Economía de escasez y mercados fraccionados
Rolando Astarita [Blog]
En la parte precedente de la nota hicimos referencia a la existencia de mercados fraccionados, y al hecho de que la ley del valor, de alguna manera, terminaba manifestándose a través de los mercados no controlados. Dada su incidencia en los procesos de diferenciación social y “acumulación primitiva” (o surgimiento de un “proto-capitalismo”, véase más abajo), amplío ahora esta cuestión.
Empecemos señalando que, igual que sucedía en la URSS y en otros regímenes de tipo soviético, la cubana es una economía de escasez. La razón fundamental es la baja productividad (véase más arriba; y ampliamos luego). Por eso, y a diferencia de lo que ocurre en el modo de producción capitalista, la crisis en una economía estatista burocrática como la cubana (pero también puede ocurrir en capitalismos de Estado), no se manifiesta en un exceso de oferta, sino de demanda. En otros términos, no se trata de crisis de sobreproducción, sino de “infraproducción” (el tema de la inversión es más complejo: en la URSS existía sobreinversión, pero ineficiente; en Cuba la inversión es débil). Además, en el caso de Cuba los problemas se agravan por la falta de insumos importados, debida tanto a carencia de divisas, como a problemas de financiamiento.
La economía de escasez, a su vez, da lugar a una serie de fenómenos específicos. Uno de ellos es la cola: millones de cubanos pasan horas haciendo colas para conseguir algunos productos básicos que escasean, o los productos que están subsidiados (a lo que se agregan las colas debidas a la maraña de burocracia; incluso Granma registra quejas por esto). Lógicamente, esto repercute negativamente en la conciencia social, la convivencia y, en última instancia, en la productividad general de la economía (no he conseguido datos sobre Cuba, pero a título ilustrativo, se calcula que en la década de 1980 las amas de casa en Moscú pasaban, en promedio, unas 8 horas por semana en las colas). Otro fenómeno característico es el agudo desabastecimiento cíclico de determinados productos; por ejemplo, en 2014 Granma (véase ediciones del 8/02 y 27/08) se hizo eco del desabastecimiento de productos de aseo y limpieza elementales.
Sin embargo, y por encima de todo, la economía (burocrático-estatista) de escasez es el terreno sobre el que se levantan los diferentes mercados. Así, en Cuba existen mercados diferenciados, pero que se interrelacionan y hasta cierto punto se condicionan.
En primer lugar, están los que venden los bienes básicos incluidos en la Libreta de Abastecimiento. Estos productos son arroz, pollo, azúcar, leche, huevos, frijoles, espaguetis, gas para cocinar, sal, entre los principales. Cada ciudadano tiene asignada una cuota: por ejemplo, 80 gramos de pan por día, 5 huevos, 3 kilos de arroz y 230 gramos de frijoles por mes, 1 kilo de sal cada 6 meses, etcétera (a lo largo de los años se eliminaron productos como café y jabón; otros disminuyeron, por ejemplo, los huevos de 10 a 5). Se considera que estas cantidades alcanzan para los primeros 12 días del mes, o poco más. La Libreta se regula por zona, no se puede comprar en la bodega que no está asignada, y los productos incluidos están subsidiados por el Estado. Por eso el consumidor paga (según datos del gobierno) solo el 12% del valor real del producto; lo cual representa, para el Estado, un costo superior a los 1000 millones de dólares anuales (siempre según datos oficiales). El VI Congreso del PC se propuso eliminar la Libreta de Abastecimiento argumentando que “induce a las personas a prácticas de trueque y reventa, y propicia un mercado subterráneo”. Pero hay problemas para suprimirla, ya que se verían perjudicados los sectores de menores recursos (los que viven solo del salario estatal, los pensionados, etcétera). Es que si bien los bienes subsidiados no cubren las necesidades del mes, al menos proporcionan una cierta cobertura.
