INVITA A LOS TUPAMAROS A ASISTIR A LA CONFERENCIA DE PRENSA
Mañana Amodio Pérez, el "traidor" según el relato oficial del Movimiento de Liberación Nacional, llegará a Uruguay para presentar en conferencia de prensa su libro "Palabra de Amodio, la otra historia de los tupamaros".
El País 06 ago 2015
Y su talante es desafiante: "A Mauricio Rosencof, Eleuterio Fernández Huidobro, Julio Marenales, José Mujica, Jorge Zabalza, Efraín Martínez Platero, Marcelo Estefanell, todos ellos involucrados en mayor o menor grado en la historia oficial, les pido que asistan a la conferencia de prensa. Allí tendrán una oportunidad única para rebatirme y demostrar que la verdad está de su parte", dijo Amodio a El País.
Sin embargo, algunos de ellos han sido consultados y adelantaron que se niegan a asistir. También se han negado a concurrir varios de los renombrados historiadores y periodistas que, cuarenta años después, mantienen la misma tesis sobre su traición.
Es la primera vez en 42 años que el ex guerrillero pisa suelo uruguayo usando su propio nombre. En ese tiempo retornó en tres oportunidades, pero siempre en forma clandestina.
Amodio abandonó el país el 13 de octubre de 1973 junto a su compañera Alicia Rey, luego de pactar con los militares. El MLN, que lo condenó a muerte, lo considera el responsable de la derrota del movimiento por haber entregado la cárcel del pueblo, locales de la guerrilla y a algunos de sus miembros. Sin embargo, ya en 2009, Julio Marenales había admitido en una entrevista con el periodista Gerardo Tagliaferro que quien entregó la cárcel del pueblo fue Adolfo Wassem
"Fue un error del compañero, dijo entonces Marenales. ¿Por qué ante la misma circunstancia lo que para uno fue un error para mí es una condena a muerte? ¿Por qué una vez que el compañero admitió su responsabilidad el MLN no retiró su condena? ¿Por qué Alicia Rey fue abandonada en los caños de Pocitos, sin tan siquiera haber intentado ayudarla cuando en un gesto de enorme generosidad planteó entregarse para facilitar la huida de quienes la acompañaban?", cuestiona Amodio. Y agrega: "Son preguntas que de una u otra forma quiero responder, y a eso voy"
Las declaraciones
Amodio dice que solo "ordenó papeles" para el entonces teniente del Batallón Florida, Armando Méndez. Fuentes militares consultadas por El País indicaron que Amodio ordenó el "plan de batalla" a partir de información que los militares habían recabado, pero no sabían cómo utilizar.
Amodio afirma en el libro que una vez detenido en el Batallón Florida le dieron para leer las declaraciones de Jorge Manera, Eleuterio Fernández Huidobro, Donato Marrero, Mauricio Rosencof y otros a quienes no conocía. "Cuando terminé de leer me dijo Méndez: Bueno, ¿qué te parece?. Hay cosas que son ciertas, y otras de las que me entero ahora, le dije. Llevo tiempo sin encuadre, desconectado, a lo que respondió: Ya lo sabemos… esto te puede interesar, al tiempo que me alcanzaba otra carpeta. Son las declaraciones del Tino (Píriz Budes), agregó. ¿Lo conocés, verdad? De nombre, le dije. A medida que iba leyendo muchas detenciones y caída de locales tuvieron explicación. Tino les había informado sobre casi todas, había relatado acciones y señalado a sus responsables, desde Morán Charquero hasta Mitrione, los secuestros, las fugas, las vinculaciones con Erro, Ferreira Aldunate, Manuel Flores Mora, Gutiérrez Ruiz, Michelini, el acuerdo con los Heber para la tregua y la financiación de El Debate, los acuerdos con Allende, la vuelta de los expatriados a través de Cuba, las relaciones con Costa Gavras para la película Estado de Sitio, las relaciones con los militares y el Partido Comunista, Los Olimareños, Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Daniel Viglietti… no faltaba nadie. Por último, un informe sobre cada uno de los militantes con responsabilidades internas pasadas y actuales, sus opiniones, discrepancias, características personales. No falta nada, me dije, y cerré la carpeta. Me quedé esperando y para disimular mi asombro encendí otro cigarrillo", relata Amodio en su libro
Mujica
Al recordarle que entre los que se salvaron en esas circunstancias se encuentra el senador y expresidente José Mujica, responde: "Ha dicho Mujica que él no mira para atrás, viejo error que viene cometiendo desde hace tiempo. El debería saber, aunque más no fuera por viejo, que de mirar para atrás surge la experiencia"
Al mencionarle la existencia de más de un centenar de libros y publicaciones que desde 1985 a la fecha lo sindican como traidor, se defiende: "Muchos se creyeron con derecho a publicar sobre mí cualquier cosa que se les ocurriera, siempre que la tal cosa fuera en mi contra, para alentar y mantener la historia oficial, historia que no tenía ni tiene más intención que ocultar las verdaderas responsabilidades de la debacle. Todos los que creímos que podríamos hacer la revolución en el Uruguay, ignorando muchas cosas, entre ellas la más importante: que llevábamos en nuestro interior el germen de la derrota, el divisionismo, los personalismos y la ambición de poder. Mientras unos publicaban libros dándose apoyatura mutuamente, citándose unos a otros, a mí se me cerraban las posibilidades de hacerlo y de defenderme contando la parte de la historia que se ha ocultado o que se ha falseado".
