23.MAY24 | PostaPorteña 2408

La Mentira de la Revolución Leninista (1)

Por G.C.I.

 

Esta es la mentira más grande del siglo XX

Un siglo de mentiras

 

Nada de lo que se reproduce como «noticias» es verdad. Resulta una banalidad de base repetir que todo está manipulado. La realidad se confecciona en base a mentiras. Ayer se redirigían revueltas para liquidar la revolución social. Hoy se confeccionan y modelan revueltas para que los estallidos sean dirigidos desde su nacimiento. La burguesía busca impedir así que las revueltas proletarias, que la catástrofe del sistema produce, se generalicen y afirmen nuevamente su contenido revolucionario.

Pero todo ese entretejido de construcciones mediáticas e ideológicas se cimentan en verdaderos pilares fundamentales de la falsificación generalizada. 

Si dichos pilares existen desde la existencia misma de las sociedades de clase, si la explotación y dominación de unos hombres por parte de otros solo puede existir en base a sólidas construcciones ideológicas, si la sumisión requiere creer en las bondades y la necesidad histórica de su propia explotación (progreso, democracia, trabajo), en el siglo xx se conformó otro gigantesco pilar ideológico de la dominación del proletariado mundial: el de la «Revolución rusa que cambió el mundo», el de los «países socialistas».

Dicho mito, consolida una nueva y sólida base ideológica del capital mundial. Del mismo emergen infinitos mensajes tentaculares, apenas perceptibles, como también emergen de los otros pilares más viejos: la democracia, la religión, el trabajo como sinónimo de bienestar. Todo el sistema social de mitos y creencias está dirigido a reproducir, para siempre, la sociedad burguesa.

La contrarrevolución real se vende como «el socialismo real». El modelo leninista de «socialismo» con persistencia de la mercancía y en general del trabajo asalariado, mucho autoritarismo estatal y represión, fue el modelo idealizado de la izquierda burguesa. Para el proletariado todo fue igual, o peor, en nombre de un mundo futuro que sería todavía «más socialista» y hasta «comunista».

¡«Ese» es el cambio! ¡Esa es la «revolución» a la que los explotados y dominados del mundo pueden aspirar! Si el socialismo ha sido realizado y «es lo que es», ¿para qué ir más lejos o intentar otro cambio?

Peor: para que «el socialismo» marche bien, se requiere más esfuerzo. ¡Más de lo mismo!: más trabajo, más progreso y, sobre todo, que sea más democrático.

Ese siglo de mentiras, basadas en la absurda ideología de que la «Revolución rusa» ha cambiado el mundo, se cierra con un broche ideológico «encantador» para la dominación capitalista mundial, un verdadero calabozo en donde no entra ya ni un rayito de sol: «Lo que más le faltó al socialismo fue la democracia», que recitan los escribas del sistema y repiten las masas sumisas.

El calabozo está profundamente enterrado bajo la mitología de ese «cambio» y... de su progreso. Salvo las expresiones aisladas de los grupos de militantes revolucionarios, ya no llega hasta las actuales generaciones de proletarios ni un resplandor de aquella gran revuelta internacional del proletariado mundial por la revolución social, que se expandió por el mundo en las primeras dos décadas del siglo xx. Es por eso que estamos en el mejor de los mundos posibles... para la explotación, la opresión y la catástrofe de la humanidad.

Pero ¿cómo fue posible que esa mentira se consolidara?

Sin duda porque el desarrollo del capital mundial necesitaba esa mentira. El capital había mostrado toda su barbarie provocando miseria, guerra y horror por todas partes. La humanidad proletaria no podía ni quería más capital ni Estado. La lucha contra todo el sistema social se generalizaba por doquier. El cambio revolucionario era realmente una necesidad social, la mentira solo podía consolidarse sobre la base de esa necesidad y gracias a un conjunto de ideologías, de propaganda y religión, que lograrían hacer pasar el viejo programa socialdemócrata como el «verdadero socialismo», es decir, el socialismo burgués típico del desarrollo del capital como sinónimo del «cambio deseado».

