Que el antiguo FA, devenido en FRAUDE AMPLISMO, ha tenido paulatinamente una política orientada por sus líderes y grupos políticos dirigentes, dirigida a anular las bases ciudadanas, sus organizaciones y su militancia, no puede ser una novedad para nadie.
El Fraude Amplio es un corsé, es imposible discrepar dentro del mismo, es imposible iniciativa alguna que los grupos dirigentes no toleren o impulsen. En suma, o resumen, el aparato óptimo para dirigir desde arriba, sin atender a las bases, consultándolas lo mínimamente posible, e imponiéndoles las directivas que especulan cuatro dirigentes, entre cuatro paredes y a espaldas del electorado. Julio Louis, viejo compañero de luchas, señalaba “el clima irrespirable” que se palpa en su interior.
O sea la muerte política, de un organismo vivo, de lucha popular, de intervención decisiva en la derrota de la tiranía militar, por “dirigentes” que no fueron -en su inmensa mayoría- víctimas de la represión, perseguidos, sino todo lo contrario, favorecidos o tolerados durante la misma.
“Soldados tranquilos” en la época que se perseguía a las inmensas mayorías populares.
Decir esto, que es de conocimiento público, no gusta en las alturas. Es, señalarlos con el dedo, ponerlos en la picota.
Y ellos confían en pasar desapercibidos, seguir jugando el rol de eminencias grises, siempre moviéndose entre los telones y bambalinas, cortando, pinchando, armando, mientras el tiempo, inclemente, nos muestra viejos y viejas cada vez más decrépitos, veteranos en las maniobras, listos para la jubilación con la que deberían dejar el lugar a generaciones nuevas, y dedicarse a sus nietos y a recuperar un poco de la vida familiar, en paz, tranquilidad y sosiego.
E n otros países, la edad de retiro de los políticos se produce entre los 65 y los 69 años. En el nuestro, sudamericano y novísimo en historias “nacionales”, no.
El Poder, hasta que el reloj biológico, los coloque “en el sobretodo de madera” y el carro los lleve “al Parque de los Quietos”. Claveteados o atornillados a los sillones y poltronas del mando hasta el mismísimo final. Tristísimo espectáculo en repúblicas jóvenes.
Y como buenos vejestorios, el odio acendrado, la envidia, hacia los más jóvenes. El “Observador” órgano burgués –relativamente reciente- nos da una muestra de todos esos prejuicios establecidos en su edición digital del 3 de noviembre del corriente año.
La nota se titula: “El tono de Constanza Moreira generó malestar en parte del FA”.
¿Y bien, cuál es el famoso “tono”? que tanto molesta, irrita, cuando hay otros- no ya tonos, sino temas- ¿que nos les provoca ni inquietudes ni escozores?
Se trata de una viejas declaraciones del 26 de julio del año en curso, en la cual, una senadora del Frente Amplio, Constanza Moreira, manifestó claramente, en un acto público, sobre candidaturas múltiples eventuales, lo siguiente: “Otra vez Tabaré Vázquez? Ya nos gobernó, se presentó cuatro veces y tiene 75 años. Yo quiero otra cosa”.
¿Qué hay de malo en esta expresión, realizada en un mitin democrático y público?
No hay absolutamente nada de malo, de injurioso, de observación equivocada o fuera de lugar. Es una verdad de a puño, de esas que no gustan que las diga ni siquiera uno de los “representantes” del más alto nivel parlamentario (el Senado).
¿Si esto es así para una senadora académica y brillante, qué dejamos para las bases populares, los movimientos sociales contestatarios y el resto de los elementalmente descontentos?
Señalado el punto –que nos parece fundamental- vayamos a lo accesorio: no somos votantes del Fraude Amplio, luego de la última experiencia fallida del Sr. José “el Pepe” Mujica, no votaremos, en consecuencia, ni al Sr. Tabaré Vázquez ni a la misma Constanza Moreira.
