros.
LO PRIMERO ES FALSO e ignoro con qué intenciones modifica la realidad.
Fue Amodio el que me ofreció desproporcionados honorarios por escribir el libro, honorarios que rechacé en el mismo acto, porque mezclar un interés económico con el propósito político que me ofrecía, deslegitimaba el objetivo altruista, causa necesaria aunque no suficiente de la acción política.
Imaginarse a un periodista ofreciendo por un reportaje (porque el manuscrito era una autoentrevista a la que había que darle forma literaria), la cifra de U$S 150.000 de hace 41 años, es decir casi un millón de dólares de ahora, es simplemente delirante y no creíble.
Sobre mi exigencia, de suprimir del libro toda referencia a contactos tupamaros con dirigentes políticos, AMODIO NO FALTA A LA VERDAD.
Hubiera sido una traición a dirigentes de izquierda cuyos contactos con el MLN tenían como objetivo la denuncia del terror estatal y la defensa de las instituciones y también hubiera sido una traición a dignos dirigentes de la burguesía nacional, como Wilson Ferreira Aldunate, jugado sin titubeos contra el golpe que sobrevolaba un país traumatizado por la desmesura estatal
5) Sigue Amodio en su carta: ‘’Fasano me tendió una trampa y caí como un chorlito’’y añade que hice llegar el manuscrito a todos los políticos de izquierda mencionados con lo cual monté ‘’el quilombo más grande nunca imaginado, quilombo que serviría para encumbrar a Fasano como el adalid de la democracia”.
No le tendí ninguna trampa. Hice lo único que podía hacer un hombre que habíadirigido cinco diarios al servicio de la izquierda uruguaya, que había sufrido el récord mundial de clausuras de periódicos, que había soportado atentados, detenciones, amenazas, confiscaciones.
¿Acaso Amodio podía siquiera imaginar que no iba a consultar a mis mandantes, las fuerzas del cambio social?
Lo primero que hice fue reunirme con mi hermano Carlos Fasano, dirigente de los GAU, con Seregni, Zelmar Michelini, Enrique Erro, Héctor Rodríguez, Rodney Arismendi, Juan Pablo Terra, Rodríguez Camusso, José Pedro Cardozo y otrosde los que ya no me acuerdo.
Alguno de ellos ya habían escuchado versiones sobre las delaciones de Amodio, aunque nada estaba confirmado
Nadie apoyaba el ‘’golpe bueno’’. Hubo unanimidad: había que sumar a la encrucijada, obviando las diferencias políticas,a Wilson Ferreira, para despejar la incógnita. La izquierda sola, perseguida como estaba, no podía proseguir en solitario con esta nueva vuelta de tuerca.
Se me pidió a riesgo de mi vida y mi libertad que continuara los contactos con Amodiomientras ellos confirmarían las versiones sobre la presunta colaboración con sus enemigos.
Me reuní con Wilson en el despacho de la Presidencia de la Cámara de Diputados con la presencia de su titular, mi amigo Héctor Gutiérrez Ruiz.
Ambos con evidente preocupación, pero mayor responsabilidad y solidaridad, asumieron el rol de defender las instituciones amenazadas, reiteraron su pedido de continuar las conversaciones en el Florida, se comunicaron con el Comandante en Jefe del Ejército, el antigolpista General César Martínez y me aseguraron protección de vida ,promesa que era imposible de cumplir.
Los hechos posteriores son parcialmente conocidos.
El día en que debía entrar por segunda vez al Batallón Florida fui secuestrado por un comando del servicio de inteligencia del Ejército que irrumpió por la fuerza en mi hogar, la reunión se frustró,
Wilson y El Toba le dieron el pésamea mi mujer porque creían que el secuestro era obra del Escuadrón de la Muerte, que días antes había hecho pública a través del semanario Azul y Blanco la orden de mi ejecución.
Yo también lo creía hasta que, mientras me interrogaban encapuchado, le espeté a mi captor que si era un militar, se trataba de un militar perjuro que violaba el juramento del General Magnani sobre el trato a los detenidos.
Mi interrogador me arrancó la capucha y confesó: ‘’soy el Coronel Ramón Trabal, jefe del servicio de información del Ejército y usted está aquí detenido por orden del Presidente de la República, Juan María Bordaberry’’.
A partir de ahí, respiré aliviado. No era el Escuadrón.
