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TODOS SON DILMA

La posible salida de Dilma es solamente el punto de partida de una crisis política cuyo fin no se avizora todavía. Lo que se agotó no es un personal o un partido, sino la clase misma que gobierna en Brasil. Y no se la va a echar si no se la reemplaza con otra cosa

Por Nicolás Grimaldi (Grupo de Análisis Internacional-CEICS) 3/5/16

Finalmente, por 367 a 137, la Cámara de Diputados aprobó el inicio al juicio político contra Dilma, acusada de realizar maniobras fiscales para retrasar el pago de préstamos y maquillar el déficit fiscal. Una práctica común, en la que también incurrió el ex presidente Fernando Henrique Cardoso. Ahora será el Senado el que deberá decidir si aprueba o no el inicio del juicio. La izquierda argentina, ha salido a defender nada menos que a un gobierno que, además de ajustador y poblado de personajes de la rancia derecha, les ha robado alegremente a los trabajadores. El problema es que no comprenden la magnitud de lo que está en juego

Buenos muchachos

La posible salida de Dilma es solamente el punto de partida de una crisis política cuyo fin no se avizora todavía. En los hechos, Dilma quedaría apartada de su cargo por 180 días, asumiendo su vicepresidente Michel Temer hasta la finalización del juicio. Si el Senado la encuentra culpable, Temer continuaría en el cargo hasta el 2018. Sin embargo, este personaje está sospechado por irregularidades en el financiamiento de la campaña electoral, a lo que debe sumarse que el magistrado de la Suprema Corte, Marco Aurelio Mello, ordenó la apertura del juicio político por el mismo delito que se le imputa a Dilma /1 

Si Temer, en consecuencia, es destituido antes de fin de año, debería llamarse a elecciones anticipadas. En caso de que el juicio suceda después de fin de año, solo los miembros del Congreso votarán a un sucesor hasta el 2018. Durante el tiempo que lleve elegirlo, la presidencia sería ejercida por el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, que también está procesado por corrupción, cobro de sobornos y por poseer cuentas ocultas en el extranjero, además de estar involucrado en los Panamá Papers. Es decir, si cae Dilma, caen, en un efecto dominó, quienes la voltearon.

Si el PT perdió el apoyo popular, sus enemigos no lo aseguran para nada. Un eventual gobierno de Temer tiene tan solo un 2% de intención de voto, mientras que un 60% pide su renuncia. En el caso de Cunha, más del 70% del país pide su salida de la Cámara de Diputados. En ese sentido, una de las alternativas que se baraja es el llamado a elecciones presidenciales anticipadas, en simultáneo con las elecciones municipales de fin de año. De suceder esto, habrá un rechazo en las urnas ya que los potenciales candidatos, Lula, Marina Silva y Aécio Neves, no logran superar el 21% de intención de voto. El propio Neves está implicado en casos de corrupción. Es decir, el vínculo político entre la burguesía y la clase obrera está roto. Como vemos, la crisis política de Brasil recién comienza y no tiene un final en el mediano plazo.

Ahora bien, ¿estamos ante un golpe de Estado contra Dilma? Por supuesto que no.

La separación de un mandatario a través de un juicio político no es un golpe

 La noción de “golpe de Estado” supone la remoción de un gobierno con medios por fuera de lo legal y, generalmente, remite a un cambio de régimen. Los opositores al “golpe” fundan su defensa del gobierno PT en la suspensión del orden constitucional, al solo efecto de vulnerar los derechos democráticos más elementales de la clase obrera y la persecución abierta a sus organizaciones. No es este el caso. El juicio político está contemplado en la Constitución. Quienes inician el proceso son partidos republicanos constitucionales, como el PMDB y el PSDB, que no deben ser confundidos con el fascismo. Más aún, el PT ha gobernado Brasil en alianza con uno de ellos durante todos estos años. No está planteada ninguna avanzada represiva, ni hay por el momento ninguna amenaza real al orden capitalista.

Pero hay una cuestión más profunda a observar. Quien realmente está echando a Dilma  es una alianza aun circunstancial entre la burguesía y la clase obrera. Una fracción de la burguesía quiere sacar a Dilma para restablecer una dirección legítima y evitar el estallido social que viene gestándose. Otro grupo de dirigentes burgueses quiere aprovechar la situación para hacerse con el poder. Pero la clave es que la clase obrera viene acumulando descontento por el ajuste que ha sufrido durante estos años, a lo que se suma una indisimulable irritación con la corrupción del gobierno. Recordemos que las movilizaciones callejeras voltearon al ortodoxo ministro Levy, una especie de López Murphy en versión brasileña.