Justamente este es el gran mérito del Partido Bolchevique, el de aparecer en el mundo como un milagro, como el mesías al fin llegado a la tierra, para llevar el mundo al «socialismo» ideológico, sin cuestionar en absoluto las relaciones sociales de explotación preexistentes. Ese dualismo entre ideología y práctica social, entre cambio ideológico y continuidad real, había sido siempre el credo socialdemócrata. Los maestros Kautsky, Lenin..., siempre habían recitado tal oración / teorización como guía y fundamento del «programa». Queda claro entonces, que el argumento mismo de negación de los intereses por los que luchaba el proletariado estaba inscrito, genéticamente, en la constitución misma de la socialdemocracia. El proletariado «es economicista», por lo que son los intelectuales burgueses los que introducen la conciencia de lo que para ellos es el «socialismo»: justamente un «socialismo» que nunca cuestionó la sociedad mercantil, ni el asalariado y que tampoco tiene que tener en cuenta «los intereses economicistas» del proletariado. También por eso está en los genes de la socialdemocracia el hambrear al proletariado sin el menor escrúpulo, en nombre del «socialismo», de la conciencia introducida por Lenin y compañía.

Pero volvamos, por un momento, al instante mismo en que la revolución social expresa toda su potencia, en diferentes partes del planeta. Primero en México, luego en Europa y Asia, hasta que se concentra en Europa central y oriental y, particularmente, en Rusia y los territorios aledaños. Cuando la revolución social logra liquidar al zarismo y sigue avanzando, el mundo entero se ilumina: por todas partes se siente que vamos hacia una nueva era sin explotados ni explotadores, sin oprimidos ni opresores. La revolución mundial liquida la guerra imperialista y por todas partes surge la necesidad de constituir una verdadera internacional revolucionaria para liquidar para siempre el capitalismo y el Estado. En toda la gran Rusia, así como en Alemania, Hungría..., la revolución libra batallas decisivas y los proletarios del mundo sienten que, al fin, liquidaremos la sociedad burguesa y la dictadura de la ganancia capitalista. El mundo entero cree que lo que emerge de la «Revolución de Octubre», el poder bolchevique y sus primeros actos, forman parte de ese proceso revolucionario internacional.

Automáticamente se asocia a quienes se apoderan del poder con el poder mismo de la revolución social. El ejemplo de los sóviets como nuevo poder revolucionario, surgido del proletariado contra el Estado, aterroriza a la burguesía mundial, al mismo tiempo que da impulso y perspectiva clara a la lucha de los proletarios en ruptura con todas las estructuras de la burguesía para encuadrarlos. ¡Al fin tenemos organismos propios a nuestra propia lucha! En muchas partes del mundo se crearán consejos obreros y sóviets creyendo que la forma en sí de la organización proletaria garantiza la revolución.

La prensa proletaria de todo el mundo festeja, alborozada, la destrucción de la propiedad privada y la explotación en Rusia, la expansión revolucionaria al mundo entero. Lenin y los bolcheviques son el modelo mismo de revolucionarios que enfrentan a la socialdemocracia con las armas en la mano y luchan por una verdadera internacional revolucionaria que liquidará el Estado burgués y dirigirá, en lugar del capital, la humanidad liberada.

Los proletarios del mundo entero apoyan la acción directa contrapuesta al reformismo socialdemócrata, el derrotismo revolucionario contra la guerra y la paz capitalistas. Contra cada una de las reformas, el proletariado internacional afirma su necesidad de abolir la sociedad mercantil y la explotación del hombre por el hombre. Contra la «vieja organización socialdemócrata del movimiento obrero» parlamentarista, sindicalista, politicista, frentista..., el proletariado revolucionario vive y afirma la acción revolucionaria, la constitución de organismos territoriales propios frente al sindicalismo, la organización misma del proletariado en clase y por ello en partido frente a toda la política burguesa reformista, «de masas», de alianzas.

