Quiero comenzar esta comunicación diciéndole a C.E.R. y a todos los que quieran leerla, que acepto participar en esta nueva empresa, pero desde ya aviso: mis aportaciones al debate tienen, como único interés, clarificar lo que pasó, para que los que quieran embarcarse en nuevas insurrecciones sepan a qué atenerse
Quiero que sepan que no es mi caso, al menos en estos momentos y en este país, que como todos saben, ya no es el mío. Se me acusa, para agregar una razón más para negarme, de haber quedado anclado en los años 70 del siglo pasado. No voy a ponerme a argumentar en contrario, ya que es gastar pólvora al cuete. Intentaré usar la que me queda en los chimangos de este entorno, que será el mío también, al menos hasta que el Tribunal de Apelaciones restituya la cordura perdida
Creo que chimango es la definición perfecta: se dice que “Esta ave tiene el apetito de los buitres, la ferocidad de los halcones y la agilidad de las aves marinas. Se come todo lo que encuentra, y también lo que le pueda robar a cualquier otra ave rapaz. Su dieta consiste desde carroña hasta insectos y plantas. Ataca a cualquier otro animal que vea herido o en desventaja, incluyendo a las ovejas y hasta los caballos. Usualmente anda en grupos hasta de 50 de ellos. De carácter oportunista, usa la fuerza del grupo para atacar a cualquier presa.”
Clavau, dijo Cañete. Sigamos. Por si no lo saben, para procesarme fueron suficientes 38 días y algunas providencias, aunque varias muy importantes se quedaron en el camino. Y para hacer las fotocopias del expediente y enviarlas al Tribunal, han tardado más de 120. Cuatro meses para hacer las fotocopias!!! Y encima, tuvimos que reclamarlas!!! En fin, prosigamos
Dice C.E.R. que no me conoció en el PS, lo que me lleva a pensar que anduvimos por los mismos sitios y en tiempos parecidos. Para dejar las cosas claras desde el inicio, yo aparecí por el partido en una época de fin de crisis de la era Frugoni, y en esa crisis el Tano Vitale, José Díaz y Reynaldo Gargano vieron en mí al candidato para desbancar de la secretaría del Centro Caramella a un frugonista de pro, honrado a carta cabal en lo personal y en la defensa de sus ideas. Me refiero a Gualberto Damonte, al que la corriente renovadora encabezada por Trías desbancó de malas maneras en el congreso anterior a las elecciones de 1962. Con mi aceptación, claro está. En esos momentos, con mis escasas 25 primaveras, creí estar cumpliendo un papel histórico. Hoy no. Damonte se merecía un trato diferente al que le dimos. Fueron tiempos en que El Assad, el padre, era uno de nuestros líderes. Es otra vuelta de la vida…
De esa época, además de los que mencionas, quiero recordar a Heraclio Rodríguez Recalde, a Edith Moraes, a la querida Elsa Garreiro, a la no menos querida Alba Bordoli, al Tabaré Rivero de los primeros años, a su hermano Alfredo, que supo aportarme siempre lo mejor de sí mismo y que tanto me apoyó en el desarrollo organizativo a partir de 1968, a José Guridi, enorme en cuerpo y alma, y al “flaco” Fernando Rodríguez, al que no supe escuchar en momentos de incertidumbre. Y cómo no, al “pelado” Ismael Bassini, al que le tocó siempre bailar con la más fea, el que tuvo que cargar con el jodido encargo de Pascasio Báez, porque quienes decidieron su muerte se la encomendaron a él, porque en su declive moral el Ejecutivo creyó que asesinarlo mediante pentotal los eximía de culpa
Contrariamente a lo que opinas, no estoy orgulloso de mi pasado tupamaro. Hace un tiempo dije que me arrepentía de haberlo sido y eso fue interpretado como que pretendía negar al MLN. No es así. Creo que en aquellos momentos hicimos lo que creíamos que teníamos que hacer, con los elementos que entonces teníamos.
De lo que me arrepiento es no haberme plantado en octubre de 1970, cuando tras la caída de Almería empezaron a ser evidentes las grietas en las paredes. Creí que eran los ladrillos y lo que fallaban eran los cimientos. Aunque nadie me quiere escuchar, es ahí que empiezan el declive, no porque quienes vinieron detrás fueran más jóvenes que nosotros, sino porque los viejos pretendimos ser un punto de referencia y no les dejamos ocupar el sitio que les correspondía
Tomando tus palabras, creo que fuimos una generación que se atrevió a meterle el diente al Uruguay de la indiferencia y nos atrevimos a emprender algo que entendimos era nuestro deber. Incluso quienes pretenden negarnos, cuando ponen negro sobre blanco las condicionantes políticas y sociales surge con claridad que no nos quedaba otro camino.
