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URUGUAY-LO QUE MIDE LA CAMPAÑA:

"Es un problema de gestión"

Ni escribir es lo único que hay ni la campaña electoral el único tema, pero mejor hablar de ciertas cosas. Tampoco alcanza con hablar, pero el actuar insustancial no es mejor que el hablar insustancial. Empecemos por algún lado, que sea por discutir sensatamente. Algo que podemos hacer es aprovechar la campaña electoral para eso. Intentaré llegar con tres notas antes del 26.

·  Lo que mide la campaña, lo que nos dice desde el punto de vista de la lucha de clases.

·  Dónde meter el voto, discutir las opciones del voto, lo menos importante y lo único que se discute.

·  Nosotros contra los hechos,sacando algunas conclusiones.

De modo que hoy, lo que mide la campaña.

Han habido diez años de gobierno del Frente Amplio, más que suficiente para comprender lo que significa.

En esta década, el entusiasmo que llevó al FA al gobierno se ha venido extinguiendo, y voto el frenteamplista bajó en el 2009, bajó en las internas del 2014, y baja la intención de votos en las encuestas. Evitando ir al fondo de la cuestión, nuestros analistas y politólogos sostienen que esto es el resultado natural e inevitable de cualquier partido en el gobierno.

Me extraña mucho compadre que sea tan ignorante”, podríamos decir. Acaba de ocurrir en Bolivia que un gobierno en vez de desgastarse se fortalece. Y pueden citarse muchos otros, el de Allende por ejemplo. Los gobiernos que se desgastan son los que no resuelven los problemas, o los que no cumplen las promesas.

El FA ha trabajado por la continuidad del sistema capitalista y lo ha hecho bien, no solo desde su propio punto de vista, también desde el de la oposición de los partidos tradicionales de la derecha burguesa.

Es claro que estos partidos no cuestionan la orientación política general del gobierno, la reivindican y se proponen como mejores continuadores de la misma, y ese el principal argumento de la campaña del FA. Tal como se dice desde uno y otro lado, los problemas son solamente "de gestión". Nadie propone ninguna "aventura", ningún golpe de timón, solo cambiar o no cambiar el timonel pero seguir el mismo rumbo.

Y no solo el FA ha mantenido la continuidad en la gestión capitalista y lo ha hecho bien; su gestión podría ser a su vez continuada por la derecha tradicional capitalista modificando detalles. Y también reivindica el FA como correcta esa comunidad política entre los dos "bloques". (“Alternancia”).

Por lo tanto, una de dos: O no es necesario ningún "cambio de estructuras" como decía el FA en sus orígenes (todo eso fue un error), o sí es necesario, y entonces hay que descartar al FA.

Pero esto es un poco abstracto.

Esa división temática que hemos propuesto para las notas no es inocente. Ya sabemos que hoy, ante las opciones políticas planteadas, muchos razonan aceptando ese planteo general que acabamos de decir, pero se inclinan por el voto por lo menos malo, aun en disconformidad conciente.

No voy a cuestionar el criterio de lo menos malo. Es un criterio de decisión racional y totalmente válido en ciertas circunstancias, un criterio que todos usamos en mil situaciones cotidianas sin que a nadie se le caiga la cara de vergüenza. No creo entonces en las caras de asco, sí en la valoración de las circunstancias.

Al menos no lo voy a discutir en esta nota, y por ello me propongo tratar el“dónde meto el voto” en nota aparte, aquí tan solo anoto que votar lo menos malo es una de las opciones posibles, puede discutirse y ya veremos. Aquí estamos hablando de un problema previo.

Tampoco discutiré aquí si el voto por lo menos malo es la única opción políticamente realista, y qué pasa con las demás, y en todo caso qué es lo que todo eso significaría (si no son opciones realistas). Esa discusión nos conduce al "nosotros frente a los hechos", y también, para llegar a eso hay cosas previas.

Es abstracto, pero es una primera idea básica: Esta campaña muestra que no hay una disputa fundamental entre los dos “bloques”. Pero hay varias cosas más.

El Frente Amplio no solamente ha demostrado que puede realizar un gobierno burgués, ha demostrado que puede hacer el mejor gobierno burgués posible en las circunstancias dadas.

Obviamente, todo buen gobierno es mejorable. El argumento del FA no es que su gobierno haya sido inmejorable, es que es más “seguro” confiarles a ellos el mejoramiento posible. En cuanto a la oposición, lo dicen explícitamente, “mejorar lo que se hace bien”. Reconocer lo que se hace bien y estar por la positiva no es resultado de un espíritu constructivo ni nada que se le parezca, es resultado de que no tienen otra, no tienen -desde su punto de vista- nada de fondo que objetar.