En Argentina, los revolucionarios de la «FORA comunista» contra los sindicalistas y parlamentaristas de la «FORA sindicalista» les gritan «si te agarra Lenin»; viviendo ya el momento en que la revolución proletaria le pasa por arriba a toda esa mierda sindicalista y reformista y, directamente, liquida toda la propiedad privada y el trabajo asalariado. Los comunistas alemanes del KAPD afirman las consignas revolucionarias contra el parlamentarismo, el sindicalismo, el frentismo y el reformismo, sintiéndose en la misma línea de los bolcheviques, aboliendo ya el trabajo asalariado y la mercancía.

En Alemania, que todo el mundo reconoce entonces como parte de la revolución ascendente, y en donde las rupturas con el socialdemocratismo y la contrarrevolución se viven como las más avanzadas: las organizaciones proletarias rompen violentamente con el reformismo, el parlamentarismo, el sindicalismo... La teoría de esa ruptura es afirmada por centenares de miles de proletarios en lucha; la socialdemocracia queda pegada del lado del Estado burgués defendiendo su parlamentarismo, su sindicalismo, su frentismo. El proletariado parece seguir afirmándose como clase, como fuerza rompiendo para siempre con los mecanismos socialdemócratas. Sectores y militantes del internacionalismo comunista, convencidos de que los bolcheviques están del mismo lado, enviarán varias delegaciones para coordinar y centralizar la revolución social internacional. Para ellos era evidente que los bolcheviques habían comenzado las tareas de la revolución proletaria, tal como ellos las habían concebido siempre: «Aniquilar la totalidad del aparato de Estado burgués, con su ejército capitalista dirigido por oficiales burgueses y feudales, con su policía, sus carceleros y sus jueces, con sus curas y sus burócratas, he ahí la primera tarea de la revolución proletaria» (del programa del KAPD, Partido Comunista Obrero de Alemania).

De esas delegaciones llegarán a Occidente las primeras versiones de que la cosa no es así, que todo eso es falso, que no se liquidó nada, que los bolcheviques se apoderaron de la dirección del Estado, para seguir desarrollando el capitalismo, que dejaron todo el aparato represivo intacto, que siguen los mismos milicos encerrando en las mismas cárceles, dirigidas ahora por los bolcheviques. Pero, por sobre todas las cosas, los revolucionarios denuncian que se reprime al proletariado y sus organizaciones, que se busca la máxima explotación posible, que los bolcheviques desarrollan el capitalismo, el taylorismo junto con el capital extranjero que les sirve de modelo... «En Rusia no existe la dictadura del proletariado, se trata de una dictadura sobre el proletariado.» También se van filtrando informaciones sobre los acuerdos de los bolcheviques con los diferentes Estados y potencias imperialistas y sobre los coqueteos del leninismo con toda la socialdemocracia mundial (incluidos los laboristas británicos a quienes se recibe suntuosamente en Rusia) /1 Y como broche de oro, Lenin comienza a preparar La enfermedad infantil..., que será una defensa abierta del funcionamiento histórico de la socialdemocracia (parlamentarismo, sindicalismo, frentismo...) contra toda la ruptura que el proletariado mundial había ido produciendo en la calle, en la lucha, en la teoría revolucionaria.

Pero de más está decir que si la verdad no afloraba al mundo es por la potencia de la vieja religiosidad y por la gigantesca propaganda internacional. La vieja religiosidad zarista sería adaptada por los bolcheviques como si fuese su antítesis, solo así se puede hablar de un mundo «nuevo», cuando se repite lo mismo. Todo lo que se parece demasiado al zarismo, como el hecho de endiosar a los jefes de Estado, será presentado como antitético, los «padrecitos» del pueblo serán ahora antizaristas y «socialistas». Pero la estructura del poder del capital y el Estado, el autoritarismo y el verticalismo histórico es el mismo: el culto a la personalidad asegura que el soberano es uno solo.

