"Cuba y el Che. La ruta mágica” de Torres, ya fallecido, fue uno de fundadores del MLN-T, y un protagonista directo y de primera línea en algunos aspectos cruciales de los primeros tiempos. Dejó reflexiones muy serias sobre la experiencia tupamara, y más en general sobre las experiencias guerrillera en el continente, que pueden ser compartidas o no. Pero más allá de menciones puntuales, lo que no veo es, ni que se recupere y continúe su planteo, o que se lo refute. De los temas que él planteó, simplemente no se habla. “Fernando Moyano
Se transcribe del primer capítulo del libro:
El sexto aspecto claramente destacable lo constituye el cuerpo central de las concepciones que justifican, alientan e impulsan estas prácticas guerrilleras. En efecto, aunque en algunos casos con pequeñas variaciones que imponen las realidades nacionales, todas ellas toman como teoría funcional, determinante y decisiva, aquella que elaboraron en Cuba, y promocionaron en todo el continente, Fidel Castro, Regis Debray y Ernesto Guevara y que era conocida como teoría del foco. Estos tres "teóricos", a partir de una especial interpretación del proceso revolucionario cubano, reducen a un único elemento el factor decisivo del triunfo obtenido. Ese reduccionismo, sin embargo, se transforma en el factor teórico e impulsor de carácter decisivo en las diferentes prácticas revolucionarias que se intentan a lo largo y lo ancho del continente.
El punto séptimo y último se propone dilucidar una cuestión o interrogante que ha sido eludida hasta el presente: ¿la revolución cubana -y su teoría o teorías en cuanto a la factibilidad de aplicar con éxito en otros países lo que interpretaban como el único y acertado camino- tiene alguna responsabilidad en el fracaso de las experiencias guerrilleras que alentaron y apoyaron; es co-responsable principal de aquellas experiencias que acabaron en derrotas completas, totales?
(Jorge Torres. Cuba y el Che. La ruta mágica - Fin de Siglo, 2007) - Fernando Moyano
Los puntos sexto y séptimo se refieren a la teoría del foco y Torres emparenta a Fidel Castro, Regís Debray y Ernesto Guevara a un mismo nivel teórico, cuando la Revolución Cubana criticó duramente a la obra de Regís Debray, pues había incurrido en un reduccionismo y parcialización histórica del proceso cubano. No valoró en toda su dimensión, las luchas anteriores a la gesta del Moncada, el papel del partido (Movimiento 26 de julio), la importancia de la guerrilla urbana como auxiliadora de la guerrilla rural (“Semillas de fuego” (dos tomos) editado por Cuba, relata las acciones guerrilleras urbanas, inventariadas casi en su totalidad), el papel del estudiantado, la lucha política, las políticas de alianzas, etc.
En el documento Nº 4 - La Táctica Revolucionaria de las FAR “Orientales”, elaborado en 1968, que se encuentra en la página ( mro.nuevaradio.org) se transcribe textualmente una crítica a las tesis de Debray:
“ En la Revista Monthly Review, N. 55, dos cubanos que según todos los indicios son comandantes del C.C. del PC de Cuba, desarrollan críticamente esas tesis del libro de Debray y muestran que en la rebelión cubana de Fidel Castro, existió un partido, que era el Movimiento “26 de julio” y hubo numerosas alianzas y frentes unidos, tales como el pacto de Miami, que si bien fue duramente criticado por Fidel, no fue negado en sí mismo como una de las muchas normas de unión de las fuerzas populares. La mejor prueba de que ese frente existió fue el primer gobierno que se constituyó, con Manuel Urrutia de Presidente y con Miró Cardona de Primer Ministro. Y era un frente con todas las características revolucionarias porque era para la lucha armada, porque tenían sus principales dirigentes la ideología del proletariado, como lo declaró Fidel el 1 de diciembre de 1961, cuando anunció que era marxista-leninista, y porque era un frente donde la lucha interna, hasta triunfar, con la caída de Urrutia, la línea verdaderamente revolucionaria
La revista Monthly Review aclara que Simón Torres y Julio Aronde son dos revolucionarios cubanos y que los puntos de vista que ellos expresan en este trabajo crítico son de su propia responsabilidad y no tienen la intención de representar la posición del PC de Cuba ni la de los dirigentes cubanos. Agregamos nosotros que sus nombres no son sino seudónimos, y que a pesar de la aclaración, este trabajo no hubiera sido publicado si no mediara un conocimiento previo de los dirigentes cubanos, que están conscientes como nadie de la necesidad de debatir estos problemas cruciales de la revolución latinoamericana
Bajo el rótulo “Lecciones y experiencias”, el trabajo llega a varias conclusiones absolutamente coincidentes con las nuestras, en los siguientes términos:
“Preguntamos como conclusión: ¿Cual es la contribución de la experiencia cubana si en último análisis no ofrece ninguna “receta”?
