Ayer (24/5) a las 4 de la mañana, el teléfono me despertó. Del otro lado de línea estaba "Chito" viejo amigo del Colorado desde sus años adolescentes: me espetó sin vueltas este viejo amigo fiel: "Carlitos, se nos fue el Colo, acaba de fallecer".
A él la noticia le había llegado por TEXTO a la 1.30, "el Colo" estaba pasando muy mal la noche, los fuelles se le negaban a funcionar y no tenía fuerza ni para sorber líquido con una pajita. Anunció que se vestía y partía al Hospital, en el camino, recibió la noticia de que ya había fallecido.
Murió lúcidamente, consciente de que partía al viaje final: le hizo un gesto de beso a Graciela y, escuetamente, se despidió "Chau".
De muchas vueltas, no fue nunca, el Colo
Y desde el comienzo se mantuvo en el verbo del tango "Confesión":
Yo no quiero la comedia de las lágrimas sinceras, no ando en busca de consuelo, ni ando en busca del perdón". La parte que no cumplió fue "la de entregarse mansamente".
Viejo TUPA,... al fin y al cabo.
Quiso morir, "rodeado de los suyos" más íntimos. Su compañera Graciela, la hija ambos y su último vástago, (entre una larga serie de hijos e hijas): Micaela y, su hermana mas dilecta: Orquídea "La China" Minetti.
Fueron solo ellos los que estuvieron presentes en casi corto mes de vida, desde el diagnostico en el hospital de Canelones, su periplo por "el oncológico" y su internación final en el Hospital Policial donde finalmente, falleció.
No fue peón de brega, ni "fogonero" de los mandamases que son "los tupas oficiales" de la prensa burguesa, que los fabricó como tales y los mantiene en la hornacina.
Pero metió "más caño" que todos ellos, antes de la cana final del 74 y después de "la liberación" del 85. "Temas y temitas" que –conviene recordar- el antiguo Sr. Presidente, el "Pepe" ha dicho repetidas veces que "son temas de los que no conviene ni hablar". Al hombre "de la pistola en el cinto" no le conviene que sus autorías intelectuales y mandatos se mencionen, porque si se hace una vez más termina en cana.
Y lo mismo cabe decir del otro "consagrado" de la interpretación particular "de la política de las dos patas", cuando hacía "la rebajita" del "fifty-fifty" para tener "fogoneros" que les consiguieran "los recursos" que ellos se apresuraban a gastar, mientras eran otros -y bien sacrificados " se los conseguían"
Ellos son los expertos en tirar la piedra y esconder la mano. Los mandarines filosóficos del "YO no fui". Los que siempre se aprovecharon de la confianza ilimitada y de la lealtad de su militancia, para después -y a espaldas de esos mismos militantes- negociar con los dueños -burgueses- del Uruguay de siempre.
Asqueado de tantos asuntos oscuros y conocedor a fondo de las entretelas, el Colo, como tantos otros militantes se apartó asqueado de tanta miseria material y humana. De tanta podredumbre.
Y vivió dedicado al trabajo (de la pesca primero, de la chacra avícola después) con la cual satisfizo el hambre particular, la suya y la de su familia nueva. Con trabajo honrado. El "fondo" Raul Sendic, cuando solicitó un crédito, llegó al sectarismo imbécil, característico del MPP, de negárselo.
No por eso se amargó, ni se le agrió el carácter, ni guardo el rencor en su conciencia. Era, "el Colo" mucho más grande que la miseria espiritual de otros, los verdaderos miserables.
Lo conocí hace más de diez años, en mi vuelta al Uruguay de antes de ganar las elecciones del 2004. En el colectivo de "CRYSOL" donde ya era un militante de primera línea.
Y fueron diez años de amistad intensa, de constantes discusiones políticas, de aguantarnos mutuamente las rabietas, de mucha militancia no- orgánica contra los aparatos "oficiales" y sus personajes más notorios y encumbrados del "tupamarismo" oficial y burgués.
Así conocí a muchos de los pequeños héroes que la crónica oficial -donde se ensalzan solo a los corre-ve-y-dile y a los alcahuetes- nunca se mencionan. Al "Queque", a su sobrino "Carlitos" a su viejo amigo "el Chito" y a tantos otros. Gente -toda- de "hacer cosas" o prestar "apoyos" y nunca reclamar un favor. Militantes humildes, salidos de la mejor del pueblo trabajador mismo.
Con sus relatos y conocimientos, contribuyó a rehacer más de un panel del "misterio" del puzzle de "lo que pasó" con el viejo y glorioso MLN-Tupamaros. Cuando se militaba por el placer "de verlo al mundo cambiao" como reza el poema-canción de Salerno. La época del desprendimiento, de la falta de egoísmo, de la solidaridad plena entre los militantes, hombres y mujeres. El tiempo en que millones en América Latina se lanzaron a la tarea titánica de "tomar el cielo por asalto" y catapultar a burgueses, terratenientes, políticos y coimeros desde sus cumbres al abismo. Sin piedad y sin asco.
Ese hombre fue Carlos Humberto Minetti Fernández, el "Colo", mi amigo, como lo fue de tantos otros.
El hombre que ayer nomás, se nos fue y nos deja un espacio vacío en el corazón y el recuerdo.
Un buen hombre, un buen militante, un amigo leal.