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La salida del bonapartismo en Venezuela

Ni golpe ni elección: Socialismo 

 Nicolás Grimaldi

27/07/2016| Grupo de Análisis Internacional  - El Aromo n°91
Julio/Agosto de 2016- Razón y Revolución

Venezuela refleja una problemática común de América Latina, desarmar los bonapartismos en un contexto de crisis económica. Para no caer en el juego del “mal menor”, la clase obrera debe convocar a un congreso para discutir una salida revolucionaria.

 

Los primeros años de la década pasada, fueron testigos de la aparición y ascenso de una fuerza social revolucionaria que recorrió América Latina. No logró imponerse, aunque tampoco fue destruida, produciendo un empate entre las clases sociales, lo que permitió el surgimiento de bonapartismos que lograron hacer equilibrio entre las clases, apoyándose en el aumento del precio de las commodities.

Hoy en día asistimos al escenario de desarme de esos regímenes, en el contexto de una crisis económica. Esto presenta un problema grave para las burguesías locales que, por un lado, deben desarmar la fuerza social que la enfrenta, mientras que, por el otro, debe relanzar la acumulación de capital. Ambas tareas deben ser realizadas casi simultáneamente y sin contar con los ingresos provenientes de la renta. En el siguiente artículo, analizaremos como se desarrolla esta situación en Venezuela.

Ajustando bajo la crisis 

Los que justifican el apoyo a los bonapartismos, fundamentan su posición en que su caída implicaría la llegada de una derecha que viene a hacer lo que estos gobiernos no hicieron, es decir, ajustar. Veamos entonces si el gobierno venezolano ha llevado a cabo o no un ajuste. El Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros realiza un seguimiento mensual de la canasta básica familiar, que incluye alimentos, bienes y servicios. Según este estudio, esta había alcanzado los 139.273,68 bolívares en diciembre /1

 En febrero, aumentó a 176.195,4, un 12% más, mientras que en marzo llegó a 203.943,95, un crecimiento del 15,2%, con una variación anual del 480,6%. En abril pasó a 256.146,79, un 25,6% más, y un 574,8% anual. Según los datos oficiales proporcionados por el BID, desde el 2007 a la fecha, la inflación creció un 804%. De esta manera, hoy en día, un obrero venezolano necesita más de ocho salarios mínimos para vivir.  Por otra parte, si tomamos los datos oficiales brindados por INE y el BID, podemos calcular, de manera conservadora, que el salario mínimo real cayó un 51% desde el 2012. A su vez, el PBI pasó de tener un crecimiento casi nulo en el 2013, a caer entre un 3 y 4% en el 2014, y un 11% para el 2015. Más aún, para el 2015 se registraron 1.046.523 obreros desocupados (7,4%), 5.314.801 (40,5%) en el sistema informal, 2.666.394 (12%) figuran como población inactiva por ser estudiantes, mientras que 3.234.333 (14,63%) aparecen como personas dedicadas a los quehaceres del hogar /2

 Es decir, se puede estimar que un 55,45% de la población venezolana se encuentra en la situación de sobrante para el capital, con una cobertura decreciente. Esta situación derivó en una verdadera crisis social, que pone sobre la mesa el fracaso del chavismo.

El desabastecimiento obliga a la clase obrera a realizar largas colas para conseguir lo necesario para el día. En una de esas colas, esperando la distribución de alimentos del programa estatal MERCAL en Guatire, murió una niña de 4 años luego de que un motoquero no identificado disparara, dejando 10 heridos. Otra persona murió también en San Cristóbal, Táchira, intentando huir de la represión a una manifestación exigiendo alimentos, mientras otros 16 manifestantes fueron detenidos. Luego se sumarían dos muertes más en manifestaciones por alimentos en Petare y Sucre. Además, se han reprimido protestas en Mérida, Aragua, Trujillo, Bolívar y Miranda. Todo esto solo en el mes de junio, mientras que existen cifras que indican que hubo 145 saqueos desde febrero /3 En la Venezuela chavista, tratar de comer se ha vuelto una actividad peligrosa