“En primer lugar, presenta un problema teórico partiendo desde un punto particular y preciso. Y es que la primera cosa que debe ser determinada por análisis, son aquellos elementos que están ausentes en la perspectiva revolucionaria en el resto de Latinoamérica.
“Sabemos que el debate comienza con una constante: el movimiento guerrillero es condición necesaria para derrotar el imperialismo en Latinoamérica, y todo el resto es reformismo. Pero inmediatamente vienen a la mente una serie de diferencias con el proceso cubano. He aquí algunos ejemplos importantes
“ 1) La ideología marxista es hoy indispensable para la lucha (lo que no era el caso de Cuba), y también una lucha ideológica contra el reformismo, ahora abiertamente aliado con la burguesía
“ 2) La guerra será larga y dura (y no corta como en Cuba), y tenemos que trabajar políticamente con las masas campesinas porque no son “territorio virgen” como eran en Cuba
“ 3) La lucha requerirá la creación de partidos marxistas de nuevo tipo, liberado de la clásica estructura de formalismo estalinista y en posesión de formas orgánicas flexibles capaces de movilizar las masas populares (incluyendo, por ejemplo, estudiantes de escuelas privadas, sacerdotes, etc.) en cada etapa de la lucha, y de tomar ventajas contra el imperialismo
“Es probablemente a este último punto que la experiencia cubana, tanto como la vietnamita y la china, ofrecen sus más ricas y más profundas lecciones, a pesar de que ninguna puede, en ningún caso ser tomada como “modelo”.
“Diversas formaciones políticas en Latinoamérica están ya o viviendo la experiencia guerrillera o en vísperas de entrar en ella, pero la actividad revolucionaria de esta clase no resuelve los problemas teóricos remanentes, para los cuales no hay recetas y los que al permanecer sin resolverlas, no son asunto aislado de las dificultades que enfrente el desarrollo de la lucha armada en Latinoamérica
“Por tanto, el debate ideológico dentro de la izquierda es más necesario que nunca. El silencio, por otro lado, llevará solamente al reforzamiento del reformismo, debido a la oscilación al contrario del péndulo que cualquier fiasco armado, real o aparente basado en una teoría, produce entre los militantes y la ideología de las fuerzas revolucionarias”
Como surge nítidamente de esta trascripción, los dos revolucionarios coinciden en las conclusiones a que nosotros también arribamos, a pesar de que ellos parten del análisis de la rebelión cubana, mientras nosotros tomamos como punto de partida al Uruguay en su contexto del Cono Sur. Las necesidad de un partido u organización de nuevo tipo, la imperiosa urgencia de la lucha contra el reformismo, la adopción de la ideología marxista-leninista, la necesidad del trabajo entre los campesinos, son otras tantas conclusiones comunes a que arriban estos dos revolucionarios, en coincidencia total con la orientación que nosotros venimos exponiendo
La organización revolucionaria por tanto, es la base de toda alianza de clases y de toda la lucha armada. Sin él, el proletariado no desempeña su papel guía y va a la zaga de otras clases que, en último término, conducirán la revolución a la derrota.” Hasta aquí el documento de las FAR “orientales”
En el brillante trabajo “La concepción de la revolución en el Che Guevara y en el Guevarismo” de Néstor Cohan, en el capítulo: El espantapájaros del foquismo (y la caricatura de Debray), textualmente dice:
“¿Quién es Regis Debray? Debray era un joven estudiante francés, discípulo del filósofo Louis Althusser. Visitó América Latina y escribió después un artículo muy largo, en la célebre revista de Jean-Paul Sartre Les Temps Modernes. Lo tituló: “El Castrismo: la larga marcha de América Latina”. Este artículo les gustó mucho a los cubanos. Lo invitaron a Cuba, y ahí, en la isla, Debray escribe un texto que pretende ser algo así como la “síntesis teórica” de la revolución cubana. En realidad era una versión manualizada, codificada y simplificada hasta el extremo. Un texto que hoy en día se utiliza para criticar a la revolución cubana y para denostar todo lo que políticamente esté asociado al Che Guevara (Hemos intentado desarrollar la crítica al foquismo en nuestro ensayo “¿Foquismo? A propósito de Mario Roberto Santucho y el pensamiento político de la tradición guevarista”, incluido en nuestro Ernesto Che Guevara: El sujeto y el poder. Buenos Aires, Nuestra América, 2005).
