Estamos lejos del otrora recurso discursivo de nuestros políticos tradicionales de que “Mi autoridad emana de vosotros y cesa por vuestra presencia soberana”. Ayer muletilla insoslayable para evitar el Artigas real, y reducirlo a un mero demócrata burgués, que lo apartara del caudillo revolucionario que en realidad fue. Los elencos progresistas encaramados en la muletilla de la “democracia representativa” están en otra dimensión.
Hoy “la presencia soberana” debe ser pasiva y muda y la “autoridad” llena todo el espacio.
El acto público, con orador gubernamental y público ciudadano, no es parte del juego institucional y democrático. En primer lugar porque “el representante” va a hacer un monólogo que no acepta tener intercambio de opiniones con su público. Es decir la negación de la elemental democracia.
El Sr. Ministro Lorenzo (o el Sr. Bonomi, podría ser el caso) sin deseos de discutir y confrontar con sus electores les hace la concesión (¿a quién, al aparato partidario, al mecanismo institucional de base, al ciudadano?) de ofrendarle una parte de su tiempo público, para venderles un discurso pre-fabricado, monotemático, de un solo carril.
Activa en él, pasiva en los supuestos recipientes. ¿Llamamos a esto “parte” del juego democrático? -En ese caso una prueba más del trastrocamiento de los conceptos por parte de la parte “gobernante” de nuestro “progresismo”.
¿O debemos constatar que es parte de la farsa democrática general, que el “progresismo” frentista ha copiado de la democracia burguesa que practicaban los partidos tradicionales?
En ese acto una secretaria de un parlamentario (Carmen Aramburu) con la presencia de un legislador de ese mismo partido (Martin Elgue) interpeló al Sr. Lorenzo públicamente. ¿No tiene acaso un ciudadano derecho, en un acto público, a interrogar a un ministro?
Que el interrogador (y el testigo) no pertenezcan al partido del gobierno, más aún que sean miembros conspicuos de un partido opositor, no le quita al hecho su validez general.
Cualquier ciudadano debe tener derecho, en un acto público, a interrogar a un ministro, senador o parlamentario. Cualquier ciudadano tiene el derecho de romper ciertas reglas de juego establecidas por los “representantes” de que tienen derecho a hacer un monólogo sin intercambio de opiniones con el público.
“Mandar obedeciendo” evidentemente no está entre los criterios de los representantes de la democracia liberal al uso.
Su estilo es el del Sr. Presidente, que se permitió aleccionar a los 50 representantes parlamentarios frentistas, pese a todas sus atribuciones, dictarles una conferencia sobre el peligro de “perder las próximas elecciones” y cuando alguno de ellos pretendió esbozar una respuesta, darse media vuelta y retirarse unilateralmente del cónclave convocado. Estilo verticalista, copiado de los militares o de toda estructura burocrática cerrada.
Fue en ocasión del primer traspié de este gobierno, cuando quedó en evidencia para todos, que el tema “de los derechos humanos” no es aceptado por las jerarquías frentistas.
Después vino el episodio “Semproni” y la votación vergonzosa donde sabotearon la anulación de la Ley de Caducidad. Caro le costó el gesto –en popularidad- al Sr. Mujica presidente recientemente electo, a su vicepresidente el Sr. Astori, y al Sr. Tabaré Vázquez, no presente, pero mencionado (estaba en China) como “completamente de acuerdo” con la impostura en la cual otros debían poner la cara.
El se reservaba otra impostura, realizada tiempo largo después en un colegio privado, cuando contó a los alumnos en una charla que él como presidente en funciones había sondeado a la administración Bush, ante la eventualidad de un conflicto con la Argentina, para solicitarles ayuda (¿qué clase de ayuda?) por la planta de Botnia. El incidente lo obligó a renunciar su pre-candidatura y retirarse de la vida política por el momento, confiado en que sus amanuenses de las jerarquías le limpiaran el piso de las “cacas” que había dejado.