Nos inclinamos por el NBA (Nulo, en Blanco o Anulado). Dejemos las cosas bien en claro.
Pero en tanto exista la libertad de expresión no nos van a obligar los vejestorios congregados en el FLS, con la víbora del Sr. Danilo ASTORI, a la cabeza a callarnos la boca y a aguantarles monsergas, clases de ética política, de procederes, justamente a él, y a la caterva de los BARÁIBAR, los VALENTI, los PINTADO las PAYSÉE y los otros saltimbanquis que le hacen coro.
Primero caballeros, examínense bien en su pasado, revisen todas sus volteretas, sus saboteos públicos y el resto de las manganetas con que la “derecha del fraude amplismo” representada principalmente por ellos, nos ha atosigado a lo largo de dos largos períodos gubernamentales y aún antes. Vamos a no olvidarnos de nada, señores!!!
Examinadas las cosas a la luz de la realidad, el famoso “tono” no existe. Es meramente una exageración periodística e interesada de un órgano de prensa burgués. Y nada más.
La verdad de la milanesa fue, que cuando surgió la candidatura de la senadora Constanza Moreira, impulsada por las bases, concitó por las verdades y la valentía de su formulación en el acto público del 26 de marzo, expectativas populares de base, como siempre, fuera de los aparatos establecidos, y salieron algunos militantes anónimos y entusiastas a pintarlas en paredes y paradas de ómnibus capitalinas.
Con las antenas de detección que el fraude amplismo tiene, los mandamases entendieron perfectamente bien el peligro que implicaban y se apresuraron –en estampido repentina- a la peregrinación a la calle Buschental, para exigirle al Sr. Tabaré Vázquez que “adelantara” su candidatura.
Si en la épica de Shakespeare, cierto jorobado clamaba: “Mi reino, por un caballo”, el tropel de jefazos frenteamplistas, clamaba, haciéndose eco: “Todo, antes que las bases nos caminen –una vez más- por arriba”. Tenían los “ramblazos” y “la bandera” en amargo recuerdo, de cómo las iniciativas populares pueden –eventualmente- torcer el rumbo de lo que pegan “con moco” los “aparatos”, los “comandos” y otras lindezas con las que pretenden encorsetar la voluntad popular.
Solucionado el tema, del “adelanto” reclamado, los cerebros maquiavélicos de ciertos estrategas electorales, le vieron al asunto de la candidatura Moreira, el lado positivo: podía servir para atrapar votos por la izquierda.
Pero, previamente, había que colocarla en un rincón, con el peso de los “aparatos” al cual finalmente, hasta se subieron las huestes de cierto Lorier, que evidentemente, no dá la talla requerida y que parece condenado a sepultar a su partido, bajo el peso del alero, cuando se derrumbe el rancho del “Fraude Amplismo”. Las cosas, como son.
Señalemos a cierta parte del eventual público lector crítico, que estos “arrinconamientos” se han practicado en el “Fraude Amplismo” desde mucho antes. Así obligaron a muchos “a irse”, dejarlos en la intemperie, y en la soledad política. Nada nuevo, entonces, bajo el sol, para los que quieren tener memoria y no hacerse los desmemoriados.
Los que desde el comienzo de la “aventura” electoral frentista, señalamos un apoyo crítico a esa iniciativa, señalando justamente, la “debilidad electoralista” que tenía el proyecto (el apoyo crítico del 71) la cosa no es nueva. Nos barruntábamos los peligros que existían en “las unidades” y “frentes” con la burguesía dependiente adentro.
Y también sabíamos que las expectativas populares no hay que defraudarlas con un “vanguardismo” de opereta, sino permitir que las mismas fructifiquen, se desarrollen y muestran claramente las debilidades intrínsecas que lo aquejan.
Hoy, a más de 40 años de desarrollo, esas debilidades son evidentes para todos. Pero también han permitido un avance masivo de la conciencia popular, una extensión inusitada de las fuerzas de la izquierda, en todo el ámbito nacional, en todos los rincones del país, algo que en el 72 era casi impensable.