En segundo lugar, y debido a que muchos productos no están contemplados en la Libreta, y a que las cuotas son insuficientes, están los mercados en los cuales, a precios CUP, pero no subsidiados, se pueden adquirir los bienes; aunque los productos de primera necesidad que se venden sin subsidios, no siempre están disponibles. Son mercados paralelos, pero no son negros, ni “tolerados”. En tercer lugar, están las TDR (Tiendas de Recaudación de Divisas) en las cuales se pueden comprar no solo alimentos y artículos de aseo y limpieza, sino también electrodomésticos, muebles y otros bienes. Pero las TDR venden a precios mucho más altos, ya que recargan un impuesto del 240% sobre el precio de compra del extranjero. Además, la transacción se realiza en CUC; en consecuencia, el que quiere comprar en las TDR debe adquirir los CUC en las casas estatales de cambio. Por eso, los cubanos que reciben salarios o pensiones estatales, no pueden acceder, en la práctica, a las TDR. Por otra parte, están los Mercados Libres Agropecuarios, que a un precio muy alto, en moneda nacional, ofrecen frutas, hortalizas, carne, granos y otros bienes que complementan la dieta de los que tienen más recursos. Además, existen puestos de venta o kioscos en los barrios; y mercados de múltiples servicios (ver más abajo), en los cuales los precios pueden fijarse libremente.
Todo este complejo de mercados, a su vez, enlaza con los mercados negros o “grises” (esto es, ilegales, pero tolerados). Lo cual, combinado con la gestión burocrática y la doble moneda, da lugar a una anarquía en la fijación de precios. En particular, porque los precios no reflejen las fluctuaciones de la oferta y la demanda, ni los costos laborales de producción. Se dan así las condiciones para que se desarrollen mercados “grises” (esto es, no legales, pero tolerados), mercados negros y también para que surjan múltiples recovecos por los que se filtran corruptelas, corrupción y robo. Y con ello, aparecen formas híbridas, transicionales al capitalismo, o proto-capitalistas.
Trabajadores por cuenta propia y formas sociales híbridas
Sobre el trasfondo que hemos descrito, a lo largo de los últimos años han ido aumentando las personas que pasan a actividades privadas. Según la clasificación oficial, dentro de la fuerza laboral se encuentran los cooperativistas agrarios (la tierra puede ser propiedad de todos sus miembros, o del Estado que la entrega en usufructo); los cooperativistas no agropecuarios, los trabajadores privados, que comprenden los campesinos privados, los usufructuarios de las tierras, las cooperativas de créditos y servicios, y los trabajadores por cuenta propia. Habría unos 13.000 establecimientos gestionados por sus dueños, o por cooperativas.
Entre los trabajadores por cuenta propia son numerosos los dedicados a servicios tales como reparaciones (por ejemplo, celulares o calzado), peluquerías, gráfica y otros. En julio de 2014 se contabilizaban algo más de 471.000 cuentapropistas, en 201 oficios autorizados. Los contratados por cuentapropistas serían, a esa fecha, algo menos de 100.000 (dato del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, 2014). La aspiración, sin embargo, era llegar al medio millón, para absorber los despidos que se producen en el Estado. Estos despidos dan lugar, en muchos casos, a formas sociales híbridas. Por ejemplo, choferes de taxi que antes recibían su salario del Estado, y ahora manejan el vehículo. Este último sigue perteneciendo al Estado, al cual los choferes le pagan un alquiler, y se hacen cargo de los costos de mantenimiento y reparaciones. Serían entonces trabajadores semi-estatales.
