El pueblo griego eligió a un gobierno de izquierda para que realizara las reformas sociales necesarias para elevar su calidad de vida y resistiera las presiones por la "austeridad" exigidas por la cúpula político-financiera de la Unión Europea. El gobierno de Syriza, en nombre del "realismo político", traicionó ese mandato y esto llevó a una crisis política que resultó en la reciente renuncia del primer ministro.
Ya lo vivimos en Latinoamérica: este tipo de izquierdas o populismos alrededor de un líder carismático se originan en momentos de cuestionamiento del sistema y de radicalización política, pero cuando llegan al poder no terminan siendo otra cosa que agentes recicladores del mismo sistema
Llevan adelante el programa de las clases dominantes pero con un discurso progre y una mística "revolucionaria". Y cuando los pueblos terminan, lógicamente, desmoralizados con estas traiciones (que en realidad no son tales, pues no hubo lealtad previa) y vuelven a la apatía y al cinismo, es cuando se le abre la oportunidad a la derecha propiamente dicha de volver al poder
La única manera de evitar esta vuelta a la derecha (que, con el pueblo derrotado, va a poder imponer medidas aún peores), es que haya quedado en el pueblo una importante reserva de energía para decir "bueno, aprendamos de esta experiencia para que nunca más nos engañen así, y organicémonos para tener un gobierno que realmente haga lo que queremos"
En ese momento de desilusión activa cobrará más valor la opinión de quienes, en el momento de mayor entusiasmo, dijeron la verdad amarga como la bilis en vez de dorar la píldora. Por el contrario, quienes en nombre de "acompañar la experiencia" reforzaron las ilusiones en vez de debilitarlas, serán reconocidos como contribuyentes a la derrota actual. Incluso si lo hicieron como "táctica" para que la gente se choque la cabeza contra la pared con la creencia de que esa frustración iba a sumar radicalización en vez de desmoralizar
del Facebook: Independientes con el Frente de Izquierda
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