Envíopostaporteñ@ 1355

Ni burros ni ignorantes antes, ahora se afirma que están desesperados y son humanos

El dolor ajeno, los sufrimientos de los otros, no pueden motivar más que solidaridad. Hasta allí todo bien.

Sin embargo, resulta que al lado del dolor y del sufrimiento están los vicios. Y algunos vicios son bien jodidos.

Los vicios y las aspiraciones

El difunto Isaac Deutscher, decía que en movimiento agrario, campesino, (paisano sería en términos nuestros, rioplatenses) palpitan dos almas: por un lado el radical, jacobino e igualitario, por el otro, el propietarista y pequeño burgués.

Cierto venerable anciano, que además fue “cañero”, compañero en las marchas y hasta contemporáneo de Sendic, cuando pudo elegir, se hizo… ganadero!!!

Nos tocó, en vida, contemplar las expresiones de otro “cañero” este de ilustre prosapia familiar, decirle a Sendic, en la cara, que “él, al campo y a cortar caña….nunca más”.

Andaba…en esos tiempos, Don Raul, buscando “aparceros” para una nueva “patriada” y la verdad es que…no tuvo muchos seguidores….deberían ser los manes (o los recuerdos) de todos los desastres del “Plan Tatú”!!!

Pero a la vista está, que en la izquierda, o en ciertos sectores “radicales” de la misma (particularmente urbanos), del pasado nos acordamos para idealizarlo, embellecerlo y rodearlo de diferentes misticismos. Todo lo que, en realidad no ayuda mucho, a salir de ciertos bretes: eludir el estudio serio, la autocrítica necesaria, la reflexión y la superación de errores y malas soluciones.

En Brasil, se desarrolla un pujante movimiento agrario, hecho por gente de la tierra, herederos y superadores de lo que “otro Sendic”, Francisco Juliao, empezó con sus “Ligas campesinas”. En Uruguay –donde no existe “el hambre de tierras”, como en Brasil- seguimos con las místicas del pasado y en años y años de actividad no se ha sido capaz de emular el movimiento paisano existente en el país con pujantes movimientos agrarios cooperativos.

Dónde hay en Bella Unión una cooperativa agraria, digna de su nombre, que es asegurar como mínimo 240 días de trabajo y jornal digno, al año? Fijémonos, que ese “ideal” era el que promovían las leyes coloniales españolas con sus “repartimientos” y que Artigas, tomó como modelo para pretender instalar “la felicidad pública” a fuerza de trabajo honrado y sin vicios. Creemos que en sus análisis, Esteban Campal, no nos deja mentir. Y “algo” de “campo” el hombre conocía, además de sus veleidades históricas.

Digamos además –y asumimos la subjetividad- que de ciertos “cañeros”, empezando por los antiguos minifundistas “Santana”, estamos hasta la coronilla. Y “algo” conocemos “el paño”, como también lo conoce William Yohai, si la memoria, ahora, no le juega malas pasadas. Porque somos testigos, de que bastante ha debido lidiar, con los caprichos, bandideadas y mangazos de todos estos verdaderos pillos

William Yohai, no conoce la angustia, la desesperación, la impotencia, de la pobreza. Por suerte no le tocó nunca. En cambio, yo, si conozco, la vertiente obrera y proletaria, (metalúrgica) de la misma. Los allanamientos de barrios, con objetivo firme, en ciertas viviendas obreras de dirigentes sindicales, donde se rompían concienzudamente todos los muebles escasos y posibles. Y por dos generaciones!!!! Porque le pasaba a mi abuela (mujer de anarquista combativo) y a mi madre (mujer de socialista y dirigente obrero de la FOMU /Federación de Obreros Metalúrgicos del Uruguay/)

No sabe lo que es “ganarse la vida” haciendo “de peluquero” en los “gremios solidarios”, mientras se cumplía “el paro” y además sobraban fuerzas para agarrar el adoquín que trabaja la puerta del gremio “solidario” donde se ejercicio el oficio subsidiario para no mendigar, y empuñarlo para destrozar los vidrios de un vehículo “carnero”. No sabe de que el vehículo iba tripulado por la policía, con pito y todo y que a la señal de alarma, aparecía la “caballería” y le imponían al huelguista impenitente, “el lazo” (cogote y manos) y así lo arrastraban hasta “la Jefatura” mientras mi padre, aprendía “trotando” al lado del perseguido, lo que es la dura escuela de la lucha de clases elemental.

William Yohai, viene, de “otras persecuciones”, de otros sinsabores, que por suerte en el Uruguay se atenuaron notablemente. Ahí, probablemente tenemos nuestras diferencias.

Y está bien, que William Yohai, pague 700 dólares por” una bomba de agua” (envío incluido hasta Bella Unión) y que posiblemente nunca cumplió funciones. Pero William Yohai sabe que yo sé, así como él mismo sabe. Así que no hay motivo para hacerse el desentendido.

Cuando hablo de “curros” –hablábamos del mismo circulando por Bulevar Artigas y William apartó el automóvil del carril para extenderse sobre el tema de otros “curros”- se bien de lo que hablo. Y William Yohai también lo sabe.

