por Luis Bilbao
Materiales de discusión
NÚCLEO POLÍTICO SINDICAL DEL CHUBUT
Este artículo fue redactado el 19 de julio de 2015 y saldrá publicado en la edición de Agosto de América XXI
En su convulsiva crisis Grecia viene a confirmar verdades básicas, olvidadas por décadas de neto predominio reformista y confusión teórica en filas revolucionarias.
Una de ellas es que economía y política no van por caminos autónomos ni admiten ser consideradas y manejadas con independencia una de la otra.
También pasa al centro del escenario una expresión de Lenin respecto de la revolución, posible según su célebre dictum “cuando los de abajo ya no quieren y los de arriba ya no pueden” vivir bajo las imposiciones del capitalismo.
Una tercera columna del pensamiento revolucionario también se traduce nítida por estos días: el carácter internacional de toda y cualquier revolución.
Convendría a la sazón rebuscar en textos antiguos una jugosa polémica de Trotsky contra Stalin, respecto de las particularidades nacionales, a las que este último consideraba como “verruga en el rostro”. Allí el revolucionario asesinado en Coyoacán desnuda la superficialidad del pseudointernacionalismo estalinista, cuando explica que son precisamente las especificidades de un país las que pueden hacer posible, en una circunstancia dada, la victoria y afirmación de una revolución.
Todo sumado, es más sencilla una aproximación a la tragedia griega contemporánea.
Parte de la crisis general del capitalismo, la economía griega fue además víctima de la operación imperialista europea destinada a consolidar un bloque para competir en mejores condiciones con Estados Unidos. Las clases dominantes griegas se sumaron fervorosamente a la creación del euro y la operación de compensaciones destinadas a morigerar las enormes desigualdades entre la economía de este pequeño y atrasado país en relación con las de los países desarrollados, especialmente Alemania y Francia. La socialdemocracia participó sin reservas de esta operación timoneada por y en beneficio específico del capital financiero europeo.
Pero la productividad no se inventa ni, mucho menos, se puede soslayar. Y la moneda la expresa con transparencia, aunque ésta pueda demorarse y durante todo un período permitir manipulaciones de diferente signo. Dado el subdesarrollo productivo griego -como el portugués y en menor medida el español- una moneda única, conducida desde Berlín y París no podía sino producir distorsiones enormes, naturalmente en detrimento de la economía griega.
Esto ocurrió en el marco de la secular destrucción de las organizaciones de masas de los trabajadores griegos. Téngase en cuenta que Stalin negoció la partición del mundo en Yalta sobre la base de imponer a los guerrilleros franceses y griegos, conducidos por los Partidos Comunista y Socialista, la rendición ante gobiernos capitalistas y la entrega de las armas. Esas organizaciones jamás se recuperarían de aquella defección histórica, que definió el curso del planeta y se verificó en toda su magnitud medio siglo después, con la caída del muro de Berlín y la inmediata disolución de la Unión Soviética.
Desarmados en todo sentido y tras un período de bonanza ficticia, los trabajadores y el pueblo griego reaccionaron frente al escandaloso despojo con el que los señores feudales de las finanzas europeas se cobraron las dádivas con las que se inició la afirmación del euro, tan necesarias para ellos como insostenibles para unos y otros.
Como ciertos revolucionarios, la burguesía imperialista creyó posible separar tajantemente la economía de la política y un buen día despertó con las masas griegas sublevadas y destrozando para siempre el aparato institucional de dominación capitalista. Eso fue la aparición de Syriza: una bocanada de oxígeno en el irrespirable clima político europeo, inspirada en el proceso revolucionario latinoamericano y con la Revolución Bolivariana como enseña. El mismo fenómeno pujó por brotar en España con la experiencia de Podemos, aunque con marcados rasgos diferenciales, acordes con sociedades también muy diferentes.
