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Sobre Salario, Desempleo e Inflación (5)

SALARIO “dado”

Rolando Astarita [Blog]

Las partes anteriores de esta nota pueden verse aquí, aquí, aquí y aquí.

La idea de que existe una amplia escala de variación del valor de la fuerza de trabajo entre los límites máximo y mínimo, parece estar en contradicción con la idea, adelantada por los fisiócratas y también expresada por Marx, de que el salario debe tomarse como dado: “la base de la economía política moderna, que se ocupa del análisis de la producción capitalista, es la concepción del valor de la fuerza de trabajo como algo fijo, como una magnitud dada, como en verdad ocurre en cada caso en particular” (Marx, 1975, t. 1, p. 39). Pero no es una contradicción, sino dos instancias distintas de análisis. El salario es variable a lo largo del tiempo, pero en cada coyuntura -determinada por la productividad, la relación entre las clases, la situación del mercado y otros factores- existe un valor de la fuerza de trabajo que debe considerarse dado. Por eso la plusvalía es el “resto”, el trabajo por encima del trabajo necesario para reproducir el valor del salario. Lo cual no significa que ese tiempo de trabajo necesario sea inmutable a lo largo del tiempo. Esto explica que en la misma página de Teorías… de la que extraemos la cita anterior, Marx critique a los fisiócratas porque consideraban que el salario debía estar siempre en el mínimo de supervivencia. El salario mínimo, o indispensable para la mantención y reproducción de la fuerza de trabajo varía con las etapas del desarrollo histórico; no debe considerárselo el resultado de una determinación natural.

Regulación endógena del techo salarial

Así como existen niveles mínimos de salarios, también existe algún nivel máximo asociado con las leyes de la acumulación capitalista: si las mejoras salariales pasan ciertos umbrales y se afecta seriamente la ganancia, se activan mecanismos de la acumulación capitalista que disminuyen el poder del trabajo y baja el salario. O bien los capitales disminuyen la acumulación; o la suba de salarios hace rentable la introducción de tecnologías ahorradoras de trabajo. Por cualquiera de estas vías aumenta la presión sobre los asalariados. En la actualidad hay que destacar  el rol de la huelga de inversiones, o el traslado de los capitales a los países y regiones que ofrecen las condiciones más favorables para la explotación.

Esta tesis que dice que el aumento salarial tiene límites, da un marco teórico a la idea de que hay una escala amplia de niveles salariales por encima del mínimo fisiológico de subsistencia. Por eso podemos decir que el mensaje del marxismo tiene dos contenidos centrales: por un lado, dice que los trabajadores pueden arrancar mejoras, o en todo caso, poner límites a los intentos del capital de llevar a los salarios a niveles mínimos, o apropiarse enteramente de los frutos de los aumentos de productividad. Pero en segundo lugar afirma que en tanto persista el sistema capitalista, los trabajadores estarán obligados a reemprender de manera constante las luchas salariales; y que la desocupación, en tanto es un arma del capital para la contención salarial, no puede ser eliminada. De ahí también la recomendación de Marx –véase  Salario, precio y ganancia- de que nunca debe olvidarse de que un trabajador bien alimentado sigue siendo un explotado bien alimentado, y que el objetivo es la liberación del ser humano de toda forma de explotación.

El rol del ejército industrial de reserva

A partir de lo anterior se entiende el rol que cumple el ejército industrial de reserva (EIR), esto es, la masa de desempleados que presiona por trabajo (que debe distinguirse de aquellos que han caído en el pauperismo, o indigencia, y ni siquiera tienen esperanza de conseguir empleo). En este respecto destacamos algunos de los aspectos esenciales de la teoría marxista sobre la desocupación.

En primer lugar, el EIR es sistémico en el modo de producción capitalista. Si bien durante períodos la masa de desocupados puede caer a niveles muy bajos, las crisis económicas, los avances de la mecanización y la internacionalización del capital -que aumenta los reservorios de mano de obra barata- constantemente vuelven a llenar las filas del EIR.

En segundo término, el EIR juega un rol de primer orden en la regulación de los salarios a lo largo del ciclo capitalista, ya que afecta la oferta de trabajadores. Aunque no debería considerarse que es el factor determinante del nivel salarial. El determinante último es la propiedad capitalista de los medios de producción, frente a la masa de no propietarios. Esta relación de dominio y coerción es la que determina que el trabajador esté obligado a vender su fuerza de trabajo por un valor que, necesariamente, es menor que el valor que genera. Por este motivo, la fuerza de trabajo se define teóricamente antes del análisis del ejército industrial de reserva. En otros términos, estamos ante dos niveles de determinación. El primero, más básico, consiste en que el obrero debe entregar plustrabajo porque es no propietario de los medios de producción. El segundo nivel se refiere al papel del EIR; este influye en las fluctuaciones de la oferta de la fuerza de trabajo y por lo tanto en las variaciones de la tasa de plusvalía asociadas al ciclo económico: “… los movimientos generales del salario están regulados exclusivamente por la expansión y contracción del ejército industrial de reserva, las cuales se rigen, a su vez, por la alternación de períodos que se opera en el ciclo industrial” (Marx, 1999, p. 793, t. 1). El EIR no determina la existencia de la plusvalía;  por eso no tiene sentido preguntarse, como hacen algunos, por el nivel de desempleo necesario para que exista explotación.

