Se nos dice “el camino al cielo está lleno de espinas”. En consecuencia, debe ser transitado con sacrificio, con abnegación, con estoicismo frente al dolor y toda clase de contingencias adversas o difíciles. Por ejemplo hay que portarse bien y renunciar a serle infiel a su esposa, no robar, no matar, no caer en intolerancias etc. Para los millones de cristianos,-católicos, evangélicos pentecostales, bautistas, mormones, y demás grupos que los agrupa en virtud a sus matices diferenciadores- esto surge de las enseñanzas de Cristo, plasmadas en los Evangelios. Textos a los que recurren para consolidar su fe y su camino por la vida en sociedad. Por tal motivo, en la Biblia encuentran las respuestas buscadas para resolver sus angustias existenciales o de sus almas. Cada uno entonces, encuentra su guía, su transitar.
Me parece que lo del camino espinoso, no es más que producto de lecturas apresuradas y equivocadas interpretaciones. En lo que a mí respecta, los evangelios, son absolutamente claros y no deberían llevarnos a confusión.
Cuando Cristo predico sus enseñanzas de libertad para los hombres, se acompañó de gestos que respaldaban su prédica. Gestos conmocionantes y sobrenaturales que llamamos milagros. Entonces, en cada uno de ellos hay una enseñanza, un mensaje y nos indica el “verdadero camino”. Resucitó muertos, curo enfermos, multiplicó panes y peces. Pero tal vez el más importante o el que más debe llamarnos a la reflexión, fue su primer milagro registrado. Porque fue el primero, estamos obligados a preguntarnos ¿Cuál fue el sentido de tamaño gesto?¿qué es lo que nos quiso decir?. De una tranquila lectura evangélica, vemos que todo está claro- Para más dato fue su madre la que le pidió que lo haga, respondiendo Jesús que no había llegado su hora. Pero lo hizo.
El texto de San Juan en la biblia dice: “Al tercer día hubo unas bodas en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Jesús también fue invitado a estas bodas, como asimismo sus discípulos. Y llegado a faltar vino, la madre de Jesús le dijo: “No tienen vino”. Jesús le dijo: “¿Que nos va en esto, a Mí y a ti mujer? Mi hora no ha venido todavía”. Su madre dijo a los sirvientes cualquier cosa que El os diga, hacedla”.
Resuelto a ejecutar el pedido materno, no pidió una jarra de las que se usaban en la época para servir el vino. Con una pequeña vasija, repleta de agua hubiera bastado para realizar el milagro y convertir el agua en vino y dar testimonio de poder a grandeza. Pero no fue eso lo que hizo. Y los evangelios, en esto son muy escrupulosos con los detalles y así expresan:”…Había allí seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, que contenían cada una dos o tres metretas –una metreta, contenía 36,4 litros-, si fuera por tres son algo más de cien litros por tinaja ¡Estamos hablando de 600 litros de vino!!!
Esto es necesario entenderlo, porque para una pequeña aldea, recibir tal cantidad de vino era algo conmocionante, y sin dudas la intención no era llevar la ingesta de los invitados, con sabor a pocos y pequeñas cantidades, el mensaje se dio con demasiada abundancia. Esto es, beber vino en cantidad, es la clara enseñanza de este milagro. Pero para que no queden dudas, se nos aportaron otros detalles.
Cuando el maestresala –continúa San Juan- probó el vino…llamó al novio y le dijo:”Todo el mundo sirve primero el buen vino, y después, cuando han bebido bien, el menos bueno; pero tú has conservado el buen vino hasta este momento…”
De lo expuesto, podemos extraer dos reflexiones, la primera es que había vino suministrado por el dueño de casa, pero que este no alcanzó, aunque habían bebido bien y ya se lo habían tomado. No sabemos si era poco o mucho, pero sí, que se habían tomado todo el vino previsto para la boda. La segunda era que el maestresala era conocedor y supo apreciar la calidad. Acá tenemos la segunda enseñanza del milagro referido en el evangelio: El verdadero camino al cielo, indica entonces que no solo debemos beber vino en abundancia, sino que este además, debe ser de muy buena calidad. Como se ve esto no tiene nada que ver con la infidelidad conyugal, y es nada más ni nada menos que el primer milagro. En signo demasiado fuerte para no prestarle atención.
Pero la cosa no termina acá. El sustento de esta clarísima enseñanza de vida para ir al cielo, encuentra mayor apoyatura en la misma Biblia.
Próximo a su muerte, Cristo hace una última cena con sus apóstoles. Es pues un momento, solemne. Y dos de los cuatro evangelistas, refieren las mismas palabras. Esto es importante porque permite asomarnos al futuro. El futuro indica que cuando morimos, vamos si todo anda bien, al reino del Padre. Pero ¿Qué hay en este reino?¿que se nos ofrece? Ello es casi un misterio, porque no hay muchos datos. Encontré sólo uno, que con absoluta certeza nos permite echar una mirada al futuro inexorable de todos, los que sepan transitar el camino correcto.
Luego de indicar el sentido del cáliz, en la última cena, agregó Jesús-San Mateo-:” Os digo: desde ahora no beberé de este fruto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con vosotros, nuevo, en el reino de mi Padre…”
No sabemos entonces si en el cielo, habrá panes o peces, muebles o instrumentos musicales. Lo que sabemos con certeza es que habrá vino y lo podemos disfrutar tomándolo con amigos
Producto de estas sabias enseñanzas, no llegó la hora de preguntarse ¿muchos camaradas de nuestra llamada izquierda, no habrán elegido este camino de santidad?