He leído un pronunciamiento de Alianza Pachamama contra el plebiscito que se impulsa para prohibir la minería metalífera a cielo abierto. No es la primera postura de este tipo que leo, donde siempre se deja entrever la posibilidad de que sus impulsores estén trabajando en realidad para hacerle un favor al gobierno. Supongo que la reciente declaración del Secretariado del PIT-CNT intentando alinear a los sindicatos a favor de la megaminería terminará de abrir los ojos al respecto. Queda muy claro que el gobierno y la burocracia sindical oficialista tienen mucho miedo a este movimiento por el plebiscito.
Estos compañeros (Pachamama) saben que el movimiento por el plebiscito no se va a detener. Y pese a ello están focalizando el debate con los impulsores del mismo (como hicieron en la conferencia de prensa en la plaza independencia), intentando así que este fracase. O sea que están intentando que la profecía de que "no se alcanzarán las firmas" se (auto) cumpla, con un sabotaje activo. No sólo no van a juntar firmas: no van a poner la suya propia e intentan que nadie firme. Con un mínimo de desconfianza se podría devolver la acusación y preguntarse si quienes actúan de esta forma trabajan a favor de Aratirí. En mi caso no voy a caer en esa acusación, pienso que es pura ceguera política.
Respeto totalmente a los que no están de acuerdo con el plebiscito, no lo ven viable o conveniente, y no se mueven por él. Si hay algo que yo no veo útil es lógico que no me embarque en ese camino. Hasta ahí todo bien. Pero tanto empeño en combatirlo indica un nivel de sectarismo donde queda claro que el objetivo proclamado no importa nada, o al menos importa mucho menos que imponer una determinada concepción.
Me parece notable (notablemente errado) tanta insistencia en la desconfianza en el régimen político, y al mismo tiempo tanta insistencia en que alcanza con el artículo 47 de la Constitución. O sea que piensan que la SCJ declarará la inconstitucionalidad de la ley Aratirí, lo que revela una enorme confianza en los jueces que han demostrado hasta el hartazgo que defienden los intereses del gran capital, o una ilusión de que con un poco de presión se los va a "convencer". Son los mismos jueces que trasladaron a la jueza Mota y que persiguen a quienes se movilizaron a protestar a la SCJ.
La parte más nefasta del comunicado de Alianza Pachamama, sin embargo, es aquella en la cual dicen que muy pocos sindicatos apoyan el plebiscito, que son minoría, etc., porque lo que deberíamos estar haciendo (y algunos hacemos) es hacer una enorme agitación en LAS BASES de los sindicatos, exigir discutir este tema y la toma de posición sobre la base de métodos democráticos. Yo creo que el plebiscito sería innecesario y tal vez hasta contraproducente (tal vez) si y sólo sí los sindicatos y el PIT-CNT estuvieran asumiendo una movilización a través de la acción directa (paros, marchas, ocupaciones) contra Aratirí.
En ese caso podría alguien hablar de que TAL VEZ un plebiscito desvía el camino de la movilización, busca descomprimir, es un camino equivocado, etc. Pero la situación es a la inversa: el movimiento por el plebiscito facilita introducir este debate entre los trabajadores, en la base de los sindicatos, y así ayuda a moverle el piso a la dirección burocrática oficialista que apoya a la megaminería pero no quiere abrir ese debate. Si hubiera un fracaso o derrota parcial, la responsabilidad es de los dirigentes que apoyaron a Aratirí, en primer lugar de la cúpula oficialista del PIT-CNT, no de quienes (en el acierto o en el error) buscaron una vía para sortear ese obstáculo.
Que haya partidos que demagógicamente coqueteen con este movimiento, y que sabemos que si ellos estuvieran en el gobierno estarían en la vereda de enfrente, es un indicador no sólo de su oportunismo, sino también de que hay un amplio sector del pueblo que está en contra o al menos que desconfía de este negociado nefasto.
