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SOBRE RUSIA ? TEXTOS 4

EL PAÍS DE LA MENTIRA DESCONCERTANTE – de ANTE CILIGA

Condiciones de trabajo proletario y putrefacto partido burgués

Resulta fundamental constatar que con el pretexto socialista las condiciones de trabajo de los proletarios rusos eran mucho peores que en occidente y que el leninismo se caracterizaba por haber destruido totalmente su espíritu de resistencia elemental. Así de ser la vanguardia de la revolución internacional, la contrarrevolución leninista había logrado transformar al proletariado en esa región en lo más atrasado y más sometido y sumiso a la explotación feroz. A la vez eso contribuye a separar al proletariado de ese país del de Europa occidental  y a  renovar la vieja ideología socialdemócrata y eurocentrista de su superioridad y que lo que busca aquel es otro tipo de ¡“socialismo”! “asiático”, “estalinista”, “despótico”. La ideología de que eso puede ser el “socialismo real” parte de ese desprecio ideológico de la burguesía occidental. Complementariamente los burgueses del aparato lenino/estalinista desarrollarán e inculcarán el desprecio del proletariado europeo que “no acepta la disciplina bolchevique” por tener una idea “romántica” y “pequeño burguesa” del “socialismo”. La burguesía de los dos tipos de modelo capitalista ganaban con esa desconcertante mentira complementaria: más trabajo, más miseria y más terror de Estado, nos aseguraban en occidente, que era sinónimo de “comunismo”; mientras que dentro del “socialismo” el occidente en decadencia y descomposición era incapaz de “comprender el socialismo efectivo que anunciaba el nuevo horizonte de la humanidad” en base al valor supremo del trabajo, el Estado y la patria estalinista. En los extractos siguientes veremos una de las mejores descripción y denuncia de los siniestros mecanismos de funcionamiento de la burguesía en el poder, consolidando el aparato burocrático del partido todopoderoso: espíritu de cuerpo, ningún tipo de espíritu revolucionario, aparatismo, arribismo abyecto, omnipotencia y omnipresencia de lo milico y lo represivo, complicidad y unicidad de los políticos y los represores:. Todo miembro del partido bolchevique era un aparatista, un alcahuete de su superior, un informante, un represor

Ricardo

EXTRACTOS:

Fue en esta época cuando conocí en Moscú a un grupo de obreros extranjeros. Eran obreros alemanes especializados que trabajaban en las grandes empresas de Moscú. Les pregunté sobre sus condiciones de trabajo. Me dijeron que bajo el régimen capitalista jamás se habían visto en tan malas condiciones. Uno de ellos, que también había estado trabajando en Francia, Suiza y Austria, me dijo que el sistema de trabajo a destajo se había llevado en Rusia mucho más lejos de lo que había estado nunca en Occidente. Le pregunté sobre las reacciones de los obreros en las fábricas. Los obreros, por supuesto, no están contentos, me dijo; pero el trabajador ruso está tan atrasado, tan dócil, tan poco capaz para la acción, que el descontento es estéril. Es más: estos obreros occidentales que no lograban explicarse las razones históricas de la actitud pasiva del proletariado ruso, de su incapacidad para luchar abiertamente contra la opresión burocrática, terminaban impregnándose de un sentimiento de  lejanía y de superioridad europea respecto a Rusia. Sus razonamientos tendían a las siguientes conclusiones: “En resumen, no se puede esperar gran cosa de los rusos; se conforman con este socialismo asiático.”

Hay que decir que la mayor parte de los extranjeros que se establecían en Rusia terminaban pensando así. Estos extranjeros, a pesar de ser obreros, revolucionarios, emigrados políticos, se hallan en una situación algo paradójica. Se les confía un trabajo interesante, se les paga convenientemente,  son bien alojados, pueden irse de vacaciones y disfrutar del mejor confort. Les cuidan, les organizan reuniones obreras donde pueden tomar la palabra, les honran y gozan de reconocimiento social. Por otra parte, estos extranjeros descubren en las fábricas, en el partido y las administraciones, un modo de existencia que contradice su idea de socialismo. Empiezan a indignarse, a amargarse. Los representantes del partido comunista ruso, acostumbrados a considerar esto como una “enfermedad infantil” que afecta a todos los extranjeros, les responden con una paciencia barnizada de desprecio: “Sí, ya conocemos todo eso; todos los extranjeros que vienen a Rusia empiezan emitiendo opiniones de extrema izquierda. Tienen una idea demasiado romántica del socialismo; no saben lo que es la disciplina bolchevique, no se dan cuenta de las dificultades que uno encuentra cuando quiere edificar el socialismo, cuando se conduce a las masas de un país atrasado y pequeño-burgués.”