Dos sorpresas
Una batalla épica libró el gobierno de Syriza frente a los intentos de la euroburguesía por aplastarlo e imponer a las masas el ajuste económico requerido por la Troika (Banco Central Europeo, Comisión Europea y Fondo Monetario Internacional -BCE, CE, FMI), lógico e imprescindible desde el punto de vista capitalista. Sus autoridades -en primer lugar el primer ministro Alexis Tsipras y el ministro de Economía Yanis Varoufakis- se ganaron la simpatía de los trabajadores europeos y prácticamente de todo el mundo que conoció su peripecia. Luego vino el referéndum para aceptar o rechazar las exigencias de la Troika. Y la victoria del No. Corresponde decir que supuse el resultado contrario. Pero las masas dieron una conmovedora muestra de lucidez y coraje, que implicaba también confianza en su dirección. Prueba adicional de las inmensas reservas que bajo la superficie aguardan la hora de la Revolución. Pero tras el 60% a favor del Oxi (No), vino la renuncia de Varoufakis y poco después la aceptación por parte de Tsipras de la intransigente imposición del capital financiero europeo.
Está claro que “los de abajo” en Grecia no quieren vivir como hasta ahora. También que “los de arriba”, a escala europea, pueden seguir haciéndolo. Todo indica que, para el conjunto de la población, ese Oxi masivo no incluía la abolición del Euro y la salida de la Unión Europea. Allí apretaron el BCE y la CE colocando al gobierno griego ante la alternativa de “aprobar un plan en el que no creo”, como dijo Tsipras, o asistir al colapso total de la economía, el aparato productivo y la sociedad griegas. Brilló en esa dramática opción la ausencia política de los BRICS y, particularmente, de Rusia y China. Atenas quedó sola ante Bruselas, con el detalle de que alberga cuatro bases de la OTAN.
Además de sorpresa, la decisión de aceptar la imposición europea, luego reafirmada por el Parlamento, con la oposición de 35 diputados de Syriza, trajo un debate de frágiles bases, reducido a la conducta de Tsipras. Sin embargo hay mucho más en juego. La alternativa dramática que afrontó el gobierno griego se repite, en condiciones propias, diferentes, en otros países europeos y muy particularmente en América Latina. La crisis estructural del capitalismo, acentuada en la coyuntura, limita el campo de opciones: sumisión incondicional a las necesidades imperativas de saneamiento capitalista, o revolución en toda la línea, es decir, expropiación de la banca y las transnacionales de la producción, gobierno democrático de las masas sobre esa plataforma inapelable de erradicación del sistema dominante. Que se rasguen las vestiduras los defensores de terceras vías: no las hay
¿Podía Tsipras convocar a la ruptura con el Euro, la salida de la UE, sin la condición de chocar de frente con el capitalismo? ¿Tenía para tales propósitos el apoyo de las mayorías, incluso de las que votaron No? ¿Hay convicción en la propia Syriza para emprender tal rumbo? ¿Traicionó el líder de Syriza la voluntad de las masas? Dicho de otro modo: ¿llega la singularidad griega al punto de contrarrestar la apatía, la parálisis, la cobardía, de las organizaciones de la izquierda europea y de los trabajadores de la UE?
