[En el Nro. 19 de Alfaguara publicamos en 1997, a los 30 años de la muerte del Che, un artículo de Ben Bella que tomamos de Le Monde Diplomatique. Algunos hechos citados el mismo por un protagonista directo me parecen relevantes en la discusión sobre Cuba, en tanto da cuenta de hechos concretos sobre la política exterior cubana en los primeros años de la revolución. Me puse a transcribir un fragmento (porque no tengo la versión digital, solo en papel). Pero me parece que recortarlo sería una falta de respeto. De modo que lo transcribo entero. La nota introductoria es de la redacción de LMD, las notas agregadas "La crisis de los misiles" y "El derrocamiento de Ben Bella" son de Alfaguara. Por la extensión del artículo va en dos partes]
El 9 de octubre de 1967, en una pequeña sala de la escuela de La Higuera (Bolivia), Ernesto Che Guevara, que había sido hecho prisionero en la víspera, fue asesinado. Aquel que Jean Paul Sartre llamara "el ser humano más completo de nuestra época", acababa así su vida que lo había llevado, con la esperanza generosa de aliviar los sufrimientos de los pobres, de la Argentina a Guatemala, de Cuba al Congo y finalmente a Bolivia. El presidente Ahmed Ben Bella se encontró con él frecuentemente entre 1962 y 1965 en Argelia, que era entonces tierra de asilo para todos los antiimperialistas del mundo. Ben Bella fue el Jefe Histórico del Frente de Liberación Nacional (FLN) argelino y Primer Presidente de Argelia Independiente (1962); Presidente del Movimiento por la Democracia en Argelia (MDA)
Desde hace treinta años Che Guevara interpela a nuestras conciencias. Más allá del tiempo y del espacio, escuchamos el llamado del Che que nos conmina a responder; sí, solo la revolución puede hacer del hombre una lumbrera. Hemos visto irradiar esa inteligencia a su cuerpo desnudo, tendido en algún lugar del fondo de Ñancahuazú, sobre esas fotos aparecidas en los periódicos de los cuatro rincones del mundo mientras el mensaje de su última mirada continúa alcanzándonos hasta lo más recóndito de toda el alma.
El Che era un valiente, pero un valiente consciente, con el cuerpo debilitado por el asma. Yo lo acompañé a veces por las alturas del Chréa, encima de la ciudad de Brida. Cuando lo atacaba la crisis le daba a su rostro un tinte verdusco. Quien haya leído su Diario de Bolivia sabe que con su salud deteriorada él hizo frente a las terribles pruebas físicas y morales que se han cruzado en su camino.
Es imposible hablar del Che sin hablar de Cuba y de las relaciones particulares, que tanto nos unen a su historia. Su vida, sus vínculos con ese país que fue su segunda patria antes de que él se volviera hacia donde lo llamaba la revolución
Conocí a Ernesto Che Guevara en vísperas de la crisis internacional de otoño de 1962, la crisis de los cohetes y el bloqueo de Cuba decretado por los Estados Unidos. Argelia acababa de lograr su independencia, de constituir su primer gobierno, y como jefe de nuestro gobierno yo debía asistir en ese mes de setiembre de 1962 a la reunión de las Naciones Unidas en Nueva York para levantar simbólicamente la bandera argelina en la sede de la ONU, ceremonia que consagraba la victoria de nuestra lucha de liberación nacional y la entrada de Argelia en el concierto de las naciones libres
El buró político del FLN había decidido que se viaje a las Naciones Unidas fuera seguido de una visita a Cuba. Más que la visita se trataba de un acto de fe que marcara nuestros compromisos políticos. Argelia deseaba subrayar públicamente su total solidaridad con la revolución cubana, particularmente en esos momentos difíciles de su historia
Invitado el 15 de octubre de 1962 por la mañana a la Casa Blanca, mantuve francas y vivas discusiones con John Fitzgerald Kennedy con respecto a Cuba. A la pregunta directa que le hice:'¿Va usted hacia una confrontación con Cuba?', me respondió sin dejar ninguna duda sobre sus intenciones reales: 'No, si no hay cohetes soviéticos; sí, en caso contrario'. Con insistencia Kennedy trató de disuadirme de ir a Cuba por vuelo directo a partir de Nueva York, llegando incluso a hasta evocar la eventualidad de un ataque de la oposición cubana instalada en Miami al avión de las fuerzas aéreas cubanas que me iba a transportar. A esa amenaza apenas velada le respondí que yo era un fellaga (guerrillero) y que las amenazas de los harkis (soldados), fueran argelinos o cubanos, no me intimidaba
Nuestra llegada a Cuba el 16 de octubre se desarrolló en una fiesta popular indescriptible. El programa preveía discusiones políticas en la sede del partido en La Habana, pero desde la llegada de nuestra delegación las cosas se desarrollaron de modo muy diferente. Apenas dejamos las valijas en el lugar donde íbamos a residir, nos pusimos a discutir a brazo partido con Fidel, Che Guevara, Raúl Castro y otros dirigentes que nos acompañaban
