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Trabajo potenciado y la ?tesis transferencia? (1)

Rolando Astarita [Blog]

Por estos días volví a tener discusiones –esta vez con unos economistas mexicanos, véase aquí- sobre trabajo potenciado y plusvalías extraordinarias (puede verse en Comentarios). Es que en varios escritos, y siguiendo a Marx, he sostenido que la plusvalía extraordinaria es producto de trabajo potenciado. La idea básica es que el trabajo que aplica una tecnología superior a la que es normal en la rama, genera por unidad de tiempo más valor que el que generan las empresas con la tecnología que predomina (para simplificar, dada cierta intensidad del trabajo, y considerando los mismos tipos de trabajos simples). La cuestión, por supuesto, se relaciona con la noción de valor. Valor, según Marx, es tiempo de trabajo socialmente necesario, objetivado. Socialmente necesario es definido por Marx como el tiempo de trabajo “requerido para producir un valor de uso cualquiera, en condiciones normales de producción, vigentes en una sociedad y el grado social medio de destreza e intensidad del trabajo” (p. 48, cap. 1., t. 1, El Capital).

Planteamiento de la cuestión

Para ver el problema, la esencia del asunto se puede explicar con un esquema muy sencillo de productores simples de mercancías (si se quiere el planteo más desarrollado, puede consultarse el capítulo 10 de El Capital; véase también aquí y aquí, por ejemplo; o Valor, mercado mundial y globalización).

Supongamos que en una rama existen 12 productores que fabrican la mercancía A. 10 de ellos emplean 10 horas de trabajo; el productor 11 emplea 8 horas de trabajo, y el 12º emplea 12 horas. Suponiendo que el valor encerrado en una hora de trabajo socialmente necesario se exprese en $10, todos venden A en $100. Aquí, el promedio aritmético de tiempo de trabajo es 10 horas. Puede verse que el productor 11 recibe el equivalente de 10 horas de trabajo, esto es, $100, habiendo empleado 8 horas; y que el productor 12 recibe el equivalente de 10 horas, habiendo empleado 12 horas de trabajo.

La cuestión es determinar qué sucede, en términos de valor, con los productores 11 y 12. Toda una serie de importantes marxistas, entre ellos Mandel, Shaikh y Carchedi, ha planteado que de hecho existe una transferencia de valor desde el productor 11 al productor 12. Esto es, el productor 12 ha generado $120 de valor, pero solo se apropia de $100, en tanto el productor 11 ha generado $80 de valor, y se apropia de $100. De manera que 11, con 8 horas de trabajo, recibe el equivalente a 10 horas de trabajo. Dado que el plus de 12 se cancela con el minus de 11, la idea de la transferencia de valor parece confirmarse: el productor menos eficiente genera más valor que el promedio de los productores, del que se apropia el más eficiente, que ha generado menos valor que el promedio. Aunque no se explica cómo ocurre esta transferencia (no es una cuestión menor), para algunos la matemática que “cierra” parece ser argumento suficiente para justificar la “tesis transferencia”.

Este enfoque se traslada entonces a las relaciones entre países: en los países en que predominan empresas con tecnologías atrasadas, generan más valor que el promedio, y lo inverso sucede en los países en que predominan las tecnologías adelantadas. Por lo tanto, existe transferencia de valor desde los primeros a los segundos. Es la tesis del intercambio desigual, un pilar para afirmar que los países atrasados son explotados

Mi interpretación es opuesta. Siguiendo la noción de Marx de valor como trabajo socialmente necesario, y volviendo al ejemplo anterior, sostengo que el productor 11, al emplear tecnología superior a la predominante, genera más valor por hora de trabajo que los 10 productores que emplean la tecnología modal; y que el productor que emplea la tecnología atrasada genera menos valor por hora de trabajo.