Sin embargo, esta alianza es explosiva en un doble sentido. Primero, porque tanto el PMDB como el PSDB han dicho que en caso de ser gobierno deberán profundizar el ajuste, algo que la clase obrera no está dispuesta a aceptar. Segundo, porque como vimos, la clase obrera no apoya ni a Temer ni a Cunha ni a Neves, quiere que se vayan ellos también. Es decir, no están de acuerdo ni en el programa a seguir ni en la dirección que debe hacerlo.

En el mismo sentido, no debe confundirse lo que la clase obrera agita, con lo que la oposición quiere hacer con eso. Es completamente legítimo que las masas le exijan al gobierno su salida si no cumplió con lo que prometió. Que la oposición se haya apoyado sobre eso, no anula el reclamo. Y es que, en términos políticos, estamos ante una crisis en la relación del representado (la clase obrera) y el representante (personal de la burguesía). En Brasil, el representando le está exigiendo al representante que rinda cuentas o que se vaya. Apoyar a Dilma no solo es frenar ese proceso y contribuir a cerrar la crisis, sino negarle a la clase obrera el derecho a reclamar que sus enemigos no le roben ni hagan lo que quieran una vez que suben al gobierno. Peor aún, es evitar que la clase obrera vaya por los empresarios implicados en los casos de corrupción. En otras palabras, evitar que el proletariado desarrolle un combate que recién se inicia. No hay que exigir que se quede Dilma, sino que se vayan ella, Temer, Cunha, Neves y todos los que representan a la clase que gobierna.

¿Se viene la derecha?

El programa del PMDB, en alianza con el PSDB, es la profundización del ajuste. Hace un tiempo, el grupo disidente emitió un documento titulado “Un puente para el futuro”, donde planteaba su plan de gobierno /2

Allí, cuestionaba la indexación inmediata de los gastos primarios, planteando que genera desequilibrios entre ingresos y egresos, como por ejemplo en el área de previsión social, debido al envejecimiento de la población en las últimas décadas. En segundo lugar, propone el fin de la indexación de salarios, beneficios de la seguridad social, y demás programas pagados por el Estado, para que sea el Congreso y el Poder Ejecutivo los que cada año decidan los aumentos otorgados. En tono con lo anterior, propone “presupuesto con base cero”, que significa que cada año se estudiará la continuidad de cualquier programa estatal. Como punto siguiente, propone ampliar la edad mínima de jubilación y que esta vaya subiendo a medida que se eleve la esperanza de vida. Obviamente, también propone que las jubilaciones tampoco sean ajustables por indexación. En torno al endeudamiento, el PMDB apuesta al ajuste fiscal para controlar la inflación para bajar los intereses de la deuda y evitar que la misma siga creciendo respecto al PBI.

Ahora bien, ¿esto quiere decir que el PMDB viene a ajustar porque Dilma no lo ha hecho? No, Dilma ajustó, y mucho.

En 2013, el PT atacó las bonificaciones salariales, el seguro de desempleo, las pensiones por fallecimiento, y las pensiones por enfermedad. En el 2015, estableció otro recorte sobre los planes sociales. Para este año, el nuevo ministro de Economía, Nelson Barbosa, anunció un recorte del gasto público de 5.780 millones de dólares. Allí mismo sostuvo que ya se habían recortado unos 17.260 millones de dólares en 2015.

Pero aún hay más. Dilma vetó el reajuste de la Bolsa de Familia, que intentaba acompañar la inflación /3

De esta forma, el presupuesto para el programa creció solo un 3,97%, mientras que la inflación lo hizo en un 16% desde el último aumento, hace… 20 meses /4 Estos vetos fueron ratificados por el Congreso, lo que demuestra la voluntad de ajuste de la burguesía. Dilma ya había vetado el aumento de 78% a los empleados judiciales /5

 Es decir, ante el advenimiento de la crisis, el PT no dudó y ajustó, lo que explica que la clase obrera haya protagonizado más de 3 mil protestas en los últimos años.

Lo que vemos a través del PT es la disolución de un partido burgués que había logrado hegemonizar a masas reales, con un proyecto que empezó con un programa reformista y fue acercándose cada vez más a cualquier partido conservador. Es decir, Dilma no es mejor Temer, y aunque lo fuera, no se puede elegir al mejor burgués porque de esa forma se evita la construcción de una alternativa propia.

La izquierda en su laberinto

Como podemos ver, la crisis se está resolviendo en el campo de la burguesía, que elige el personal político para realizar el ajuste. Hasta el momento, la clase obrera se ha movido dentro del rechazo a los candidatos burgueses. La izquierda en general caracterizó esto como un golpe. El PO sostuvo que la caída de Dilma implicaría un “espaldarazo” a Macri y aceleraría la caída de Maduro. Lo primero solo es cierto si la burguesía logra resolver la crisis, lo que no se ve por ahora. Lo segundo puede ser cierto, pero solo es factor de preocupación para aquel que apoya al chavismo y su ataque a la clase obrera venezolana. En una crisis, un revolucionario se prepara para intervenir con una política propia, no para apoyar al enemigo menos despiadado