La pobreza, las privaciones, la posible miseria, no es pretexto para los “vicios”. Si algo hay “bien jodido” en el Uruguay actual, es la aparición del nuevo “sindicalismo del acomodo”. Y andamos descubriendo todos, que en el Uruguay actual, el antiguo clasismo irredento y combativo, ha sido sustituido por un sindicalismo del acomodo, de vivir del “viático”, de eludir “el laburo” (los compañeros de trabajo en lugar de la compañía con los gerentes de las empresas), de investigar todas las posibles ventajas que se pueden disfrutar “como sindicalista” de lo que el gremio acumuló –pesito tras pesito- de los “aportes” sindicales de los “afiliados”. Tenemos en Uruguay, “nuestra burocracia sindical”, bien robusta, bien HDP, que está prendida de la mentalidad burguesa “de hacé la tuya”

Y tenemos también los “vivancos”, “vivillos” y “oportunistas” de la rama agraria. Que es “asalariada rural” y no es “proletaria”. Empecemos por ordenar los tantos y las fichas.

El sindicalismo, cuando comenzó en el Plata, comenzó con los anarquistas. Esa es una verdad que no podrán tapar, ni frenar, los que “vinieron después” del año 20 e introdujeron a rajatablas (y garrotazos) la corrupción marxista del “Pepe” Stalin y sus 20 condiciones “leninistas”.

Aquel anarquismo fomentaba la cultura (desde la básica, a la superior), fomentaba también “la cultura del trabajo”, que se concretaba en la aspiración de las “8 horas” (8 para “el trabajo”, 8 para el sueño reparador y 8 “para la vida social, la familiar y el ocio “creativo”). De aquellos círculos de la cultura y la creatividad, surgió en Argentina, en el barrio de la Boca, un Quinquela Martin, que nunca renegó en su obra de su pasado de niño “adoptado”, trabajador y estudiante del dibujo y la pintura. Lo mismo, aunque en menor escala, puede decirse de Uruguay, donde había círculos también, de teatro, canto, conferencias, bibliotecas populares y un mundo de cultura a descubrir, para los jóvenes y, experimentar.

Nadie “es bruto e ignorante” porque quiera, donde hay una actividad sindical digna de su nombre. Y todo "asalariado rural” que se precie, puede tener “7 oficios” para ganarse la vida decentemente, bajo régimen capitalistas, como los del Plata. Pasó antes y pasa ahora. Pero eso sí, hay que tener voluntad de superarse, capacidad de sobreponerse a los sinsabores y a las injusticias, garra para pelear siempre “como gato panza arriba”.

Don Raul Sendic –en su tiempo- hizo la suya. Dijo siempre, que sus tiempos “de organizador” no eran eternos. Que había que prepararse para cuando “no estuviera”. Reprochó más de una vez, “que Uds. no estudian y leen poco”. Y más de un colaborador de aquellos tiempos lo ha hecho presente, en las páginas de la Posta. Señalemos –de pasadita nomás- que cierto doctor en medicina y escritor de ficciones históricas- Don Eliseo Salvador Porta- andaba, entre los “cañeros” alfabetizando. Y dejemos de lado a ciertos “bronces” venidos de Montevideo, como Rodríguez Beletti, que algún día habrá que analizar si no hicieron más daño que beneficio, con sus radicalismos de opereta y “al cuete”.

Nuestras referencias entre “los cañeros” son otros: un “Bentin”, un “Colacho” Estévez, una “negra” Angela Alvarez y todas las otras omisiones, son premeditadas e intencionales. Digamos las cosas como las sentimos.

Los “cañeros” actuales –esos de los cuales William Yohai se presenta como defensor- tienen mucho que hacer y lo primero –según creo y entiendo- es sacudirse ciertos apellidos ilustres, que de ilustres nada tienen, y de “mañeros”, viciosos, y vivillos, mucho. De ahí, que William Yohai, que en el fondo reconoce mucho de lo que decimos, nos intenta explicar sus “vacilaciones”, sus “engaños” y sus mistificaciones intencionadas, como errores “que otros (él mismo) les habían advertido.

Nosotros nos basamos en otro hilo explicativo y conductor: la doble conciencia agraria, entre radical e igualitario y propietarista y pequeño burgués.

El “interior” uruguayo es pobre: en el litoral, en el centro, en el este. Hay pocas posibilidades de trabajo y en consecuencia hay que pelearla todos los días. Inclusive, migrar, que para miles o cientos de miles ha sido una realidad a través de los tiempos. De esa realidad no nos escapamos, intentando crear “nichos”, particulares para tal o cual departamento.

Y se empieza, “por no hacernos los vivos” y jugar “a varias puntas”. Con el estado como “mangantes”, con el estado como “reclamantes de tierras”, con el estado, “como solicitantes de ayuda para el alimento”

La producción - ¿es necesario señalarle esto a William Yohai?- es un tema serio. Hay que producir. Y eso significa ser efectivos en el trabajo, administradores eficientes, frugales en el consumo, hasta ciertos niveles que deberán discutir y analizar los mismos productores.

Finalmente, algo más, al final Don William Yohai, nos llama viles y cobardes. Ni somos viles, ni somos cobardes. Pero Don William, que vive muy cerca de donde habito, no tiene más que hacerse el viajecito, de pocos metros, -entre Juan Carlos Blanco y el Prado chico- para comprobar que nunca, hemos sido ni somos, mancos. Adelante!!!

Juan Tranquera y LOS SUYOS