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Nunca es triste la verdad. Lo que no tiene es remedio

De aquí a pocos días se cumplirán 44 años de la caída de la cárcel del pueblo de la calle Juan Paullier, en Montevideo. Para los sociólogos, 44 años es el equivalente a una generación, o casi.

Los que hemos vivido esos años teniendo uso de razón, a poco que nos esforcemos, podremos recordar la enorme difusión que tal hecho tuvo en su momento. Más adelante el MLN dirá que fue el inicio de su derrota, como si todo lo anterior no hubiera existido.

Los que hemos vivido aquellos años teniendo uso de razón, a poco que nos esforcemos, sabemos que la derrota empezó mucho antes, después de la fuga de Punta Carretas, cuando como bien recuerda Rosencof en Memorias de insurgencia, página 58, el Ñato presentó unos planes magníficos. Solo tenían un fallo, dice Rosencof: eran inviables. Para los no enterados o para quienes por razones de edad no habían alcanzado entonces la edad de la razón, los planes eran el llamado Plan del 72 y el Hipopótamo.

Con anterioridad a la fuga, el Bebe Sendic y su gente en Punta Carretas, Zabalza, Mansilla y Picardo, por nombrar nada más que a los que ostentaban la condición de “comandantes” junto a Sendic, habían pergeñado otro plan, el Tatú, copiado de experiencias en Chipre y Vietnam. Con este plan, los miembros de las columnas del interior pretendían dejar de lado el trabajo en las ciudades, a las que consideraban responsables de las caídas de sus militantes.

Al principio, respetando las normas de funcionamiento, Sendic y sus comandantes plantearon a la dirección post Almería la puesta en marcha de dicho plan. Como la dirección no lo consideró viable, decidieron ponerlo en marcha por su cuenta y riesgo, contando con el aval de Nelson Berreta, integrante del ejecutivo en representación de la columna del interior. Como era lógico, esa circunstancia le costó su puesto en la dirección, pero no evitó que desde el Penal se siguiera insistiendo con la excavación de las tatuceras.

El ejecutivo sustituyó a Berreta por Marrero y designó a Píriz Budes como enlace con la columna del interior, con la intención de evitar la puesta en práctica de los planes que se enviaban desde Punta Carretas.

Comenzó entonces una etapa de enfrentamiento entre el ejecutivo y los integrantes de la columna del interior, que liderados por Sendic comenzaron una labor de desprestigio de la dirección, pese a los éxitos conseguidos tras rehacer un MLN diezmado después de la caída de Almería.

Dicho enfrentamiento se hizo patente a raíz de la detención de Wassen en el mes de julio de 1971, agravado por la decisión del ejecutivo de realizar la fuga de las compañeras antes que la de Punta Carretas.

Realizada la fuga de Punta Carretas, el efecto propagandístico fue enorme, y pareció que el MLN entraba en una etapa de consolidación definitiva. A eso contribuyó la decisión de Fernández Huidobro y de Sendic de ser integrados en grupos de base, con la intención, dijeron, de conocer la nueva organización, desarrollada con criterios diferentes a los que ellos habían propugnado en su momento. Sin embargo, tal como Fernández Huidobro reconoce en Memorias de insurgencia, página 78, la intención de ambos era demostrar, desde la base, que los planes por ellos presentados eran los correctos. A buen entendedor, iban a trabajar contra la dirección, la que creyó que con la actitud de los dos históricos dirigentes, las discrepancias estaban superadas.

Desde la publicación de La izquierda armada y Memorias de insurgencia, los dos libros de Clara Aldrighi, por las propias palabras de Fernández Huidobro se sabe del descontento que ambos históricos manifestaban ante el prestigio del que gozaban otros militantes, a su juicio inmerecido. Ver Memorias de insurgencia, páginas 71 y siguientes.

Desde sus “puestos de base”, los dos históricos se dedicaron a minar el trabajo de la dirección, azuzando a muchos de los fugados para que plantearan críticas a la inactividad que la tregua unilateral que el MLN había decretado para el mejor cumplimiento electoral. Hay que destacar que ambos históricos estaban entre los que propugnaron el “apoyo crítico” al Frente Amplio y la tregua consecuente.

Coincidiendo en el tiempo, el MLN estaba coordinando con integrantes de la 1815 y el partido Comunista un plan llamado “de contragolpe”, para detener un posible golpe de estado ante la eventual pérdida electoral por parte del partido Colorado.

Es entonces que el actual ministro de Defensa, toma conciencia de las carencias que el MLN tenía para cumplir la parte que tenía asignada en dicho plan. Ver Memorias de insurgencia, página 80.

Pese a esa circunstancia, tanto Fernández Huidobro como Sendic siguieron presionando para “elevar el nivel de los enfrentamientos”, tal como se consignaba en los considerandos del plan del 72. El ejecutivo, temeroso de propiciar una división dentro de la organización, en vez de llamar a una convención nacional para discutir y dilucidar las discrepancias, prefirió dar vía libre a dicho plan, y autorizar algunas acciones propuestas por ellos, como la comisaría de Soca. En Memorias de insurgencia, página 78, el Ñato dice que se opuso a ese operativo, cosa que es absolutamente falsa.