El miedo de la burguesía mundial frente a la revolución real regocija al proletariado y contribuirá al mito de que el leninismo es justamente esa «revolución», como si fuera no solo lo opuesto al zarismo, sino al capitalismo. Esa idealización del leninismo como antítesis encajará a la perfección en el sistema ideológico mundial que tenderá a presentar como antitético lo que es exactamente lo mismo.

La enorme y gigantesca propaganda internacional de la supuesta «construcción del comunismo en Rusia» siguió imponiéndose de forma totalmente disociada de la realidad que se vivía en Rusia mismo. Mientras tanto, en Rusia: solo había más hambre, más miseria, más capitalismo y, sobre todo, mucha más represión y terrorismo de Estado, que en toda la historia del despótico zarismo. Entonces, ¿de qué Revolución rusa nos hablan?

¿De qué Revolución rusa se habla?

De una novelita rosa, construida ideológicamente y que cuenta más o menos esto: en Rusia había un régimen social y político horriblemente tiránico... El proletariado se levantó y gracias al acceso al poder de los bolcheviques, que «cambiaron para siempre las relaciones sociales eliminando la explotación del hombre por el hombre, el país se hizo socialista».

Lo más increíble es la disociación entre la real evolución social y la ideología fantástica, religiosa, milagrosa... de que se habría instalado el «socialismo», o al menos un «Estado obrero», que habría realizado reformas a favor de los proletarios. Quienes creen en el «mito milagroso» de los bolcheviques cambiando al mundo no tienen pelos en la lengua para afirmar el carácter «milagroso», «sobrenatural»... de esa ideología. No se discute sobre la realidad social, sino que todo se basa en la información que se transmite desde arriba del poder del Estado para abajo: la verdad revelada no se discute. Como caricaturizará Orwell en 1984, el Ministerio de la Verdad se encarga de cambiar la realidad en función de los intereses de la opresión y la esclavitud.

Como lo hemos afirmado en todas nuestras publicaciones anteriores /2, los bolcheviques nunca iniciaron ninguna transformación social digna de ese nombre, sino que mantuvieron intacta la estructura del capital en su integralidad. Toda la política social y económica de los bolcheviques se concentró en el desarrollo de las tareas democrático-burguesas, que siempre habían proclamado como indispensables  En ese sentido trataron de organizar toda la estructura económica en función de atraer capitales internacionales y la realización de grandes trabajos, extendiendo la explotación asalariada (y neo-esclavista) a todos los rincones en los cuales el zarismo no había cambiado gran cosa en décadas.

Ni siquiera las reformas económico-sociales que los bolcheviques fueron implementando favorecieron en nada al proletariado, al contrario, lo perjudicaron. Desde el principio, se sometió al proletariado a condiciones infernales de subsistencia que favorecían indiscutiblemente la tasa de explotación social y, por supuesto, la tasa de ganancia del capitalismo en la URSS. A su vez, los bolcheviques ofrecieron al capital mundial que se reproducía en ese espacio geográfico las mejores condiciones posibles de reproducción y de ganancia. Es decir, a través de las concesiones internacionales al capital imperialista de diferentes países, que en continuidad con el zarismo aplicaron los bolcheviques desde el primer día que controlaron el poder, el desarrollo del capitalismo fue ejemplar y atractivo para el capital mundial /3 Los bolcheviques ofrecieron una fuerza de trabajo lo más barata posible en base al asalariado, combinado con formas semiesclavistas de producción inmediata gracias al trabajo forzado, al terror de Estado y los campos de concentración Fueron esas terroristas relaciones de explotación capitalista, a ritmo forzado y brutal, lo que permite explicar luego las altas tasas de crecimiento económico del capital. Fue eso lo que, a su vez, hizo posible el asentamiento del mito religioso del «milagro socialista» basado, precisamente, en el crecimiento acelerado de la época estalinista.

