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RESOLVIENDO CONFLICTOS

¡Terminemos  de quejarnos! La relatividad es nuestra salvación.

Los legisladores son relativamente pobre, porque los estancieros con 2000 hectáreas ganan 3 veces más. Los clasificadores de basura son relativamente ricos, porque hay mucha basura. La educación es relativamente buena, porque algún alumno aprende escribir y leer. La comida es relativamente sana, porque hay alimentos que contienen menos venenos que otros. El agua es relativamente pura, porque a veces esta sopa de agrotóxicos con gusto de cloro sale transparente de la canilla. El medio ambiente es relativamente intacto, porque todavía queda algo para destruir.

¿Todo bien? Si, si, ¡todo bien!

Quienes tienen cáncer están reclusos en hospitales, clínicas o las propias casas. La miseria está escondida para que no moleste a los menos enfermos. Relativamente son todos sanos que todavía no están muertos. Muy bien, me alegro. Que tengan suerte. Conflictos no existen si no se los hacen. No se puede preguntar: ¿Por qué están tantos enfermos los  enfermos? ¿Por qué muere gente joven de 40 años? Casualmente trabajaron aplicando tóxicos para empresas que son relativamente pobres porque Monsanto cobra mucho.

Dicen a los quienes se quejan que son locos hippies ecologistas refutando el “progreso”, o que son ambientalistas sin concepto claro. Nunca dicen que es un derecho humano que no nos envenenen. Del otro parte se dice que los políticos trabajan solamente para ganar 40 veces más dinero que un campesino jubilado. La “clase política” es la sangre azul de la relatividad, comprimida en la voluntad de una liebre que corre solamente cuando lo quieren matar.

Sabemos que cada confrontación necesita intereses particulares adversos, eso es su sustento. Generalmente los intereses particulares del pueblo chocan contra los intereses  partidarios. El pueblo vota la relatividad de promesas. La aspiración genera emociones subjetivas, motivando a actuar en sentido “partidario” y básicamente despreciando las ambiciones de los que tienen intereses distintos.

La ideología es la expresión de la incapacidad a reducir estos intereses particulares adversos de un conjunto de seres humanos al denominador mínimo común, llamado madre tierra. Lógicamente  cada confrontación termina de ser una, si desaparecen estos intereses particulares adversos. Simplemente no se puede pelear con lo que no existe. Esta lógica parece idiota. Pero es muy útil.

Si un aspirante con intereses particulares tiene la capacidad de transformar sí mismo en algo que condiciona el sustento del interés particular adverso, simplemente terminará siendo un adversario.

Si podemos reducir lo que nosotros mismos queremos a algo que es evidentemente  necesario para todos los miembros de la sociedad, sin llamar con un nombre determinado, pero con un nombre absoluto, la confrontación si fundiría. Significa nada más que sustituir el subjetivo por un objetivo. Y este objetivo es la verdad definitiva de la naturaleza.

Esta inteligencia no se puede esperar de otros, pero solamente de sí mismo, actuando en una forma absolutamente altruista y solidaria, usando nuestro individualismo como herramienta eficaz en la transformación. Con esta forma se realizará automáticamente el individuo dentro del conjunto. No es muy común pero ya hay unas cuantas gentes maravillosas que generan consciencia en forma honoraria y difunden informaciones que de parte del oficialismo se oculta. Un consejero de Aratirí, a su vez director de un instituto de encuestas, sugirió hace 3 años en un documento oficial, que la empresa no informe a la población. La pansa llena no se preocupa por el mañana.

“Las respuestas para las preguntas: ¿porque no tenemos y vivimos en una sociedad mejor?

No están en repartir bienes materiales, ni llenando la vida de números. Desde mi humilde entender, si sanáramos el alma la mayoría de los problemas desaparecerían. Estamos enfermos de las peores enfermedades que son: la envidia, la indiferencia, la ambición, la falta de respeto hacia los humanos y animales, etc. Ningún sacerdote ni político pueden curar eso. Solo nosotros mismos, desde el alma.” (Carlos)

El imperialismo, o capitalismo, o neo-liberalismo, no reconoce los derechos de la naturaleza, sino lo usa como medio de satisfacer su codicia

 La irresponsabilidad en la cadena productiva tiene sistema y favorece la destrucción sin tomar en cuenta las consecuencias a largo plazo. Sin duda el neo-liberalismo tampoco reconoce los derechos de las indígenas, cuales son idénticos con los derechos de la naturaleza. Con información neutral y honesta, generando consciencia natural, cualquier persona puede entender que la destrucción de la naturaleza es un acto autodestructivo. Todos somos “indígenas”, unidos en la raíz de nuestra existencia.

En todo el mundo la consciencia está creciendo rápidamente. La tierra empieza a defenderse energéticamente, uniendo la gente consciente bajo el signo de la naturaleza. Uruguay tiene un nivel de consciencia colectiva altísimo. Nuestro deber es de ampliar y proteger esta consciencia, que es solidaria con la humanidad y la naturaleza. Los transgénicos y los agrotóxicos con toda su perversidad tienen un efecto colateral inesperado y mortal para los multinacionales: une millones y millones de individuos en todo el mundo, saltando las fronteras y las diferencias étnicas, para defenderse en colectivo contra esta violación de los derechos humanos y de los derechos de nuestra madre.

UNIDOS somos el pulso de la tierra

29 octubre 2013

Peter Johann Abmayr Kranzfelder

de UNIDOS