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Bienvenidos, presidentes, a la tierra del mate amargo

Cumbre del Mercosur en la Liga de los Pueblos Libres

Algunas líneas para observar el protagonismo de los pueblos en la necesaria recuperación de la unidad, y los temas que podría abordar el Mercosur en Paraná para colaborar con la emancipación, frente al poder de las multinacionales y el capital concentrado.

A orillas del río, y sobre empinadas barrancas, compartimos el Paraná con muchos hermanos de la América Criolla.

En esta cuenca del Paraná Uruguay se manifiesta nuestra vocación de unidad. Nadie comprenderá al río sin el pez, a la canoa sin el islero, al Paraná sin el Paraguay, no hay una frontera entre nuestros oídos y el trino de los pájaros, que no usan pasaportes.

La esclavitud y la muerte y tantos atropellos más del Potosí y el Famatina no nos autorizan a decir “cuenca del Plata”, nombre que naturaliza la invasión europea y sus intereses tan vigentes.

En nuestra Entre Ríos le decimos gurí al niño, igual que en suelo gaúcho. Somos la Argentina como herencia de una ciudad de la hoy Bolivia, y recibimos el nombre Entre Ríos por la pluma de un nicaragüense. No hay un grano de arena en Entre Ríos que no esté enlazado con la Patria Grande, con el Abya Yala milenario, y eso lo dice nuestro emblema: la banda roja gaucha, negra, charrúa, guaraní, ese tajo en homenaje a la sangre derramada, como bien lo dijo el Protector José Artigas

Abrazo de agua

Rodeados por el Paraná, el Uruguay, el Mocoretá, el Guayquiraró, con ríos como el Gualeguay, el Gualeguaychú o el Nogoyá que nos avenan de sur a norte, no ocultamos nuestra honda pertenencia al Abya Yala (América) desde las voces mismas, cuyos orígenes se pierden en el fondo de los tiempos.

Un fresco abrazo de agua la nombra para siembre, dice Carlos Mastronardi de nuestra provincia.

Y le agrega Juan L. Ortiz: hermanos míos: no puedo estar en esta fiesta amable porque sé de qué está hecha. Para que esta fiesta se hiciera para nadie fue necesario que os arrojaran a los caminos…

Toda la pureza del paisaje, y también el flagelo de la expulsión, desde hace por lo menos 500 años, sin solución de continuidad.

Paraná, que fuera la capital de la Confederación, pudo ser el nexo con los hermanos de todas las latitudes en el continente de Túpac Amaru y Zumbí y Jean Jacques Dessalines, de Micaela Bastidas y Bartolina Sisa y Juana Azurduy. La colonia impuso una metrópolis de cara a Europa, espaldas al continente, no ignoramos esa mancha en la historia argentina, pero en todos los rincones quedan rastros y raíces vivas de los conocimientos y las luchas por esa identidad común con nuestros pueblos hermanos.

El abrazo de agua no es un límite, es un puente. La unidad del Abya Yala no llegó con el idioma y la religión, como algunos pretenden. La invasión, el genocidio, jamás podrían dar como fruto el principio extraordinario de unidad.

Ayer, como hoy, se ha confundido unidad con uniformidad. Es como llamar selva a la soja, ni más ni menos.

Esa unidad que expresa la banda roja en la nunca muerta Liga de los Pueblos Libres tiene otra manifestación milenaria en el mate

Ama llulla

La rueda de mate, el mate mismo, expresa a los entrerrianos como a toda la región y es una tradición que subyace a las fronteras ficticias y nada tiene que ver con el paso de los años, menos aún con los cambios de gobiernos.

Allí, en el mate, nos sinceramos. Con un mate en la mano hablamos desde el corazón, el mate invita a nuestros antepasados, y entrelaza la vida del hombre con la savia del árbol, los rayos del sol, los nutrientes de la madre tierra.

En una rueda de mate no se puede macanear.

Allí se cumple la premisa antigua del Ama llulla, no mientas, que evocó Evo Morales el día que los europeos le frenaron el avión (como si hiciera falta otra demostración más de las bajezas de esa patronal del mundo que es Europa).

La unidad de nuestros pueblos es honda y milenaria, como el mate. Está en nuestra relación con los ríos, las lomadas, la selva, el mar, la cordillera y con todos sus habitantes; la unidad está en nuestra interrelación con las hierbas del monte, alimento y remedio, y en nuestro sentido de la armonía que no es compatible con el antropocentrismo desembarcado con las carabelas. La unidad está en la diversidad de caminos y ámbitos para el conocimiento, frente al epistemicidio europeo que impone lo suyo y desprecia todo lo demás (resultados a la vista).

La unidad está en el trabajo comunitario, en el ayllu, y también en las luchas por la emancipación, luchas que no han cesado porque los imperios se camuflan para continuar el régimen.