La administración trata a los extranjeros de forma relativamente liberal, pero al mismo tiempo crea una especie de vacío a su alrededor. Si el extranjero “rebelde” logra el apoyo de algún obrero ruso entonces se le empieza a “hablar en ruso” para que se le pasen las ganas de pelear contra el régimen.

Por otra parte, los obreros rusos han tenido oportunidad de aprender lo que se puede decir y lo que se debe callar en las reuniones. Así, aunque sean bastante comunicativos en las conversaciones privadas con los extranjeros, guardan un silencio glaciar en las reuniones públicas y dejan la tribuna para los entusiastas profesionales.

El extranjero generalmente ignora que los obreros rusos llevan sufriendo esta presión burocrática desde hace dieciséis años. No sabe que el poder ha tenido que reprimir numerosas huelgas de masas. No se da cuenta de lo que han significado los cañonazos de Kronstadt, cuyo fracaso conmovió profundamente a todo el conjunto de las masas obreras de Rusia (1). Este extranjero no puede comprender por qué el obrero ruso se ve obligadoa callarse, por qué esta clase obrera que ha hecho tres revoluciones se ve hoy impotente e incapaz de reaccionar, incluso en sus propias fábricas, contra la arbitraria desvergüenza de la burocracia. Los extranjeros no se dan cuenta de que la burocracia ha golpeado al obrero sin descanso para lograr reducirle a su estado de mutismo actual; en lugar de indignarse contra la administración, comienzan a subestimar a la clase obrera rusa.

Por su parte, el obrero ruso, comienza a envidiar al obrero o al revolucionario extranjero, hacia el que es hostil, pues no deja de ver los privilegios materiales y morales de los que éste disfruta. La burocracia comunista aplica así el viejo principio de “divide y vencerás”; las fuerzas de la clase obrera se fraccionan para regocijo de la administración.

El todopoderoso aparato burocrático reposaba en la posesión de hecho de los medios de producción nacionalizados y del aparato de coerción gubernamental.

Éste tenía en la G.P.U. a su último resorte. En última instancia, el aparato reinaba apoyándose directamente en la G.P.U., que era la “fuerza armada del partido” –es decir, del aparato–. Así, como es lógico, los jefes de la comisión central de control del partido eran miembros de la dirección de la G.P.U. y presidían su “Consejo Especial”, su órgano de represión.

Yo había llegado a la conclusión de que la orientación política de Rusia dependía del aparato. Así, todo era cuestión de saber qué tipo de hombres estaban en la G.P.U. ¿Cómo actuarían en caso de que venciera la derecha, si llega un “Termidor”? El anti-termidoriano Graco Babeuf logró que la policía de Robespierre apoyara su Conjura de los Iguales. ¿Ocurriría algo parecidoen Rusia?

Mis observaciones, aunque incompletas, me demostraron que en los círculos de la G.P.U. no reinaba ningún tipo de espíritu revolucionario. Sus miembros estaban completamente absorbidos por el deseo de labrarse una hermosa carrera profesional. Todo estaba sometido al sacrosanto principio de la jerarquía. Decir: “he hablado hoy con Yagoda (2) o Trilisser (3) me ha llamado” era todo un acontecimiento en la vida de un funcionario que estuviera dos o tres peldaños más bajo en la escala jerárquica.

Las costumbres estaban impregnadas de hábitos burgueses. Se podía ver a las funcionarias importantes empolvadas y perfumadas como mujeres galantes. Los de la G.P.U. besaban la mano a sus mujeres. Pero lo más sorprendente era el espíritu de casta. Se consideraban como miembros de una sola familia, como los salvadores de la revolución. Aceptaban serenamente sus privilegios como una pequeña recompensa por su actividad.