Sólo una afiatada dirección revolucionaria puede responder estas preguntas al momento de tomar decisiones definitivas en condiciones como las que se ven en Grecia. El dicterio fácil en tales coyunturas no corresponde a revolucionarios sólidos. Tanto menos si se lo profiere desde un escritorio, a miles de kilómetros del escenario de combate. Conviene recordar que ante la insurrección de octubre 1917 en Rusia, Kamenev, Zinoviev y Stalin (tercero, cuarto y quinto en la jerarquía dirigente, el último, director del diario Pravda), se opusieron y llegaron a denunciar públicamente los planes insurreccionales. Lenin los condenó en los más duros términos, por supuesto. Pero después de la victoria, no consumó las medidas contra ellos, que siguieron ejerciendo papeles principales en la naciente revolución. En Grecia la lucha recién comienza. Aguarda la etapa más dura para el pueblo y los revolucionarios. Solidaridad incondicional con ellos
El papel de la unidad de las masas
Lo cierto es que la propia dirigencia de Syriza se dividió ante la encrucijada. Ahora bien: si la renuncia del ministro de Economía y el giro del Primer Ministro acaban consumando, como todo parece indicar, una irreparable fractura de Syriza, esta novel formación desaparecerá al menos como lo que ha sido hasta ahora. “Los de arriba” podrán más y “los de abajo”, menos. Se perdería -o cuanto menos se dificultaría al extremo- la convergencia de las masas y las fuerzas revolucionarias griegas con las que en un plazo no demasiado largo se sublevarán también en Europa y otras latitudes. En todo caso, los trabajadores aprenderán, con costos mayores, que el bienestar proviene del trabajo sin explotación y no de artilugios monetarios o malabarismos bancarios, proceso del que no puede excluirse ningún proletariado del mundo. El conocimiento real del funcionamiento del sistema capitalista es un factor fundamental para la asunción profunda y sólida de conciencia de clase. No es posible una Revolución social acompañada del consumismo capitalista. El proceso de acumulación y el salto definitivo en la productividad del trabajo no tienen sustitutos en el desarrollo histórico, aunque hoy es posible combinar desigualdades y cubrir ese lapso histórico en menos tiempo y con menores penurias.
Mientras tanto, cabe observar la oposición del FMI a la táctica europea. Se manifiesta allí, de manera cruda y para todos visible, la lucha interimperialista. Ocurre lo mismo con la militancia del premio Nobel de Economía Paul Krugman a favor del estallido del euro: es una necesidad del sector del imperialismo al cual responde. Esa contradicción se acentuará a corto plazo y agudizará la lucha de clases en cada país. América Latina toda está envuelta en el mismo dilema.
Si una responsabilidad tenemos los luchadores anticapitalistas en todo el mundo es sumar capacidades en sucesivas instancias internacionales para comprender, acompañar y eventualmente sumarnos como parte inseparable de la vanguardia dirigente, en cada lugar donde una chispa comience el incendio. Allá los profesores con afán de liderazgo verbal en revoluciones lejanas, tanto más cuanto menos pueden con la que bulle bajo sus pies. Aquí, los hombres y mujeres comprometidos con la acción basada en una urgente y radical recomposición teórico-política.
La tragedia griega de la traición de Tsipras
Por Bruno Lima Rocha
Introducción y crítica a dos analistas brasileños
En la noche de 15 de julio de 2015, el primer Ministro griego Alexis Tsipras, pone a la votación un paquete de medidas negociadas (impuestas es la verdad) con la Troika europea. La contradicción en esta consulta parlamentaria, es el hecho de que tal paquete, es justamente el mismo – o casi el mismo, pues en algunos aspectos es aún peor – del que fuera rechazado por la población en un referéndum ocurrido el domingo 5 de julio.
Oxi (No) en griego fue la decisión del 61% de los votantes. Ahora, investigaciones alegan que más del 70% de los griegos, estaría a favor de la postura de Tsipras. Eso es altamente discutible, porque investigaciones de opinión no pueden ser, más legítimas del que mecanismos de consulta directa. Citando nuevamente al excelente portal de Auditoria Ciudadana de la Deuda y directamente, a la auditora María Lúcia Fatorelli, si tal deuda fuera revelada sus orígenes provocaría revolución en las finanzas mundiales. Tal deuda “tiene orígenes ilegales e ilegítimas”. Concuerdo y refuerzo esta tesis, además entiendo que tal deuda es impagable (como lo han dicho los economistas Paul Krugman, Joseph Stiglitz y Thomas Piketty) y odiosa (cómo es el concepto para una deuda al ser auditada)
Vale manifestar que disiento con estos respetables reformistas. El editor del portal Opera Mundi, Breno Altman afirma (publicada en 14 de julio de 2015 en el portal Brasil 247, bajo el título de “Grecia la salida fuera de la rendición condicional?”) que: “Pero el primer-ministro griego, para el bien o para el mal, debe aún preferir, en estos días decisivos, el recuerdo de aquella pequeña ciudad otrora polonesa, en la cual la delegación bolchevique entregó todos los anillos y muchos dedos, para su revolución”.