Seguridad en la rueda de prensa
Amodio Pérez retorna al Uruguay para presentar su libro "Palabra de Amodio, la otra historia de los Tupamaros", escrito por el investigador Jorge Marius. La conferencia de prensa se realizará el viernes bajo medidas de seguridad porque aún teme por su integridad. Las acreditaciones de prensa se reciben en Ediciones de la Plaza por correo electrónico a info@edicionesdelaplaza.com.uy hasta las 16 horas, especificando medio de prensa, nombre, apellido y cédula de identidad de quien o quienes concurren
Amodio En Formato Libro
(parte 3 )
En esta parte final trataremos lo que nos parece pertinente para un epílogo.
Porque Amodio reaparece en 2013 y 2015
Para los opinadores (politólogos y periodistas fundamentalmente), además de la sorpresa de su aparición, el testimonio de Amodio Perez fue incómodo. El propio Gabriel Pereira que en las primeras de sus entrevistas hizo un papel tan deslucido, (estaba mal leído e informado y hacía iniciales preguntas tan tontas, que Amodio –“que camina arriba del agua”- debe haber sonreído cancheramente en más de una oportunidad). Gabriel Pereira llegó a confesar la incomodidad que le producía “la historia reciente” cabal ejemplo de que no daba “pie con bola”. Después, en la etapa de “los blocs”, que llegaron a ser cinco y en mesas redondas a las que convocó a Haberkorn y a Garcé, mejoró notablemente su participación
Nos complacemos en señalar esto porque estos intelectuales uruguayos y sus poses cancheras en la televisión hacia los “derrotados” tupamaros, nos causan más bien fastidio y un poco…de urticaria. Y, sin embargo, es el signo de los nuevos tiempos de la “conciliación de clases”, del capitalismo dependiente “con rostro humano” y de los “arrepentimientos” de la firma Mujica y Cía.
El tema del viejo MLN-Tupamaros es un tema “maldito” en los medios uruguayos que –democracia “representativa” aparte- sigue siendo la misma sociedad burguesa dependiente y cipaya que ha sido siempre. Con los medios controlados por esa burguesía. Y donde los periodistas que viven de eso, tienen que tener cuidado con “no pisar el palito”.
Existen en todos los medios masivos, cancerberos especializados en filtrar “lo tolerable y lo potable”. Redactores y Consejos de Redacción, son los fortines jerárquicos desde los cuales ejercen su vigilancia para “que nadie saque las patas de la palangana”. Y tienen “línea directa” con el consejo directivo del consorcio, que son los verdaderos dueños de los medios. Los que tienen la plata. Es el mecanismo básico de las empresas mediáticas en “la sociedad de mercado” como gustan de definirse.
Amodio, que no reniega de los considerandos básicos por los cuales alguna vez empuñó las armas, es una “ave rara”. Parece “un hombre de los 60”, sobre el que la historia reciente no pasó. Un hombre “congelado en el tiempo”. Recogemos expresiones de la mesa redonda que Pereira organizo con L. Haberkorn y Adolfo Garcé.
Y claro, fundamenta porque tomó las armas, justifica “la boleta” a Dan Mitrione, sigue atribuyendo a la tortura el 45% del triunfo y hasta da las cifras de miles de millones que se le sacaron a los banqueros y explotadores, lo cual a los redactores jefes, les debe hacer enarcar las cejas!!! Es la parte mejor de las entrevistas filmadas de Héctor Amodio Perez y también del libro. Que no se achica y no se hace el arrepentido!!! Cuando señala que “la dictadura” (cívico-militar) fue para imponer los planes de Milton Friedman, solo esa constatación, debe haber puesto a más de uno de esos cancerberos muy atentos, alertas y hasta inquietos.
