Rolando Astarita [Blog]
Algunas discusiones se tornan difíciles porque se desarrollan desde paradigmas metodológicos opuestos. Esto se aplica a las diferencias que tengo con defensores de la “tesis transferencia”, que han criticado mi interpretación del texto de Marx de cómo surge la plusvalía extraordinaria (y ahora también dicen que Marx no presentó una explicación “general” de la plusvalía extraordinaria)
Como expliqué en la anterior entrada, la diferencia de fondo está en el concepto de tiempo de trabajo socialmente necesario (TTSN), y en la relación entre tiempo de trabajo privado y social. Mis críticos sostienen que el tiempo de trabajo privado es directamente social (1 hora de trabajo privado siempre genera una hora de valor) y de ahí derivan que el TTSN se determina calculando el promedio aritmético ponderado de los tiempos de trabajo individuales empleados. Así, por ejemplo, si la mercancía A es producida por 10 productores que emplean 10 horas cada uno; un productor que emplea 8 horas y otro que emplea 15 horas, el valor de A sería 10,25 horas. Si aparece otro productor que produce A en 20 horas, A tiene 11 horas de valor, etcétera. Si la hora de trabajo se expresa en $10, en el primer caso A tendrá un precio de $102,5, en el segundo de $110.
Esta idea está íntimamente vinculada al concepto de valor que manejan: el productor que empleó 8 horas de trabajo generó 8 horas de valor; y el que trabajó 15 horas generó 15 horas de valor. Dado que ambos venden la mercancía al mismo precio de $102,5 (determinado por el TTSN, sacado por promedio), el productor más eficiente se habría apropiado, con 8 horas de trabajo, de 10,25 horas. ¿De dónde provienen esas 2,25 horas “extras”? Del productor menos eficiente, nos dicen; este habría generado en 15 horas de trabajo individual 15 horas de valor, pero se habría apropiado solo de 10,25 horas de valor. Y los otros 10 productores se habrían apropiado cada uno de 0,25 horas de valor extra, también generadas por el menos eficiente.
Debido a que los cálculos “cierran”, la “tesis de la transferencia” cree haber demostrado que el TTSN surge de los promedios individuales. Esto es, primero define TTSN como promedio de trabajos individuales; luego saca los promedios con ejemplos que “cierran”, y cree demostrado lo que ha definido, a saber, que el TTSN es igual al promedio. Con este cálculo los defensores de la tesis se ufanan, además, de haber desarrollado un aspecto que Marx habría dejado en silencio: hubo que esperar a que vinieran a explicar cómo se saca un promedio ponderado para enterarnos de qué es realmente TTSN. Una pretensión que desnuda una incomprensión elemental de la teoría del valor de Marx, y del rol de la matemática. Mis críticos piensan que el concepto se define a partir del cálculo del promedio, y que por esta vía la matemática reemplaza a la discusión conceptual. En otros términos, hacen un fetiche de la matemática.
Mi postura es opuesta: la matemática es un auxiliar que no reemplaza la intelección conceptual. Por eso, antes de hacer el cálculo hay que saber qué se tiene que calcular. Más específicamente, antes de sumar trabajos privados para calcular TTSN, hay que saber qué relación tiene el trabajo privado con el TTSN. Es que esta relación no la explica el cálculo matemático, sino al revés, la relación determina el cálculo que es lícito realizar. La incomprensión de esta cuestión lleva a los defensores de la “tesis de la transferencia” a pensar que en Marx hay lagunas -nada menos que en su teoría del valor- cuando en realidad hay una diferencia sustancial con el planteo que hacen. Diferencia que se sintetiza en que Marx jamás sostuvo que los trabajos privados sean directamente sociales, como sostiene la tesis de la “transferencia”.
Tiempo de trabajo privado y social
Entender que una hora de trabajo privado no siempre genera una hora de trabajo social (o sea, de valor) es el paso anterior y básico para abordar el TTSN. Esto se debe a que en la sociedad productora de mercancías el trabajo solo se hace social a través del intercambio (ver aquí). Lo cual implica que no se puede saber cuál es el tiempo de trabajo social antes de la venta. Es la idea fundamental de Marx. Mis críticos dicen lo opuesto: que el tiempo de trabajo social “se determina previo a la venta por todas las empresas”. Puede comprobarse entonces que no se trata de una mera “laguna” de Marx, que ellos habrían venido a llenar, sino de una concepción que está en las antípodas de la que se presenta en El Capital. Es que desde el enfoque “a lo Marx”, la empresa solo determina (calcula) el tiempo de trabajo individual, pero no puede saber si ese tiempo de trabajo individual es socialmente válido. Lo sabrá cuando llegue al mercado y venda su mercancía.