El libro de Debray se titula: ¿Revolución en la Revolución? Allí realiza una versión totalmente parcial y unilateral de la revolución cubana. Sostiene, entre otras cosas, que en Cuba no hubo casi lucha urbana, que solamente se desarrolló la lucha rural, que la ciudad era burguesa mientras que la montaña era proletaria y que, por lo tanto, la revolución surge de un foco, de un pequeño núcleo aislado. Así, de este modo, Debray hace la canonización y la codificación de la revolución cubana en una receta muy esquemática que se conoce como “la teoría del foco”. Esta versión de Debray sobre la revolución cubana suele ser utilizada en nuestros días para ridiculizar y fustigar la teoría política del guevarismo... aún cuando el mismo Debray ya no tiene nada que ver con esta tradición, pues pasó a las filas de la socialdemocracia —en el mejor de los casos y siendo indulgentes con él... –.
No es mentira que la temática del “foco” está presente en los escritos del Che pero de una manera muy diferente a la receta simplificada que construye Debray. Nosotros creemos que en el Che los términos “foco” y “catalizador” —con los que el Che hace referencia a la lucha político-militar de la guerrilla—, tienen un origen metafórico proveniente de la medicina (la profesión juvenil del Che). El “foco” remite al... foco infeccioso que se expande en un cuerpo humano. El “catalizador”, en la química, es el nombre de un cuerpo capaz de motivar un cambio, la transformación catalítica.
Pero, más allá del origen metafórico de ambos términos, resulta innegable para quien no tenga anteojeras ni escriba por encargo de ONGs o fundaciones norteamericanas que en el pensamiento político de Guevara la concepción de la guerrilla está siempre vinculada a la lucha de masas. Concretamente, el Che sostiene que: “Es importante destacar que la lucha guerrillera es una lucha de masas, es una lucha del pueblo [...] Su gran fuerza radica en la masa de la población” (Ernesto Che Guevara: La guerra de guerrillas, 1960). Más tarde, el Che vuelve a insistir con este planteo cuando reitera: “La guerra de guerrillas es una guerra del pueblo, es una lucha de masas” (Ernesto Che Guevara: “La guerra de guerrillas: un método”, artículo publicado en Cuba Socialista, septiembre de 1963).
Guevara no se detiene allí. Prolongando y comentando el libro del general Giap (célebre estratega vietnamita que derrocó a Japón, Francia y Estados Unidos) Guerra del pueblo, ejército del pueblo, el Che destaca una y otra vez un elemento fundamental para la victoria del pueblo vietnamita: “las grandes experiencias del partido en la dirección de la lucha armada y la organización de las fuerzas armadas revolucionarias [...] Nos narra también el compañero Vo Nguyen Giap, la estrecha relación que existe entre el partido y el ejército, cómo, en esta lucha, el ejército no es sino una parte del partido dirigente de la lucha”.
De este modo, a diferencia de Debray, el Che le otorga un lugar central a la lucha política, de la cual la lucha armada no es sino su prolongación sobre otro terreno. Allí, siempre comentando a Giap, Guevara vuelve a insistir, casi con obsesividad, en que: “La lucha de masas fue utilizada durante todo el transcurso de la guerra por el partido vietnamita. Fue utilizada, en primer lugar, porque la guerra de guerrillas no es sino una expresión de la lucha de masas y no se puede pensar en ella cuando está aislada de su medio natural, que es el pueblo”.
¿De qué modo Debray pudo eludir este tipo de razonamientos centrales y determinantes del pensamiento político del Che? Pues construyendo un relato de la revolución cubana donde desaparecen, como por arte de magia, las tradiciones políticas previas y toda la lucha política anterior de Fidel Castro y sus compañeros.
