“La verdad es una .No hay dos verdades.
Es duro vivir sin verdad, o con migajas de verdad.”
Vasilli Grossman en “Vida y Destino”
Recapitular las cosas, ordenarlas, señalar sus órdenes cronológicos es importante. Permite ordenar y clarificar las cuestiones de acuerdo a su orden, que en cierta manera forman también, una relativa jerarquía.
Los primeros que señalaron que habían recibido ciertas cartas del Sr. Amodio Pérez fueron ciertos periódicos y semanarios. De la denominada izquierda “progresista” La Diaria y Brecha y La República. De la derecha tradicional El País y el semanario Búsqueda. Como se ve el orden cronológico importa.
Con la “novedad” hicieron novelería y mucho misterio. Pusieron el tema en el comentario ciudadano y por la brecha abierta se entreveró la televisión, que también fomentó el misterio.
Así nos mantuvieron alertas a todos, crearon la expectativa y se demoraron en cabildeos anexos acerca de cómo identificar al supuesto corresponsal y convocaron a ciertos “expertos” porque en las nuevas redacciones los noveles periodistas, de lo que sucedió en el Uruguay reciente, saben poco. Es de reírse porque parecería que las redacciones no tienen ni hemerotecas, ni archivos. Pero, en fin.
Estábamos como dice el dicho popular “en esas pocas”, cuando pasados más de 10 días un periódico que no había sido agraciado con la corresponsalía, que pertenece al horizonte de la burguesía conservadora: el Observador, les dio el batacazo en la cabeza a todos los “consagrados” y “campeones” del periodismo nacional. Les encontró al hombre buscado, lo sometió a una batería de preguntas (la quinta, hasta con ironía), se hizo mandar una foto, que después fueron más y publicó la cosecha y las cartas.
Desde el punto periodístico fue lo que se llama en la jerga: un scoop, una exclusiva, la primicia, el sueño deseado de todo periodista, para saltar en su redacción y entre sus colegas a las candilejas momentáneas de la notoriedad, la fama y el reconocimiento.
Entre la sucesión de hechos que mediaron entre el anuncio, el silencio, el misterio y la expectativa, no hay que descartar la intervención gubernamental. Llamadas a ciertas redacciones, a ciertos contactos (son los que después viajan en el avión presidencial, o son invitados a ágapes y a recepciones) para que no le dieran al asunto importancia y la recomendación llana de que metieran “el asunto” en el congelador.
Con los diarios de la burguesía el asunto fue –presumiblemente- mucho más franco y directo:
“mirá, nosotros tenemos un acuerdo, que Uds. saben bien cuál es, y creemos que ese acuerdo básico, estructural, pesa más en el interés de Uds. que esto que es meramente coyuntural, así que espero que no saque nadie los pies de la palangana, yo gobierno con piloto automático, no hago olas y Uds. embolsan como hasta ahora, me entendés?”. –Pero, como nó Sr. Presidente, nosotros –Ud. sabe- siempre a la orden, para cumplir pactos de caballeros”.
La “perrada chica” recibió la orden de hacer olas con el “fotomontaje” de la foto, cuestionar aspectos menores y totalmente intrascendentes del asunto.
Y hasta hubo algunos sabihondos –que en Uruguay nunca faltan- que abrieron el paraguas aunque no había lluvia y salieron de Flamarión a pronosticar que “las cartas” podían hacer peligrar cocientes electorales que –de cualquier manera- se van, para abajo, en picada.
A todo este escenario se subieron -también, faltaba más!!!!- ciertos paquidermos mediáticos, de esos que les gusta estar en el candelero por el placer de su ego personal y se dedicaron con énfasis a meter cuchara “militante” en el asunto.
Solo en la prensa alternativa –y haciendo punta “La Posta” hubo una voz solitaria y redaccional que señaló: “a Amodio sí y a los otros nó?”
Así empezó el “tole-tole”, con intervenciones de lo más bizarras que llevaron a cierto corresponsal asiduo (Tiro Suizo) a hacer un señalamiento de toda justicia:
ya que pidieron prisión por suerte, no pidieron también tortura, para el Sr. Amodio Pérez.
Lo cual nos permite observar y colegir, cómo se crean artificialmente, ciertos climas y microclimas, de fanatismo ciego de esos de “izquierda radical” dónde el pensar y el razonar se tiran al tarro de la basura, para que las pasiones más bajas tomen el pescante.