En tercer lugar, debe recordarse que el EIR provee una reserva de mano de obra lista para ser contratada durante los períodos de rápida expansión. De esta manera el capitalismo se independiza de la ley de la población, dando lugar a una ley de población trabajadora específica. En cuarto término, disciplina a la fuerza de trabajo al interior del taller o la oficina. El EIR se convierte así en un instrumento de coerción y sometimiento: “La ley, finalmente, que mantiene un equilibrio constante entre la superpoblación relativa o ejército industrial de reserva y el volumen e intensidad de la acumulación, encadena al obrero al capital con grillos más firmes que las cuñas con que Hefesto aseguró a Prometeo en la roca” (Marx, ídem, p. 805).

Teoría marxista y curva Phillips

Podemos volver ahora a la curva Phillips y a la NAIRU. Ambas no pueden dejar de registrar el hecho de que la desocupación ayuda a disciplinar y controlar las demandas salariales del trabajo. Es la idea contenida en la afirmación de Blanchard y Summers que hemos citado en la primera parte de la nota: “el miedo a perder el empleo por parte de los trabajadores… restringe las demandas salariales”. Sin embargo, la cuestión es presentada en la literatura mainstream sobre la curva Phillips (o la NAIRU) de manera    superficial, sin preguntarse siquiera por las relaciones subyacentes y las nociones básicas. En particular, hay que destacar que la curva Phillips, y contra  lo que muchas veces se piensa, no explica cómo se determinan los salarios.

Como explica Paul Bourguès, el enfoque que está detrás de esa curva solo dice que el salario se determina por el juego de la oferta y la demanda, como sucede con cualquier otra mercancía en el mundo neoclásico. Pero no dice palabra acerca de qué determina el salario cuando la oferta y la demanda se igualan; como sucede con todas las teorías que pretenden explicar un precio por la oferta y la demanda, detrás de la curva Phillips no hay verdaderamente teoría. Falta alguna ley interna que explique el fundamento último del salario. Por eso también la curva Phillips “ampliada con expectativas” tampoco explica por qué, en el largo plazo, debería existir un nivel salarial “natural”, no acelerador de la inflación. Desde el punto de vista del marxismo, en cambio, la relación entre el EIR y las demandas salariales se inserta en una teoría integral de la naturaleza del salario (expresión del valor de la fuerza de trabajo) y su relación con las leyes más generales de la acumulación capitalista.

Necesidad de una crítica radical

Según la OIT, en 2013 la tasa de desempleo mundial eral del 6%; esto significa 202 millones de desocupados (de los cuales casi 75 millones son jóvenes). Tengamos presente que estas estadísticas minusvaloran el nivel real del desempleo; por caso, si alguien que realiza trabajos parciales, o de pocas horas, se lo considera empleado, aunque quisiera conseguir trabajo a tiempo completo. Además, las mediciones no toman en cuenta a los que ya no buscan trabajo porque renunciaron a la esperanza de conseguirlo. Desde la crisis de 2008, unas 23 millones de personas desistieron de seguir buscando empleo en el mundo (ILO 2014)

En la economía mainstream la desocupación está naturalizada; considera que un cierto nivel de desempleo es “lógico” y hasta “natural”, ya que permite un mejor funcionamiento del sistema. La posición de los poskeynesianos es más contradictoria. Davidson, por caso, critica la idea de que el desempleo sea necesario para el sistema capitalista: “Los poskeynesianos critican esta visión de que es necesario perpetuar una subclase de desempleados para mantener las demandas de los que están empleados a niveles no inflacionarios. La persistencia de trabajadores desocupados no es “natural” ni necesaria” (p. 87). Sin embargo, -lo hemos visto en la segunda parte de la nota- los poskeynesianos asimismo admiten que los capitalistas necesitan un cierto nivel de desocupación para mantener la disciplina del trabajo y contener los aumentos de salarios; por eso, en última instancia, admiten la existencia de una NAIRU (¿heterodoxamente “progresista”?). Es el problema sin resolución que subyace a los planteos de Robinson, Kalecki y otros keynesianos de izquierda cuando proponen el objetivo del pleno empleo, pero reconocen que un cierto nivel de desempleo es necesario al capitalismo.

De ahí que la crítica del marxismo vaya a la raíz del asunto: en última instancia, es la propiedad privada del capital la que subyace a la persistencia y generalidad del fenómeno de la desocupación. En tanto no se cuestione la relación misma del capital, la desocupación es inevitable. Todas las diferencias entre las perspectivas reformistas burguesas y el marxismo pueden verse sintetizadas en este punto.

Textos citados:
Bourguès, P. (1981): Los salarios, ¿son responsables de la inflación?, México, Era.
Davidson, P. 1991): Controversies in Post Keynesian Economics, Aldershot, Inglaterra y Vermont, EEUU.
ILO (2014): “Global Employment Trends 2014: The risk of a jobless recovery”, http://www.ilo.org/global/research/global-reports/global-employment-trends/2014/lang--en/index.htm.
Marx, K. (1975): Teorías de la plusvalía, Buenos Aires, Cartago.
Marx, K. (1999): El Capital, México, Siglo XXI