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UNA VEZ REFORMISTA, SIEMPRE REFORMISTA

Dicen que dicen/ que era una mina/toda dulzura/la que murió/que fue el orgullo de un  mozo taita/de fondo bueno/ como era yo

¿Nos habíamos amado tanto?subtítulo Crisis y peripecias de un partido es, en muchos aspectos un libro renovador, fresco, que convida a leerlo.  Basta compararlo con los  acartonados materiales de W. Turiansky, los “reveladores” (hasta cierto punto) de J. Pérez, o las pesadas y lamentables tiradas de un E. Valenti, para que a las pocas páginas de iniciada su lectura se note un cambio de tono, una actitud interrogadora fértil, un reconocimiento modesto de diferencias y un esfuerzo de trabajo intelectual en serio (1)

Es un libro además que rompe el silencio a que nos tiene habituados la militancia comunista. En este libro más que justificaciones, hablan los militantes, rememoran, arrojan luz sobre aspectos humanos de sus propias peripecias y vivencias.

Debe por tanto ser saludado como un avance que nos aparta de la otra literatura comunista: la de los jerarcas que fueron. Tiene en cambio más de común con la nueva literatura comunista, la de los intelectuales con pasado comunista, donde también a veces se registra la nostalgia, pero donde prima el análisis con documentos o cifras y la interpretación.

Pero ambos están preocupados en lo mismo y lo señalan específicamente los autores: a los comunistas los tiene más que dolidos y molestos la proficua literatura tupamara que se encuentra en las librerías y que consume el interés del público lector

 A nosotros nos parece una preocupación menor. Sienten que les quitan su antiguo protagonismo (del que por otra parte estaban muy orgullosos, inflados, sería la expresión justa)

Ya hemos señalado en otra oportunidad, una dicotomía en las historias comunistas. Todas parecen iniciarse a partir de que Rodney Arismendi (RA en adelante) y el equipo que fue formando, tomaron las riendas del aparato partidario, orientaron o mejor dicho reorientaron la línea política y lograron éxitos electorales y crecimiento organizativo que llegan hasta el golpe de estado del 73

Antes no había historia, Eugenio Gómez no existió, la línea estalinista y sectaria no estaba, de la UGT más vale ni acordarse, los comunistas se habían puesto camisa nueva (lo decía Lenin, cuando festejaba el abandono de los tiempos de la clandestinidad forzada) y con esa camisa nueva, afrontaban el futuro.

En esa historia de repente, como el malvado del tango, aparecía en el 75 la Operación Morgan y a partir de allí todo fue barranca abajo, hasta los tiempos presentes.

El libro refleja bien ese ambiente de diálogo “entre camaradas” de cosas y preocupaciones comunes que no se expresan públicamente, sino en círculo cerrado, en torno a un asado, un mate, en ambiente íntimo por así decirlo

El partido nació al influjo que recorrió el mundo con la revolución rusa, es hijo de las 21 condiciones leninistas, pero al momento de su surgimiento como entidad política regía ya en la URSS, Stalin y el equipo que junto a él tomó el control del Estado y del aparato partidario

En 1924 esa autoridad política, en la URSS, tomo la decisión de afirmar que era posible construir totalmente el socialismo en “un solo país”. Era una barbaridad en toda la línea. Aquel certificado de nacimiento de la burocracia soviética expresaba la arrogancia conservadora y pequeñoburguesa de las altas jerarquías gubernamentales y del aparato del partido dispuestos a disfrutar de las mieles del poder. Señalaba también que la clase obrera soviética de ahora en más, no tendrían influencia en la conducción del estado soviético

Como la afirmación iba en contra de todo lo establecido por los marxistas de la Primera y Segunda Internacional, el asunto tuvo su revuelo. Después vendrían cosas peores. Los sucesivos virajes de la Tercera Internacional, el predominio de enviados soviéticos en la misma, la disolución de la misma (1943) cuando convino a los intereses del estado soviético y un sinfín de cosas más

Los cambios, “virajes”, de la línea internacional fueron ejecutados fielmente por todos los partidos comunistas. El uruguayo no fue una excepción. Pero además de esto, la metamorfosis con los métodos de conducción “soviéticos” que ya no eran más tales, sino en el nombre, se profundizaron. El “informe” del Secretario General, los comentarios al mismo de “la base” (generalmente laudatorios) y después del “resumen” la elaboración de las directivas que se desprendían del mismo.

