Envíopostaporteñ@ 1349

SASKIA 74

Trato de imaginarme las sensaciones que Saskia, Freja y Loke sintieron cuando Alba, el Papo y yo nos pusimos las camisetas de Cerro para asistir al primer partido del campeonato en el estadio Monumental Luis Tróccoli del Cerro. A Saskia, se lo vi en la cara, no le gustó nada cuando yo le expliqué, en sueco, que ellos no iban, pero que nosotros volveríamos rápidamente. Goyan es demasiado bebito como para entender el peligro en que quedaba, y a Freja le dio por retirarse a descansar y tratar de dormir un poco. 

Nosotros íbamos contentos rumbo al estadio. Nuestro equipo iba a enfrentar a Peñarol uno de los dos cuadros grandes de la República Oriental del Uruguay. Quizás el más viejo de todos los clubes de fútbol y el que tiene más hinchas en el país. Hace un tiempo la FIFA lo declaró el mejor equipo de fútbol del mundo en el siglo XX. Con todos esos pergaminos se llegaron a visitar el coquetito estadio de un cuadro chico de una barriada obrera y pobre. Quizás su arrogancia fuera justificada. Cerro, que no puede salir de una crisis de nunca acabar, no puede ponerle enfrente casi nada. Casi que lo único que tiene, es su hinchada que lo apoya siempre, casi sin importar los resultados. Lo apoya porque se siente identificado con el cuadrito siempre postergado. Mal querido por periodistas que no saben mucho de qué hablan, pero siempre pagados por los poderosos para que hagan culpable al cuadro de zona humilde. Una zona pobre, una zona sin emprendedores legales, una zona que defendiendo a su cuadrito grita desgarradoramente por su vida, por su derecho a la igualdad que no existe, zona que grita que “ningún pibe nace chorro” y que denuncia la impunidad policial de ayer y de hoy, que sabe que la justicia, en su caso, siempre será injusta. (Alltid syndabockar.)

Cuando llegamos a los primeros controles policiales nos dimos cuenta de que la mano venía complicada. No nos permitieron continuar directamente hacia el estadio. Nos mostraron un camino muy confuso, entreverado y muchísimo más largo, que nos puso frente a otro control policial que nos obligó a otro paseo por calles que ni siquiera Luis conocía. Cuando llegamos al tercer control policial veíamos no demasiado lejos la entrada al estadio. Pero los milicos nos dieron la orden de seguir dando vueltas por caminos donde no teníamos nada que hacer. Allí entonces nos enojamos, gritamos y agitamos los brazos. Escuchamos a nuestras espaldas un botón que gritaba –“Acá se va y se hace lo que yo decido. El mando es mío. Los demás cumplen mis órdenes. A mí no me importa lo que dicen y desean los civiles.” El miliquito que teníamos más cerca como que se arrugó un poquito al escuchar la voz de mando, pero con gestos y señales nos indicó que podíamos seguir. –“Vayan por allí señores” y señaló a otros milicos que teníamos permiso para continuar hasta las puertas de entrada. 

Agradecimos y nos dirigimos a la tribuna Argentina, que es la oficial del Monumental Luis Tróccoli. Frente a la tribuna Argentina está la tribuna Brasil, tan grande como la Argentina y destinada para la hinchada visitante. A nuestra derecha está la tribuna Chile, a la espalda de uno de los arcos. Por lo general es también lugar de la hinchada de Cerro. Quizás la que más alienta, la que más canta y la que más festeja. A la izquierda, recientemente renovada, está la tribuna Paraguay detrás del otro arco. También recibe, en caso de hinchada grande, a los visitantes. (Suportertribunerna.)

Peñarol es un cuadro nacido entre el personal inglés de los talleres del ferrocarril de un barrio obrero, obreros del ferrocarril. Al principio no se permitía jugar a los que no fueran ingleses y su nombre era inglés. Con el tiempo, sí, y entonces tomó el nombre del barrio donde nació, Peñarol, y se cubrió de gloria. Le pasó lo mismo que al tango. Se lo apropió la clase media y los burgueses de raza, blanquitos, en lo posible rubios, de ojos azules, además de colorados del partido. Los infelices hinchas de cuadros grandes de barriadas pobres, por lo general son usados como carne de cañón, los mandan al frente contra gente que vive igual que ellos, se les paga con derecho para humillar a los hinchas de cuadros chicos que viven en barriadas humildes, con impunidad total, además de pasarles algún pesito, entrada, droga o sexo sin responsabilidad. Es tanta la falta de humildad y la arrogancia que no parecen Orientales del paisito. Jamás ninguno de los que hoy piden castigo contra Cerro han pedido algo contra los cuadros grandes a los que alcahuetean de manera asquerosa y arrastrada. 