No es para menos. Cuando la burguesía gastó y gasta enormes recursos para elevar al grado de “únicos tupamaros” válidos a la caterva de los EFH, a los Mujica, a un ignorante supino como Rosencof y permite que por la escotilla asome –de vez en cuando- un aparatista como Zabalza para ser “el pedo en el velorio”, las cosas son así.
Lo “normal” era un traidor cabal del tipo Kimal Amir, con sus declamaciones sobre Kant, y las argumentaciones sobre los valores “de la democracia” en abstracto, toda la nauseabunda jerigonza falluta y neoliberal y, el resto de las pavadas, potables para “intelectuales burgueses orgánicos” del tipo Heber Gatto que aparecen en las columnas de “El País”.
La prensa “progresista” tiene otros héroes –no menos abollados- como por ejemplo el inefable y autosatisfecho “viejo Julio Marenales” del cual la militancia sabe bien que “es cuadrado, como una baldosa”
Es “la forma” de ejercer la dominación ideológica de clase. Palanca fundamental para no mover nada y que todo quede como está.
Amodio re-apareció, decíamos, en un momento histórico preciso: el momento en que la “historia oficial” del período histórico pasado –los 60 y 70- entra en franca bancarrota. El tema y sus bemoles lo tratamos cuando analizamos la bibliografía sobre el MLN-Tupamaros.
Y esa bancarrota se hizo visible, a partir del 2004 cuando el “progresismo” llegó al gobierno. De ahí hasta las pasadas elecciones, fue que apareció la mayor parte de la bibliografía crítica a la versión de la “historia oficial” aceptada. Ya hemos señalado los principales “piqueteros” que la fueron horadando, mostrando al principio sus contradicciones elementales, después “haciendo hablar a la militancia” y finalmente, dejando la antigua construcción en ruinas. Hoy a EFH no lo sigue nadie, es un cadáver político y, un político burgués desprestigiado. Al Sr. Mujica “la pose de viejito piola y canchero” (es terrible HdMP) le ha quedado bastante desgastada y, en cuanto al Sr. Marenales: se fue a Salto porque ya nadie le lleva el apunte en ningún lado.
Pero la labor bibliográfica –observen los sufridos lectores, que no decimos “labor ideológica” y no es por casualidad- fue solamente “el acompañante” del renunciamiento gubernamental “progresista”. Con “´progresismo” gobernante no se movieron “las raíces de los árboles” y en el tema de los Derechos Humanos, en la segunda etapa (Mujica), retrocedimos francamente.
Un sector “de la conciencia electoral” lograda comenzó a verle “las patas a la sota” y a entender cabalmente, que el progresismo más que un neodesarrollismo tipo Luis Batlle Berres o Frondizi (en la Argentina) no era. Que “crecimiento” no es lo mismo que “desarrollo”. Y que éste es imposible bajo el capitalismo. Viejas verdades que la generación de los 60 y 70 tenía muy clara en sus cabezas.
Era necesaria esa acción mancomunada de los hechos y de las ideas, que funcionó independientemente de los ansias y deseos de Héctor Amodio Perez, lo que le dio pié para olfatear que podía salir a la luz pública sin mayores problemas, para sacarse de encima un montón de “perros muertos” y “de culpas” que le habían echado encima.
No todos ni todas, sin embargo, como veremos.
Un intento de explicación
Hemos señalado muchas veces, que el MLN-Tupamaros, particularmente su cúpula dirigente tradicional, “los viejos”, eran una “unidad con tensiones”
De esas tensiones sacaba su vitalidad, su pragmatismo, que aún asombra al mundo político uruguayo. Pero si se rompía esa “unidad con tensiones”, la obra mostraba todas las limitaciones que tenía y tuvo desde sus comienzos mismos. Jorge Torres las ha analizado –en parte- bastante acertadamente en su libro “La derrota en la mira”
La derrota del 72 y la “liberación” del 85 hicieron salir a luz todas esas limitaciones que tomaban –luego de prolongadas prisiones- el carácter de contradicciones serias. El “Movimiento por la Tierra” no se convirtió en un centro aglutinante de militancia y compañeros, justamente, por recuerdos y asociaciones del formidable fracaso del Plan Tatú. Su voluntarismo chocó además con compañeros fieles de antaño y, otros lugartenientes (Zabalza por ej.) no estaban dispuesto a seguirlo en la repetición de sus subjetivismos particulares. Tuvo una cabal comprensión del problema en los pocos años (4) que sobrevivió. Después –ante su muerte y el formidable despliegue de dolor popular que provocó- la “oficial” cambió el verso y los que lo trataron “de loco” se olvidaron de sus calumnias. Empezó el trabajo de hacerlo un ícono, no el “luchador social” con rasgos contradictorios que siempre fue. De a poco lo fueron achicando al rol de “el finado en el recuerdo”.