No se toleraban ni visiones críticas, ni siquiera ángulos distintos, peculiares de análisis, ni siquiera sobre América Latina. Lo que pasó con el peruano Mariátegui es revelador porque se realizó entre dos capitales: Buenos Aires y Montevideo como lo señaló el argentino Jorge Abelardo Ramos en un recordatorio a aquel marxista-comunista publicado por la editorial de la revista “Crisis”

Cuando en el movimiento sindical, el partido comunista uruguayo quiso abrirse camino, no vaciló en aplicar la línea sectaria de crear sindicatos paralelos, de empresa, minoritarios, asociarse con los sindicatos establecidos en caso de conflicto y, llegada la huelga, abandonarla para crear problemas y fomentar la división. Que en el movimiento sindical, los comunistas “fueron unitarios de siempre” es una patraña, que no aguanta análisis histórico serio alguno. Cuando recientemente en esta página recomendábamos a Gabriel Molina (Sec. de Propaganda actual del PIT-CNT) no mentir, teníamos en mente estos discursos “unitarios” mentirosos que se remontan a la época de la UGT (2)

El asunto se agudizó con la segunda gran guerra y los análisis caprichosos de la misma. Al principio “guerra interimperialista”, luego del ataque de 1941, se pasó incluso, en Uruguay, a meter carneros para cargar la carne que se despachaba por el puerto, los comunistas en el papel de esquiroles, que en Uruguay llamamos vulgarmente “rompehuelgas”

Finalmente aquella línea de enfrentamiento con los explotados y asalariados cuando conviniera a los intereses internacionales de la URSS y las otras prácticas sectarias llevaron al partido a aislarse cada vez de amplias capas de la población particularmente de las capas obreras que le interesaban (3)

Consignemos para dar un broche final, acerca del clima interno que cuando se le da el “golpe” a Eugenio Gómez, éste catalogó a RA y al equipo que lo realizó de “camarilla trotskista”. Después sus seguidores, pasaron a escribir en las paredes con tiza: Eugenio Gómez, vuelve. Por suerte no volvió nunca

Pero todo el equipo que le dio el golpe, desde RA a muchos que después fueron dirigentes sindicales o del partido, fueron formados en esa escuela “dura” de los métodos estalinistas, y aunque aflojó la cosa con el tiempo porque el nuevo dirigente tenía una sensibilidad diferente, las grandes líneas de fundación se mantuvieron.

Se manifestaron cuando la polémica chino-soviética. Conflicto en el cual los materiales que provenían de China y recibía todavía el partido comunista uruguayo, pasaron a ser guillotinados inmisericordiosamente en cierta imprenta montevideana a efecto de que esos materiales no llegaran a las bases y, los militantes que llegaron a ser influidos por aquellos puntos de vista, fueron purgados sin mayor ceremonia. En el partido comunista uruguayo, como en el de Thorez (Francia) “la solidaridad internacional se reducía a la solidaridad con la Unión Soviética”

El libro que comentamos tiene como objeto la crisis final del PCU, la que se inaugura bajo la dirección de Jaime Pérez (1989-1992), pero contiene referencias a ese pasado, la nota sobre “el informe  Khrushchev ” (20 congreso del PCUS) por ejemplo no tiene desperdicio, fue publicada por el diario “Acción” que lo recibió a su vez de la Embajada Soviética, pero los militantes que pidieron una aclaración se les respondió que “los delegados extranjeros invitados” al XX Congreso, lo ignoraron porque esa parte del Congreso “se realizó a puertas cerradas”. Mentirle a las bases, desde la dirección, era ya un hecho cotidiano, presente, una completa burocratización del aparato político.