Es decir, la mitología sobre la «revolución que habría cambiado Rusia y el mundo» no se basa en absoluto en hechos reales, que hubieran cambiado la sociedad o, al menos, favorecido de forma reformista al proletariado. Bien por el contrario, la mitología se basa en una necesidad social totalmente frustrada y compensada por la necesidad del capital mundial de encontrar los mesías que el proletariado esperaba. Es decir, para asumir el papel histórico de la socialdemocracia como partido de la burguesía para los proletarios. Como en todas las épocas históricas, la dominación de clase requiere renovarse, «cambiar algo para que todo quede como está». Los bolcheviques, presentados ante el mundo como «socialistas radicales», cuando no habían sido más que socialistas demócratas, que socialistas burgueses, cumplirán esa misión, no solo dándole continuidad al Estado capitalista, sino a todo el sistema de sumisión religiosa que había hecho posible la sumisión al zarismo.

El «socialismo» como mentira sobre la sociedad misma no hace referencia nunca a las relaciones sociales de producción: se inventa que todo eso de la abolición de la mercancía, del trabajo asalariado y el Estado solo empieza en otra fase que llaman «comunismo». Pero en los hechos se da como por sentado que el «socialismo» es mercantil y ni se hace referencia a la realidad social que se vive. El «socialismo» que corresponde a la mitología, el «socialismo» leninista, solo se mide en toneladas de acero producidas, en grandes trabajos, en el «fantástico desarrollo de las fuerzas productivas “socialistas”». Para el poder lo importante era mostrar que eran más efectivos productivamente que los (otros) países capitalistas. ¡Aunque también eso era mentira, como se constatará más tarde! Tampoco importa, durante más de sesenta años solo hablaban de las realizaciones técnicas y las glorias del trabajo productivo, pero nunca de la revolución social. Es lógico que no pudieran hablar, porque la llamada «revolución» no era más que una caricatura política (tiranía). La verdadera revolución social nunca tuvo lugar y sus ensayos balbuceantes fueron ahogados en sangre por los bolcheviques /4

Por supuesto, que para ello, el capital mundial debió confeccionar y financiar el mayor aparato de propaganda de la historia. Ese «socialismo», tipo campo de concentración generalizado, fue un gran negocio para la burguesía mundial. El extraordinario resultado de dicha propaganda, que simultáneamente a la presentación del paraíso terrestre que estaba en construcción escondía la terrible realidad de miseria, explotación y opresión, fue posible porque dicha propaganda encontró receptividad en la religiosidad misma del proletariado y por la adaptación generalizada de todas las religiones anteriores a la religión del «socialismo bolchevique». Cuanto más se sometía al hambre y la miseria al proletariado, más los símbolos religiosos se hacían omnipresentes.

Uno de los primeros observadores internacionales que visita Rusia en la primera hora /5, luego de constatar la terrible miseria y opresión del proletariado, en ese país, en 1920, impresionado por el culto a la personalidad y la religiosidad de los primeros años del bolchevismo escribirá:

Excusamos repetir que, en todas las dependencias oficiales y edificios del Estado, que eran numerosísimos, los bustos de Carlos Marx se prodigaban con una copiosidad fetichista. No se entraba en dependencia u oficina, ni se pasaba por delante de un edificio del Estado, sin que el busto del fundador del materialismo histórico no hiciera los silenciosos honores del recibimiento. No obstante, puede decirse que no eran nada los bustos tan profusamente distribuidos si los comparamos con la cantidad de retratos del mismo Marx, Lenin, Trotsky y Zinoviev que se veían por todos los sitios. La colocación era en grupos de tres, advirtiendo que dos de ellos, el de Marx y el de Lenin, casi nunca faltaban y, en todo caso, si faltaba uno de los dos, era el de Marx. Para el de Lenin no hallamos ni una sola excepción. Los que variaban con frecuencia eran los de Trotsky y Zinoviev. Según la influencia que gozara cada uno de ellos en la organización o dependencia aludida, figuraba el retrato del predilecto. De banderas rojas no hablemos. Las había a millares. En el interior y en el exterior, en todos los rincones, no se veía otra cosa que banderas rojas. Mientras las paredes estaban revestidas de tela roja los rusos paseaban por las calles semidesnudos