El asunto se ve muy bien en el caso de la mercancía A que producen 10 productores en 10 horas, y se vende a $100. Aparece Juan, que produce A en 15 horas. Juan mide el tiempo de trabajo “individual”, pero esa medición no determina a su trabajo como social. Así sucede que a sus espaldas, los otros productores siguen empleando 10 horas y cuando llega al mercado, se encuentra que A se vende a $100, ni un dólar más. De manera que en la venta el TTSN se le impone como hecho objetivo. Y si vende a $100, su trabajo no ha generado $150 de valor, y no hay manera en que transfiera valor a nadie.
Puestos ante este ejemplo, los defensores de la “tesis transferencia” sostienen que “es único” (¿?). Cuando se les señala que, en última instancia, es el mismo caso que el que trata Marx en el cap. 10 t. 1, terminan diciendo que “Marx no encontró una explicación general del plusvalor extraordinario” y que su ejemplo también es “único” (Comentarios al blog, 5/06/15). Como sucede siempre con las teorías que no se sostienen, tienen que llenarse de “excepciones”. Y ni siquiera se preguntan por qué Marx no define explícitamente TTSN como promedio ponderado de todos los trabajos individuales. ¿No deberían reflexionar un momento en que la cuestión podría no reducirse a un simple “olvido”, por parte de Marx, de los benditos promedios?
Coherencia en la teoría de Marx
La realidad es que la razón por la cual Marx no calcula el TTSN como promedio de tiempos de trabajo individuales es que estos últimos solo se validan como sociales (o sea, como contenidos del valor) a través del intercambio.
Sin embargo, ¿Marx no habla de tiempos de trabajo promedio? Sí, pero esto no autoriza a promediar sin ton ni son. Si digo que en promedio los 10 productores de A emplean 10 horas de trabajo para producirla, no estoy diciendo con ello que cualquier tiempo de trabajo empleado en producir A entre en promedio. Simplemente me estoy refiriendo al conjunto de empresas que están determinando el TTSN, tal como es validado en el mercado. Por eso, Marx plantea que, en condiciones en que la oferta y la demanda coinciden, y habiendo competencia, se establece un valor medio que está determinado por las empresas que producen en condiciones aproximadas (textualmente, producen “bajo circunstancias individuales ligeramente diferentes”, p. 228, cap. 10, t. 3, El Capital). Así, el trabajo de Juan, que emplea 15 horas en producir A, no tiene por qué entrar en ningún promedio. Si Juan empleó individualmente más del tiempo de trabajo social, su tiempo de trabajo privado solo se valida parcialmente. Por eso tampoco hay manera de que el precio de A se eleve a $104,5 para que dé un promedio calculado a partir de los simples tiempos de trabajo individuales. Si al llegar al mercado se validan 10 horas de trabajo, hay 5 horas del trabajo de Juan que no generaron valor.
Lo anterior pone en evidencia que el valor no surge por promedio de cualquier tipo de trabajo individual; siempre hay un grupo de productores o empresas (bajo ciertas condiciones, puede ser el grupo de las menos eficientes o las más eficientes, lo analizaré con más detalle en una próxima nota) que está determinando el valor de mercado, y para el resto ese precio-valor les es impuesto. Por el contrario, sostener que el valor está determinado por los simples promedios aritméticos de todos los trabajos individuales, implica afirmar que los tiempos de trabajo sociales se determinan de manera previa y con independencia de las ventas. De ahí también que Marx no explica la plusvalía extraordinaria (ni la renta diferencial) por transferencia desde los productores menos eficientes a los más eficientes. Y por eso también afirma que 1 hora de trabajo individual puede equivaler, por ejemplo, a 5/4 de hora social de trabajo. No se trata entonces de “lagunas”, o de “falta de explicación general de la plusvalía extraordinaria” en Marx, sino de diferencias en la noción misma de qué es valor. En el enfoque de Marx el contenido del valor (TTSN) no existe sin la forma del valor. Pero si esto es así, si valor es TTSN objetivado, no se lo puede definir al margen de lo que se está validando efectivamente en el mercado.
El caso del tejedor manual inglés
Para ilustrar lo anterior, en varias ocasiones me he referido al ejemplo que presenta Marx, en el cap. 1 de El Capital, de los tejedores manuales ingleses cuando se afianzó la producción con telares de vapor. Marx sostiene que en ese caso 1 hora de trabajo individual del tejedor manual pasó a equivaler a media hora de trabajo social. Frente a esto, los defensores de la “tesis transferencia” cuentan una historia fabricada a su conveniencia. Sostienen que al introducirse el telar a vapor el TTSN pasó a ser mayor que el tiempo de trabajo individual empleado con los telares a vapor, y menor que el tiempo de trabajo individual empleado con los telares manuales. Así, el TTSN se habría establecido como promedio ponderado de los trabajos manuales y de los aplicados con el telar a vapor. Y concluyen que los productores manuales transferían valor a las empresas que empleaban los telares a vapor. Aquí el fetichismo de la matemática aparece en toda su dimensión. En lugar de partir del hecho real, a saber, cuánto del tiempo de trabajo privado era validado en el mercado, la “tesis de la transferencia” calcula el promedio y decide cuál debe ser el valor (esto es, el trabajo individual validado como social). Y se asombra de que Marx no haya empleado el promedio en el ejemplo. Una cuestión que no es menor, porque se trata del capítulo donde el autor de El Capital hace la primera definición de TTSN, concepto clave para entender qué es valor.