Todos –derecha e izquierda- coincidieron en lo mismo:
este hombre no existe, no puede escribir, si escribe no hay que leerlo, no debe comentarse, simplemente no existe, no existió nunca.
De Galileo, del cual una parte del “medio-pelo” nacional ha visto en el teatro a través de la ficción de Bertold Brecht, no se acordaron y, como Galileo que abjuró ante los supremos poderes de la Iglesia, pero que sin embargo con un dejo de dignidad personal ultrajada, señalo tercamente “e pour si mouve” nos olvidamos.
Las aguas por el momento se han calmado –como señalaba nuestro elefante mediático- satisfecho porque en su embestida había conseguido que el diario herético le publicara su articulito de morondanga y mentiroso y, con eso, quedaba satisfecha su indignación, en paz su ego y, todo vuelve a la tranquilidad.
Que había errado feo el batacazo, se lo demostró el próximo pasado número de “La Posta”, el 974 del 8 de junio, del corriente año. http://postaportenia.blogspot.com.ar/2013/06/974cuando-la-hipocresia-es-de-baja.html
Fue una andanada desencadenada por lectores-militantes, de esos que saben de lo que hablan.
En el Uruguay –como en otras partes del mundo- la democracia, es una ficción fomentada por todos los que tienen cargos parlamentarios y ministeriales. Allí y con sueldos suculentos se dedican a “democratear” entre ellos.
El Palacio SALIVATIVO, es el ámbito central de la estafita, en conexión directa con la Torre del Ejecutivo.
Cierto intelectual de origen reformista, el Sr. Álvaro Rico, se dedicó, hace poco, en un librito que tiene el provocador título de “Como nos domina la clase gobernante” a analizar el problema. El tiempo (y su origen político) no le dio más que para señalar en el subtitulo “Orden político y obediencia social en la democracia postdictadura, Uruguay 1985-2005”, después no ha reincidido ni ampliado sus estudios para comprender “la continuación” o sea desde el 2005 al 2013 y nadie vaya a creer que eso se debe a otras preocupaciones académicas (que las tiene también, ahora como Decano de mi vieja facultad, Humanidades).
En Uruguay, investigar cuesta, como lo señaló recientemente cierto experto en el tema agua, que rema contra la corriente, sabiendo que señalar que por el agua podrida (y bebestible) hay en Uruguay una epidemia de cáncer que abarca entre el 30-35% de la población consumidora.
Los que señalen esto, e insistan, concitan la mala voluntad de las autoridades, la ojeriza de los directorios que piden las investigaciones (y silencio –ante el público- después de las mismas), ven retaceados los recursos para futuras investigaciones, se perjudican las promociones internas de la Facultad y los Departamentos y, hasta el decano de la casa de estudios le ha señalado “que le hace mucho mal a la institución”.
En Uruguay al que saca los pies de la palangana, le dan con el hacha.
Democráticamente: el hacha bien afilada y encerada en vaselina, para que cumpla su función eficazmente.
Los mitos establecidos se respetan, carajo!!!
Y el que no los respeta es un réprobo, un hereje, sin que falte la voz (desde atrás y en tono de falsete, de esos bien finitos) que agregue: …y por la Patria!!!
Así que -como dijimos hace varias semanas- al Sr. Amodio Pérez, no le va quedando más recurso que el librito, que seguramente encontrará editores y escribidores que le rehagan la prosa, lo potabilicen y lo conviertan en un “bestseller” como se dice ahora. (“Mi padre era comunista y COMPRABA TIERRAS CON GESTO DE ASCO”) dice el poema.
Nuestras verdades establecidas –primero el Sr. Presidente- siguiéndolo su Sra. esposa, a la derecha el ministro de defensa nacional, a la izquierda el Sr. ministro del interior, detrás varios parlamentarios notables y más atrás aún ciertos secretarios, todos sonrientes –para la foto- nos aseguran: vivimos del curro de todos Uds., los usamos para un pasado que fue de lucha, pero, por culpa de la derrota (léase Amodio) debimos modificar nuestras actitudes y conductas, y estamos en esto que ahora es grandioso: “un platito más de guiso para mis negritos”, mientras solidificamos “la refundación nacional” y después vamos a pasar sin sobresaltos, ni traqueteos a la “liberación nacional” meta intermedia para un posible (y aun difuso, acota Marenales) “socialismo”.
