Contribución al debate
Compartimos la exhortación a dejar atrás las discusiones del pasado, en tanto estas discusiones no conduzcan a proponer las tareas del presente, pero no se puede soslayar que sus enseñanzas son un componente clave para definir los nuevos caminos de la izquierda uruguaya.
Rescatamos dos conceptos del marxismo-leninismo que remiten a los fundamentos del materialismo histórico, a tomar la política revolucionaria como ciencia o arte y no como religión:
Las políticas y las formas de lucha deben surgir del estudio concreto de la situación concreta. “Las proposiciones teóricas de los comunistas no descansan ni mucho menos en las ideas, en los principios forjados o descubiertos por ningún redentor de la humanidad. Son todas expresión generalizada de las condiciones materiales de una lucha de clases real y vívida, de un movimiento histórico que se está desarrollando a la vista de todos” (El Manifiesto Comunista)
Una situación revolucionaria es determinada por tres signos principales:
1) La imposibilidad para las clases dominantes de mantener inmutable su dominación; 2) Una agravación superior a la habitual de la miseria y los sufrimientos de las clases oprimidas; y 3) Una intensificación considerable de la actividad de las masas. “Sin estos cambios objetivos, no solo independientes de la voluntad de los distintos grupos y partidos, sino también de la voluntad de las diferentes clases, la revolución es, por regla general, imposible” (V.I.Lenin).
Es necesario dejar de lado los preconceptos que conducen a sacar conclusiones a priori, que buscan confirmar en definitiva nuestras ideas previas, para interpretar lo más objetivamente posible el curso real de la lucha de clases y estar en condiciones de intervenir en el mismo
Vacíos del “socialismo real”
Es imprescindible revisar las experiencias del "socialismo real" y, como consecuencia, algunos conceptos que estaban determinados por circunstancias históricas y no son absolutos. No se cumplió nunca la separación entre el Partido y el Estado, condición necesaria para que el primero pudiera cuestionar al segundo y marcara el camino hacia su desaparición.
El Partido de Vanguardia se mimetizó con el Estado y entabló una relación de dominación con las clases revolucionarias; el Estado socialista – “dictadura del proletariado” – no tendió a desaparecer, se consolidó una nueva forma del estado burgués dirigido por la burocracia del partido.
Si ocurrió esto en los países que tuvieron una revolución, ¿qué se puede esperar de aquellos donde una alianza heterogénea de grupos de izquierda llegó al gobierno usando la institucionalidad del estado burgués? Si a esto le agregamos la desmoralización que suele provocar una gran derrota entre los mismos revolucionarios, nada de lo que está ocurriendo debería escandalizarnos
En la experiencia uruguaya
Más que cuestionar las formas de lucha adoptadas por distintos sectores y el movimiento popular uruguayo en su conjunto, el factor determinante de la derrota fue la dispersión táctica que le hizo posible al enemigo golpear y vencer por separado a cada una de esas fuerzas.
En este desenlace influyeron una serie de defectos existentes en esa misma izquierda:
La autoproclamación como vanguardia revolucionaria; sectarismo y personalismo, "aparatismo"
Las formas nocivas de lucha ideológica y política que consolidaban la dispersión de fuerzas
Al final, cada sector quiso demostrar que tenía razón, se jugó solo y fue derrotado.
La herencia de la dictadura
El objetivo de la dictadura no fue solo destruir a las organizaciones políticas, sino desmantelar también a un movimiento popular que resistía el plan de ajuste de las clases dominantes.
El éxito de este proceso trajo como consecuencia un retroceso de dimensiones históricas en el nivel de conciencia y organización que habían alcanzado la clase obrera y otros sectores sociales del movimiento popular en los años 60 y comienzos de los 70 del siglo XX.
Situación y tareas del momento
Estamos atravesando un período de profundo reflujo del movimiento popular, caracterizado por el debilitamiento de las organizaciones de masas y sus dirigentes, cuando no por la renuncia a los principios de lucha unitaria, clasista e independiente logrados antes de la dictadura.
No es una situación revolucionaria, sino uno de esos períodos llamados “ordinarios” o “normales”, en donde la dominación se ejerce con relativa tranquilidad y los revolucionarios deben trabajar para elevar el nivel de conciencia y organización de las fuerzas sociales del cambio.
En este contexto entonces, las tareas planteadas son las siguientes:
Reflexión crítica sobre las luchas y teorías del pasado para evaluar las condiciones del presente y las perspectivas. Cuestionar también las formas de organización tanto de los militantes como de los movimientos sociales, teniendo en cuenta las malas experiencias del pasado y las nuevas formas de comunicación y de participación existentes en la actualidad.
Reconstrucción de los movimientos sociales para los cambios.
Dos tipos: i) organizaciones sociales de clase; y ii) movimientos socio-ambientales, con nuevas alianzas y formas de decisión y de acción. En ambos es fundamental preservar la unidad y la autonomía del estado y los partidos. Los agrupamientos sindicales o sociales por tendencia ideológica o política debilitan las expresiones y acciones de las clases y sectores de la población con problemas comunes. La lucha ideológica y política hay que darlas en el seno de las organizaciones de masas.
Profundización de la democracia en todos los planos:
a) consolidar el derecho de acceso a la información pública; b) luchar por la participación social en las decisiones sobre grandes proyectos; y c) luchar por hacer efectiva la legislación ambiental y de ordenamiento territorial
18 de marzo de 2016.