Es cierto que consagraban a su servicio la mayor parte de su tiempo y de sus fuerzas. Garantizaban una tarea inmensa que para ellos se fundía con sus privilegios y sus carreras. En las luchas internas del partido, los colaboradores de la G.P.U. eran casi sin excepción fanáticos adversarios de la derecha y partidarios de Stalin. Los diversos servicios de la G.P.U. a la sazón eran los bastiones de la fracción estaliniana.

Cuando el secretario de Ry?kov, funcionario de la G.P.U., tomó partido por la derecha, en estos círculo se hablaba de una verdadera catástrofe: “Y pensar que Ferdinand se ha dejado influenciar por Ry?kov”, decían con desesperación. Lo consideraban una deshonra para el conjunto de la institución. También encontré a numerosos simpatizantes de Trotsky en la G.P.U. La posibilidad de que saliera adelante el bloque Stalin-Trotsky levantó entusiasmo en algunos. Incluso había algunos verdaderos trotskistas. En el otoño de 1928 la lucha interna del partido llegaba su fase decisiva. El problema de la distribución de grano se planteó de nuevo. Se agitaba febrilmente a los miembros del Comité Central de cara a la sesión plenaria. Stalin había fracasado al tratar de ganarse a la gente de Leningrado –Komarovy demás– que había sucedido a Zinoviev. Pero globalmente la posición de Stalin salió fortalecida, sobre todo en Moscú...

El Pravda publicó un artículo en portada con el título: “Hay que emplear todos los resortes”. ¡Qué diferencia con la resolución adoptada en el pleno de julio del Comité Central, en la que se juró que las “medidas extraordinarias” se habían abolido definitivamente! En el pleno de octubre del Comité Central Stalin logró una victoria definitiva... Stalin proclamó que no había ninguna divergencia en el Politburó y que la supuesta desviación de derecha no era más que una calumnia contrarrevolucionaria y trotskista…

La administración estaliniana tenía buenas razones para ir dilatando nuestro caso; esperaba que nosotros siguiéramos a la oposición rusa por la vía de la capitulación y que abandonáramos nuestra concepción “romántica” del socialismo, que volviéramos al buen camino de la verdad burocrática.

No sólo se trataba de hacernos esperar, para que reflexionáramos. También querían conquistarnos, convencernos. Estuve sometido a un interrogatorio por parte de una Comisión especial antes de que me expulsaran del partido; sin embargo fue entonces cuando vi como se abría ante mí la posibilidad de desarrollar un trabajo político en el Komintern, una posibilidad que antes me había sido denegada, cuando yo aún era un miembro intachable del partido, delegado oficial del Comité Central yugoslavo. Se me confió la tarea de escribir la historia del partido yugoslavo y pude entrar en el sancta sanctorum, en los archivos del Komintern. No era casualidad. Más tarde pude comprobar que éste era su verdadero método.

La táctica de la burocracia consistía en aterrorizar al adversario externo a la vez que se le desmoralizaba mediante un trabajo de corrupción. Al procedimiento se le había dado el bonito nombre de “reeducación comunista”. Se empezaba advirtiendo al culpable; se le apartaba cortésmente, se intentaba hacerle comprender que su actitud no se correspondía con las actuales necesidades, que debía enmendarse, “bolchevizarse”. Si ésta advertencia no daba resultado, se le amenazaba con graves sanciones administrativas; si persistía, se le asestaba un gran golpe en la cabeza. Pero al mismo tiempo, antes de que pudiera recuperarse, empezaban a cortejarle, a ofrecerle un trabajo interesante y bien remunerado, como si le dijeran: “¿ve usted?, la dictadura del proletariado es severa, pero no es rencorosa, el partido tiene principios, pero no es mezquino. Para nosotros sería muy fácil aniquilarle, usted está aislado, todo el mundo le condena; sin embargo le ofrecemos amplias posibilidades, usted puede obtener un trabajo interesante y bien pagado, basta con que se dé cuenta de sus errores y que los enmendé trabajando. Póngase a trabajar, necesitamos hombres.” Este argumento, lejos de carecer de sentido, es totalmente realista. Pero corrompe las almas y agrava la opresión y la mentira.