Fueron 40 años de lucha política práctica, con sus intermezzos ideológicos. Desde las críticas a los que pregonaban las “bondades intrínsecas de la rendija democrática”, a los que silenciaban las críticas mexicanas que formulaba fraternalmente, un precursor del mismo Frente Amplismo primigenio, como fue el Dr. Carlos Quijano, al que se silenció y ninguneó, injustamente.
Pasar revista a todos estos antecedentes, hacerlo con apego a la verdad, no olvidar que ciertas “contradicciones al seno del pueblo” se hacen evidentes con el desarrollo del tiempo, nos parece es importante.
Permite ver la crisis actual del FA, devenido en “Fraude Amplio” en toda su perspectiva, que no es de ahora, ni de dos administraciones gubernamentales atrás, sino que tiene continuidad en el tiempo.
No adherimos, por lo tanto a ciertos críticos de “izquierda radical” que ven en Constanza Moreira y sus votaciones parlamentarias, -cuando la camisa de fuerza, de la “disciplina partidaria” se ha estrechado hasta límites antes insospechados- un pecado a señalar. Y todos sabemos bien lo que le pasa al que no tiene la mano de yeso (Chifflet, dos diputados del EME-Pepismo, y varios ediles en diferentes partes del país).
Hacer una oposición, o fraguar un pensamiento crítico, que madura con la vida política misma, no es acto: es un proceso.
No vinieron puntales -¿es necesario recordarlo?- como ERRO, MICHELINI, ROBALLO, al Frente por generación espontánea: fue un proceso también, en el cual y durante largos periodos, debieron someterse a otras “disciplinas” partidarias, porque de no hacerlo, estaban condenados a la soledad y la futilidad.
Reivindiquemos esos procesos, sin olvidarnos de nada, ni haciendo interpretaciones caprichosas o antojadizas, esas del “tipo ideológico” que la final, para nada práctico sirven. Volvamos a cierta modestia inicial, donde debamos abdicar del “que siempre tuvimos razón”. En política concreta, no sirven de nada.
Ahora, la pre-candidata Constanza Moreira, se plantea “una renovación”. Otros hablan de una “refundación”. No ignoramos tampoco, que apoyándola, otros, aspiran a “salir de debajo de las piedras” en las que han estado obligados a vivir.
Digamos también que somos escépticos, ante todos esos esfuerzos y lo hacemos a luz de otras experiencias anteriores, también “frenteamplistas” y también frustradas.
Lo que avanza es la conciencia, la convicción, de que el “fraudeamplismo” actual no es un camino ni de “liberación” nacional y mucho menos de una “emancipación del trabajo”. Para eso nos falta todavía un largo camino. Camino, que además, no haremos solos, sino que resolveremos con otros, en América Latina y en el mundo entero mismo.
Leíamos en estos días –cortesía de una joven que conocemos desde niña- el viejo folleto de Vivian Trías: “Por un Socialismo nacional”. Fue, en su momento, un hito en el camino, en una vieja polémica, con el líder de una formación de izquierda rival: Rodney Arismendi.
Se señalaba –ya entonces- que no hay “determinismos históricos” que valgan. No estamos “predestinados” (o condenados?) a conquistar una “emancipación de los trabajadores” por el simple correr del tiempo. Se trata del viejo tema de que la emancipación de la clase obrera será obra de la clase obrera misma o no será.
Que no hay “líderes naturales” o “timoneles” infalibles, “estados guías” u otras fetichizaciones que nos ahorren el trabajo propio.
Y es por eso, que el esfuerzo de Constanza Moreira y otros que han decidido apoyarla, no es para nosotros una traba, ni una limitación. Harán, esos compañeros, su camino y nosotros que no los acompañamos por convicciones propias, debemos mirar esos esfuerzos con indulgencia y simpatía.