Con todo el esfuerzo que hacen los autores del libro, hay en él olvidos e ignorancias que deben mencionarse. La primera y más notable es la ausencia de cualquier referencia a los comunistas críticos europeos: ni Rudolf Bahro con su libro formidable “La alternativa”, ni el comunista Fernando Claudin “La crisis del movimiento comunista internacional” aparecen mencionados. Parecería que los críticos comunistas dentro de filas del movimiento no existieron nunca.

La otra carencia es más notable aún. En los años que se produce el golpe de estado uruguayo y que miles son arrojados a diferentes exilios europeos, florece en Europa una corriente comunista que abarco a los principales partidos de Occidente: Francia, Italia, Inglaterra, los países escandinavos y también Portugal y España que llegan tardíamente al movimiento oprimidos y dificultados por los regímenes que prohibían a esos partidos y obligaban  la lucha y la agitación a la clandestinidad. Nos referimos al eurocomunismo.

Es innegable que además de las experiencias prolongadas en los países del “socialismo real” decenas de cuadros del PCU, vivieron en esos países, y la dirección que viajaba también conocía sus opiniones que se debatían ampliamente en las sociedades donde esos partidos tenían una influencia de masas indudable, una prensa libre y múltiples teóricos conocidos. Berlinguer, Marchais, Carrillo, no eran –todavía- los cadáveres políticos que fueron después.

Es imposible negar el “contagio intelectual”, la toma de posiciones públicas en defensa de los “disidentes”, la agitación, la movilización y la propaganda en torno a esos temas, además de las polémicas oficiales con los órganos periodísticos soviéticos en la época de Brezhnev. Inclusive algo más, la tesis de la “democracia avanzada” que los autores atribuyen a RA, tomó muchos elementos prestados de esas concepciones. Es quizás por ese motivo que la cuestión no es comentada en el libro.

Hay una correlación entre “la coexistencia pacífica”, el viraje oportunista de Palmiro Togliatti de levantar a Gramsci y reflotarlo ante los primeros pininos de la disidencia comunista europea después de 1968 (invasión de Checoslovaquia), y lo que luego será el eurocomunismo. Negarlo es muy difícil, apenas se aplique un orden cronológico elemental.

Así que la “crisis” no apareció con M. Gorbachov y su perestroika y la glasnost. Estaba instalada desde hacía tiempo prolongado. Nació de aquella declaración de 1924, se arrastró a lo largo del tiempo y, finalmente maduró hasta provocar la muerte definitiva de lo que comenzó como “la primera revolución victoriosa de la clase obrera”. Y algo más, que es importante, se deterioró a tal grado que si era posible el comunismo “nacional” ruso, porque no serían posibles los comunismos “nacionales” también, de los partidos hermanos. Y en el libro que comentamos hay muchas referencias –quizás demasiadas- a esa tendencia. Lo dicen claramente varios de los entrevistados.

Ambas slogans: “democracia avanzada” y la visión “nacional” de una práctica comunista sin el internacionalismo inicial, es la consecuencia del “eurocomunismo” de los 70 en el PCU. Que las reformas necesarias se habían hecho en el 53 es otra patraña, esta vez de los “ortodoxos” que derrocaron a los “reformadores” conducidos por J. Pérez.

Todos estos escarceos, con apariencia de crisis, continúan con la línea inaugurada de evitar a cualquier precio una confrontación con la burguesía dependiente nacional y su garante final el imperialismo. Participan de la creencia de que en esa confrontación el proletariado y sus aliados serian derrotados. Esto es la esencia del reformismo. Con la Segunda Internacional o con la Tercera.

Leer en el libro la referencia a ciertos “servilismos” (RA) o las extensas declaraciones negando el “marxismo-leninismo” y animando a la militancia a realizarlo por parte de Enrique Rodríguez, convoca más a risa que a otra cosa. En estos dirigentes creyeron a rajatablas miles de militantes. Eran endiosados (fetichizados sería la expresión marxista que corresponde).