A. Ciliga

NOTA ESPECIAL:

ALGO SOBRE LA REPRESIÓN LENINO/TROTSKISTA

La ignorancia del proletariado en Rusia, sobre el terrorismo de Estado contra su propia clase y lucha, es escalofriante:¡nunca hubo mayor ignorancia e indiferencia sobre la vida de su propia clase en el mismo país! ¡la destrucción del proletariado como clase llegaba su sumun! ¡nunca los Nazis lograrían un éxito tan profundo y un nivel más acabado de destrucción humana como el que habían logrado YA los leninistas!.

A la vez constatamos que el propio Ciliga, aunque conoce luchas proletarias y represiones importantes durante Lenin/Trotsky, desconoce la envergadura de la represión generalizada del proletariado en huelga y en lucha en zonas más alejadas de Petrogrado y Moscú por eso insiste fundamentalmente en Kronstadt. Es decir el triunfo del terrorismo de Estado había sido tal que las voces de las víctimas habían sido silenciadas al máximo. ¡Ni Ciliga, luego de tener también acceso a la información que había fuera de los campos de concentración (es decir cuando escribe esto), parece tener mucha consciencia de las represiones del movimiento revolucionario y proletario en Ucrania o en Astrakhan!.

Si gracias al exilio de alguno de sus protagonistas(Makno, Gorrelik, Archinov, Voline…),  los hechos de Ucrania fueron relativamente conocidos en el exterior, lo de Astrakhan se conoce mucho menos. Hasta en ese sentido, se puede afirmar que hubo un silencio mundial internacional, que muestra la complicidad de toda la burguesía internacional y de los Estados imperialistas del mundo. ¡La burguesía yanqui o alemana se regocijaba en silencio de los problemas que tenían sus pares rusos con “su propio” proletariado!

Solo citaré como ejemplo de la importancia de las revueltas proletarias y de la represión lenino/trotskista a la huelga general del proletariado en Astrakhan de marzo de 1919 subrayando que el terrorismo de Estado no tuvo nada que envidiar a las masacres de Stalin o Hitler unas décadas después. Se conoce hoy con bastante certeza las órdenes claras y explícitas de Trotsky de reprimir sin ningún tipo de piedad seguidas de la masacre de las manifestaciones y mítines obreros. No dieron solo palo y machetazos los milicos, sino que el 10 de marzo de 1919 atacaron militarmente la concentración masiva de proletarios en donde había más de 10000 seres humanos. Se cansaron de tirar, herir y matar con granadas y hasta con ametralladoras…y frente a la resistencia proletaria tuvieron que recurrir al envío de tropas suplementarias y a la utilización de la infantería. La tortura y los fusilamientos se generalizaron durante días y noches, la sed de sangre de los servidores del capital llegó a niveles demenciales. Los cadáveres de los proletarios torturados y fusilados fueron arrojados al Volga o por las calles de la ciudad constatándose luego que tenían las manos y los pies atados, lo que se había transformado en el método de interrogatorio leninista por excelencia desde 1918 y la represión abierta de los socialistas revolucionarios de izquierda, los anarquistas y otros comunistas de diversas escuelas y tendencias. Las fuentes (Siline y Baynac) aseguran que desde el primer día se superan los dos mil proletarios masacrados y que habrá miles de muertos y desaparecidos más en la represión que se sucedió los días y semanas siguientes.

Ricardo

(1) Ver “NOTA ESPECIAL” al final de este artículo.

(2) Génrij Yagoda (1891-1938) era en la práctica quien dirigía la G.P.U. desdela muerte de Dzerzhinski en 1926. Tras la muerte de su superior Menzhinskien 1934, fue nombrado Comisario del Pueblo para Asuntos Internos, cargodesde el cual supervisó los primeros juicios de Moscú antes de ser él mismojuzgado y ejecutado.

(3) Mijáil Trilisser (1883-1940) siguió una trayectoria similar a la de Yagoda,desempeñando importantes cargos en la G.P.U. bajo la dirección de Dzerzhinskien los años 20 y supervisando las purgas en los 30 para luego ser élmismo condenado y ejecutado.