Todas las tiranías, todos los despotismos de todas las clases dominantes de la humanidad, se caracterizan por lo mismo: como no les interesa dar pan, dan circo y mucho opio religioso. La imagen y el culto de la imagen superior consolidan ideológicamente la pirámide autoritaria y clasista. Desde los faraones egipcios, a Gengis Khan, desde las monarquías europeas a los aztecas..., la pirámide autoritaria tiene un solo soberano en su vértice. La religión marxista leninista, como toda nueva religión, requiere presentarse como la antítesis de todo lo anterior, pero en realidad es un resumen de todas las religiones y opios históricos. Pan no dan, pero sí dan símbolos, estatuas, retratos, homenajes, banderas, actos fantásticos, desfiles militares, himnos, congresos... La hoz y el martillo, como herederos del sacrificio holocaustico judío y de la cruz cristiana (¡no debiéramos olvidar que contiene a un tipo torturado y sacrificado en la cruz!), que adornarían desde entonces todos los centros del poder leninista, siempre serán acompañados con retratos de diferentes personajes (Lenin, Stalin, Trotsky, Zinoviev... y luego una larga serie de imitadores: Mao Tse Tung, Ho Chi Min, Kim il Sung, Enver Hoxha, Fidel Castro, Pol Pot...) que representan el poder absoluto del sacrificio pedido por el capital para la conquista del mundo «socialista» de los cielos.

La observación del anarcosindicalista Pestaña contiene en realidad una profundidad y una substancia que ni él mismo podía hacer más explícito ni entender en su cabalidad. Si por todas partes las paredes estaban revestidas de telas rojas, de hoces y martillos y de fotografías de Lenin, Trotsky, Zinoviev, Marx..., mientras no había tela para vestir a los proletarios, era precisamente porque lo único de «socialista» que podían ofrecer al proletariado era precisamente simbólico. No podían, ni querían, ofrecer nada real, material, palpable; solo se proyectaban imágenes, copias, retratos, espectáculo… El proyecto social bolchevique era más miseria y más hambre en el mundo real de hoy. Y, simultáneamente, mucha proyección ideológica simbólica sobre el reino de los cielos socialista a venir.

¡Cuanto más antitético era el socialismo, como mundo perfecto, con la realidad vivida, más el leninismo aparecía como antitético al zarismo en lo ideológico! Los retratos, los símbolos como la hoz y el martillo, las banderitas rojas grandes, chicas y monumentales, los desfiles militares, eran lo único «material» que podía religar (religión) a los sacrificados proletarios de «hoy» con el paraíso futuro. También aquí, como en general en todo el terrorismo de Estado, Stalin no ofreció nada realmente nuevo con respecto a la religión marxista leninista, con respecto a los personajes anteriores: Lenin, Zinoviev, Trotsky...