Pero además, están los mercados “tolerados”, o que he llamado “grises”, asociados muchas veces a formas sociales de producción híbridas. Un ejemplo de mercado tolerado es el de los docentes que complementan sus ingresos dando clases particulares de repaso. Otro ejemplo de mercado tolerado es el “Paquete Semanal”, que surgió en 2008 y “que hoy da ingresos a miles de cubanos, mueve decenas de millones de dólares al año y que se ha convertido en un fenómeno sociocultural, penetrando en cientos de miles de hogares” (http://www.chiringadecuba.com/2014/07/07/el-youtube-cubano/#more-8534)
Se trata de compendios de películas, reality shows, revistas, telenovelas, videoclips y páginas de Internet que son descargados en centros estatales con buen acceso a la red, como la Universidad de Ciencias Informáticas, o en las que cuentan con antenas satelitales como la televisión cubana. Decenas de publicistas venden sus servicios a trabajadores por cuenta propia, y la publicidad (por ejemplo, el anuncio de una peluquería insertado en el show “Belleza Latina”) está bien posicionada dentro del Paquete. Los proveedores de materiales pueden ganar hasta 20 CUC semanales. Hay unos 300 revendedores de los paquetes en la capital y en las provincias, donde llegan los paquetes gracias a la participación de los conductores de buses, que obtienen así un ingreso extra. Los revendedores elaboran nuevas versiones a gusto de los clientes; además, cada revendedor maneja “redes de caminantes” que recorren los barrios y pueblos con su disco duro bajo el brazo, llevando a los hogares su Paquete Semanal, por el que pagan entre 1 y 3 CUC. A esta distribución en mano se suma el uso de redes WIFI clandestinas y redes alámbricas que unen a los vecinos. La programación trae de todo un poco, incluida telebasura, pero no temas políticos, a fin de no estropear el negocio (toda esta información la tomo del sitio indicado)
Es muy significativo que la nota del blog citado dice que, según el asesor cultural Presidencial, Abel Prieto, la difusión de los Paquetes “es resultado de errores de las instituciones educativas, culturales y de los medios”. Es una forma de reconocer que este mercado satisface una demanda social. Por eso no es cuestión de “condenar” a los que participan en estos mercados (“falta de firmeza ideológica”, “elementos anti-sociales y pro-burgueses”, etcétera) sino de entender las condiciones sociales que han llevado a estas prácticas (aquí cabe cita el famoso consejo de Spinoza de “no ridiculizar, no lamentar ni detestar, sino entender las acciones humanas”)
Lo desarrollado más arriba pone en evidencia entonces que entre el mercado administrado por el Estado y el mercado negro de actividades absolutamente prohibidas, existe una amplia gama de diversos mercados. Muchos, a su vez, están asociados a la corrupción (véase más abajo). En otros casos, tienden a soldarse con el mercado mundial. Por ejemplo, la necesidad de los trabajadores por cuenta propia de aprovisionarse de insumos, incrementó en los últimos años la importación de bienes, disimulada como envíos postales o ingresos de viajeros. El gobierno ha tratado de ponerle límites, con el argumento de “comprar producción nacional”, pero debido al desabastecimiento, a los precios altos y a la mala calidad de muchos productos nacionales, va a continuar habiendo presión por abrir más las importaciones.
Subrayemos, en un plano más general, que en todas economías estatizadas en que ya se incuban fuerzas pro-mercado, son típicas las formas sociales híbridas, transicionales al capitalismo. Por ejemplo, el funcionario que ilegalmente desvía recursos de una empresa estatal hacia el mercado negro, donde a su vez emplea mano de obra asalariada, no llega a ser un capitalista (no es propietario de capital), pero se apropia de plusvalía y acumula riqueza que, eventualmente, se transformará en capital. Ya no se trata del burócrata que se queda con una porción del excedente a través de un salario más elevado que el trabajador promedio. De ahí que pueda ser apropiado el término de “proto-capitalismo”
Otro caso son los funcionarios –puede ser en acuerdo con los trabajadores- que utilizan instalaciones estatales para obtener beneficios privados. Para ilustrarlo: según denuncias, que provocaron la intervención de las autoridades, en el Planetario (ubicado en la Plaza Vieja de la Habana) se ofrecían funciones por fuera del horario establecido, y las ganancias iban a parar a los bolsillos de los administradores. Observamos de nuevo funcionarios que no son capitalistas –no son propietarios del Planetarium y su posición depende del cargo político- pero utilizan la propiedad estatal en su beneficio (más abajo presentamos más ejemplos de este tipo de corrupción)
Por último, existe un aspecto al cual la izquierda no le ha prestado la suficiente atención: se trata del peso que tienen en la sociedad y la economía las remesas de dólares desde la comunidad cubana en el exterior. Las mismas, de unos 2700 millones de dólares anuales, constituyen la segunda fuente de ingresos de divisas (después de la venta de servicios médicos, que es de 11.000 millones de dólares), superando a los ingresos por turismo (2500 millones de dólares). Además de su incidencia en la dinámica de diferenciación social al interior de Cuba, observemos que se trata de valor generado en un modo de producción capitalista, que se inserta en la economía cubana. Puede ser tanto plusvalía, como salario; el fenómeno se explica por la diferencia de productividad, y del valor de la fuerza de trabajo, que existe entre Cuba y los países capitalistas desarrollados. En Valor, mercado mundial y globalización traté este aspecto, pero en relación a países de distinto grado de desarrollo capitalista (ejemplo, EEUU y Nicaragua). Ahora lo vemos reaparecer en la relación entre un modo de producción capitalista y otro de tipo estatista burocrático.