Hemos señalado, que no estamos para “defender a unos jefes en contra de otros”. Que no corresponde tomar partido. Todos- en diferentes medidas- tenían sus carencias y limitaciones. Y también sus aciertos y “genialidades”. Mientras el viejo MLN-Tupamaros concentró la atención de la juventud, las esperanzas de la población contó con un apoyo multitudinario que se manifestó en el crecimiento. Este a su vez permitió que los errores y carencias no afectaran el funcionamiento del “aparato” y disimuló sus deficiencias. Si el MLN-Tupamaros representó la esperanza de miles y decenas de miles de jóvenes –el sector dinámico de una población- no fue por ninguna casualidad. Era para esas decenas de miles de mujeres y hombres: la “única cosa seria” que había producido la izquierda uruguaya, en una coyuntura especial
Y un altísimo porcentaje de esos jóvenes eran personas educadas e inteligentes como lo ha mostrado también –estadísticamente- la vida. Derrotados, torturados, perseguidos, supieron salir adelante en la sociedad, graduarse, y ubicarse en los mercados de trabajo -en competencia desigual- en países extranjeros. Con aquella juventud enfrentada, los que perdieron fueron los gobiernos burgueses de la época, la miserable oligarquía criolla, que intentó asesinarlos.
El viejo MLN-Tupamaros fue también –indudablemente- una herramienta política como cualquier otra. Una herramienta política es un instrumento del cual se vale una generación de la sociedad para hacer o procesar “los cambios” que considera necesario. Como cualquier buen artesano utiliza un serrucho para cortar, un martillo si hay que golpear y un taladro si se trata de hacer un agujero. Terminemos de una vez por todas, con los fetiches stalinistas, con respecto a los partidos y organizaciones!!!
Los “jefes” tempranamente –quizás con inició en la crisis del 22 de diciembre, reafirmada después de Pando- atornillaron al máximo los mecanismos de contralor de la militancia de base, su subalternidad, sin prever válvulas de escape para las sucesivas críticas que los errores políticos cometidos iban a engendrar. Se aseguraron tener cancha libre para sus “horizontales”, jugarretas, conspiraciones, y otros tipos de intrigas de cúpula. Entre ellos se daban por la cabeza, pero la militancia de base no podía tener ni un atisbo de esas trapisondas, so peligro que se les cayera la estantería. El drama del viejo MLN-Tupamaros fue que nunca pudo asimilar las críticas de los sectores de la militancia, sus propios soldaditos.
Sendic, (para los que lo endiosan), no tenía reparos en largar este verdadero brulote con respecto a la militancia del Penal de Libertad al cual volvieron todos los “rehenes”: “son todos Micro”.
Héctor Amodio Perez, -que ahora, en el libro, intenta presentarse de otra manera- tenía la misma soberbia y displicencia, la misma falta de respeto hacia sus subalternos, que en diferentes oportunidades –y con excepciones particulares- mostraron todos los “jefes”. Eran “poleas de trasmisión”, “engranajes”, “tornillos” de una concepción mecánica de la actividad política. Los militantes, -seres humanos consientes- eran degradados a la función de “instrumentos útiles”. La “clandestinidad” y el “verticalismo” les facilitaron la tarea. Todo el “aparatismo” está plagado de eso. El diálogo –de Amodio- con un militante detenido en el mismo Florida lo muestra cabalmente: “Che, guacho, y vos porqué estas aquí?”, seguido del tradicional “cartel”: “ Sabés quién soy , Yo soy Amodio”
Marca distancia, muestra “el cartel”, señala jerarquías, se sube “al banquito”.
Cuando “El Sabalero” hizo su canción que señala expresamente “que las ruedas de la historia, son de carne y hueso” está señalándole a las “jerarquías” -que no estaban solo en el viejo MLN-Tupamaros- los prejuicios y las arbitrariedades de “los jefes”.