Altamira, en una entrevista televisiva, dijo que la alianza del PT y el PMDB era “contranatura” y que era previsible que el segundo enfrentara al primero. Según su propio argumento, el PT representa a los trabajadores. Este esquema lo extendió a la fórmula Cristina-Cobos. En ambos casos, un verdadero disparate. Hace más de 25 años que el PT es un partido burgués y hace más de 15 que abandonó su reformismo, por lo que no extraña su alianza con los conservadores. Una alianza que duró más de una década. Lo que puso en crisis el acuerdo no fue la “naturaleza” fascista del PMDB, dormida durante tanto tiempo, sino la completa falta de apoyo popular a un gobierno que debe encarar un ajuste. La hipótesis sobre Cristina y Cobos es una defensa tardía del kirchnerismo, al que se lo considera portador de intereses antagónicos al resto de los partidos burgueses. El caso es que el PO, cuando le endilga al PTS un seguidismo a Cristina, no hace sino hablar de sí mismo.

El MRT de Brasil, ligado al PTS, llamó a luchar contra el “golpismo institucional” y el ajuste, exigiendo una Asamblea Constituyente. Lo mismo: igual que aquí, apoyan una variante de la burguesía en lugar de desarrollar una política revolucionaria. Si no se apoya la destitución, Dilma sigue. Si Dilma sigue, ¿qué sentido tiene la “Asamblea Constituyente”?

La base de toda esta desorientación es el menosprecio a la acción obrera, toda vez que no aparece dirigida por una organización revolucionaria. Que el proletariado no haya intervenido todavía no significa que no pueda hacerlo si no se lo prepara. Que no haya exigido la revolución no significa que no se haya pronunciado: lo hizo en las 3.000 movilizaciones que son la base de la crisis. Sobre eso hay que trabajar.

La clase obrera debe echar a Dilma. Ahora, sin esperar las componendas del senado. Y así como se va Dilma, tienen que irse todos los implicados, políticos y empresarios. Lo que se agotó no es un personal o un partido, sino la clase misma que gobierna en Brasil. Y no se la va a echar si no se la reemplaza con otra cosa. Primero, exigir la revocabilidad inmediata de los mandatos. En segundo lugar, el fin del ajuste y la degradación de la vida. Si todos ofrecen lo mismo, los trabajadores deben dar un paso al frente y hacerse cargo de la economía. En el marco de la lucha contra Dilma y sus sucesores, la clase obrera tiene que organizarse en asambleas estaduales, tiene que convocar un gran congreso de organizaciones obreras, de obreros ocupados, desocupados, de las favelas, las ciudades y los suburbios, para debatir cómo se gobierna y quién lo hace.

Notas

 1/ La Nación, 17/04/2016

 2/ Documento disponible en http://goo.gl/D8NtkW

3/ Globo, 16/12/2015; 01/01/2016; 02/01/2016

4/  Estadao, 02/01/2016

5/ Página 12, 22/072015

 

POR CORRUPCIÓN, CORTE SUSPENDE A CUNHA SU MANDATO COMO DIPUTADO

5 DE MAYO DE 2016

Brasil 247- El magistrado del Supremo Tribunal Federal, Teori Zavascki, determinó este jueves (5) la suspensión de Eduardo Cunha de su mandato como diputado federal. Cunha es además el presidente de la Cámara y su articulación fue clave para la aprobación parlamentaria del pedido de impeachment de la presidenta Dilma Rousseff.

Redactor a cargo del caso del Lava Jato en el STF, Zavascki admitió un pedido hecho contra Cunha hecho por la Procuraduría General de la República. Según el Procurador, Rodrigo Janot, el diputado usó el cargo para "avergonzar, intimidar parlamentarios, acusados, colaboradores, abogados y agentes públicos con el objetivo de confundir y retardar investigaciones". Janot llegó a calificar a Cunha de "delincuente".

Cunha -del Partido del Movimiento Democrático Brasileño, PMDB, del vicepresidente Michel Temer- está acusado en el STF de crímenes de corrupción y lavado de dinero, relacionados con cobro de sobornos a contratistas de la estatal Petrobras.

El parlamentario también es objeto de un proceso en el Consejo de Ética de la Cámara, tras descubrirse que poseía cuentas no declaradas en Suiza.

Al ser suspendido por la Justicia de sus funciones, Cunha será sustituido por otro investigado en el Lava Jato, el diputado Waldir Maranhao, también del PMDB y aliado de Cunha.

Cunha fue notificado de la decisión judicial esta mañana en su domicilio, en Brasilia. Sus partidarios aseguran que el fallo constituye una interferencia del Poder Judicial sobre el Legislativo. El diputado es una de las figuras políticas más impopulares de Brasil, y las redes sociales reflejaron la sorpresa general con la novedad, que se conoció a primera hora de este jueves