Hablamos horas y horas. Desde luego que informé a los dirigentes cubanos la impresión que me había dejado mi entrevista con el presidente Kennedy. Al fin de nuestros debates apasionados en torno a mesas que nosotros mismos habíamos armado, nos dimos cuenta de que prácticamente habíamos agotado el programa de los temas que teníamos que estudiar y de que nuestra reunión en la sede del partido ya no tenía más objeto. De común acuerdo decidimos entonces pasar directamente al programa de visitas que debíamos hacer a través del país
Esta anécdota da idea de las relaciones totalmente desprovistas de protocolo entre la revolución cubana y la argelina y de los vínculos personales que me han unido a Fidel Castro y a Che Guevara. Esta solidaridad se confirmaría se confirmaría de manera espectacular en ocasión del primer alerta grave que amenazó a la revolución argelina con el asunto de Tindouf en octubre de 1963. Nuestro joven ejército, recién salido de la lucha de liberación, que no poseía todavía cobertura a´rea puesto que no teníamos un solo avión, ni fuerzas mecanizadas, fue atacado por las fuerzas armadas marroquíes sobre el terreno que le era más desfavorable, sin poder utilizar los únicos métodos que conocía y que había probado en nuestra lucha de liberación, la guerra de guerrilla
El desierto y sus vastas extensiones desnudas estaban lejos de las montañas de Aurés, del Djurjura, de la península de Collo o de Tiemcen que habían sido su medio natural del que conocía todos los secretos. Nuestros enemigos habían decidido que tenían que romper el empuje de la revolución argelina antes de que llegara a ser demasiado fuerte y arrastrara todo a su paso
El presidente egipcio Nasser nos envió muy rápidamente la cobertura aérea que nos hacía falta y Fidel Castro, Che Guevara, Raúl Castro y los dirigentes cubanos nos enviaron un batallón de 22 tanques y varios centenares de soldados (bajo las órdenes del comandante Efigenio Ameigeiras, un veterano de Gramma, compañero de primera hora de Fidel Castro y del Che y antiguo jefe de la policía revolucionaria cubana) encaminados hacia Bedeu, al sur de Sidi Bel Abbès, donde yo los visité, que estaban listos para entrar en la lucha si hubiese proseguido la guerra en las arenas
Esos tanques poseían un dispositivo infrarrojo que les permitía actuar de noche. Habían sido entregados a Cuba por los soviéticos con la condición expresa de no ser puestos en ningún caso en manos de otros países, incluyendo a estados comunistas como Bulgaria. A pesar de esas restricciones de Moscú los cubanos no vacilaron en enviar tales tanques en auxilio de la revolución argelina en peligro
Detrás de los acontecimientos de Tindout era evidente que estaba la mano de los Estados Unidos. Nosotros sabíamos que los helicópteros que transportaban a las tropas marroquíes estaban piloteados por americanos. Esas mismas razones d solidaridad internacional fueron las que más tarde condujeron a los dirigentes cubanos intervenir más allá del Atlántico en Angola y en otros lugares
Las circunstancias que determinaron la llegada de ese batallón blindado merecen ser informadas pues ilustran más que cualquier otro comentario el carácter de nuestras relaciones privilegiadas con Cuba
En octubre de 1962, en ocasión de mi visita a Cuba, Fidel Castro había hecho honor a la promesa que su país había formulado de suministrarnos una equivalente a 20 millones de francos franceses. Teniendo en cuenta la situación económica de Cuba se nos iba a enviar no en divisas sino en azúcar. Pese a mi rechazo, por considerar que en ese momento Cuba tenía más necesidad de azúcar que nosotros, él mantuvo esa ayuda. Aproximadamente un año después de esta discusión un navío con pabellón cubano llegó al puerto de Orán. Junto con la carga prometida de azúcar nos encontramos con la sorpresa de veinte tanques y centenares de soldados cubanos que llegaron en nuestra ayuda. En una hoja arrancada de un cuaderno escolar Raúl Castro me envió un breve mensaje para anunciarme este gesto de solidaridad.
Continuará...
NOTAS:
La crisis de los misiles
En octubre de 1962 los servicios de información de EEUU detectaron la presencia de misiles soviéticos de largo alcance en Cuba. El gobierno de Kennedy decreta un bloqueo total sobre Cuba, desatándose una crisis internacional. Pero rápidamente se llega a un acurdo por el gobierno soviético de Nikita Jruschev quien está dispuestos a retirar los misiles, e incluso a aceptar la pretensión norteamericana de que una misión inspectiva de Naciones Unidas controle en la isla el desmantelamiento de lo que el imperialismo consideraba "armas ofensivas". Esta propuesta es rechazada airadamente por el gobierno cubano, por entender que es atentatoria contra su soberanía. Los misiles son retirados por decisión unilateral de la Unión Soviética.