Maduro se pinta la cara

En este contexto, el chavismo ha sancionado un “Estado de Excepción y de Emergencia Económica”, aprobado por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). Este decreto, otorga mayor poder a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) y a los distintos organismos de seguridad para mantener el orden público y distribuir alimentos. Por otra parte, se atribuyen funciones de vigilancia y organización a los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), consejos comunales, y demás organizaciones de base, para que cooperen con las fuerzas militares y policiales. Es decir, se les da un rol y jerarquía militar al oficialismo y se determina que el presidente puede tomar medidas y ejecutar planes especiales de seguridad pública. Por lo tanto, cualquier movilización que no apoye al gobierno puede ser reprimida.

También permite suspender las sanciones de carácter político contra las autoridades del Poder Público y los funcionarios, cuando puedan “obstaculizar la continuidad de la implementación de medidas referidas a la crisis económica y social”. Un funcionario que haya robado a la clase obrera, podrá mantenerse en su cargo e influir sobre las decisiones. Es decir, el gobierno de Maduro busca blindar y proteger a su personal político más cercano.

Además de lo mencionado, el decreto permite al gobierno sancionar medidas que garanticen una mayor participación del sector privado en los procesos productivos fundamentales, facilitar trámites de aprobación de recursos adicionales para el abastecimiento de bienes de primera necesidad, y recibir apoyo de organismos nacionales e internacionales -así como del sector privado nacional-, para la recuperación del sistema eléctrico. O sea, su privatización.

Por último, establece que el Banco Central puede fijar “límites máximos de ingreso y egreso” de efectivo, así como restricciones a operaciones financieras y eximir de trámites cambiarios legales a entidades públicas y privadas para agilizar la importación de bienes e insumos “indispensables para el abastecimiento”.

Es decir, el gobierno se reserva el derecho a poder decretar un “corralito” sobre los ahorros obreros (los que no tienen cuentas en el exterior, ni propiedades), mientras que las empresas privadas pueden recibir dólares para importar sin cumplir con los requisitos legales (cualquier parecido al blanqueo de Macri no es pura coincidencia). Como podemos ver, el gobierno de Maduro busca dirigirse hacia un “autogolpe”, quitándole peso a la Asamblea Nacional, dándole más poder e injerencia a las fuerzas armadas, otorgándole status militar a las organizaciones sociales pro gobierno, y determinando discrecionalmente quiénes pueden recibir dólares, reforzando a la boliburguesía /4

Por su parte, la oposición burguesa juega la carta institucional. El pasado 2 de mayo, entregó al Consejo Nacional Electoral (CNE) 1,9 millones de firmas, cerca del 13% del total de votos emitidos en las últimas elecciones, para pedir la activación de un revocatorio contra Maduro. Este número de firmas significa nueve veces más que el número de rúbricas exigido como requisito. La auditoría de esas firmas concluyó el 2 de junio, momento en que el CNE debía convocar a unos 200.000 interesados a validar su rúbrica, para que luego, la MUD recaude cuatro millones de firmas. La oposición está esperanzada en realizar la consulta antes del 10 de enero de 2017, ya que, luego de esa fecha, los dos años restantes los completaría el vicepresidente, designado por Maduro. Es decir, la oposición no tiene mayor apuro. Sin embargo, el CNE invalidó 605.757 firmas, el 30,9% del total, por lo que la oposición convocó a la validación de las firmas aceptadas, y a una movilización. La oposición ha logrado realizar al menos cuatro  protestas en el último mes hacia el CNE, lo que obligó al TSJ a prohibir las manifestaciones no autorizadas a las sedes del organismo.

Como vemos, la oposición venezolana ha optado por sostener una estrategia institucional, en lugar de apelar a la acción directa, como hizo en el 2002. Seguramente, incide en esta decisión el que ya no controla plenamente a las FF.AA. En este punto coinciden con FEDECAMARAS ya que, Aquiles Martini Pietri, vocero de la corporación, sostuvo que un cambio de gobierno no es lo más importante, sino generar confianza para atraer inversiones. Ricardo Cusano, representante del sector Turismo, sostuvo que “no hacen política partidista”, aunque apoyan los mecanismos constitucionales para cambiar el rumbo político y que “se decida en las urnas” para evitar la conflictividad social.