Se ha vuelto un lugar común el tema de la rivalidad que oponía a Héctor Amodio y a Raúl Sendic. Es, como muchas otras cosas una verdad a medias. Había varias rivalidades internas, las hubo también en el pasado.
Surgían de varias causas: la violación de la seguridad interna, era una ellas. El “clandestino” liberal. Las “liberalidades” que el grupo permite. La extensión “por imitación” de las “liberalidades de los jefes” a los subalternos coaptados. Ascender “en el escalafón” era motivo para permitirse esas “libertades”. Almería es un ejemplo flagrante de todo eso. El proceso de violación de las reglas del trabajo clandestino urbano se extendía. Se han señalado “al pasar” por muchos militantes, en sus recuerdos. “Liberalidad en los contactos” (Sendic, hacía 4 contactos en la misma boca-calle) uno en cada intersección, hechos casi al mismo tiempo permitía que los contactos se conocieran (lo cual no era conveniente por motivos obvios). Se le toleraba, era el “jefe” y guay del que lo controlara, el señalador se iba encontrar con la indiferencia de los demás más la antipatía del jefe cuestionado para el futuro. El que lo hacía, lo hacía una vez sola, sabía la que venía después.
El segundo motivo son los planes y/o actividades que implicaban diferentes ángulos de enfoque. En sí, una cuestión meramente normal, pero que podía tomar un carácter subjetivo, si las diferencias se daban con regularidad.
Un tercer motivo de roces, era la tendencia de algunos jefes a no aceptar críticas. Y si las críticas eran justificadas, la tendencia a atribuirle el error –por derivación- a otro. “Yo sí, pero fue porque lo que hizo Mengano antes, que me llevó al error”.
Otro motivo de roces, era la tendencia de un “jefe” a justificar siempre a sus subordinados más obedientes y/o leales. Eso fomentó a “los negritos mimosos”. Y los “negritos” pagaban el favor acumulando sobre los posibles o eventuales rivales “chismes”. Eso, a su vez, fomentaba las “camarillas” o grupos. La rivalidad podía extenderse a grupos (dentro de una misma columna) a rivalidades entre columnas, y éstas, a su vez, a la rivalidad entre sectores enteros. “Interior” y “capital” fueron un ejemplo, casi típico.
Sendic, en el interior tenía su séquito de satélites: Bidegain, el “negro” Mansilla, después, la tríada de Zabalza, el “conejo” Picardo y Bucarón.
Héctor Amodio le da a algunos de estos factores una importancia fundamental en la derrota. Al principio parece esquemático. Pero a poco de desarrollado –en el libro y en las entrevistas- y bien examinado, la cosa toma otro cariz. ¿El nivel de sofistificación y efectividad que había adquirido la clandestinidad en un medio urbano como Montevideo, centro fundamental de la represión, podía ser trasladado mecánicamente al Interior? ¿Podían ambos emularse por el simple mecanismo de trasegar militantes, recursos y armas al Interior? ¿O eran el producto de una acumulación de fuerzas que Montevideo había adquirido a fuerza de muchos sacrificios (léase represión) y una larga experiencia, que no podían trasegarse a medios muy diferentes como eran las variaciones que se registraban en los distintos medios del interior rural? ¿Eran lo mismo Colonia y Paysandú con actividad industrial y fabril, que Bella Unión con asalariado rural o, que Paso de los Toros? ¿Bastaba con la generalización de que “todo” era meramente “el Interior” o había en él, diferencias específicas, marcadas y concretas?
¿No era acaso una “simplificación” teórica, en el papel, de aspiraciones, pretender superarlas o igualarlas, por el simple acto de voluntad de unos jefes y comandos, en las líneas generales de los planes del Segundo Frente o Plan Tatú?. ¿El asunto era simplemente de “Pico y Pala”? ¿El recurso de lanzar directivas y/o propuestas a los responsables del interior, desde el Penal, pasando por arriba de la dirección política que estaba afuera (y que necesariamente tenía sus propias prioridades) era progresivo o negativo?
Parecería que Wassen, cuando finalmente fue detenido (dos meses antes del Abuso), planteó perentoriamente esta cuestión de atosigar con “planes” ideas e iniciativas a la dirección, que había tenido que remontar el tremendo agujero organizativo que dejó la caída de Almería. Interrogado algún compañero que estuvo en el Penal, fue Abuso y después fue trasladado al Interior, quedó pensando, para señalar después, escuetamente: “Algo hay, en todo eso”. Cuánto “hay” (de verdad) no lo sabe este escribidor, pero nos animamos a sostener que debe ser producto de una reflexión colectiva entre más de uno de los participantes del “Segundo frente”.