Todavía hoy muchos, muchísimos pobres diablos que quieren trascender son hinchas de los cuadros grandes manejados por los patrones de siempre, cuando no por algún milico. A la mayoría de los cuadros chicos les pasa lo mismo, sus dirigencias son chorros o emprendedores legales que solo piensan en ellos y de subir en la escala social, casi nunca piensan en su barrio, en su zona, y en el cuadro que representa a la mayoría de sus vecinos hinchas de futbol. En la cancha, Cerro jugó bien, pero no lo suficiente para ganarle a la calidad de los jugadores contrarios. El penal del tercer gol no lo vi, yo estaba lejos. Cerro es un cuadro aguerrido por lo general, siempre llevado en andas por su hinchada que jamás lo insulta. y que en sus cánticos siempre deja claro que más allá del resultado positivo o negativo, lo quiere igual. Esa es una de las cosas que más me extrañó de este cuadrito de fútbol del que soy socia hace 15 años y Luis de toda su vida. La hinchada no insulta a los propios y le declara su amor hasta en la derrota. Creo que debe ser único en el mundo, con esa característica.(Cerro, cerro, vi älskar dig.)

En Suecia, aunque nunca me preocupé mucho por el fútbol, me considero a mí misma de un cuadro parecido a Cerro, en lo que tiene que ver con el barrio que representa, pero no igual en el apoyo aunque no vaya bien. Somos hinchas Luis y yo, del Bajen o mejor dicho Hammarby.  En mi país   Suecia es mucho más difícil ver las diferencias, que aquí en la Republica Oriental, son tan notorias. Mis oídos escuchan todavía lo que decían algunos que caminaban con nosotros fuera del estadio con camisetas de Cerro donde se leía la leyenda “Ningún pibe nace chorro” –“Estos hijos de…. Jamás nos van a perdonar que tengamos la dignidad y la resistencia del paralelo 38.” Otro de los que venía respondió –“Lo que más me calienta es que algunos de esos milicos nacidos en la impunidad son de esta zona.” 

En la panadería de la esquina ante el comentario de algunas vecinas que decían –“Que vergüenza siempre quedamos pegados por estos revoltosos.” Yo conté lo que había vivido y visto. A la tribuna Chile, la más bullanguera y alegre, de la hinchada de Cerro parece que alguien desde fuera hizo caer una bandera de Peñarol. Seguramente fue un milico a caballo. Inmediatamente entró un grupo de choque de la policía republicana presionando y provocando a gente que no está habituada a dejarse agredir sin respuesta. Hubo un movimiento de rechazo a la agresión. Rodearon a los milicos provocadores todos los aptos para la pelea. Mujeres, niños, ancianos y enfermos fueron invitados por los mismos hinchas que combatían a salir del estadio para no recibir golpes de los milicos. 

Mi opinión es que todo fue una maniobra igual a la de los otros años. Lo que se busca es anular, cerrar el estadio de Cerro, multando a la institución y en lo posible tratar de que no permanezca en primera división del fútbol uruguayo. Creo sinceramente que con mucho gusto los Kolorados, Blankos y los ahora, desde hace 10 años Frenteamplistas, con mucho gusto harían desaparecer todo este barrio de más de 120 000 habitantes de La República Oriental del Uruguay, con mucho gusto y a lo nazi, mandarían hacer jabón con ellos. Aquí nadie habla de la represión y violencia policial, los milicos viven en su mundo de impunidad inmortal e inmoral.

A propósito otro de los intentos de destrucción de este barrio fue la construcción de la regasificadora en Santa Catalina. Hoy lo que allí quedó es el cadáver de unas obras, que parece que la empresa que debía hacerla, y que la va a cobrar como hecha y terminada, llenando también de paso, algunos bolsillos de políticos burgueses, como ese llamado Raúl Sendic (hijo). Esas cuentas las pagaremos nosotros. Con un poco de suerte quizás la regasificadora no se termine. Y el envenenamiento, la destrucción, el aumento de la prostitución infantil, la droga y el alcohol se paren. Pero me parece que ya están buscando otra empresa que haga lo mismo que esta, al fin y al cabo lo más importante es  el dinero que queda en los bolsillos corruptos de los encargados de gestionar “mejoras para el país”. Así lo llaman ellos.

Goyan cada vez está más verde, consentido, y atrevido. Mis perritas parece que están llenas de pulgas y no entienden nuestras caras preocupadas cuando llegamos del estadio Monumental Luis Tróccoli, cancha de este barrio obrero y humilde donde también vive gente que a veces quiere sentirse como habitante de la parte rica de la ciudad y critica a sus vecinos como si fueran culpables de que ellos tengan que quedarse a vivir aquí en vez de mudarse para otros lugares. Es como ocurre con los culebrones que muestran en la televisión, los buenos son siempre los patrones, los terratenientes o los religiosos. Los pobres siempre son culpables de maldad y traición. El Paralelo 38 sigue honrando su dignidad y tradición