Lo que podemos observar, es que la oposición sabe que una salida golpista difícilmente pueda sostenerse en el tiempo, más aún en un contexto de crisis económica.

Es decir, no quiere profundizar la crisis, para evitar el proceso que vive Brasil. Apelan al “modelo argentino”: una victoria electoral contundente que le dé suficiente legitimidad por el tiempo necesario para realizar una reestructuración política y económica profunda. Un proyecto que no será fácil de implementar, aún con los votos. El “modelo argentino” es una evidencia de eso.

Cambiar las reglas

El chavismo busca blindarse reforzando las FANB, militarizando su base social, restringiendo las protestas en nombre del orden público, y protegiendo a su personal político. Ya demostró que no lo tiembla el pulso para reprimir a los que exigen alimentos.

La clase obrera no puede permitir que a la expropiación económica, se le cercenen sus derechos políticos. Hay que exigir la restitución inmediata de todas las libertades democráticas para los trabajadores y el cese del racionamiento: todo el mundo tiene que acceder a los bienes elementales. La oposición, por su parte, viene a ajustar y apuesta al desgaste chavista. Quiere liderar la oposición para subir y hacer lo mismo. Por eso espera las elecciones que le den cierta legitimidad, al menos circunstancial. Solo ante la profundización de la acción directa de la clase obrera saldrán a encabezar un golpe que impida que la calle desarrolle sus propios organismos.

La clase obrera tiene que echar a Maduro. Ella misma, sin esperar nada del MUD, ni de sus métodos. Porque nada va a cambiar si el poder permanece en manos de la burguesía. O sí, pero para peor. Por eso, el primer paso es realizar un congreso de todos los obreros (ocupados y desocupados), de todos los colectivos críticos, para discutir una salida a la crisis económica  política de Venezuela. Allí hay que trazar un plan para ir, de una vez por todas, por lo que nos prometieron durante más de una década y nunca nos dieron: el Socialismo.

NOTAS

El Nacional, 25/01/2016; El Tiempo, 21/01/2016.

2 Base de datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID); “Encuesta de Hogares por Muestreo. Situación de la Fuerza de Trabajo. Informe semestral. 1er semestre del 2015”, Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

ABC, 14/06/2016.

4  Gaceta Oficial, N° 6.227 extraordinario, 13 de mayo del 2016, Caracas. Disponible en http://goo.gl/y0h93g.

 

¡A La Calle! Para Sacar A Este Gobierno Hambreador Y Represivo

A Derrotar Su Paquetazo   

Por: Partido Socialismo y Libertad (PSL)

3 de agosto de 2016

No vamos a insistir en describir la tragedia social y económica que vive hoy el pueblo trabajador venezolano. Todos sufrimos esta terrible crisis, con las graves consecuencias que acarrea para la salud y la vida de millones de personas. No por casualidad el imaginario popular creó una frase que describe, con la jocosidad típica del venezolano, el trance por el que estamos pasando los más pobres y los que vivimos de un salario: “la dieta de Maduro”.

Compartimos con el pueblo el repudio generalizado hacia un gobierno represivo y Hambreador, al que todos hacemos responsable de la catástrofe que vivimos, tal como se evidencia en las más recientes encuestas de opinión pública.

Comprendemos que la mayoría del pueblo trabajador vea en el referéndum revocatorio una vía para salir de este gobierno irresponsable. Sin embargo, debemos observar que el referéndum fue una decisión impuesta por la MUD, y que además, este mecanismo no le pertenece a los partidos burgueses agrupados allí, por ser un derecho democrático de todo el pueblo.

El pueblo tiene la potestad de exigir el Revocatorio


¡Basta de maniobras antidemocráticas!

El Partido Socialismo y Libertad no forma parte de la coalición de organizaciones que integran la MUD, no obstante, defendemos el derecho del pueblo venezolano a exigir el Revocatorio, instrumento planteado en el art. 71 de la constitución. Los trabajadores y el pueblo tienen derecho a pronunciarse y decidir si este gobierno debe o no continuar.

