Soy argentino, vivo en Uruguay hace 30 años y acá aprendí en dictadura, a ser un bicho político que vive y se nutre de las dos realidades.
Ayer miraba asombrado la movilización en Argentina y fui pasando por todos los canales intentando comprender, qué estaba sucediendo realmente.
Lo único que me quedó claro, es que era un rejunte de gente con muy poca formación política, con necesidades diferentes, pero sin saber identificar la responsabilidad de cada uno frente a los hechos. Por ejemplo atribuirle el “oportuno” corte de luz en los barrios claves, y la “extraña” acumulación de basura en capital, a la gestión de Cristina.
Tampoco tenían un líder político referente; lo que sí vi muy claro, es que había una suerte de creencia religiosa en la actitud irracional y enfervorizada de esa masa, que defendiendo la santa libertad de los grupos mediáticos, los transforma, manipulados por esos mismos grupos, en un fetiche que hay que proteger y que los protege del “chivo expiatorio”, Cristina.
Voy a hacer un poco de historia. Hoy de mañana leía en la revista uruguaya “Caras y Caretas”, una nota del excelente sociólogo Rafael Bayce acerca de la decadencia política de Mujica.; en la cual recurría a Herbert Spencer que a fines del siglo XIX escribía sobre el fetichismo político, basado en el concepto antropológico de fetiche, observado en indígenas australianos que investían cualidades mágicas a un trozo de madera donde depositaban sus deseos difíciles de cumplir.
Luego Marx, analizó cómo el fetiche reemplaza la verdadera comprensión de los hechos, por una ceguera ideológica; y cómo cuando esto lo trasladamos a la masa, ésta se cree siempre inocente de las desventuras colectivas, no aceptando jamás su responsabilidad por ellas.
Finalmente habla del auto imagen de fetiche que supo construir Mujica y cómo ésta se va transformando en chivo expiatorio por la no realización de sus promesas políticas.
Gracias Bayce!!
Volvamos a la Argentina. ¿Qué pasó?
A diferencia de Mujica, Cristina sí cumplió con sus promesas, y fue mucho más allá de lo que, nuestra audacia pudiera imaginar.
No es ella la que construyó ningún fetiche. El fetiche lo fueron construyendo los grupos mediáticos (Clarín, Nación, Perfil) dependientes de otros grandes monopolios mediáticos financieros internacionales, que comprendieron rápidamente, lo peligrosa que podría ser la política independiente y popular de Cristina para sus intereses depredadores.
Tanto fue así, que día tras día, sin dar respiro, este monopolio fue usando su poder de difusión para construir la auto imagen “fetiche de impolutos defensores de la libertad ciudadana”, contra el “chivo expiatorio de los oscuros y corruptos intereses de Cristina”.
Debo agregar además, que cuando uno habla con los fetichistas, jamás son responsables de nada, y quiero detenerme en esto, porque un tema común a todos ellos es la inseguridad, de la que reitero no sienten tener la menor responsabilidad.
Yo, que también me crié en Bs. Aires en una familia burguesa, opino exactamente lo contrario. Mi familia a mis 7 años me mandaba en colectivo cuatro veces por día más cuarenta cuadras caminadas, a un importante colegio privado, junto con miles de niños como yo, sin que a nadie se le ocurriera pensar por nuestra seguridad.
Pero llegaron las dictaduras; primero Onganía destruyendo la educación y luego la bestial, que bajo la mirada cómplice de muchos de los que ayer estaban en la marcha tratando de dictadora a Cristina, no sólo mataron y desaparecieron a miles de argentinos, sino que también comenzaron la destrucción sistemática de la economía, bajo la bendición de “La Nación” y “Clarín”. Luego vino Menem a terminar el desquicio, y “la gente de ayer” lo disfrutó y lo volvió a votar mientras destrozaban el país y se patinaban la plata mal habida (robada al trabajo del pueblo) en sus orgías de consumo en Miami.
A causa de toda esta historia, quedó mucha “mano de obra sin trabajo” (militares y policías implicados). Éstos fueron los que armaron las primeras empresas de seguridad, que luego de algunos atentados perpetrados por ellos mismos, vendieron el servicio a los “ciudadanos fetichistas”, para protegerlos de los delitos que ellos generaban.
Este sistema se vio potenciado, cuando luego de la orgía menemista la pobreza extrema invadió las calles. Son en definitiva, los estimados fetichistas, los que con egoísmo e irresponsabilidad política, no sólo permitieron que esto sucediera sino que aprovecharon corruptamente sus consecuencias, provocando la inseguridad que nos daña hoy a todos.
Hubo otro lugar común que me intrigó en la marcha anterior y luego también en ésta: la frase “no tenemos miedo”.
Uno que lo ve desde la realidad de otros países, y también desde el miedo tangible y brutal que nos helaba la sangre en la dictadura, se pregunta: ¿esta gente de qué miedo habla realmente?
Jamás en la historia argentina hubo tanta libertad de expresión; jamás hubo tanta discusión y respeto por la diversidad de opiniones, costumbres y culturas.
Basta que se corran un poquito afuera del país; en Uruguay por ejemplo, se puede ir preso por injurias.
Pero además, el gobierno impone proyectos y leyes anti populares sin discusión alguna. Y si vamos más lejos, ejemplo México, nos vamos a encontrar con grupos de policías fuertemente armados, que te van a parar por cualquier motivo; y una sociedad altamente fragmentada en la que los antiguos dueños de las tierras hoy son prácticamente esclavos.
Pero también podemos si desean irnos a Europa, e intentar hacer su marcha de protesta y ahí sí conocerán el verdadero miedo.
Entonces: ¿qué decía realmente esta gente? ¿A qué “no le tienen miedo”?.
Vuelvo al fetiche. Esta frase “no tenemos miedo”, es la firma patética de la gran manipulación ejercida por los medios y grupos de poder, sobre esta masa ignorante, que simplemente termina gritando y haciéndose cargo, del miedo que sí tienen los que tradicionalmente vivieron del robo y la corrupción.
Porque éstos ven, cómo poco a poco se les van cerrando sus posibilidades de negociados.
Quiero agregar a esto, algo que vi verdaderamente positivo, y es que nunca en la otra Argentina, habría podido salir a protestar a la calle tranquilamente, en familia, esta gente que salió ayer. Y si lograran profundizar un poco en las causas, porque por supuesto no todo lo hecho por Cristina tiene por qué satisfacerlos, debería agradecer esta posibilidad democrática que por primera vez en la historia pueden ejercer.
Para finalizar la pregunta del millón es cómo desmantelar esta operación.
No va a ser nada fácil, y la situación es sin lugar a dudas peligrosa.
Lo único que pude pensar hasta ahora, es que nuestra presidenta tomando en cuenta la preocupación de los manifestantes, disponga de talleres públicos en las plazas de las ciudades, donde funcionarios del gobierno aclaren directamente, cara a cara, las dudas sobre el proyecto popular; creando así talleres de formación política participativa.
Debe haber muchas otras formas; pensémoslas. Porque el Poder corrupto no va a descansar en su trabajo de masificar la ignorancia de buena parte de nuestro pueblo; poniendo en peligro el inmenso trabajo hecho por los que sí saben actuar en democracia con amor y responsabilidad.
Riachuelo 9 de noviembre 2012
JORGE DE GIACOMI