El Gran Giro
El 7 de noviembre Stalin publicó un artículo, “El año del Gran Giro”, en el que sostenía que los campesinos medios se estaban incorporando a las cooperativas. Aseguraba que “si el desarrollo de los koljoses y sovjoses se lleva a cabo a un ritmo acelerado, no hay lugar a dudas de que en tres años, más o menos, nuestro país se convertirá en un gran productor de grano, si no en el mayor del mundo”. Se refería también al crecimiento de la iniciativa creativa y al entusiasmo laboral de las masas, animadas por la emulación socialista y por la introducción de la jornada laboral ininterrumpida. Terminaba afirmando que se dejaba el viejo camino del desarrollo capitalista para iniciar el del socialismo (Stalin, 1929a). Ahora la consigna era colectivización total e inmediata. Los campesinos debían incorporarse a los koljoses, o a los sovjoses.
Aclaremos que formalmente el koljós era una cooperativa de producción, en la cual los campesinos participaban voluntariamente; también “en los papeles” debía ser manejada según los principios de autogestión socialista y participación democrática de sus miembros. Sin embargo, solo tenía de cooperativa la propiedad nominal en común de los activos que no fueran la tierra, nacionalizada en 1917. Sus miembros recibían un salario, no participaban de los beneficios, ni gozaban del derecho a retirarse. En consecuencia, no se distinguía, en sustancia, del sovjós, manejado por el Estado y cuyos trabajadores recibían un salario, como si se tratara de una fábrica. Por eso, la entrada al koljós implicaba que los campesinos perdían el control de sus medios de producción (ganado, arado, etcétera), que eran “socializados”. Aunque recién en marzo de 1930 se precisaron qué animales podían ser conservados en propiedad privada; y entonces también se dispuso que los campesinos de los koljoses pudieran tener un lote individual. Es de señalar asimismo que la maquinaria agrícola no pertenecía al koljós, sino a las Estaciones de Máquinas Tractores, del Estado. Los koljoses pagaban un impuesto, que normalmente rondaba el 20% de la cosecha, a las Estaciones para usar los tractores.
Apenas un mes después del discurso de Stalin, el Consejo de Comisarios del Pueblo decidió que se colectivizarían, solo en 1930, 30 millones de hectáreas, y que los sovjoses abarcarían 3,7 millones de hectáreas; alrededor de una cuarta parte de los hogares campesinos deberían estar en granjas colectivas al finalizar ese año (Bettelheim).
El 27 de diciembre de 1929 Stalin brinda otro importante discurso ante estudiantes y especialistas de cuestiones agrarias. Comienza afirmando que millones de campesinos, pobres o de nivel medio, se estaban uniendo a las granjas colectivas, lo que allanaba el camino para acabar con los kuláks como clase social. Sostiene que era imposible continuar la reproducción ampliada de la industria socialista si en el agro seguía predominando la producción del pequeño campesino, que no se reproducía de forma ampliada. Era necesario por eso avanzar a la agricultura en gran escala, capaz de superar ese estancamiento. Pero para hacerlo con contenido socialista (porque la producción en gran escala también podía ser capitalista) debían introducirse las granjas colectivas y estatales; estas emplearían máquinas y métodos científicos en gran escala. Contra lo que decía la derecha, los campesinos no irían espontáneamente al socialismo, ya que la pequeña producción, librada a sí misma, genera capitalismo, no socialismo. Por eso, las grandes granjas eran la vía para que la ciudad socialista liderara al pequeño campesino. Además, en Rusia, a diferencia de Europa Occidental, el pequeño campesino no estaba atado al lote de tierra, dada la nacionalización de la tierra que había hecho la Revolución. Las granjas colectivas entonces serían la solución al problema de las tijeras: el grano se produciría más barato, y además se crearían las condiciones para superar la antítesis entre la ciudad y el campo.