El hecho es que Marx en el capítulo citado no dice palabra de promedio, y no habla de transferencia de valor. Dice que el TTSN es el requerido para producir un valor de uso cualquiera “en las condiciones normales de producción vigentes en una sociedad”, dados un grado medio de destreza e intensidad del trabajo. “Condiciones normales” no son “condiciones promedio”. Cualquiera se da cuenta de la diferencia. Lo “normal” es lo que rige, al margen de cuál sea el promedio matemático. Carente de concepto, el defensor de la “tesis de la transferencia” interpreta entonces que aquí falta determinación cuantitativa, y arremete con sus promedios ponderados para llenar lo que ve como intolerable vacío dejado por Marx.
Pero en las ciencias sociales hay que partir de lo dado. Y lo dado es la validación objetiva de los tiempos de trabajo individuales que se produce en el mercado. Por eso, Marx dice que si un cierto método de producción se ha impuesto en el mercado, solo se validan como TTSN los tiempos de trabajo individuales que correspondan a ese método de producción. Y por esta razón Marx no parte del promedio matemático para calcular TTSN (por eso también la concepción monetaria de Marx no puede coincidir con la tesis que dice que el valor del dinero es reflejo de los tiempos de trabajo privados). En una próxima nota veremos cómo desarrolla esta cuestión en el tomo 3 de El Capital, pero la esencia del asunto ya está en este ejemplo de los telares manuales y a vapor.
Enfatizo: cuando define qué es TTSN, en el capítulo 1 de El Capital, Marx no lo determina por el simple promedio aritmético de los trabajos individuales. Por eso mismo, no podía caer en el absurdo de pensar que si venía un productor que empleara 100 horas de trabajo para producir lo que normalmente se produce en 10 horas, el ineficiente generaría 100 horas de valor. La cuestión se puede ver mejor aún enTeorías de la plusvalía, donde vuelve a referirse al caso de los telares. Explica que el telar a vapor duplicó la productividad del telar de mano, de manera que cuando el primero ya no fue excepcional, hacía falta media hora del tiempo de trabajo que era necesario con el telar manual. Por lo tanto, 12 horas de trabajo del tejedor manual ya no estaban representadas en un valor de 12 horas, sino en uno de 6, “puesto que el tiempo de trabajo necesario es ahora 6 horas. Las 12 horas del tejedor con telar manual solo [representan] 6 horas de tiempo de trabajo social, aunque siga trabajando 12 horas como antes” (p. 333, t. 1, edición Cartago).
Es lo opuesto de lo que dicen los teóricos de la “transferencia”, y no se trata de un problema de falta de cálculo, sino de diferencia en el concepto. Por si alguien no entendió: cuando el telar a vapor “dejó de ser excepcional” (no cuando dominó toda la rama), se impuso el valor determinado por las empresas que lo utilizaban. El telar a vapor duplicó la productividad, dice Marx, y el tiempo de trabajo socialmente necesario pasó a ser la mitad del que determinaba el trabajo aplicado al telar manual. Subrayo, la mitad, no algo intermedio, sacado por promedio ponderado. Por eso, a pesar de que seguía habiendo trabajo manual, este no incidía en la determinación del valor. Por eso también, el productor manual recibía por 1 hora de trabajo media hora de valor (equivalente al TTSN). Los tiempos de trabajo de los tejedores manuales eran sancionados por el mercado porque en este se había impuesto un nuevo TTSN.
Naturalmente, esto que registra Marx que sucedía se desprendía de la realidad del mercado. Puede verse que la matemática no puede suplantar la discusión conceptual. Es un auxiliar importante para el estudio, pero tiene sus límites. Por otra parte, no se trata de que Marx dejó “lagunas” porque no sabía sacar un promedio ponderado, o que por esta razón no presentó una “explicación general” de cómo se forma la plusvalía extraordinaria. Estos son inventos de los defensores de la “tesis de la transferencia” que no se sostienen. Aquí hay diferencias teóricas, que se quieren disimular detrás del cálculo. Por un lado, hay una perspectiva ricardiana (de una superficialidad llamativa, agreguemos), y por el otro, una teoría que se articula desde dialéctica de la contradicción entre trabajo privado y social