De los ciudadanos, de los electores, los “representantes” exigen que no tengan memoria, que se conviertan en entes pasivos, meramente receptores de lo que se les dice desde atrás de una mesa o desde arriba de una tribuna. Su función, es meramente decorativa en la “democracia representativa” al uso: emitir un voto, que los legalice en la función gubernamental y retirarse preferiblemente en silencio luego de ese acto al retiro de sus hogares.
No deben hacer uso de la memoria, no deben reclamar, no deben debatir, no pueden retrucar, ni contestar, ni darse por aludidos. ¡Bonita democracia representativa!!! La supuesta democracia que padecemos
Y celosos de “ese derecho” (¿establecido por quién, sancionado y aceptado dónde?) a que nadie les replique sino “entre pares” y en el Palacio Salivativo, sus figuras más representativas (¿quiénes son los anónimos?) hacen llegar su protesta a la jerarquía partidaria ejercida por la Sra. Mónica Xavier, para que esta a su vez, cancillerescamente, haga la carta “oficial” de protesta al partido opositor reclamando por el mantenimiento “de las reglas de juego” y mencionando el necesario “estilo y cortesía”.
No es casualidad entonces que en cierto suplemento de los domingos de un connotado diario oficialista (La República, edic. del domingo 6 de octubre) se señale –entre otras críticas- que todos los devaneos electorales “progresistas” se realizan en medio del silencio más condenatorio de sus pasivizadas bases.
El electorado frenteamplista comienza a avizorar cada vez más activamente, que son convidados de piedra y como a nadie le interesa estar de florero o de elemento meramente decorativo en las instancias democráticas, dejan a sus “representantes” solos
“Hablá para vos solo, escucháte vos (y el perro fiel de tu casa) y de paso prepárate también para reelegirte votándote vos y tu familia, y vamos a ver a dónde es que llegás”.
La tiranía militar ejercía el des-gobierno que los caracterizó, en medio del silencio impuesto a prepotencia pura, la “democracia representativa” que la sucedió pretende ejercer el gobierno con la pasividad total de la ciudadanía, que no debe interrumpirlos. Un imposible a ojos vistas.
Ellos -un grupúsculo- tienen la pretensión de pontificar quiénes son los “candidatos ganadores”, de proclamar “líderes naturales” inexistentes, de colocar “opositores” y “candidatos alternativos” en los frascos más asépticos posibles, y de corrernos con la vaina “de un tercer necesario triunfo electoral” para gloria y vanidad particular de todos ellos
Cualquier observador galáctico, desembarcado en la tierra, no dejaría de asombrarse de la unilateralidad morbosa que el “progresismo uruguayo” le dá a la palabra “democracia”
¿O precisaremos la prosa satírica de un moderno Jonathan Swift, de un Defoe, de un Mark TWAIN, para darnos cuenta que nuestros mandamases “progresistas” han llegado a un grado tal de alienación y ajenidad a la realidad, que debe ser tratada por algún especialista siquiátrico?
El Frente Amplio –devenido en un Fraude Amplio- sigue profundizando sus carencias manifiestas, la falta de coraje de la inmensa mayoría de todos sus líderes (que por eso deben ser pasados a retiro obligatorio y definitivo perentoriamente, cuanto más rápido, mejor).
Viven de sus propios temores, ven enemigos en todas partes, sin percatarse de un hecho simple, claro, evidente: no han sido capaces de ampliar y motivar su base social, no han sido capaces de restarle electorado a sus rivales, están cada vez más solos en el edificio del “aparatito” partidario, que pronto –quizás más rápidamente de lo esperado- deberá ser convertido en un museo de las vanidades de todos ellos.
¿Qué harán en el futuro más inmediato? ¿Colocar “patovicas” en las entradas de los Comités de Base, salones de actos, mítines de plaza pública? ¿Exigirán credenciales de pertenencia partidaria para tener el derecho de escuchar sus argumentos? ¿No pueden comprender que estos gestos los aislarán más aún?