La modernidad, y con la modernidad el saqueo, no han terminado. Por eso nuestra unidad es un principio verdadero, lo más importante, y también necesario, útil

Están en su casa

Llega el presidente de Venezuela, ¡no es un extranjero aquí! Llega el presidente del Paraguay, ¡no es un extranjero!

Para qué decirlo, si nuestra Bandera Nacional luce un sol del Abya Yala en el centro.

Señores presidentes: están pisando su patria, están en su casa. 

Nuestro pueblo resistió por siglos la invasión europea, y lanzó al continente el grito federal desde la Batalla del Espinillo, a minutos de Paraná, hace 200 años. Venían a matar a José Artigas y se toparon con la verdad.

El destino de Nuestra América es la confederación. Para fogonearla, nada más apropiado que esta Liga de los Pueblos Libres que tuvo aquí sus principales lanzas. Si el Parlamento necesita una sede, la Liga de los Pueblos Libres puede ofrecer un sitio, cómo no.

Alguna vez dijimos Paysandú, con todo lo que significa, hoy podríamos dar otros nombres, (no queremos pecar de localistas, el localismo es un vicio).

Abya Yala, continente y contenido del comunitarismo que nunca muere, continente del compartir sobre el competir occidental; continente de la armonía de la humanidad en la naturaleza. A orillas del Gualeguay vivió Atahualpa Yupanqui, el mismo que cantara y recitara las letras del oriental Romildo Risso que dicen: si hay leña caída en el monte yo no vy’a voltear un árbol, po’el aire no puedo dir, de no, ni pisaba el pasto.

Mucho antes de que se desatara en el mundo la conciencia por la biodiversidad, aquí como en todas nuestras culturas se rendía homenaje a los compañeros del monte, de las orillas, se hacía del paisaje un culto y del hermano un complemento.  Esa cosmovisión está en los pueblos antiguos, y está en el criollo.

Las excepciones, las necesidades, las degradaciones, no deben ocultarnos ese mar de fondo.

Claro, no nos engañamos: aquí también se dieron los poderosos al extractivismo de los agronegocios y la tala rasa, a los transgénicos bien patentados por las multinacionales, a los monocultivos, y hay amenazas de fractura hidráulica y represamientos. No somos una isla, pero en todos lados surgen voces de conciencia, de alerta, asambleas que cultivan la hermandad antigua y siempre vigente, la hermandad de los hombres, la hermandad en la naturaleza.

Somos la provincia del Espinal: ñandubay, algarrobo, chañar, espinillo. Somos la provincia de la selva en galería: timbó, ceibo, sauce, aliso, curupí. La provincia del biguá en los humedales, el cardenal en los montes, y nada de eso nos separa, al contrario: vemos en la América Criolla un horizonte, como nos enseñó el poeta Marcelino Román.

Canta el entrerriano Linares Cardozo, hijo de un combatiente oriental: “no hay espinas para mí si riendas doy al soñar: igualito que el chingolo vivo entre el cardal”.

En aires de chamamé y milonga, en un cielito o una chamarrita, y en los tambores que renuevan nuestras esencias, escucharán ustedes sus propios ritmos, sus propias melodías. Sus sueños están en nuestros acentos

La herencia paraguayista

Si pudieran estarse un rato verían por allí un empaque en la mujer, en el hombre del litoral, como expresión del pueblo que se sublevó en dos tensas noches en Basualdo y en Toledo para no asistir a la horrible matanza del Paraguay.

En aquel entonces, nuestros intelectuales repudiaron la Triple Alianza esclavista, oligarca y pro británica, y por eso fueron caratulados de “yerbócratas” y “paraguayistas” desde el poder metropolitano.

Y bien, somos los herederos de esos yerbócratas y paraguayistas, y del pueblo obrero que le dijo no al genocidio y que sufrió una y otra vez las invasiones. Pudieron someternos, de hecho han logrado, por años, que nuestro suelo sea una cancha para los negocios de las multinacionales, con familias expulsadas, que nuestros pueblos vivan en el destierro, y que nuestras calles lleven el nombre de Mitre, pero aquí sucede lo que en todos nuestros pueblos: brotan las hojas verdes por entre las hojas secas, como dice el poeta

Vestigios de la invasión

Señores presidentes, sabemos que los nombres pasan, los pueblos quedan.

Sin dudas todos tenemos una oportunidad de aportar un granito de arena para desenterrar esa unidad honda de los pueblos y la naturaleza, en el Abya Yala.

Si organizaciones, pueblos, mujeres y hombres sin títulos, sin poder, decimos hoy “Abya Yala”, tierra de sangre vital, tierra en plena madurez, para nombrar al bello continente que nos dio la vida en todos los sentidos, y si varios líderes pronuncian con naturalidad el Abya Yala, ¿por qué aún nos empecinamos con el nombre impuesto por el invasor?