Creer que un tema de importancia nacional, que puede llegar a dividir a la población y provocar nada menos que un plebiscito, no va a arrastrar a algún sector a hacer demagogia, es ser un completo iluso. De lo que se trata en todo caso es de intervenir en esa lucha para (mientras se hace todo lo posible para triunfar en ella) se vaya clarificando las posiciones de cada uno. Y no quedarse al margen en nombre de no se sabe qué pureza ética.
No es real que si se pierde un plebiscito se da un aval a la megaminería, como no lo fue con la impunidad. El que un plebiscito clausure o no la movilización no depende de cuestiones formales, sino ante todo de la orientación política que adoptan quienes impulsan la lucha contra la megaminería. Si están preparados políticamente para continuar la lucha, podrán sufrir como máximo un momentáneo bajón pero la campaña continuará.
Tanto si no hay plebiscito como si lo hay y se pierde, el resultado sería parecido: se concreta la explotación de Aratirí y será a partir de su instalación y de la experiencia concreta con ella que deberá continuarse la lucha contra las minas a cielo abierto. ¿O acaso alguien plantea un mecanismo que asegure poder detener ahora esta instalación?
Frente a tantas palabras contra el plebiscito, surgen las preguntas: ¿les importa detener el proyecto o no?
¿No quieren plebiscito porque prefieren que quede en una nebulosa si había o no apoyo popular a la megaminería?
Si estos compañeros creen que el gobierno se va a detener por la realización de una, dos o tres marchas más están soñando. El gobierno está jugado a muerte a concretar la instalación de Aratirí.
De lo que se trata no es en sí de un veredicto en un plebiscito, sino del movimiento popular masivo que se puede generar y que en definitiva puede llegar a abrir una crisis en el seno del propio FA y de todo el régimen político, de sectores sindicales, etc., donde empiecen a desmarcarse algunos sectores de ese proyecto minero para no quedar pegados (incluida la SCJ si ve que el tema adquiere una dimensión política nacional).
Las marchas han sido fundamentales y deberán continuar, por supuesto; en última instancia la movilización masiva es la única garantía de triunfo, pero en este momento me parece claro que es necesario combinar las dos formas de lucha, no contraponerlas.
Es cierto que el objetivo de las 280 mil firmas es difícil (no imposible) de alcanzar antes de mayo. Tal vez no se llegue a imponer un plebiscito en octubre de 2014, pero sí es totalmente viable lograr las firmas para la siguiente elección (las departamentales de mayo de 2015).
El hecho de que este movimiento se esté haciendo un período electoral no va en detrimento de la lucha contra la megaminería. Al contrario, es lo que le da especial fuerza, ya que no lo pueden diluir ni ocultar: el tema de la megaminería está en el centro del debate político; y se logre o no imponer el plebiscito simultáneo con las elecciones es un hecho que los candidatos y grupos políticos (al menos del oficialismo) no quieren pagar costos y perder votos, y quisieran que este tema se cerrara o quedara limitado a la realización de marchas identificadas con grupos más o menos "radicales"
En cuanto a las fantasías respecto a que compañeros que vienen trabajando hace AÑOS denunciando a Aratirí estarían en realidad secretamente trabajando a favor de esa empresa y del gobierno, ya es un tema para especialistas en salud mental.
Creo que la A.N.P. mostraría sabiduría si por lo menos resuelve que es un movimiento amplio, donde participan todos los que luchan contra la megaminería, estén de acuerdo o no con el plebiscito. Es decir, que la A.N.P. no se pronuncie sobre el plebiscito, deje en libertad de acción a colectivos e individuos, y resuelva no hacer campaña en contra ni hostilizar a los que juntan firmas en las movilizaciones comunes
Esto sería un avance frente a hechos tan lamentables como los vividos en la última movilización, donde en un acto contra la firma del contrato con Aratirí pasó a un primer plano un debate entre los opositores a la minería a cielo abierto, anunciando que la A.N.P. no está con el plebiscito (cuando este tema por otra parte está para definir)
Hay MILES de personas por allí que quieren hacer algo para parar a Aratirí y allí está nuestra fuerza, esa gente necesita hacer algo concreto y el plebiscito les da una herramienta práctica, los ayuda a conectarse con los vecinos, compañeros de trabajo, y el pueblo en general.