Envíopostaporteñ@ 1106

¿QUÉ PASA?

Compañeros:

Se ha instalado una polémica en torno al plebiscito contra la megaminería (metalífera a cielo abierto). Hay posiciones diferentes, de todo tipo

Varios compañeros, algunos muy conocidos, publican notas, unos a favor, otros en contra.

Aquí, lo único que quiero hacer es llamar la atención sobre el estilo que está tomando la discusión en algunos casos. Hubo veces que tuve que leer varias veces para convencerme de que estaba leyendo eso que estaba leyendo.

¿Qué es lo que tenemos acá? Una diferencia de opiniones. ¿Qué ha pasado? Que las ideas de los “anti” no pudieron convencer a los “pro” y que las ideas de los “pro” no pudieron convencer a los “anti”. Así de simple.

Las diferencias de opinión son cosa saludable. No poder discutir adecuadamente esas diferencias no lo es.

Una compañera se quejaba vez pasada porque las discusiones parecen un campeonato por ver quién la tiene más larga. No es eso lo que pretendemos. No se trata de correr al otro a “adjetivazo limpio”.  

Una respuesta a un compañero debe, entre otras cosas, y hablo en general:

1. Contestar las ideas allí planteadas sin descalificarlas por la vía de descalificar al que las dice.

2.  Dar respuestas concretas y no perderse en planteos generales sin una relación clara con el punto. Si nos apoyamos en un criterio general hay que explicar cómo aplica en ese caso.

3. Evitar las diatribas. No mezclar el discurso de barricada ni la catarsis con la discusión racional entre compañeros.

4. Está bien hacer apelaciones emotivas siempre y cuando no descentren la discusión, no vengan a cubrir el vacío de argumentos, y no se caiga en los hechos en una forma de destrato.

5. Evitar las agresiones. No ningunear al otro.

Y creo que cualquiera de nosotros puede agregar otras cosas similares.

La campaña por la recolección de firmas va a continuar. La discusión, tal vez sí o tal vez no. Si es no, desaprovecharemos una oportunidad más.

En el último plebiscito, contra la ley de caducidad, esa oportunidad fue totalmente desaprovechada. En vez de una discusión, hubo una serie de monólogos en paralelo.

Esto siempre me hace acordar al tipo al que se le salieron las agujas al reloj, va a relojería y ve en la vidriera doce relojes “marcando doce horas distintas, y cada una con la certeza segura y contradictoria”. (1)

Esa campaña empezó en 2007, las ideas que proponían recurrir a ese método comenzaron a agitarse en 2006. Hace ya ocho años.

Es solamente uno de los casos vividos, ni siquiera el peor. Esa vez, la anterior y la anterior y la anterior, lo que iba a pasar se sabía. Fueron situaciones que no ocurrieron de golpe, se gestaron lentamente y a la vista de todos.

Todos sabíamos en cada caso que había posiciones diferentes sobre cosas que podían llegar a ocurrir, pero como todavía no estaban ocurriendo, predominó la actitud de no perder el tiempo en “discusiones estériles”.

Y cuando la cosa empieza y los caminos se bifurcan, siempre “los A” confían en que “los B” fracasen y el fracaso les haga ver su error, “los B” piensan lo mismo de “los A”.

Después, cuando ocurre lo que ocurre, ¿hay un balance? Quiero decir ¿un balance horizontal? ¿Ofreciendo espacio igualitario a la opinión distinta, escuchando, atendiendo, abriendo la cabeza?

Hubo balances paralelos. Cada pequeño grupo se reunió, discutió, y llegarontodosala misma conclusión: Los hechos demuestran que nosotros teníamos razón y todos los demás estaban equivocados.

Y creemos que así acumulamos.

Compañeros, esto que ocurre hoy es consecuencia de eso que ocurrió ayer. En otros plebiscitos cada uno hizo su interpretación de lo ocurrido, y tan seguro estaba de haberlo hecho bien, que, sabiendo perfectamente que había balances diferentes, no importó.

Ahora el mismo problema vuelve a presentarse y aparece la disparidad de acciones. ¿Y qué esperábamos? ¿Que las cosas se hiciesen solas?

Cuando empecé a militar en política, me formé en esta escuela:

Estamos por la lucha ideológica activa, pues ella es el arma con que se logra la unidad interna del Partido y demás colectividades revolucionarias en beneficio del combate. Todos los comunistas y revolucionarios deben empuñar esta arma. Pero el liberalismo rechaza la lucha ideológica y propugna una paz sin principios, dando origen a un estilo decadente y vulgar, que conduce a la degeneración política... “ (2)

Cuando hablamos de lucha ideológica activa no nos referimos a disputas, descalificaciones, guerras de adjetivos. No nos referimos a “...no decir nada a los demás en su presencia, pero andar con chismes a sus espaldas; o callarse en las reuniones, pero murmurar después... ”.

No. Nos referimos a la discusión conceptual y de frente que trata de ir al fondo de las cosas y no se conforma con palabras sonoras. Nos referimos a rechazar la búsqueda de la adhesión fácil. Nos referimos a la discusión noble, que da oportunidades de respuesta al otro, que invita a discutir al oponente en términos de igualdad, que no lo descalifica ni aprovecha su ausencia o imposibilidad de respuesta para “ganarle”

Compañeros: En esta nota no voy a abordar ninguno de los temas en discusión. No tiene esa finalidad.

Pienso sí dar mi opinión -pero no en esta nota- sobre todos los temas planteados, punto por punto por punto y por punto, y espero poder fundamentar cada afirmación haciendo referencia a los hechos concretos en que apoyo cada idea, contestando todas las ideas que considere incorrectas en forma respetuosa para con todos.

Eso me enseñaron en aquella escuela, espero haber aprendido. Fácil no es, pero si las cosas no se hacen así, no se hacen.

Esta nota tuvo por única finalidad llamar la atención sobre lo que considero un estilo de discusión inapropiado.

No estoy llamando la atención sobre eso por tener “la piel sensible”. Lo hago porque los hechos muestran una vez más que discusión que no se da es discusión que se pierde. No por perder un duelo de palabras, que nada importa. Discusión que se pierde en el sentido de perder la oportunidad de construir a partir de las ideas. ¡Y las oportunidades no las regalan, cuando se pierden se pierden!

El problema que vivimos hoy es consecuencia de nuestra desidia de ayer.

Lo que no corrijamos hoy lo pagaremos mañana

 

1) William Faulkner. El sonido y la furia.

2) Mao Zedong. Contra el liberalismo.