Altman realiza una dudosa comparación de Tsipras, con Lenin, cuando del tratado en consonancia y rendición de Brest-Litovsk, cuando Rusia traba un acuerdo con a Alemania, donde según Altman . “Lenin habría ido contra la posición de la mayoría del Comité Centraldel Partido Bolchevique”, acotando que de la misma manera “Tsipras que no siguió la postura del Comité Ejecutivo de la coalición Syriza.
Sinceramente, Altman se equivoca al afirmar que “la sabiduría de un líder provisional puede estar por encima de la decisión colectiva de delegados electos”. Así no hay formación partidaria que resista y se pierde toda y cualquier confianza, con las nuevas instituciones políticas, teóricamente – al menos en el caso del Syriza – marcadas por democracia interna y consulta directa en temas fundamentales.
El periodista, y profesor de Relaciones Internacionales y dirigente del PSOL, Gilberto Maringoni, afirma – en entrevista para el portal Opera Mundi, publicada en 10 de julio, que: “Con relación al referéndum realizado el último domingo (05/07), en el cual el “no”, contra el acuerdo que venía siendo propuesto por la Comisión Europea, fue votado con más del 60%”, a lo que agrega Maringoni que fue “durísimo" el plebiscito. "Ellos tuvieron 35% de los votos en las elecciones y fueron para la decisión [del referéndum] contra toda la presión de la Comisión Europea. Vencieron”. Y añade que “el plebiscito no era para suspender pagos o cosa que lo valga y sino para dar legitimidad interna a las negociaciones”
Así, la votación no dio carta blanca a Grecia, que sigue aislada internacionalmente, dice. "No hubo ningún movimiento en el tablero externo [para apoyarla]. Al contrario, quien se movió y consolidó fue la Comisión Europea. Eso porque, según Maringoni, a pesar de apoyos puntuales – principalmente venido de los suramericanos – ningún país grande se movió.”
A pesar de la correcta evaluación geopolítica, el tema es otro. La población decidió por una medida y no hay bola de cristal, ni carta blanca al primer ministro para utilizar el apoyo popular y así corromperlo, en nombre del bien común, decidido por los delincuentes que llevaron a Grecia a la actual situación insoportable. Contar con el apoyo de operadores financieros como Mario Draghi y bases partidarias como el PASOK, y la Nueva Democracia es simplemente tirar a la basura, las posibilidades de toda la nueva izquierda reformista europea, como lo Podemos de España o el Partido de Izquierda (Partí de Gauche) de Francia. Aun no concordando con la vía electoral, entiendo que la misma cataliza – equivocadamente – gana la mayoría y la invierte, delante de poderes que no son ni visibles y menos aún legítimos.
Muchas veces, el análisis del realismo internacional trae la ceguera de las posibilidades políticas en cualquier ambiente interno. En otras palabras, en nombre de la “responsabilidad” se justifican las mayores traiciones, terminando por reforzar las tesis del escepticismo y de la política como forma de control popular bajo la apariencia democrática
Análisis de la coyuntura inmediata en el escenario interno
Las medidas venidas de la Troika, son impagable según el propio FMI; para poder moverse nuevamente la sociedad griega, dentro de una economía capitalista en la Eurozona, sería necesario forzar la negociación con el FMI al menos y disminuir más de 2/3 de la propia deuda, auditando la misma. En la votación del Parlamento griego, en la noche del 15 de julio, de los 300 votos posibles, el primer ministro Alexis Tsipras tuvo 229 votos a favor.
De la base parlamentaria de su gabinete, de los 129 posibles votantes, 32 votaron contra, 6 se abstuvieron y un no compareció. Acertadamente, el Partido Estalinista (KKE, hoy el mayor partido comunista de Europa), votó contra y convoca su base sindical, el PAME, para hacer el posible contra la medida. En las calles, también acertadamente, las agrupaciones anarquistas catalizan la revuelta griega y coordinan la rebelión contra la traición de Tsipras y compañía.