Si se vuelven a leer los textos “foquistas” de Debray cuarenta años después, el lector no encontrará, inexplicablemente, ninguna referencia a la historia política cubana anterior ni a la lucha política previa, que derivan en el inicio de la lucha armada contra Batista. Pareciera que para Debray, observador europeo proveniente del PC francés, recién llegado a América latina —en aquella época fascinado con Cuba y las guerrillas, luego con la socialdemocracia y hoy vaya uno a saber con qué— la invasión del Granma y el Ejército Rebelde nacen ex nihilo, no como fruto de la radicalización política de un sector juvenil proveniente del nacionalismo radical y antiimperialista latinoamericano y de la propia historia política cubana (Para una reconstrucción de la historia previa de la revolución cubana y de toda la experiencia que Fidel y el Movimiento 26 de julio extraen de sus maestros Guiteras, Mella, Roa y otros, véase nuestro libro Fidel para principiantes. Buenos Aires, Longseller, 2006)
Además, cuando Debray pretende esquematizar y teorizar la lucha revolucionaria cubana defendiendo a rajatabla la tesis de “la inexistencia del partido” tiene en mente y está pensando en la ausencia, dentro de la primera dirección guerrillera, del viejo Partido Socialista Popular (el antiguo PC cubano, símil del PC francés en el que se formó Debray). Un lector actual de los escritos de Debray no puede dejar de preguntarse: ¿pero acaso el Movimiento 26 de julio —quien impulsaba y dirigía la lucha armada en Cuba— no constituía un partido? ¿Acaso Fidel Castro y los asaltantes del Moncada no provenían de la lucha política previa que se nutría del antiimperialismo radical?
Para Debray las advertencias del Che sobre las luchas de masas y la relevancia de la organización política eran sólo... detalles insignificantes. No les dio ninguna importancia. Por eso construyó una visión caricaturesca de la lucha armada que, lamentable y trágicamente, fue posteriormente atribuida —post mortem— al Che y al guevarismo...
Según recuerda Pombo [Harry Villegas Tamayo], compañero del Che en Cuba, Congo y Bolivia, al Che Guevara no le gustó ¿Revolución en la Revolución? de Debray. Lo leyó cuando estaba en Bolivia (pues se publicó en 1967) y le hizo verbalmente comentarios críticos a su autor. No hay registros de que el Che haya volcado esos comentarios críticos en sus libretas de apuntes de Bolivia.
Aún cuando nunca sepamos qué le criticó puntualmente Guevara al intelectual francés, ya en aquella época dos militantes cubanos salieron públicamente a criticar la caricatura “foquista” de Debray (Simón Torres y Julio Aronde [posiblemente dos seudónimos de colaboradores del comandante Manuel Piñeiro Losada, alias “Barbarroja”]: “Debray y la experiencia cubana”. En Monthly Review N° 55, año V, octubre de 1968. Pp.1-21.). Estos dos compañeros cubanos le critican abiertamente a Debray —¡no ahora, en el siglo XXI, sino en 1968!— el haber simplificado la revolución cubana, el haberla convertido en una simple teoría del “foco” y el no haber visto en ella que junto a la guerrilla, en las ciudades luchaba la juventud, el movimiento obrero, el movimiento estudiantil, etc. En suma, le cuestionaban, en particular, el total desconocimiento de la lucha urbana y, en general, la total subestimación de la lucha política, base de sustentación de toda confrontación político militar. Esta es la principal crítica a la teoría del “foco” realizada en aquella época por los propios cubanos (para revisar la crítica que otros guevaristas le hicieron a la teoría “foquista” de Debray, puede consultarse el mencionado ensayo “¿Foquismo? A propósito de Mario Roberto Santucho y el pensamiento político de la tradición guevarista”, así como también los documentos fundacionales del ERP en Argentina, compilados por Daniel De Santis en varias ediciones. Esas compilaciones pueden consultarse gratuitamente en el sitio web de la «Cátedra Che Guevara – Colectivo Amauta»: amauta.lahaine.org).”
El desconocimiento de Torres al identificar el pensamiento político del Che Guevara con Régis Debray, lo inserta en el conjunto de quienes, como escribe Néstor Cohan: “Esta versión de Debray sobre la revolución cubana suele ser utilizada en nuestros días para ridiculizar y fustigar la teoría política del guevarismo...”
Próxima entrega: LA ORGANIZACIÓN LATINOAMERICANA DE SOLIDARIDAD (OLAS) – El guevarismo en Síntesis