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Aparicio Saravia -El Traicionado - Gonzalo Abella

 

PRIMERA PARTE

ESCENARIO Y PROTAGONISTAS

IV - LOS TIEMPOS DE APARICIO SARAVIA

Entre 1896 y 1904 un movimiento armado de gente humilde hizo temblar la estructura  del Estado uruguayo.

La insurgencia se inició cerca de la frontera con Brasil. Al frente de los pobres del campo iba un hombre cuya familia poseía grandes extensiones de tierra.

Su nombre era Aparicio Saravia. 

Venerado por sus seguidores con los cuales compartía las duras condiciones de campamento, a los 45 años de edad Saravia era ya un experto comandante, veterano de las  revoluciones democráticas del Sur de Brasil.

La guerra civil en Brasil, a fines del siglo XIX, había sido su bautismo de fuego. Allí había estado acompañando a su hermano brasileño Gumercindo. Las demandas sociales y democráticas de los “farrapos” (harapientos), ya una vez traicionadas  por Bentos Gonçalves, Garibaldi y la Masonería, volvían a levantarse entre los pueblos de los estados sureños de Brasil.

En esa lucha, Aparicio había visto morir a su hermano mayor, Gumercindo, que tenía ciudadanía brasileña, y él mismo se había ganado el grado de General, a pesar de ser por entonces un “castelhano” de poco más de treinta años de edad.

Ahora, nuevamente en suelo oriental, después de la derrota de la revolución brasileña,  a Aparicio le tocó actuar en el tránsito entre dos siglos.

Para ubicarnos mejor recordemos que su epopeya fue posterior a la Comuna de París (1871) y anterior a la Primera Guerra Mundial (1914). Si hablamos de Nuestra América digamos que le tocó actuar después de José Martí, y antes de Pancho Villa y Emiliano Zapata.

Era una época de grandes cambios mundiales. Se formaban los primeros monopolios financieros, antecedentes de las empresas trasnacionales de hoy.

Los países menos desarrollados recibían fuertes flujos de inversión de capital extranjero que permitía la explotación salvaje de su clase obrera, con la complicidad de sus gobiernos sometidos y dependientes. El ferrocarril se extendía en todos los continentes.

En pocas décadas los grandes barcos ya habían sustituido las velas por el motor a vapor y se experimentaba con el motor a explosión que permitía fabricar los primeros automóviles. Se podía imaginar la posibilidad de volar ya no sólo en globos, sino también en aparatos “más pesados que el aire”.   

Por el año 1900 Argentina y el Uruguay atraían una fuerte inmigración española e italiana que engrosaba el creciente proletariado urbano. Entre los inmigrantes llegaban los anarquistas y los socialistas que forjaron los primeros sindicatos de Buenos Aires y Montevideo.

A estas asociaciones, que fueron una escuela de lucha social, se incorporaron aquí poco a poco trabajadores criollos y afro uruguayos.

También se fueron sumando algunos jóvenes del interior, hijos mestizos de los desmembrados pueblos originarios, que buscaban trabajo en la capital. Pero, a pesar de estas incorporaciones, aquellos primeros sindicatos rioplatenses fueron la obra de los inmigrantes.  

Surgieron también por entonces asociaciones culturales anarquistas, vinculadas a las organizaciones sindicales. Con su existencia demostraron que el Teatro y el Canto Lírico también podían organizarse desde filas proletarias.

Fue en esa época que comenzó el movimiento armado en el campo.