De manera que no hay transferencia de valor. El trabajo del 11º es potenciado (en tanto generador de valor), y el trabajo del 12º es despontenciado. Por supuesto, aquí la matemática no prueba nada. La discusión es conceptual.

Problema irresoluble para la “tesis transferencia”

Desde el punto de vista del poder explicativo, la tesis “transferencia” tiene un primer problema que ya señalé, a saber, que no explica cómo es que se opera la transferencia de valor desde el 11º al 12º. Pero veamos la cuestión ahora con un ejemplo similar al que plantea Marx cuando explica el surgimiento de la plusvalía extraordinaria; aunque esta vez presento un esquema de productores simples, parecido al anterior. Suponemos de nuevo 12 productores, que producen A, pero ahora todos tienen la misma tecnología; todos emplean 10 horas de trabajo y A se vende en $100. De manera que la demanda global de A exige que se viertan $1200 para realizar los valores correspondientes a 12 mercancías A.

Supongamos ahora que el productor 11 baja el tiempo de producción a 8 horas. Dado que el resto de los productores venden a $100, el precio predominante en el mercado es $100. El productor 11 decide vender a $100 (el precio valor del mercado), obteniendo por 8 horas de trabajo el equivalente a 10 horas de trabajo.

¿De dónde sale ahora ese plus? El enfoque “transferencia” no tiene manera de explicarlo; al interior de la rama nadie emplea tecnología con más mano de obra que el promedio. Tampoco hay por qué suponer que cambió algo en el resto de la economía.

La demanda de A sigue siendo la misma que la que existía antes de que el productor 11 cambiara la tecnología; esto es, se venden 12 productos cuyos valores se realizan con $1200 generados en las otras ramas de la economía. De la misma forma que antes no había transferencia, tampoco la hay ahora. Por lo tanto, los $1200 en mercancías A que sus productores lanzan al mercado representan valor generado en la rama. Pero luego de la innovación esos $1200 no han sido generados por 120 horas de trabajo, sino por 118. ¿Cómo es posible? La respuesta, inspirada en Marx, dice que es posible porque el productor 11º en 8 horas de trabajo individual ha generado el equivalente a 10 horas de valor (expresadas en $100).

Los defensores de la “tesis transferencia” no lo pueden creer. ¿Cómo es que 8 horas del trabajo individual equivalen a 10 horas de trabajo social? “Algo anda mal”, piensan. “Jamás puede darse que 8 sea igual a 10”, insisten. De manera que decretan que aquí también existe transferencia. No vaya a ser que se caiga el dogma (¿y se afecte el tercermundismo marxista?).

 En la rama A se produjo solo $1180 de valor, nos dice el defensor de la “tesis transferencia”. ¿Pero cómo se sostiene entonces la ley del valor trabajo? Es que las mercancías se intercambian, en promedio, a sus valores (no hemos metido la problemática del precio de producción). Pero si se dice que el productor 11 generó, con su trabajo individual de 8 horas, sólo $80 de valor, y vende su mercancía a $100 (o la intercambia por otra mercancía B que vale $100), no hay intercambio de equivalentes. Pero por esta vía no hay forma de compatibilizar la teoría del valor trabajo con el ejemplo teórico. El defensor de la “tesis de la transferencia”, al negar la posibilidad de que exista trabajo potenciado, ha caído en un impasse.

El error de fondo

El error de los defensores de la “tesis transferencia”, que les impide explicar el problema elemental planteado, consiste en que asimilan directamente el trabajo privado con el trabajo social. Por eso mismo, han borrado la especificidad de la teoría del valor de Marx, en particular su diferencia con la de Ricardo. Exhiben una concepción mecanicista, que se limita a decir “1 hora de trabajo privado siempre tiene que equivaler a 1 hora de trabajo social y por eso generar siempre 1 hora de valor”. Y por este camino se llega a verdaderos absurdos. Por ejemplo, si postulo que un productor 13 produce A en 100 horas, el mecanicista “pro-transferencia” me dirá que el productor 13 generó el equivalente a $1000 de valor que, por algún mecanismo misterioso, algunos otros se apropian. Se habría encontrado entonces una bonita manera de generar valor.

