No se trata de pelearnos entre nosotros en la búsqueda de una salida honrosa a este sistema político perverso. Unos apuntan a nuevos partidos, otros a plebiscitos, otros a movilizaciones sociales, otros al voto anulado, por ahora todos sin mayores resultados, porque el poder político aliado a los capitales no resulta fácil vencerlo
No estamos en contra de ninguna de las opciones, antes mencionadas: por el contrario las aplaudimos mientras sea la gente quien tome la iniciativa o por lo menos sea acompañada por nuestra gente; pero entendemos que hay otros caminos, que por ahora no se vislumbran, o por lo menos no se entienden, no fáciles de encarar.
Se trata de convencernos a nosotros mismos, quienes disponemos de un medio para expresarnos. Desechando las armas, violencia no aconsejada, optar por un proceso, lento, espinoso y lleno de dificultades, pero que habrá que emprender de una vez por todas. No se trata de un grupito de iluminados que arree a la gente, sino que nuestra gente sea la artífice de todo movimiento.
Más que formular teorías, no siempre conducentes al logro de un objetivo, que sea de común interés para la comunidad, integrar a la comunidad en el proceso, dejando las “chacritas” que tenemos cada uno en nuestras mentes, válidas todas, si se quiere, pero no siempre integradas a nuestra gente.
Todos sabemos que pasa con los plebiscitos. Los políticos son los primeros que los promueven y luego se ríen de sus resultados. Sólo tienen un poco de miedo a las movilizaciones sociales, que tratan de anularlas y es debido a la pérdida de votos posibles en las elecciones.
Hacia donde voy. Apuntalemos siempre toda movilización social y toda iniciativa cuyo origen sea popular que tienda a cambiar este sistema y nunca partidaria, pero mostremos que hay otro camino posible y que sólo será posible con la gente, porque el partido de los descontentos son mayorías
Nadie se de por aludido y menos aún ofendido, porque todos estamos en el mismo barco de búsqueda de una salida común de bienestar para nuestra gente; pero tratemos de no empantanarnos en nuestras ideas, en nuestras discusiones “vicentinas”, que no nos permite ver el monte porque nos paramos detrás de un árbol.
La revolución se hace por dos vías: o por las armas, que no somos partidarios, o por la convicción, proceso que lleva su tiempo, porque las revoluciones no son un asunto de discusiones o enfrentamientos inútiles, sino un quehacer diario y permanente.
Me permito compartir una experiencia que se realizó en las Ligas agrarias, con jóvenes y adultos campesinos que nos deja una enseñanza como procesar los caminos con la gente. Mientras se trabajaba con los jóvenes para cambiar el sistema agrario, no se desatendía a los adultos, donde existía una tradición de una cultura agraria, que parecía no tener vuelta de hoja. El tiempo les dio razón. Sin los padres y toda la familia no había proceso posible de cambio. Los resultados están ahí. Miles de cooperativas funcionando y centenares de radios al servicio del agro en el norte argentino y parte del sur paraguayo. Experiencia que nos ha enseñado que en la gente está el germen del cambio y que es posible si somos capaces de respetarla y acompañarla.
De ahí que el colectivo de Punto a Punto, humilde revista barrial, sostenida ya durante 18 años, por quienes comparten sus ideas, entiende que, si queremos cambiar este sistema político perverso entregado a los capitales sólo es posible convocando a un plebiscito para cambiar esta nuestra Constitución, donde el principal actor político se la propia gente, y los partidos políticos sean servidores de la política, de modo que los políticos hagan de la política un servicio a la comunidad y no un negocio como es en la actualidad
Amigos de POSTA, sepan disculpar la franqueza, pero entiendo que es el único camino que nos queda, proceso duro, espinoso, de largo alcance, pero siempre con la gente.
Sembremos hoy si queremos recoger los frutos mañana