Envíopostaporteñ@ 1652

Se hace camino al andar?

Hace pocos días desde una emisora de radio me preguntaron por mis diferencias con Zabalza. Mi respuesta fue que históricamente entre Zabalza y yo hubo más coincidencias que discrepancias y que éstas se iniciaron cuando él, todavía en Punta Carretas y cuando estábamos dando los ajustes finales a la segunda fuga, conspiraba, con el Ñato y el Bebe, para mandar al MLN al despeñadero. Contaba con la complicidad de un comparsa de lujo, el Ulpiano, luego más conocido como el Pepe Mujica, nefasto personaje ungido líder carismático de fama mundial.

Actualmente, y siempre que Zabalza no haya vuelto a cambiar de idea, coincido con él en que la historia tupamara es un cuento de hadas. Pero hasta ahí nomás, porque Zabalza sigue culpando al Ñato de la derrota pero oculta el papel que le cupo a él, a sus cómplices en las columnas del interior y fundamentalmente a su idolatrado Raúl Sendic, convertido en líder político ocultando que sus desvaríos del Tatú y el Segundo Frente fueron idea suya, que coincidió en que había que elevar el nivel de los enfrentamientos para “tirarle a todo lo verde, hasta a las cotorras”, según nos recordara hace un tiempo Marcelo Estefanell, antes de pasar a formar parte de la cofradía de la voz de su amo.

Pues sí, Pelusa. El mito tupamaro es una leyenda, una creación que se acuñó durante años, y fue mantenida y aumentada por algunas plumas distinguidas y otras no tanto, pero todas sumaban para revertir la realidad, y a unos los convirtió en héroes y a otros nos convirtió en traidores, en el mismo acto.

Y la mayoría aplaudió. Unos de buena fe, pero fueron los menos. Desde que Nepo admitiera su responsabilidad a principios de junio de 1972, la entrega de la cárcel del pueblo sirvió para condenarme, casualmente por los mismos que me habían negado lo evidente: habíamos desatado una tormenta mientras nosotros estábamos en pelotas. Y así, convertido en chivo expiatorio todos, los creadores del mito y quienes aplaudieron, creyeron alcanzar la gloria.

No importaron los medios. Ni antes ni después de 1985. Lo importante era sobrevivir para ir aprovechando las oportunidades que se presentaran, jugando a la política de las dos patas, alentando a compañeros a realizar “expropiaciones” para mantener el horizonte insurreccional, sin reparar en el cómo ni dónde, permitiendo el tráfico de drogas y otras jugarretas sin importancia cuyos beneficios se repartían al fifty -fifty.

Y otra vez quedaron compañeros en el camino, de los que nadie habla porque “esas son cosas de las que mejor no hablar” según nuestro filósofo patrio.

El mito tupamaro se ha mantenido sobre las muertes de muchos, tragedias personales que hubo que enaltecer precisamente para mantener el mito, para que esos casos taparan no solo los errores, sino las componendas durante las treguas y la gestación del golpe bueno.

Tu mea culpa es tardío pero positivo. Otros lo han hecho, más o menos en público y otros en privado. Es un inicio que espero sirva de ejemplo. Muchos secretos se guardan celosamente y algunos dicen que se los llevarán a la tumba, al tiempo que pregonan su lucha por la verdad, mientras siguen mintiendo para sus justificar sus cabriolas.

Algún día, seguramente no muy lejano, podremos ver cómo el mito de los rehenes también se tambalea. Coincido plenamente en reivindicar el papel de las mujeres en el MLN. Creo que tengo derecho a decir que lo hice siempre, porque quienes conocen la historia real saben que es así, pese a que la historia oficial me reserve nada más que el papel del traidor por antonomasia.

Mi colaboración con las FF.AA. –que no traición- no significó ni la entrega de compañeros ni tuvo como consecuencia la caída de local alguno. Evitó que se mataran entre ellos allanando varias veces el mismo local e impidió que uno de los militares que participó en la primera tregua de buena fe, fuera secuestrado mediante una trampa en la que participaba el Ñato.

Esa colaboración no solo buscaba salvar mi vida, sino también la de Alicia Rey, que se había entregado para permitir la fuga de compañeros que en vez de reconocerlo como un acto de sublime heroísmo lo convirtieron en un ejemplo de cobardía.

Pero es así como se escribió la historia. Yo he venido a desmontarla y en eso estoy y en eso sigo.

Amodio

PD: dentro de tantas vicisitudes, el relato de Moyano acerca de la formación de las milicias muspianas fueron motivo de sonrisas. He dicho sonrisas, nada más. Valoro el aporte y espero que quienes todavía esperan futuras insurgencias lo incluyan en sus manuales. Lo que echo en falta es la rectificación acerca del MUSP, Feldman y el MLN.