Reiteré que había sido secuestrado sin orden judicial alguna y me negué a seguir hablando con Trabal, quién no podía creer que yo estuviera entrando de noche en los cuarteles, sin su conocimiento. Exigí la presencia del General César Martínez y solo ante él formulé mis declaraciones.
El Jefe del Florida negó mi presencia en el cuartel y Trabal me llevó a reconocer el lugar de la reunión con Amodio para verificar si yo estaba mintiendo.
Me dejaron solo en el edificio central, subí las escaleras hacia el primer piso, identifiqué el lugar donde estuve reunido y antes de abrir la puerta le dije a Trabal qué cuadros y qué objetos se encontraban en esa habitación.
Todo fue como lo revelé
A partir de ese momento comenzaron las detenciones de varios oficiales y yo quedé emplazado por la justicia militar, no pudiendo salir del país hasta unos días antes del golpe, fecha en que huí a Buenos Aires.
Mi esposa logró escapar un mes después, el libro Paren las Rotativas fue confiscado de las librerías a las dos horas de su distribución, el Escuadrón de la muerte empapeló con mi foto de condenado los alrededores de la Universidad, mis hijos fueron retenidos por el Inspector Castiglioni durante varios meses impidiendo el reencuentro familiar en el exterior, Amodio y Alicia Rey eran llevados a la frontera brasileña para huir del terruño, el país entró en su noche más sombría.
Se comenzaba a escribir la pesadilla de la docena trágica.
Tres años después volví a huir a México al ser buscado en mi domicilio por comandos armados, a raíz de la denuncia pública que hice sobre mi entrevista con el General Albano Harguindeguy, Ministro del Interior de la dictadura argentina, en su domicilio de la calle Las Heras, a quien acusé del asesinato de Michelini y Gutiérrez Ruiz, tras reconocer sus cuerpos torturados en la morgue bonaerense.
No traicioné a mi ex amigo. La traición se da cuando alguien rompe un compromiso asumido. No hice nada que no fuera pedido y autorizado por los dirigentes de las más importantes fuerzas políticas del Frente Amplio. No haber hecho lo que hice, sí, hubiera sido una traición a la izquierda uruguaya y a mi propia conciencia.
6) No creo que Amodio haya sido la causa principal de la derrota de aquel movimiento guerrilleroque en la década sesentista sorprendió desde el Río Bravo hasta el Cabo de Hornos, por su vendaval purificador, con el santo y seña de habrá patria para todos o no habrá patria para nadie.
La fuerza social armada más importante de la historia uruguaya del siglo pasado que desbordó los marcos del continente, no habiendo rincón del planeta donde el término ‘’tupamaros’’ no fuera conocido, se derrumbó no solo por las delaciones sino por una espesa red de contradicciones que analicé en el libro editado en México, ‘’Después de la derrota’’, que fuera prohibido y confiscado por la dictadura uruguaya, siendo desconocido su contenido hasta el momento.
Sí, creo que Amodio fue un comprometido jefe tupamaro, valiente como el que más, líder de la corriente militarista enfrentada a la corriente política de Raul Sendic, que en la hora de la derrota donde se ven los gigantes, renunció a ser un Jean Moulin y enceguecido de odio hacia muchos de sus compañeros, desplazado del ejecutivo estratégico, desesperado por la prisión de su mujer, seguro de la inevitabilidad de la derrota final, no titubeó en colaborar con los enemigos de la vida, traicionando a su organización a cambio de la libertad de ambos, maquillando su derrumbe moral y psíquico, con un proyecto político que solo existió en su imaginación, ya herida de deserciones profundas.
Sin embargo dudo que su colaboración con el enemigo hubiera comenzado mucho antes de mayo de 1972.
No me lo confirman ni las informaciones en mi poder como director de los diarios que dirigí en esa época fermental, ni las 9 horas que estuve con Amodio en el Florida, sobre cuyo contenido profundo no he hablado durante todos estos años.
Sus cartas, atacando sin límites a la flor y nata de la honestidad guerrillera, Raúl Sendic,José Mujica, Fernández Huidobro, Marenales, Zabalza, Rosencof que entregaron sus vidas al servicio de una causa justa y humanista, prueban que estos años de reflexión no le han servido de nada.
Tras 150 años de dominación oligárquica, cuando la ciudadanía instala en el poder a los compañeros de Amodio, de qué le sirve al pueblo uruguayo que dijo defender, que el jefe de la columna 15 vuelva del pasado para debilitar las posiciones por las que el propio guerrillero luchó durante una década, hasta que sus convicciones y su moral se quebraron irremediablemente, en conducta sin retorno.