En ese sentido, rechazamos categóricamente todas las maniobras que el gobierno y el CNE vienen interponiendo a la realización del Revocatorio. Consideramos que son obstáculos antidemocráticos para evitar que el pueblo pueda ejercer su derecho a decidir este mismo año, sobre la continuidad del gobierno de Maduro.

La MUD no es alternativa para el pueblo

Sin embargo, tenemos la responsabilidad de advertir que el Revocatorio por sí sólo no es solución para nuestros problemas. Ni las colas, ni los bajos salarios, ni la escasez, la inflación y los despidos, van a desaparecer con ese instrumento.

La MUD utiliza el Revocatorio como un mecanismo para presentarse como alternativa ante el desastre causado por el actual gobierno. Tratan de pescar en el río revuelto de la horrenda crisis que vivimos para capitalizar el lógico descontento popular.

Categóricamente señalamos que la MUD no es solución para nuestros problemas. ¿Por qué decimos esto? Sus partidos y dirigentes, en su mayoría, son los mismos que gobernaron en el pasado puntofijista, llevando al país al callejón sin salida que permitió el ascenso al gobierno de Hugo Chávez.

Los mismos que reprimieron brutalmente en el Caracazo en 1989; los que crearon los tristemente célebres “teatros de operaciones” en la década del 60, donde se torturaba a dirigentes políticos, estudiantes y sindicalistas. Los que pretendían privatizar PDVSA, y las empresas básicas, los mismos que hoy gobiernan en alcaldías y gobernaciones a favor de los empresarios y transnacionales, y en ninguna parte pueden mostrar una gestión favorable a los intereses populares.

De gobernar la MUD, profundizarían el paquete de ajuste que ya aplica Maduro, tal como el mismo Henry Ramos Allup afirmó públicamente.
Sin embargo, ese mismo pueblo que quiere salir de Maduro no asiste a las convocatorias que Capriles y la MUD hacen para respaldar el Revocatorio. ¿Por qué sucede esto?

El pueblo venezolano no tiene una afiliación orgánica con la MUD. La alianza de la derecha patronal y proimperialista no despierta ninguna pasión en el pueblo trabajador, así como tampoco ninguno de sus líderes. Por otra parte, estos no hacen nada para enfrentar la escasez y los bajos salarios, y sus diputados son incapaces de movilizar al pueblo por sus reivindicaciones.

La mayoría de la gente está en las colas, ingeniándoselas para conseguir comida para sus familias, haciendo malabarismos con los pírricos salarios, y muchos otros protestando en las calles contra el hambre y la escasez.

La población respalda la realización de un referéndum revocatorio porque lo ve como un instrumento a través del cual se puede quitar de encima a este gobierno irresponsable, que ha llevado al país a la catástrofe, pero no es un cheque en blanco a favor de la MUD.

Por un Encuentro Nacional de Organizaciones Políticas, Sindicales y Populares

Miles de habitantes de distintas regiones, vienen protestando exigiendo comida, repudiando a los CLAP, y movilizándose contra el hambre. Nuestro partido apuesta a que estas protestas se profundicen y desarrollen organizadamente en todo el país. Sólo con la lucha y la protesta masiva en las calles, podremos sacar a este gobierno y derrotar su paquetazo de ajuste.

Solamente movilizándonos de manera autónoma a los dos bloques burgueses que se disputan la renta petrolera, podremos darle respuesta a nuestras más urgentes necesidades.

Para el PSL la única posibilidad de cambiar nuestra situación es con un Gobierno de los Trabajadores y el Pueblo. Ni el gobierno de Maduro y el PSUV, ni la MUD, son alternativas para el pueblo trabajador.

En lo inmediato, llamamos a los trabajadores y al pueblo a movilizarnos en las calles del país para resolver de manera autónoma nuestro destino.

No es con mecanismos electorales como vamos a solventar nuestros problemas. Es el pueblo movilizado el que debe sacar a Maduro del poder y dar al traste con el paquetazo de ajuste, e imponer su propia agenda de reivindicaciones.