El poder soviético pasaba ahora de una política de restringir las tendencias explotadoras del kulak, a su eliminación como clase. La Oposición, dirigida por Zinoviev y Trotsky, había pedido en 1926-7 la ofensiva contra los campesinos ricos, pero en aquel momento era una política aventurera, dada la debilidad de las granjas colectivas y estatales. En cambio, en 1929, ya se podía reemplazar la producción del grano del kulak con la producción de las granjas colectivas y estatales. Además, la política aconsejada por la Oposición era de simples “pinchazos”, y se necesitaba una ofensiva “real”, que significaba aplastar y acabar con el kulak como clase. Los campesinos ricos no deberían siquiera entrar a las granjas colectivas porque eran los enemigos jurados del movimiento de las granjas colectivas (Stalin, 1929b).
Un aspecto señalado por Fitzpatrick (1999) es que a pesar de la trascendencia de la medida, ni en este discurso ante especialistas agrarios, ni en otras intervenciones, Stalin, o la dirección soviética, dieron alguna guía específica de cómo llevar a cabo la colectivización y la “liquidación del kulak como clase”. Recién el 2 de marzo de 1930, después de dos meses de desastres en el agro, aparecería una declaración pública (“Mareados con el éxito”) de Stalin con algunas precisiones, junto a un descargo de responsabilidades en los funcionarios locales, que fueron acusados de “excesos” socializadores.
En todo caso, por lo menos tres puntos del argumento de Stalin debieron de haber tenido un fuerte impacto en la militancia comunista, la inteligentsia de izquierda y probablemente en sectores de la clase obrera. En primer lugar, la perspectiva de superar definitivamente las crisis de las tijeras; en segundo término, el programa de avanzar hacia una agricultura en escala que representaría, junto a la industrialización, un gran desarrollo de las fuerzas productivas. Pero lo más importante era que ese desarrollo se presentaba en dirección al socialismo. Se acabaría con el kulak (y con los “hombres de la NEP”), al tiempo que la gran industria y la estatización fortalecerían socialmente a la clase obrera. Son los elementos que, a pesar de todas las críticas, Trotsky rescatará como positivos en la política soviética de los 1930.
Burocratización y la “lucha contra la perversión burocrática”
El giro de 1928-9 fue sostenido por mayores niveles de represión y control burocrático por parte de la cúpula dirigente sobre el Partido (que se identificaba más y más con el Estado). Aunque ese mayor control burocrático se acompañó de constantes llamados de la dirección stalinista a combatir a la burocracia. Este aspecto es enfatizado por Bettelheim cuando analiza la XVI Conferencia, realizada en abril de 1929. En esta Conferencia, que fue de transición entre el abandono de la NEP y el inicio de la colectivización, se convocó al Partido y a los soviets a luchar “contra la perversión burocrática del aparato del Estado, que a menudo oculta a amplias masas de trabajadores la naturaleza efectiva del Estado proletario…” (véase Bettelheim). Pero, como dice Bettelheim, la crítica al burocratismo no indaga en sus causas, ni se indica “la vía capaz de hacer posible que la iniciativa de las masas llegue a romper la tendencia de los aparatos a dominarlas y a funcionar como aparatos políticos burgueses, no como aparatos proletarios”.
De todas formas, la repetición de este tipo de ataques a la burocracia desde la alta burocracia (que se repiten en otros regímenes de “socialismos reales”) obliga a pensar en el motor que los impulsa. En este punto, se pueden adelantar, tentativamente, dos causas. La primera es que pueden ser el reflejo del descontento de las masas con el Estado y sus funcionarios, con su prepotencia y extrañamiento con respecto al ciudadano común. En un Estado que se llama a sí mismo proletario, este no es un tema menor en lo que hace a su legitimación. En los años 1930 la crítica al funcionario insensible a las necesidades y demandas del pueblo, se convirtió en una constante de la vida cotidiana soviética, que se expresaba incluso en chistes y caricaturas de amplia circulación (Fitzpatrick, 1999). Por eso, la denuncia de los comportamientos burocráticos, realizada desde la misma alta dirección burocrática, puede buscar descomprimir el descontento, y constituye un elemento de legitimación de esa misma alta dirección.