¿No alcanzan 500 años de oprobios?

Ningún imperio, ninguna multinacional, ningún doctorcito, ha llegado a estas tierras a evangelizarnos con la voz “Abya Yala”. Estamos ante un nombre genuino surgido de un hondo pueblo nuestro, los Kunas de Panamá, recuperado por los quichuas y aymaras de nuestra región y difundido hacia los cuatro vientos. Es decir, nadie quiso imponerse, atropellar. Abya Yala es una voz legítima, está en las antípodas del colonialismo y la invasión, es un nombre tan nuestro como Paraná, Uruguay, Paraguay en la región.

Padecemos un Estado imperialista en el Abya Yala que se robó para sí el nombre de América, y bien, ¡que se lo quede!

Los pueblos sabrán qué hacer con un nombre tan apropiado para la invasión y el espionaje.

América se vincula con la invasión y las guerras fratricidas y las apropiaciones, Abya Yala nos da a todos una salida al mar, una entrada desde el mar.

América naturaliza la presencia amenazante de Inglaterra en Malvinas, Abya Yala es amigable con todo el orbe pero expulsa al invasor y comparte los territorios entre los hermanos. Malvinas es Abya Yala. 

América espía, Abya Yala cuida al vecino, le pregunta cómo andás.

América lanza bombas, Abya Yala se sienta en una rueda de mate y conversa los graves asuntos de la vida, como decía Yupanqui.

América aplica un bloqueo al hermano, Abya Yala invita al hermano a la mesa, baila sus ritmos y combate al imperio.

¿Y si decimos basta, y que viva el Abya Yala?

Basta de capitalismo, viva la comunidad, viva el ayllu, viva el tekohá.

Basta de individualismo, viva el jopói, la mano abierta mutuamente.

Ahora, los estados ¿están con la verdad que es imperecedera, o están con el régimen que tiene fecha de vencimiento como las mercancías?

Mercosur y capital

Todos sabemos que los estados están siendo interrogados por asambleas, organizaciones sociales, universidades, y eso podrá ser ocultado más o menos en la Argentina, pero está.

Hay coincidencias en muchas organizaciones desde el pie sobre el servicio del estado, en general, a la alta burguesía.

Sin embargo, las entidades como el Mercosur pueden, en algún momento, colaborar con la unidad y la emancipación.

Si nos atenemos a los temas que ya están tratando los parlamentarios del Mercosur, nuestras prioridades son obvias: la incorporación de Bolivia como principio fundamental, por la energía que le dará al encuentro.

También parece claro que nuestra unidad en torno del colonialismo reaccionario y amenazante desde las Malvinas debe expresarse en las primeras reuniones que se prevén para tender lazos con la Unión Europea.

Con el tiempo, las organizaciones civiles sabrán ingeniárselas para tener presencia en los organismos internacionales, sin por ello convalidar estados que sirven a intereses del gran capital

Sumak kawsay

Señores presidentes: frente al imperio de las multinacionales del dinero y la usura, frente a los nuevos modos del imperialismo y la colonia, frente a los engaños y las agachadas, frente a la enfermedad del consumismo, los entrerrianos nos reunimos en una rueda de mate y nos solazamos en el paisaje, en el silencio. Allí es donde uno se da cuenta.

Sumak kawsay, suma qamaña, küme mongen, equilibrio, vivir bien, armonía.

Aquí escuchamos el llamado a la libertad en los trinos de la calandria, vemos la confederación en el copete del cardenal, en la flor del ceibo. Aquí repetimos con los nuestros el “naide es más que naide”, que no es un igualitarismo pavo sino un hondo sentido de hermandad y dignidad. Aquí se nos va la amistad en un apretón de manos, como diría Linares, aquí se cultiva esa bella tradición que es la gauchada, cosas incomprensibles en occidente, claro, porque estamos en el Abya Yala.

Este pueblo con influencias recientes de inmigrantes italianos, españoles, alemanes, rusos, árabes, franceses, suizos y tantos otros, y con influencia original de todos los pueblos vecinos, vuelve la mirada a las condiciones milenarias del Abya Yala.

Aquí hallamos respuestas que no nos brindan los títulos de propiedad ni las patentes ni las góndolas del hipermercado.

En nuestro pasado más antiguo está nuestro más preciado futuro. Unidad, emancipación, confederación, arte, decolonialidad, antiimperialismo: lo demás se dará por añadidura.

Y hay que decirlo: nada de esto es un invento, nada surge desde un escritorio, lo hemos aprendido en los pueblos del Abya Yala.

¡Salud! Y gracias por la visita. Paraná es de ustedes

Daniel Tirso Fiorotto – Publicado por el diario  UNO – domingo 14 de diciembre 2014