Las críticas de la oposición son sobre las “luces amarillas” (en todo caso lo quepodría pasar, no lo que pasa), el “gasto excesivo” (materia de ajuste), y sobre problemas difíciles en sí mismos (seguridad, educación, etc.) sobre los cuales el FA puede mostrar que “algo ha hecho”, y la mejora que puede aportar la oposición es incierta. Son cosas difíciles de resolver dentro del marco social y estructural que no se cuestiona, y por lo tanto la discusión es inconclusiva.

Dentro de ese juego, las cartas del FA son mejores. Esto es lo que se manifiesta en la ESTABILIZACIÓN de las cifras en las encuestas, en la que se confirma que el FA no obtendrá mayoría parlamentaria, y pasará a la segunda vuelta con mejores posibilidades de ganar que la suma los candidatos de la derecha tradicional, por más que sumen más bancas en el parlamento.

El Frente venía cayendo en las encuestas pero detuvo esa caída, los blancos venían subiendo pero detuvieron la subida. El FA llegó a su piso, el Partido Nacional llegó a su techo. Todo lo demás tiene poca incidencia y se repartirá.

Ese techo de los partidos de la derecha tradicional se debe a que solamente han logrado recuperar una parte de los “votos prestados” que le permitieron ganar al FA en estos años. Esos votos fueron producto, precisamente, de que el FA prometiese una continuidad sin sobresaltos. En eso cumplió

Y puede demostrar que seguirá cumpliendo. Uno de los elementos que ofrece es la “tranquilidad sindical”. El PIT-CNT aporta como prueba de ello el “paro por las dudas”.

Pero la mayor arma del FA en esta campaña es el Pepe. Salió a cubrir los agujeros que dejaban los candidatos lamentables , su “comando” y sus asesores. Se dirigió claramente a los sectores empobrecidos y sub-proletarios (que eran descuidados totalmente por la campaña frentista oficial) y puso en primer plano toda la política asistencial de su gobierno, siguiendo fielmente el modelo Lula también en este punto.

Y como yapa, y porque tiene espacio para hacerlo, agrega una política solidaria en el caso de los niños sirios y los presos de Guantánamo.

Y ya que hablamos de eso. El último elemento que muestra la campaña es la casi total inexistencia de una oposición de izquierda. Esa es una de las razones por las que el descenso del FA en las encuestas se ha detenido.

La promesa del FA era lograr un equilibrio en la lucha social y un pacto de colaboración de clases. Para esto ha ofrecido mejoras mínimas a la situación de los trabajadores dentro del capitalismo a cambio de un abandono de hecho de todo lo que pueda cuestionar el funcionamiento en calma de ese sistema. El FA reivindica la continuidad de esta política. Ofrece otros pequeños pasos del mismo tipo como el sistema nacional de cuidados, o cosas muy discutibles como las escuelas de tiempo completo, cosas que tomó del programa de la izquierda clasista como la universidad tecnológica. Y sobre todo, justificar el extractivismo y las inversiones extranjeras directas como la única forma de lograr fuentes de trabajo.

La oposición burguesa no puede ofrecer nada en este terreno, excepto desmantelar más despacio esas pequeñas conquistas. Pero lo que realmente importa acá es que no ha aparecido un actor político por la izquierda. Acá solo anotaremos este titular, y lo desarrollaremos en otra nota.

Lo que nos importa señalar es que el capitalismo en Uruguay no está ante una crisis catastrófica, no hay una situación revolucionaria (ni tampoco “pre-revolucionaria” aunque ya no sé qué quiere decir eso). Y nuestra táctica tiene que adecuarse a esas condiciones.

Esa materia sigue pendiente. La realidad electoral que muestran los intentos de una izquierda alternativa también lo muestra.

Hemos dicho que el chiquitaje de octubre se repartirá en noviembre. Eso ya pasó hace cinco años y las encuestan muestran que volverá a pasar ahora. Para decirlo más claramente: Si el FA tiene un 41 o 42% de intención de voto en octubre, y hay un 5% que se reparte entre las pequeñas opciones de izquierda y el voto en blanco o anulado, si los indecisos se van agotando y previsiblemente se repartirán proporcionalmente a los ya decididos, pero si en noviembre parece que el FA llegará a un 46, 47, 48% (si gana o no gana con eso no es el tema) ¿de dónde sale ese 5 o 6% agregado?

Como un comentario apenas marginal ahora sobre un tema que desarrollaremos en una próxima nota: Tabaré Vázquez resultará favorecido en la segunda vuelta NO por los votos en blanco o anulados que haya en esa instancia (que son irrelevantes) sino por los votantes de UP-AP en octubre que votarán por él en noviembre, hecho absolutamente previsible e indiscutible.

La furiosa campaña -con lamentables inexactitudes y falsedades- sobre las consecuencias del voto en blanco o anulado, es como el tipo que trata de forzar a una mujer que pasa por la calle mientras la suya salta la tapia de atrás para irse con el vecino.

Dejaré eso para la próxima