7) En su cuarta carta Amodio afirma que Mujica, Fernández Huidobro, Zabalza y Federico Fasano, somos los que tememos su reaparición
Dice textualmente en su libelo: ‘’Parafraseando a Edward Albee, ¿quién teme a Amodio Pérez? me respondo que muchos. Empezando por Mujica, el desmemoriado, siguiendo por el Ministro de Defensa, tan documentado en tantos temas que no ha entendido nunca, el propio Zabalza, que según sus Cuentos Herejes ha vuelto a sus raíces ácratas y critica la orientación política del MLN en los años 71 y 72 y Federico Fasano que aspiró a ser reconocido como el salvador de la democracia uruguaya y a punto estuvo de conseguirlo”.
Al respecto, solo me cabe decirle a mi ex compañero del sindicato y a mi ex amigo, que no temo en lo más mínimo su retorno, NI LA DIFUSIÓN DE SUS OPINIONES E IDEAS.
Me da lástima que un luchador al que respetaba por su coherencia de vida, más allá de su desprecio por la política que lo conducía muchas veces a confundir la lucha armada más como fin que como medio,haya terminado de la forma en que termina, empeñándose ahora en persistir en su conducta terminal.
8) Finalmente una reflexión sobre su acusación de que yo aspiré a ‘’ser reconocido como el salvador de la democracia uruguayay a punto estuvo de conseguirlo”
El ‘’a punto estuvo de conseguirlo’’, parece traducirse en un lamento porque no lo conseguí. ¡Qué vergüenza, Héctor!
No aspiré en modo alguno a ser reconocido como el salvador de la democracia uruguaya, sino a hacer no solo lo que podía hacer sino lo que debía hacer, en esa experiencia dramática, donde la vida no valía nada.
Y lo hice, arriesgando todo, sin medir riesgos.
Y me enorgullezco de haber prestado un servicio más a la izquierda uruguaya, que sirvió para postergar solo unos meses la pesadilla que se cernía sobre la Nación, ya ocupada por el autoritarismo inconstitucional.
Demás está decir que no tenía elección. De haber seguido los deseos maquillados de Amodio, hubiera sido yo mismo el traidor a mis propias ideas,
Lo que hice, fue ser coherente con mis convicciones. Y jugarme por ellas. Y a partir de ese momento el destierro fue mi destino.
Como explicó Wilson en aquellos momentos a sus allegados, recordado en el reciente libro del economista Carlos Luppi: ‘
’Años después Wilson comentaría que Fasano sabía que venían el golpe de Estado y una dictadura que podía durar muchos años, pero entre acomodarse y ser un traidor a la democracia como Amodio, y correr el riesgo y condenarse al exilio, eligió este último camino”.
A sobrellevar ese peso me ayudó el apoyo del Parlamento uruguayo que en sesión del 8 de mayo de 1973 elogió mi conducta con la intervención de senadores de todos los partidos políticos.
Mi adversario, con quien ni siquiera nos saludábamos, el senador Paz Aguirre del Partido Colorado, tras informar que ‘’el libro sería perfeccionado con la técnica que le reconocemos al señor Fasano’’, elogió mi defensa de las instituciones.
Por su parte el senador Ferreira Aldunate del Partido Nacional, afirmó que ‘’Fasano contribuyó eficazmente a desbaratar una conjura contra las instituciones y el sistema político del país’’.
Y el senador Zelmar Michelini, del Frente Amplio declaró en la emergencia que ‘’yo estoy obligado a poner de manifiesto la conducta intachable en la emergencia del señor Fasano, gracias a su intervención se abortó la situación, y llega el momento en que siento la obligación de hacer esta constancia para salvaguardar la conducta, repito, intachable y muy digna del señor Fasano’’.
Y así continuaron opinando ese 8 de mayo de 1973 en el Parlamento, un mes y medio antes del golpe de estado, los restantes senadores del país, con excepción del pachequismo. Fue para mí un honor, que mis propios adversarios reconocieran la honestidad de mi conducta. Pero con o sin reconocimiento valió la pena actuar de ese modo.
Este diálogo con Amodio, a través del tiempo, volviendo la mirada 41 años atrás, confirma que no me equivoqué. Volvería a actuar del modo que lo hice.