El sitio oficialista y estalinista,que citamos abajo,deja clarísimo que fueron los mismos bolcheviques, desde el principio,los que proclamaron que Lenin era el nuevo “zardelpueblo”  y que su origen es divino .https://moscudelarevolucion.blogspot.be/search?q=kaplan:

La rápida recuperación de Lenin fue considerada un milagro por la prensa bolchevique. (...) Bujarin, editor de Pravda, llegó a decir que Lenin se había negado a recibir ayuda después del tiroteo y, “con los pulmones traspasados, todavía derramando sangre”, había regresado al trabajo inmediatamente para asegurarse de que la“locomotora” de la revolución no se detenía.Zinoviev, en un panfleto especial destinado a la distribución masiva, presentó a Lenin como el hijo de un campesino que había “hecholarevolución”:“ Es e lelegido entre millones. Es dirigente por la gracia de Dios. Un dirigente así nace una vez cada quinientos años en el transcurso de la humanidad”.(...)Fue el inicio del culto a Lenin; un culto planificado por los bolcheviques,aparentemente contra la voluntadde Lenin, para promocionar a su dirigente como“zar de lpueblo”.

Según algunos, presentaba reminiscencias del antiguo culto aldivinozar.Se retrotraía a lapráctica medieval de canonizar a los príncipes que eran asesinados mientras servían a Rusia.Pero el culto a Lenin fue nuevo, pues se nutrió de mitos folclóricos de los dirigentes populares contrarios al zar, tales como Stenka Razino, Emelian Pugachov, bendecidos con poderes mágicos y semejantes a los de Cristo. (...) “Lenin no puede estar muerto declaró uno de sus hagiógrafos el 1 de septiembre, porque Lenin es la sublevación de los oprimidos. En la medida en que viva el proletariado,Lenin vive.”

1/ Ver al respecto: El mito bolchevique (diario 1920-1922), de Alexander Berkman

2/ Especialmente en el libro La contrarrevolución rusa y el desarrollo del capitalismo, Libros Anarres, Buenos Aires, así como en nuestra revista central en Rusia: contrarrevolución y desarrollo del capitalismo, Comunismo, n.os 15 y 16(febrero de 1984).Rusia: contrarrevolución y desarrollo del capitalismo (II), Comunismo, n.o 17(octubre de 1984).Rusia: contrarrevolución y desarrollo del capitalismo (III), Comunismo, n.o, 18 (febrero de 1985). Leninismo y Contrarrevolución I, Comunismo, n.o 55 (noviembre de 2006). Leninismo y Contrarrevolución II, Comunismo, n.o 26 (junio de 2007)

3/ Incluso los períodos de mayor hambre y privaciones impuestas por los bolcheviques al proletariado son a su vez producidos por los intereses comerciales y los acuerdos internacionales hechos por los bolcheviques, que conscientemente o no favorecen la tasa de ganancia del capital. Brest-Litovsk es el primer gran ejemplo de ello, porque ese acuerdo imperialista, que se hace por intereses nacionales e imperiales y contra los proletarios, entrega al imperialismo fuentes importantísimas de abastecimiento alimenticio, lo que a su vez provoca hambre, miseria, privaciones

4/ Incluso las tentativas proletarias que estaban en pleno desarrollo en el proceso insurreccional de 1917, de apropiarse de los medios de producción, de organizar la producción, de destruir la mercancía y el dinero..., fueron brutalmente reprimidas por el terrorismo de Estado leninista. En 1921, el Estado destruye los últimos focos de resistencia proletaria: Petrogrado, Kronstadt, Makhnochina... y termina de quebrar la histórica lucha del proletariado agrícola por la «tierra y libertad».

5/ Se trata del anarcosindicalista español Ángel Pestaña. Nosotros no tenemos ninguna simpatía por dicho personaje, que jugará el típico papel sindicalista y socialdemócrata en España que, en última instancia, junto con Montseny, Abad de Santillán y otros líderes, contribuyera a la contrarrevolución en aquel país. Ello no implica que su librito, 70 días en Rusia, lo que yo vi, no tenga un excelente valor testimonial, sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de los otros testimonios extranjeros que visitaron Rusia guardando posiciones críticas fueron exterminados por los leninistas y trotskistas.

LENINISMO Y CONTRARREVOLUCIÓN (III) marzo 2018

COMUNISMO

Grupo Comunista Internacionalista  

https://icg-gci.kilombo.top/spip.php?article10

continuará


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