Desde el PSL planteamos la necesidad de convocar a un Encuentro Nacional de Organizaciones Políticas, Sindicales y Populares que discuta un Plan de Emergencia para salir de la crisis.

En ese sentido, llamamos a la Plataforma del Pueblo en Lucha y del Chavismo Crítico, en la cual estamos participando, a impulsar esta iniciativa, con el objetivo de construir una alternativa política de los trabajadores y el pueblo frente al gobierno y la MUD, y que además levante un programa que contemple:

1.  Aumento general de salarios y salario mínimo igual a la canasta básica ajustable cada 3 meses de acuerdo a la inflación

2. Nacionalización de la banca

3.Reforma agraria

4.  Rescisión de contratos de empresas mixtas en el sector petrolero. Petróleo 100% estatal sin empresas mixtas ni transnacionales

5. Repatriación de capitales fugados y robado

6.  Anulación de acuerdos en el Arco Minero del Orinoco

7. No a la represión y contra la criminalización de la protestas

8.  No al pago de la deuda externa

 

VZLA | Una revolución mediática que construyó un “País Potemkin”

Edgar Cherubini Lecuna / Soberania.org

| Periodista venezolano residente en París, Francia. Comunicador Corporativo. Editor y escritor. | 30/7/16

La expresión ‘Pueblo Potemkin’ o ‘Potemkin village’, tiene su origen en la Rusia de Catalina la Grande y hace alusión a pueblos y villas inexistentes. En la primavera de 1787, la zarina anunció una inminente visita a Crimea para verificar el desarrollo del que tanto le había comentado su favorito, el mariscal Gregori Potemkin, designado durante la invasión como regente de esa provincia. Potemkin hizo refaccionar y pintar las fachadas de edificaciones en ruinas y ordenó edificar en la lejanía decorados a lo largo de la ruta de la comitiva, para representar pueblos, graneros repletos de trigo, escuelas, hospicios y rebaños. En realidad eran meros escenarios que encubrían la verdadera situación miserable de la región. De allí que dicha expresión significa “una cosa muy bien presentada para disimular su desastroso estado real”.

Otro ejemplo interesante de esta modalidad, es el pueblo de Kij?ng-dong en la zona desmilitarizada entre Corea del Norte y Corea del Sur. La propaganda oficial del gobierno norcoreano, en su estilo orwelliano, lo llama “Pueblo de la Paz”.

Se trata de una granja colectiva de 200 familias que se alojan en un conjunto de modernos edificios, equipados con un nivel de servicios fuera de lo común para una zona rural.  Los lugareños disponen de guarderías, escuelas, un hospital y un club deportivo. Empleando potentes altavoces orientados hacia el sur, los guardias de las garitas solo observan las fachadas y escuchan las voces que a lo lejos hablan de las actividades de una población trabajadora y feliz. Pese a que no puede ser visitado, se trata de la única localidad norcoreana visible y audible por los observadores occidentales. En realidad es un pueblo fantasma habitado por una docena de operadores que encienden y apagan las luces y el sistema de sonido. Un parque temático a lo Disney, para representar el progreso de los campesinos norcoreanos bajo la feroz dictadura.

Es imposible evadir las analogías con Venezuela. La ironía de los “Ejes de desarrollo”, la “Producción endógena”, “Las centrales azucareras revolucionarias”, “El río Guaire potable”, “El hombre nuevo” y el “país potencia” que tanto anunció Chávez y ahora Maduro, ha puesto al descubierto el método Potemkin a una escala novedosa.

“El turismo revolucionario” organizado por el régimen para los militantes de la izquierda francesa o periodistas extranjeros que desde otras latitudes visitan el país para observar el desarrollo de las comunas de la “Revolución bonita”, tiene un proverbial parecido con la estratagema que utilizó el régimen Nazi en el campo de concentración de Theresienstadt, llamado cínicamente “El Paraíso”, diseñado para ser inspeccionado por la Cruz Roja Internacional. La realidad es que éste era un “Pueblo Potemkin”, una estación de relevo que alojaba a los prisioneros en la ruta haciaAuschwitz-Birkenau, donde exterminaron a más de un millón de judíos.