9) En cuanto al famoso libro de Amodio Pérez, lo terminé de escribir en mi exilio bonaerensey ante el pedido expreso de dirigentes de la izquierda uruguaya y de un referente ético del brazo político legal del MLN, DECIDÍ ARCHIVARLO en la siesta de la historia, para cuando las condiciones de su publicación estén maduras y sirvan y no perjudiquen al proceso de liberación nacional en curso.
10) Finalmente, solo me cabe expresarle un deseo a mi ex amigo
Que recapacite, que piense en todo lo que dio por la causa del pueblo uruguayo, que eso nadie se lo puede negar, que reconozca su ignominiosa conducta colaboracionista con los despreciables seres humanos que tomaron por la fuerza un poder espurio y que deje de denigrar a sus compañeros, que supieron transformar la derrota en victoria, ganando palmo a palmo un gobierno legítimo, mediante la persuasión y el apoyo de las grandes mayorías, sufriendo una década de sevicias inhumanas, como rehenes de la dignidad, mientras él gozaba de una libertad, canjeada con la sangre de sus hermanos de lucha.
Podría en un acto de expiación y contrición, aunque no lo perdonaran por su crimen, sumarse al proyecto popular, aportando energías sin pedir nada a cambio.
Si quiere volver a vivir y morir con dignidad y orgullo en la tierra que lo vio nacer, lo primero que tiene que entender es que cambió la historia y debe sumarse a ella para evitar su segunda derrota política y personal.
Del detritus de la historia en la que se sumergió, solo se sale reconociendo la hondura de su desacierto y la necesidad de su redención. Hoy hace todo lo contrario.
Ataca sin piedad, 41 años después, a nuestros mejores hombres y mujeres de la izquierda nacional.
Y además comete un acto aun más imperdonable en un militante de la causa popular.
En su quinta carta afirma, refiriéndose al triunfo del pueblo uruguayo y a lo que haga nuestro Presidente, que ‘’más bien estoy indiferente’’.
En la antigua Grecia, los indiferentes eran llamados idiotas. Triste final para un luchador social. Escribir otro final para su vida solo depende de él mismo. Si se anima a dar un golpe de timón a su terrible tragedia.
"Lo cierto es que quien calla -aquí y en cualquier lado- otorga
Y el silencio de Huidobro y de la inmensa mayoría de los que nombra Amodio, es una confirmación del nivel de complicidad”
De una entrevista a Gustavo López candidato a la Vice Presidencia por la Unidad Popular realizada el viernes 31 de mayo de 2013 en el programa “Mañanas de Radio” de CX36, donde habló sobre diversos temas también lo hizo sobre el silencio en torno a las recientemente aparecidas cartas de Amodio Pérez
( los destaques son de posta)
Efraín Chury Iribarne: Está el hecho de la incursión de las cartas de Amodio y sus efectos.
Gustavo López: El traidor que resucita y resucita revitalizado, porque ha colocado sobre la mesa un conjunto de elementos con nombre, apellido, pelos y señales y la respuesta de la contraparte ha sido el silencioo la generalidad, la abstracción. Porque decir que Amodio Pérez es un traidor no aporta nada en este debate,por el contrario, el propio Amodio reconoce abiertamente que ha sido un colaborador abyecto de la dictadura y de los torturadores.
Lo que importa saber es si ese abrazo que Amodio da al resto de sus compañeros es cierto o no, y hay algunos que se han dejado abrazar.
Porque tanto callan que por la vía de los hechos están concediendo RAZÓN AL PLANTEO DE AMODIO.
Y aparece en esta oportunidad y no en cualquier otra.
Algunos de los que callan, por ejemplo, el ministro Huidobro, que escribía libros en donde había más héroes que en las tragedias griegas.
Y en primer lugar él era el héroe de la resistencia. Y entonces ahora se llama a silencio. Y entonces ahora no hace público qué pasó en el Florida, sus vínculos a la hora de ofrecer la rendición.
Ahora, este golpe de Amodio es también un golpe a la mística construida en la lucha de decenas y cientos de tupamaros honestos que dejaron la vida atrás de un proyecto y que abrazaron la causa de las transformaciones revolucionarias de este país.
Y no se puede permitir eso. Amodio, los amigos de Amodio y los que abrazan a Amodio son en su conjunto unos traidores.