A principios de 1972, Sendic, por su cuenta y riesgo, dio por terminada la tregua electoral y declaró la “guerra a los ricos”, iniciando así la puesta en marcha del segundo frente, lo que significaba llevar los enfrentamientos al interior del país, pero no contra las fuerzas policiales y los servicios de inteligencia afines, sino contra las FF.AA. Aníbal de Lucía ha retratado con sinceridad y crudeza esos momentos. Ver Memorias de insurgencia, páginas 343-345.

El segundo frente fue una iniciativa voluntarista, carente de toda viabilidad. Extraña que un estratega político militar como Fernández Huidobro no hubiera advertido a su socio en el desmembramiento interno del MLN de las carencias que él ya había advertido meses antes para detener a los camiones militares en la ruta 8. Para afianzar de forma definitiva la nueva orientación y llevar adelante los planes “magníficos pero inviables”, el ejecutivo citó a una reunión en “el Complejo”, reunión conocida como “la noche triste”, realizada el 16 de marzo de 1972 y que acabó con la estructura del MLN en Montevideo, dando paso a los puestos de dirección de Fernández Huidobro y de Sendic, aunque este no se integrara formalmente, ya que su misión quedó circunscrita al segundo frente, para descomprimir la presión de las FF.CC. sobre Montevideo.

Ya se había asesinado a Pascasio Báez, responsabilidad que le cupo al ejecutivo formado por Rosencof, Wassen, Engler y Marrero, tal como ha declarado Rosencof ante el juez militar, y cuya orden de ejecución fue transmitida por Engler, tal como dice la misma declaración.

El ejecutivo designado en “la noche triste”, Rosencof, Engler, Candán y Fernández Huidobro, fue el responsable de las acciones del 14 de abril y de la forma desaprensiva con que se realizaron.

Lo que siguió fue una huída hacia adelante, con los mecanismos internos rotos, en medio del aislamiento al que el MLN se vio sometido, pese a los intentos desesperados de justificar las acciones desarrolladas, aislado políticamente  a nivel de la población y absolutamente inerme ante los acontecimientos.

En esa situación y ya con Marenales en la dirección, el descalabro proseguirá su marcha, decidiendo atentar contra “fuerzas militares”, atendiendo a las recomendaciones de los militares integrados en la 1815, lo que culminará con la muerte de los cuatro soldados la noche del 18 de mayo, y propiciando así que las unidades militares que todavía no participaban en la represión de manera activa, se pusieran a ello. Es en esos días que se producen las detenciones de Manera, Rosencof y Wassen. El día 9 de mayo había sido detenido en Durazno Píriz Budes, y su acuerdo con el coronel Trabal desmanteló de forma definitiva la estructura en el interior del país.

El 27 de mayo, Wassen, detenido en el 13 de infantería, solicita entrevistarse con Amodio y Wolff, detenidos en el Florida, para acordar la entrega de la cárcel del pueblo de la calle Juan Paullier, para evitar una masacre ante su inminente ubicación por las FF.AA.

Proporcionada su ubicación por Wolff, Wassen y Amodio son conducidos como negociadores ante los custodios de los secuestrados en la cárcel, siendo finalmente Amodio el que lo haga, por órdenes de Cristi, al mando del operativo. Este hecho hizo que se le adjudicara a Amodio la responsabilidad de la caída, lo que motivó su inmediata condena a muerte por parte del MLN.

La condena sobre Amodio se mantuvo pese a que Wassen, casi de inmediato, reconoció ser el responsable de dicha entrega del local, tal como reconocerá Marenales en el año 2007.

Será a partir de ese momento que la historia comienza a ser contada de forma sesgada,  para justificar no solo la derrota, sino para amoldarla a los intereses personales, aunque disfrazados de políticos, de Fernández Huidobro y Rosencof, negociadores fundamentales de la rendición incondicional en la tregua de junio-julio de 1972.

A partir de ese momento, la historia verdadera, la que incluye el fin de la tregua, las negociaciones en el Florida para la entrega pactada de Sendic y su detención producida unos días después de su entrada al Florida,  las entradas y salidas de los cuarteles para el funcionamiento de las comisiones de los ilícitos, la participación de militantes del MLN en las torturas y en los interrogatorios por esas comisiones, los intentos de formación de un gobierno de concentración tras un supuesto “golpe bueno” propiciado por el coronel Trabal, será cuidadosamente tergiversada, para justificar las marchas y contramarchas tras la caída de la dictadura en 1985.

Cientos, por no decir miles de uruguayos, aceptaron que la historia fuera falseada, acomodada a los intereses personales y a los acuerdos suscritos con los militares, tal como reconoce  el coronel Gilberto Vázquez a Ultimas noticias.

Durante décadas, hasta alcanzar los 44 años, se ha permitido que la falsa historia fuera aceptada como verdadera, que quienes fueron los responsables del descalabro aparecieran como líderes políticos que no pudieron alcanzar la meta anhelada por la traición de Amodio y Alicia Rey –Píriz Budes ha sido amnistiado, junto con Marrero y Wolff, a cambio de guardar silencio- y se ha aceptado de forma callada y con “lealtad casi  religiosa”, al decir de Veronika Engler, que los principios éticos y políticos que dieron nacimiento al MLN sean abandonados y pisoteados a diario.

De nada sirve acusar de traidores a Fernández Huidobro y Mujica si no se dice por qué y desde cuándo, si no se dice quiénes fueron sus cómplices para encaramarse a los puestos que alcanzaron y por qué medios.

Muchos secretos se guardan todavía sobre los 44 años pasados.

El único que ha dicho que se los llevará a su tumba es Zabalza. Y el resto?