De los líderes conocidos de esta formación de izquierda electoral, el ex-ministro de la Economía (Yanis Varoufakis), el presidente del Parlamento (Zoe Konstantoupoulo), el viceministro de la Defensa (Kostas Isijos), el ministro de la Energía y del Medioambiente (Panayotis Lafazanis) y el viceministro de la Seguridad Social (Dimitris Stratoulis) votaron contra esta decisión.
Los efectos en la nueva izquierda reformista europea fueron inmediatos. En España, la estrella electoral Podemos, se manifiesta a favor de las medidas del Syriza, o al menos de la mayoría del Syriza y bajo el liderazgo de Tsipras. El problema es que los votos de la oposición que aprobaron el acuerdo son justamente originarios de los grandes responsables por la crisis griega.
Los representantes de la derecha post-dictadura (Nueva Democracia, oriunda aún de la guerra civil griega) y de la social-democracia (el Pasok, equivalente al PSOE español) votaron a favor y deben recomponer la nueva formación de gabinete de Tsipras. Así, es posible interpretar que el golpe parlamentario, atentando contra el respeto a la decisión del referéndum de domingo 5 de julio, va a tener un costo político de descreimiento, en la salida electoral y reforzando - nuevamente - tanto los estalinistas como la extrema-derecha (Aurora Dorada, Golden Dawn), ambos partidos con representación parlamentaria, tienden a un razonable ascenso.
La contra parte del acuerdo, es el refuerzo de la cultura política griega, de la violencia de masas. Existe una considerable capacidad de movilización del tejido social griego, siendo que las agrupaciones anarquistas llegan a colocar hasta 200 mil personas en las calles de Atenas, con gente que está dispuesta a todo en el nivel del conflicto de masas. Obviamente, la energía venida del Syriza como coalición de fuerzas a la izquierda del KKE y ya comprobadamente capitulante, va se diluir, aumentando el escepticismo popular.
Pronóstico de coyuntura en el corto plazo
La lógica de la dureza de las relaciones de poder nos dice que, en el corto plazo, habrá un refuerzo del aparato represivo del Estado, incluyendo fondos especiales de la Europol, garantizando que no va escasear el stock de gas lacrimógeno, como hubo ocurrido en la rebelión iniciada en diciembre de 2008, siendo que la represión griega fuera aprovisionada por los excedentes del Estado de Israel. En el Parlamento la nueva mayoría contará con la fuerza renovada del Syriza, cuando en nombre de la "responsabilidad", Tsipras pasa por cima de su propio programa y forma con los enemigos de clase responsables por la crisis que al contestarla, así fue elegido
En la base sindical, el PAME - frente sindical vinculada al Partido Comunista y la Renovación Comunista y más a la izquierda, la Iniciativa Rocinante (Anarco-sindicalista) intentan organizar el posible de la base social vinculada al mundo del trabajo. Según los relatos de la Rocinante, el cinismo opera como base de negociación. En discursos oficiales, miembros del gobierno Tsipras citan Althusser y cantan Bella Ciao, mientras en las calles, declaran Estado de Emergencia alrededor de la Plaza Syntagma (Plaza de la Constitución) justo delante del Parlamento Griego. El futuro inmediato no es difícil de entrever
Socialmente el día a día, se revelará más duro y con escasez. Menos mal que el caldo de cultura política en Grecia no es pasivo o desunido, como es el caso de los demás países del sur de Europa. Infelizmente la gran oportunidad pasó. Si a Grecia hubiera mantenido de pie el resultado del referéndum de 5 de julio, habría la condición concreta de subordinar las ganas de los delincuentes financieros delante de la fuerza democrática, a través de consulta directa. Ahora, las oportunidades de victoria de la larga rebelión griega están más distantes
En el momento más necesario para la unificación de las fuerzas por izquierda, la posición irreductible de los más convictos ayudó en la capitulación de los neófitos y vacilantes. Alexis Tsipras es sólo más uno en la larga cola de casi líderes a ceder delante al enemigo delante de la posibilidad real de victoria del pueblo. No hay ninguna justificación de pragmatismo político o real politik ni cualquier disculpa de tipo macro para justificar el abandono de las ganas populares convocada por lo propio.