No por su conducta carcelaria, que eso lo va a determinar la historia, sino por su conducta actual, que callan frente a lo que dice Amodio, se ubican en la vereda de Amodio.
Y los que no hacen ninguna referencia a lo que dice Amodio más que decir que estamos frente al relato de un traidor, pero toleran la aplicación de una política que niega punto a punto aquellos documentos y aquel programa que determinó que un número importante de jóvenes de este país se propusieran dirimir los conflictos con la burguesía los tiros, ¿y hoy qué le dicen a esa gente?
¿Qué queda de los libros del heroísmo de Huidobro?
Más allá de quien esté operando por atrás o por el costado de Amodio Pérez y el resto.
Lo cierto es que quien calla, aquí y en cualquier lado, otorga. Y el silencio de Huidobro, el silencio de la inmensa mayoría de los que nombra Amodio, es una confirmación del nivel de complicidad.
EChI: Es una contribución a blanquear el pasado.
GL: En un sentido, o a enturbiarlo aun más
EChI: Enturbiarlo o blanquearlo para el lado que le conviene más al sistema.
GL: Indiscutiblemente.
Y creo yo que ESTA ES APENAS LA PUNTA DE LA MADEJA.
EChI: Que esta carta va a seguir en la mesa.
GL: ay mucho hilo para tirar de esa madeja, mucho para desentrañar. Y que todavía no han empezado a hablar del todo los socios de Amodio y algún otro, es decir, los milicos.
Y bueno, ahí algún mito y alguna historia escrita con fina pluma literaria se van a hacer añicosfrente a los relatos de los protagonistas.
EChI: Uno cuando ve a Fernández Huidobro como ministro de Defensa, es una impresión personal y tengo el derecho a tenerla, y los vi porque trabajaba precisamente en una emisora de radio que teníamos que enfrentar a la dictadura y yo los veía hablar en la televisión.
Confieso algo, es una impresión que ayer tuve oyéndolo a Fernández Huidobro, está más convencido Fernández Huidobro DE LAS BONDADES DE LA DICTADURA que el tono que ponían los generales de la dictadura en el momento que estaba y ellos detentaban el poder. ES ALGO DRAMÁTICO.
GL: Sí, sí, sobre todo con ciertos sectores del ejército está mimetizado.
EChI: MIMETIZADO, esa es la palabra.
GL: Es decir, dice, piensa, vive y siente como ciertos sectores de la oficialidad gorila del ejército uruguayo. Además de ser la espada mayor de la lucha para preservar la impunidad.
EChI: De uno de sus libros que escribió se va a hacer una película, pero se va a hacer como dibujo animado para que no tenga connotaciones políticas. Y todavía lo propagandean.
Lo escuché ayer EN EL COLMO DE LOS ASOMBROS,Gustavo.
GL: Parte de este sainete tragicómico. Así es.
EChI: Es real eso
HAY QUE HONRARLA
Ya estamos todos, cerrá que nos vamos a desentrañar por fin cómo fue la cosa y ¿saben una cosa?
Ni ellos mismos saben cómo fue la cosa porque por ley universal “todos no vemos lo mismo”. Y aquel asunto no fue tan sencilla cosa como para explicar así no más en un bar, no
Aquello (anoche lo hablábamos en un bar del sur de Tenerife con un amigo y maestro tupa .Le pregunté mirándolo a los ojos (mamado por supuesto) ¿Vos sos tupa?
El entendió que la pregunta era si hoy después de 50 se sentía tupa. La respuesta no la voy a desvelar sin su permiso por supuesto.
Ahora vino Fasano, y a los que no la vivimos y queremos entenderla ahora, ya acabó de confundirnos a todos. Excusatio non petita accusatio manifesta que dicen….
Yo diría, con el máximo de cariño, que me gustaría que los tupas no siguieran revolviendo las tripas de aquello, dado que el espectáculo tiene más atracción por lo morboso, que por lo útil.
Tuvo un final bastante triste, Y hoy en día se está desvelando en lo posible .
A mí como uruguayito me llena de orgullo ser del país de los Tupamaros. Y me gustaría saber más de Cómo empezó. Muchas historias de amor, de amistad, de fortalezas de debilidades, pasiones de todo.
¿Salió mal ?…. No salió mal, salió muy bien.
Hoy tenemos un Uruguay bastante lindo, dada las circunstancias. Y somos consecuencia de aquella lucha. Hay que honrarla.
DANIEL IRIGARAY