Por supuesto, la teoría del valor de Marx no discurre por esos disparates. Su idea básica es que los trabajos privados no son directamente sociales. Solo se hacen sociales mediante la venta, y por eso esta última constituye “el salto mortal” de la mercancía. Es que en la venta los trabajos privados se sancionan en tanto trabajos socialmente necesarios. Por eso, algunos trabajos privados pueden generar más o menos valor según empleen mayor o menor fuerza productiva que la que se emplea normalmente en la rama. Precisamente refiriéndose a un caso similar al que he presentado (el productor 11 que con su trabajo de 8 horas obtiene 10 horas de valor), escribe Marx:

“… parece, pues, que el plusvalor proviene de la venta, del hacer pagar más caro a los demás poseedores de mercancías, de la elevación del precio de la mercancía por encima de su valor, no de la disminución del tiempo de trabajo necesario y de la prolongación del tiempo de plustrabajo. Pero ésta es sólo la apariencia. Mediante la excepcional fuerza productiva que el trabajo obtiene aquí a diferencia del trabajo medio en el mismo ramo de actividad, se convierte, en relación a éste, en trabajo superior, de modo que, por ejemplo, una hora laboral suya es igual a 5/4 de una hora laboral de trabajo medio, a trabajo simple a una potencia superior. Un número menor de horas de trabajo resulta igual a un número mayor de horas del trabajo medio. Lo paga como trabajo medio y lo vende por lo que es, trabajo superior, una determinada cantidad del cual es igual a una mayor cantidad de trabajo medio” (Capital y tecnología. Manuscritos inéditos 1861-1863, pp. 38-9, México, Terra Nova, 1980; énfasis añadido).

De manera que si se aplica este enfoque (que deriva de la teoría del valor), la ley del valor trabajo, en el ejemplo que presenté, rige el intercambio y lo explica. El productor 11 de A generó $100 de valor en 8 horas de trabajo individual porque su trabajo es trabajo potenciado. Por lo tanto, cuando intercambia 1 A por 1 B (que contiene 10 horas de trabajo socialmente necesario), se cambian equivalentes en términos de valor (aunque no sean equivalentes los tiempos de trabajo privados). ¿Qué nos dice el defensor de la tesis transferencia a esta altura? Simplemente vuelve a asegurarnos que no puede ser que “una hora laboral sea igual a 5/4 de hora laboral de trabajo medio” (esto es, de valor). Y se consuela pensando que, en el fondo, el pobre Marx no entendió la diferencia entre trabajo abstracto y concreto, y ni siquiera su propia teoría del valor. ¿Cómo no iba a caer en el error de pensar que 1 hora de trabajo individual podía ser igual a 5/4 de hora valor?

Trabajo complejo, otra forma de trabajo potenciado

La explicación sobre cómo surge el trabajo potenciado que brinda Marx en el cap. 10 de El Capital, o en el pasaje que acabo de citar, demuestra cómo 1 hora de trabajo individual puede generar más valor que 1 hora de trabajo que emplea la tecnología media dominante. Esta es una forma entonces de trabajo potenciado, que surge por diferencia de fuerza productiva relacionada con la tecnología. Pero hay otra forma de trabajo potenciado, que es el trabajo complejo: “se considera que el trabajo más complejo es igual sólo a trabajo simple potenciado, o más bien multiplicado, de suerte que una pequeña cantidad de trabajo complejo equivale a una mayor cantidad de trabajo simple” (Marx, El Capital, pp. 54-5). Aquí la potenciación del trabajo no deriva de la tecnología, sino de la capacitación de la fuerza de trabajo (que es una fuerza productiva). Aunque el trabajo complejo no explica la plusvalía extraordinaria, es conveniente tener presente esta otra forma de trabajo potenciado.