Según los portavoces del gobierno, en el rimbombante “Socialismo del siglo XXI”, no hay ninguna crisis y los venezolanos viven en una envidiable democracia. En esta trampajaula para incautos, ya que esto no es socialismo ni revolución sino un asalto armado a las riquezas del país, la realidad es que los medios son instrumentos de propaganda ideológica de la dictadura militar, disfrazada a ratos de democracia por mera conveniencia táctica, que bajo el tutelaje cubano implantó Chávez y continúa Maduro. Un “Show de Truman” que a través de la hegemonía comunicacional, el régimen proyecta una “verdad oficial”, fabricando una realidad ficticia, dando continuación al reality show aderezado con arrogancia, agresividad y cinismo, que Chávez animó durante los años de su mandato. 

Una revolución mediática que construyó un “País Potemkin”

Ante el desastre nacional, se promueve un diálogo o mejor dicho, un desesperado llamado a negociar una salida para detener la espiral de odio, violencia y destructividad que viven los venezolanos, pero este no llegará a feliz término si no se establecen unas reglas de juego inquebrantables que partan de una premisa fundamental: respetar y aplicar la Constitución ante las demandas de la mayoría de los ciudadanos. Pero después de haberla violado sistemáticamente durante 17 años, parece una misión azarosa sentarse a dialogar con los victimarios. En este entorno enrarecido, existe la percepción de que utilizarán el señuelo del diálogo para legitimarse internacionalmente, ganar tiempo para controlar los desacuerdos entre facciones, desactivar el pronunciamiento de la OEA y retrasar la activación del referéndum revocatorio para mantenerse en el poder.

Lo que realmente interesa solucionar son las causas del desastre nacional y plantear el urgente cambio de rumbo de manera de poder reconstruir el país en democracia, pero eso es justamente lo que el gobierno eludirá valiéndose de simulacros. Como el síndrome Potemkin invade todas las esferas de la vida nacional, en las últimas semanas se ha creado un escenario para convencer a los opositores optimistas de que “los militares van a permitir la transición a la democracia”

De este predicamento se hacen eco figuras del régimen y de la oposición, analistas, periodistas y espontáneos de Internet. Se trata de otro decorado que nos tratan de vender como real. En la jerga legal norteamericana, la expresión ‘Potemkin village’, también es utilizada por juristas cuando un argumento legal se construye sobre bases dudosas o falsas premisas: “Algo que a primera vista parece muy bien acabado y deja a todos impresionados, sin embargo le falta la substancia principal”

Los militares de izquierda, ahora con el General Padrino a la cabeza, inspirados en un nasserismo de vieja data en Venezuela, han tomado el control total del gobierno y de la estructura estatal. Esto es lo más peligroso que ha podido ocurrir, ya que de darse la transición bajo sus condiciones, pretenderán continuar manejando el Estado paralelo que han creado, incluyendo la administración de los recursos energéticos y todos los negociados que realiza el país

Hasta Almagro se ha roto las vestiduras declarando que Maduro ya no gobierna y quienes mandan son los militares; sin embargo, no ha habido un pronunciamiento firme de la Asamblea Nacional, ni de los portavoces de la oposición ante tamaña aberración del Ejecutivo, otorgándole superpoderes al ministro de la Defensa y al estamento militar para gobernar Venezuela.

 ¿Una facción de opositores Potemkin? Es muy probable que Padrino y unos cuantos negociantes sagaces y voraces sean los verdaderos interlocutores detrás de la pretendida mesa de diálogo, buscando arrimar las sardinas para sus respectivas brasas.

Con relación al optimismo que se ha desatado con los militares como agentes de la transición, el escritor francés Georges Bernanos dijo en una oportunidad, “Los optimistas son unos imbéciles felices, los pesimistas son unos imbéciles infelices”

A propósito de esta frase, comparto el comentario que hiciera Alain Finkielkraut: “Yo estoy sin duda más cercano a los segundos, aunque trato de no ser un imbécil”