El antiguo monaguillo Enrique Rodríguez (como lo deschavó en el Parlamento, W. Ferreira Aldunate) y después “zapatero” era un oportunista de siete suelas, mentía cuando tenía que hacerlo y no se le movía un pelo. Durante la Huelga General del 73 con el argumento de sus audiciones de radio suspendidas, hacia antesala en el despacho de Bolentini, para negociar (cuestión que después se realizó efectivamente, como lo acaba de recordar desde México, un hijo Alberto Altesor). Nos tocó en cierta oportunidad de exilio, oírlo exponer y argumentar sobre “la rendija democrática” (y conviene detenerse en la expresión “rendija democrática” que entonces era una concesión a las críticas fundadas que le llovían). Recuerdo que le expresamos que las “rendijas” son orificios apropiados para instalar en ellos una guillotina para eliminar incautos.

Del “eurocomunismo” que los autores evitan nombrar, sabemos todos bien el resultado final: terminaron con la influencia de masas de los partidos comunistas más poderosos de Occidente reducidos hoy a un conjunto despreciable de agrupamientos reformistas de distinto rumbo.

Del mismo Frente Amplio, después del triunfo del 2004 y a través de dos administraciones estamos viendo los frutos del descontento de las bases militantes frenteamplistas.

Es predecible que correrán el mismo destino que los eurocomunistas. Del PCU uruguayo, cada vez más reducido electoralmente podemos decir lo mismo.

Y es que una vez que se levantan las políticas reformistas, los acuerdos con la burguesía, las claudicaciones ante el imperialismo y las multinacionales que los representan, vamos camino al desastre, a la desilusión y a la frustración.

Todo ese proceso comenzó con el “parlamentarismo”, la “coexistencia pacífica” y la “posible” vía democrática impulsada por Rodney Arismendi y su equipo. Velada al principio, manejada con mucho olfato político, con contradicciones aparentes, pero perfectamente calculadas, hizo su camino de crecimiento y reclutamiento de miles de voluntades. Luego la “tiranía militar” instaurada, la “vuelta” a la democracia (de 5.000 afiliados registrados a 50.000 según algunas cifras) el número y las circunstancias de la autoimplosión en Europa del Este y la Unión Soviética hicieron el resto.

notas

(1)  ¿Nos habíamos amado tanto?Crisis y perspectivas de un partido. 567 págs. Autores: Federico Martínez, Juan Pedro Ciganda, Fernando Olivares. Editorial La bicicleta. Dos ediciones la primera noviembre de 2012, la segunda agosto de 2013.

(2)  El año pasado, 2013, Gabriel Molina para conjurar crisis al seno de la actual Convención (la lucha de los gremios de la Educación y los empleados públicos) señaló “que en las buenas y en las malas los comunistas siempre habían sido unitarios”. Posteriormente al pedido de informes sobre las “viviendas obreras” (Richard Reed, de la Bebida) que puso en relieve errores sin cuento y corrupción, dentro del sindicato del metal. Ante el ataque, M. Abdala intentó articular “que esto es un ataque contra la clase obrera”. Todos viejos trucos del pasado estalinista, burocrático, antes que afrontar un debate sin arrogancias, que al final sin embargo se impuso. Esto de “estirar la cuerda, hasta el límite del rompimiento, pero evitándolo, al final” es pura táctica sindical estalinista

(3)  El Congreso del Pueblo precursor de la Convención Nacional de Trabajadores, que nunca fue una “central única” como se ha encargado de recordarlo Richard Reed en polémica reciente, no fue tampoco un “viaje unitario” feliz y sin dificultades. En múltiples oportunidades los sindicatos más combativos debieron enfrentarse a las políticas reformistas orientadas por la “mayoría”. La última instancia pública de esa Convención se dio en la Huelga General. De la misma se salió con dos balances: el balance “mayoritario” y el balance que hicieron los gremios combativos que firmaron “las tres F” (Salud, Bebida y Funsa). Cuando en 1983 se alumbre el PIT (Plenario Intersindical de los Trabajadores) estas diferencias de políticas y criterios estaban más que claras. Es por eso que la “nueva” Convención, se llama PIT-CNT. Conviene dejar las cosas siempre claras, no olvidarse de nada, y abandonar el sectarismo y la arrogancia que no es característica de la clase trabajadora uruguaya