Trabajo desponteciado

Más arriba mencioné, al pasar, el trabajo “despotenciado”, para significar el trabajo que genera menos valor social por unidad de tiempo de trabajo individual. Aclaro que Marx no utiliza este término, pero de todas maneras la idea está encerrada en el pasaje del capítulo 1 de El Capital, cuando define qué es tiempo de trabajo socialmente necesario. Dice que “tras la adopción en Inglaterra del tela de vapor… bastó más o menos la mitad de trabajo que antes para convertir en tela determinada cantidad de hilo. Para efectuar esa conversión, el tejedor manual inglés necesitaba emplear ahora exactamente el mismo tiempo de trabajo que antes, pero el producto de su hora individual de trabajo representaba únicamente media hora de trabajo social, y su valor disminuyó, por consiguiente, a la mitad del que antes tenía” (p. 48). El concepto se entiende fácilmente. De nuevo, la hora de trabajo individual no equivale necesariamente a la hora de trabajo social; en este caso, 1 hora de trabajo individual equivale a media hora de valor.  Todo depende de su relación con “los tiempos normales de producción” en la rama bajo consideración.

El valor es relativo

Observemos que el trabajo del innovador, en cuanto trabajo concreto, está generando más valores de uso que el trabajo de los que utilizan la tecnología media reinante. Y en cuanto trabajo abstracto, esto es, en tanto generador de valor, el gasto humano de energía actúa como energía potenciada. ¿Por qué? Pues porque el valor es una categoría social y por lo tanto relativa. Por eso también, el tiempo de trabajo, en cuanto generador de valor, no es absoluto, sino relativo. Pensar que es siempre igual a sí mismo, inmutable y universal, es sinónimo de una concepción linealmente mecanicista, como apuntamos más arriba. La realidad es que el mismo depende de la productividad relativa al resto de las empresas de la rama.

Enfatizamos: el valor siempre es relativo. En primer lugar, es relativo a un objeto de uso o servicio. Si Juan trabajó y no generó un valor de uso, no generó valor. Pero en segundo término, es relativo al resto de los trabajos humanos aplicados en la rama. Por eso Marx, en el pasaje citado, afirma que el trabajo potenciado que genera la plusvalía extraordinaria es una fuerza productiva “excepcional”. ¿Por qué “excepcional”? Pues porque se destaca con respecto a la fuerza productiva que prevalece en la rama. Por eso también afirma que el trabajo que emplea esa fuerza  productiva “excepcional” se convierte, en relación al trabajo medio, en trabajo potenciado. Es potenciado solo a través de la relación con otro trabajo que utiliza menor fuerza productiva para producir la misma mercancía, y que es el trabajo normal en la rama. Por último, el valor también es relativo a una demanda que pueda realizar en el mercado, en tanto trabajo social, al trabajo privado.

En definitiva, siempre está en el centro de la problemática la vinculación -contradictoria- entre el trabajo  privado y el trabajo social.

En el caso de las plusvalías extraordinarias, el tiempo de trabajo privado es generador de valor en relación al tiempo de trabajo que es el normal en la rama. Esta es la razón por la cual el productor que emplea 100 horas de trabajo para producir una mercancía que en promedio se produce en 10 horas, no genera 10 veces más valor que el promedio. Y por qué el productor 11 de nuestro ejemplo puede trabajar 8 horas y generar valor por el equivalente a 10 horas de trabajo social. Todas estas cuestiones, naturalmente, escapan por completo a la rústica comprensión del mecanicista que sigue repitiendo “1 hora de trabajo privado es igual a 1 hora de trabajo social”, y así hasta el infinito. Lo extraño es que esta tontería se considere “ciencia”.

 

La coyuntura actual haitiana – Charla del Dr. Camille Chalmers

en Montevideo el 2 de junio 2015

https://youtu.be/uasHsesV9wE

 

 


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