No se nos escapa- que todas estas “preocupaciones”- que motivan tantos devaneos, tienen un destinatario que no son sus rivales políticos tradicionales: los partidos burgueses, que ahora se fusionan, para disputarles la canonjía de “la res pública”.
El verdadero indeseable, somos nosotros, los antiguos votantes, que no los seguimos más, los que los dejamos de lado e integramos las manifestaciones de masas que se oponen a sus políticas anunciadas como “programa económico” ineludible: la extranjerización de la tierra, el envenenamiento de las aguas, la mega-minería a cielo abierto, los cultivos masivos de la soja, o la mega arborización del país.
Los que protestan en defensa de la Juez Motta, los que los enfrentamos en protestas de calle --no convencionales y sin “representantes- sus intentos de imponernos sus criterios de pensamiento unidireccional y “único”. Siete de esos representantes –elegidos después de caviloso pensar- son los siete acusados de “asonada”.
Los políticos frentistas no quieren escuchar voces críticas que los interpelen, que les señalen el tema de los derechos humanos, las denominadas políticas nacionales, ni ninguno de los elementos que han definido como centrales a su rumbo político.
La verdad la tienen ellos y han llegado a ella sin informar a sus bases, sin consultarlas, más allá del mecanismo de un “acuerdo programático” que se viola después porque son solo “lineamientos generales” que cada administración interpreta como quiere y no se sienten mandatados por sus electores, porque ahora “gobiernan para todos los orientales”.
Señalar todas estas cuestiones estará cada vez más prohibido, son una especie de “déspotas ilustrados” como en las antiguas monarquías, solo que ahora, en una república, aquellos han sido sustituidos por otros “sabelotodo”: los burócratas técnicos especializados.
El curso que se pretende imponer –criminalizando a los que protesten, o sean díscolos- es absolutamente ridículo. Pero el electorado y la ciudadanía –no son la misma cosa- deben ser consientes de los riesgos y de los peligros para la democracia proclamada, de lo que está en juego.
Este 18 de octubre tendrán ocasión de comprobar –una vez más- qué masividad militante y en la calle, se opone a sus planes, los denuncia ante la opinión pública y testimonia en la calle, su desacuerdo.
Aquí no estamos más en un proceso en el cual los gobernantes, perciben los impulsos populares, sus deseos y sus preocupaciones con mirada atenta, reflexión y con actividad colectiva de sus elencos, de discutir con el pueblo y articular políticamente esas preocupaciones.
Todo lo contrario: “nosotros sabemos más, tenemos la pretensión de imponerles nuestros puntos de vista, obligarlos a Uds. a aceptarlos y si es necesario manipular hasta la información básica, para que Uds. no puedan tener elementos para decidir”. La “presencia soberana” la dejamos para los libros y los discursos de ocasión.
Se ha impuesto un divorcio, cada vez más notorio y tajante, entre estos gobernantes y nosotros los gobernados.
La democracia es otra cosa: es el gobierno del pueblo para el pueblo. Y Lincoln, para fortalecer el concepto agregaba: “y que defienda los intereses del pueblo”.
Planteadas así las cosas no queda más remedio que manifestar públicamente la protesta, de cara al pueblo, en medio de éste y ocupando las calles.
Y seguiremos así, hasta que la cantidad, dé el salto de calidad–a oposición política militante- que se levante y los desaloje de una buena vez por todas de sus sillones, los arroje al llano y los obligue –definitivamente- a irse para sus casas.
c.e.r.
Nota de referencia : El Frente teme que oposición boicoteé sus actos de campaña
El cruce de una militante del Partido Nacional con el ministro de Economía, Fernando Lorenzo, durante una charla que el jerarca brindó el miércoles a vecinos del barrio Pocitos, generó el enojo del secretario de Estado y puso en alerta al Frente Amplio.