Pero en segundo lugar, el funcionamiento burocrático se convierte invariablemente en un obstáculo para el cumplimiento de las tareas que se proponen. En el caso de la XVI Conferencia, esa preocupación parece acentuada ante los objetivos que fijaba el Plan Quinquenal. Por eso, la Conferencia en sus resoluciones sostiene que las tareas “no pueden resolverse sin una mejora decisiva del aparato del Estado, sin su simplificación y la reducción de su costo, sin abordar de modo preciso las tareas encomendadas a cada uno de sus escalones, sin superar de modo decidido su rutina, su carácter embrollado y la asfixia burocrática, sus camarillas solidarias, su indiferencia hacia las necesidades de los trabajadores” (citado por Bettelheim).
Mucho de esto puede haber estado en la base de la crítica de la XVI Conferencia a la burocracia. Tengamos en cuenta que Stalin, en el curso de la colectivización, más de una vez echará la culpa de los males a los estratos intermedios de funcionarios, que se “exceden”, que “no escuchan a las masas”, que actúan “con indiferencia hacia los trabajadores”, etcétera. Pero además, durante el terror de 1937-8 este será un factor de justificación de los juicios y castigos (cárcel, internamiento en campos de trabajo, pena de muerte) a funcionarios, altos o medios, del Partido o el Estado. Por este motivo, y paradójicamente, el llamado a la lucha contra la burocracia permitió acentuar el control burocrático de la dirección sobre el Partido. La directiva de “eliminar a los elementos burocratizados”, así como la purga de los “elementos pequeñoburgueses” y de los “arribistas”, sirvieron para disciplinar y expulsar a críticos y elementos molestos.
No eran las masas las que tomaban medidas contra los funcionarios que se habían alejado de ellas, sino otros funcionarios, dotados de poderes. “Los resultados de las operaciones de depuración dependen esencialmente… de la manera en que actúen los miembros de las comisiones de control… Dado que los miembros de las comisiones de control son escogidos, de hecho, entre los cuadros del partido, solo pueden actuar, en su gran mayoría, de conformidad con lo que consideran ‘correcto’ aquellos, precisamente, a los que deben juzgar” (Bettelheim).
Las resoluciones exigían que para la depuración se tomaran en cuenta las opiniones de los miembros del Partido y que fueran “expulsados sin compasión” los partidarios ocultos de las diversas corrientes (ídem). Era un llamado a una caza de brujas. Como resultado, entre 1929 y 1930, aproximadamente el 11% de los efectivos del Partido fueron depurados. No era una cifra elevada (y una parte se reincorporaría luego), pero contribuyó a crear un marco político altamente represivo.
Una consecuencia inmediata fue que entre abril y diciembre de 1929 se tomarán numerosas decisiones “de carácter histórico –por cuanto conducen al abandono completo de la NEP- sin consultar a las instancias supremas del Partido. Cuando se reúnen estas instancias, solo les queda ratificar decisiones que ya están en curso de ejecución y han sido anunciadas públicamente” (Bettelheim). La asfixia casi total de la democracia socialista en la URSS, no puede dejarse de lado a la hora de hacer balance de en cuánto se reforzaron los elementos “socialistas” a partir del giro de 1928-9.
Bibliografía:
Betttelheim, C. (1978): La lucha de clases en la URSS. Segundo período (1923-1930), México, Siglo XXI.
Fitzpatrick, S. (1999): Everyday Stalinism. Ordinary Life in Extraordinary Times, Soviet Russia in the 1930s, Oxford University Press
Stalin, J. (1929a): “A Year of Great Change. On the Occasion of the Twelfth Anniversary of the October Revolution”, https://www.marxists.org/reference/archive/stalin/works/collected/volume12/index.htm.
Stalin, J. (1929b): "Concerning Questions of Agrarian Policy in the USSR", https://www.marxists.org/reference/archive/stalin/works/1929/12/27.htm.