Sonrisa benevolente y canchera de todos ellos y…cierre del telón.
El “medio-pelo” y las “señoras gordas de la platea” aplaudiendo a rabiar.
Hubo un tiempo –en la cercana orilla- que unos argentinos, radicales, del viejo partido radical de Hipólito Yrigoyen agrupados en “Forja” escribieron un folletito notable: “¿Es que somos zonzos, los argentinos?”. En Uruguay no hay –lamentablemente- quien nos escriba un manifiesto colectivo que nos interrogue a todos: “¿Es que somos zonzos, los orientales?”
Parecería que sí.
La zoncera nos ha ganado a tal punto, que ahora desde la supuesta “izquierda radical” les salen valederos y hasta defensores (en nombre de otros que están muertos) a los que han inventado los mitos políticos actuales, las mentiras en los que están cimentados y hasta el silencio en el que se refugian hasta que pase la tormenta.
Algunos de los que salieron a sostener esos mismos mitos en el episodio reciente de Amodio Pérez, ahora, se apresuran a hacer la “conmemoración de la Huelga General” citando profusamente a esos mismos farsantes, que no sabían que los militares “peruanistas”, los “nacionalistas”, los comunicados 4 y el 7, las negociaciones de julio a agosto, que se cortaron repentinamente con la captura de Raúl Sendic, el 1 de Septiembre, no eran más que quimeras ideológicas, sueños vanos, especulaciones interesadas en salvar el pellejo personal, sacrificando aún más a todos los militantes que fuera necesario, en la máquina y la tortura que no paró nunca, ni en La Paloma, ni en ninguno de los otros cuarteles.
El Sr. Carlos Marx y sus análisis, el Sr. Lenin y los suyos, la historia de la Revolución Cubana, la misma epopeya del Che, no les habían enseñado nada. Pasaron sobre sus páginas sin entenderlas.
Valía más una experiencia peruana, por demás momentánea, que todo lo que sabíamos o deberíamos habernos aprendido bien firmemente.
Lo que pasó en Guatemala, lo que paso en Bolivia, también había que tirarlo por la ventana, había que creer que por el formidable poder de convencimiento del Sr. EFH, cuatro gatos locos, presos y derrotados, iban a demostrar el poderío de “sus grandes mentes” y convencer al poder militar, saltearse las jerarquías, violar el orden establecido y conmover una estructura que estaba aceitada desde la implantación de la Doctrina de la Seguridad Nacional.
Si seremos zonzos, pero no entonces, ahora!!!!
Y seguiremos aprisionados en esa cárcel mental de la zoncera, en tanto y cuanto no sepamos romper con todos esos mitos, las mitologías y los mitólogos.
Así es el “medio-pelo” oriental, los capítulos que se le escaparon a Jauretche, porque estaban del otro lado del charco.
En estos días, recientemente, cierto articulito infame publicado en la página “del Muerto” y a las breves horas retirado, intentaba entrar en la polémica. El articulito, no pasó desapercibido, dejó su huella en las autopistas cibernéticas, registrado en facebook
Era un típico alegato del “medio-pelo”, ése que en su profunda ignorancia de lo que sucedió en Uruguay, pretendía romper lanzas con la vieja cantinela de la anonimidad. No sabe –aparentemente- la dama en cuestión, que los servicios de inteligencia en Uruguay están en manos de un “progresismo” particularmente conciente de que son una minoría que necesita saber cuáles son los críticos y las “cabecitas calientes” que con su prédica pueden activar resistencias.
Ignora hasta los hechos que están ante sus ojos, lo que pasó después de la protesta generalizada en la Suprema Corte de Justicia. Ignora el brulote del ministerio del Interior acerca de las manifestaciones después de cierto partido de futbol. Desconoce hasta las personas que fueron citadas a declarar en la Jefatura de Policía, con la espada de Damocles pendiente de la acusación de “asonada”.
Así es el “medio-pelo” nuestro, sordo, ciego pero no mudo. Por eso balbucean incongruencias.
Se ciegan porque no quieren ver, son sordos porque no quieren oír, y hasta parece que no quieren razonar.
Disparan por la loma, que es justamente la mejor manera de delatarse y alentar a sus perseguidores.
Y bueno, qué se le va a hacer.