A estas interrogantes deberían dedicarse ciertos historiadores del “interior” más que a la crónica de nombres y el anecdotario de padecimientos y penurias. Es lo que venimos abogando desde la crítica a la bibliografía “oficial” moderna.
El señalamiento ineludible
Héctor Amodio Perez, compró su libertad al precio de la “colaboración”. Más de un aspecto del actual libro- y de los reportajes que lo precedieron- señala que éste asunto es fundamental. Amodio, protagonista central del episodio, no puede negarlo y deberá -más tarde o más temprano - asumirlo, desde el momento que decide salir a la luz pública. Estaba también - es cierto- “en una situación límite” como pretendió cierta periodista televisiva en un cierto programa, que surgió dentro del cúmulo de programas que motivó su re-aparición del 2013.
El militante clandestino que rompe con su organización, queda en una situación compleja y gravísima, acumula sobre su individualidad la vieja persecución de los antiguos enemigos, más el peso de una nueva: la organización a la que perteneció y que ahora lo declara, también, enemigo. Es portador de conocimientos y secretos, que no sabe cómo se evaluarán: si a favor o en contra. El enemigo codiciará esos secretos, sus antiguos camaradas temerán que los haga públicos, “conoce demasiado”.
En Uruguay, el caso se resolvió por el enemigo: después de su colaboración le dieron una nueva identidad completa, ciertos recursos y lo soltaron. Pero antes, de todo eso paso por el momento de la detención, momento a través del cual comprendió que estaba solo.
Sus captores- según la versión Amodio- le dieron a conocer las declaraciones de sus antiguos rivales que estaban en el Florida y aparte “la carpeta” con las declaraciones de Piriz Bude. Era obvio el intento “de darlo vuelta” un recurso natural -y hasta lógico- de todo captor de un jefe que “saben” está separado y perchado desde junio, y cuestionado seriamente desde mayo (versión Zabalza).
Amodio acepta el convite, ahora falta demostrar que es útil, que es “pierna” para el truco. Que se convirtió en “el capitán Mandrake" lo sostienen, por lo menos, dos testigos: Rodríguez Larreta (y su compañera Raquel, detenidos en un cine) y Julio Listre. En la negociación por la Cárcel del Pueblo también estuvo presente. Eso es lo probado.
El resto tienen que demostrarlo sus acusadores, probarlo, porque con meras acusaciones ya no basta. El reconoce que “asesoró” a los militares en que el poderío militar del viejo MLN-Tupamaros no era tal. Es evidente que eso era una seria contra para los esfuerzos de los “dialogantes” que hacían su propio juego y con agenda propia. Amodio les saboteaba el trabajo asesorando a los captores, con los cuales les limitaba el campo de maniobra.
¿Es Amodio un traidor? –Sí, es un traidor, pero sin superlativos subjetivos.
El tema de un posible traidor, estaba presente desde el comienzo mismo de la opción político-militar que levantó el MLN-Tupamaros viejo. Se sabía que era posible y no se trabajo en una profundización del tema y las posibles salida al dilema. Y traicionar, traicionaron al mismo tiempo varios. Los dialogantes eran también traidores
Cierto corresponsal –muy especial para nosotros- nos señala otra variable posible. Después del acuerdo con Cristi quedaba Amodio en “stand by” para la Inteligencia militar que dirigía Trabal? ¿Era parte de un proyecto más amplio y posterior, pero en Europa? ¿Un “topo” para activar cuando fuera necesario? Mi corresponsal señala que ese es el “diseño” de los servicios de inteligencia occidentales: te “enganchan” y después entras en “la calesita”, y el hombre tiene su experiencia muy profunda sobre el tema, adquirida “trillando”. ¿Fracasó esa eventualidad, cuando Trabal fue asesinado? ¿Fue de los tantos planes y proyectos, eventuales, que después se archivaron?
Alguna vez, cuando se abran los archivos uruguayos, con lo “confidencial” que todavía sigue guardado como “secretos de Estado”, estaremos en condiciones de saberlo. Lo que no conviene es perdernos en el berenjenal de lo subjetivo.
Y con esto, terminan estas notas
c.e.r.