Yo creo que Fernando Moyano desafina, aunque lo más justo sería decir que entona otra partitura. Y pese a que se refiere a mí con cierto desprecio, no se lo tengo en cuenta, porque creo que es uno más que se ha creído “la oficial” y que todavía no ha asimilado que ha estado en el bando de los chimangos. Mal que le pese, es así.
Yo no critico ni a Zabalza ni a Mujica, ni al Ñato ni a Marenales por los hechos posteriores a 1994. Ellos sabrán por qué hicieron lo que hicieron. Tengo mi opinión, claro está, pero yo no estaba, afortunadamente. Los critico no solo porque llevaron al MLN a una debacle que les anuncié, sino porque después pretendieron echarme a mí la culpa. Y Zabalza sigue integrando esa caterva despreciable que hizo posible que un charlatán de feria como Mujica, reencarnado en el Pepe, se paseara por todo el mundo dando lecciones de honestidad cuando no es más que un falsario, aprovechando la sangre militante ajena. La de antes y la posterior a 1994
Yo no puedo ser indulgente con Zabalza, por una razón muy sencilla: él sabe que las acusaciones que pesan sobre mí son falsas. Lo supo siempre, porque los que eran entonces los suyos, se lo dijeron. Y cuando el hecho que señalas, que saltó indignado porque lo comparaban conmigo, debió soltar lo que estuvo a punto de decir: qué me contás si al Negro lo estamos cagando nosotros. Pero esa fue siempre una actitud de Sendic: abusaba de la solidaridad de los compañeros. Llegaba a un acuerdo contigo por cualquier asunto o problema, y si le convenía te lo echaba en cara delante de otros, en la certeza de que tú te ibas mantener callado.
De ahí mi falta de indulgencia. Zabalza es otro traicionado por los viejos chimangos, pero en eso como en otras cosas yo lo fui primero. Sendic, después, y Zabalza el último. Que de “chichipío” no tiene nada. A mí me dejaron en la alambrada, me mandaron al muere, dicen que me dieron la baja en el Patoruzú, me acusan falsamente de entregar la cárcel y después me exigen que me haga matar, bien por los militares o por algún ex en cualquier lugar en que se me encuentre. Que así decía la condena, esa que Zabalza dice que no existió o que él al menos no se enteró. Pero que sin embargo le costó al mismo MLN o a la “micro” o como quiera que se llamase, no pocos esfuerzos y algunos miles de dólares, en viáticos y pasajes de avión, para ejecutarme.
Discrepo contigo en otro punto: Zabalza no se tragó la pastilla. Ayudó a construirla y después les tapó la nariz a otros que olfateaban que algo olía mal por los rincones. Cadáveres de los que nadie ha querido hacerse cargo, teatrillos de guiñol montados en los calabozos del Florida para engañar al flaco Efraín y escuelitas en las que se impartían clases de economía a los capitanes compañeros. O a los compañeros capitanes. Qué tiempos aquéllos!!!, tiempos en los que era posible soñar en gobiernos de concentración nacional, con el Wilson, que dejó torturar. Pero después también lo perdonamos, porque se arrepintió.
Me decís que “En el cambio tuvieron mucha importancia dos antiguos militantes: Marcelo Estefanell y Aníbal de Lucía, el “Caqui”. Al primero apenas lo conocí, aunque su seudónimo se oía asiduamente en las reuniones del comando de la 15. Lo he viso en la tele, ahora que es un personaje. Este sí es un “chichipío”. Te aclaro una cosa: yo, para defenderme, no necesito adjudicarme méritos de otro. El que puso la alarma y salvó a Estefanell no fui yo, fue Wolff. Otro que sabe que las acusaciones contra mí son falsas, pero integra el círculo de los perdonados y calla, lo que no hizo con Fontana para la segunda edición de La piel del otro.
Al Caqui sí que lo conozco, desde 1967 y puede que un poco antes, cuando él era uno de los nuevos, en el 5, el chalet de Lagomar, antes de que Nell Tacci nos hiciera salir rajando. Seguro que el Caqui se acuerda. Y de las reuniones en Marquetalia, en las que la Negra y yo siempre éramos los derrotados y dejados de lado y el Caqui era el único que se nos acercaba, porque hasta de la ruedas de mate nos echaron. Cuando se formaron las columnas, en 1968, nos separamos y no lo he vuelto a ver. Sus entrevistas son un ejemplo del desastre que fueron el Tatú, la ida al monte y todo lo demás.
De los otros que nombrás: Blixen escribió una falsa biografía de Sendic pero que sin embargo es tomada como referencia por otros; a Yoldi casi no lo conocí; Listre dice que lo detuve yo, vestido de capitán, pero se negó a un careo conmigo y Martell otro tanto. En el careo Martell dijo que en el Florida estuvo alojado en una caballeriza. Yo le hice ver que el Florida era de infantería, que no había caballerizas, y entonces la fiscal le hizo cambiar la respuesta. El Ñato, muy suelto de lengua dijo que sí, que en un cuartel de infantería podía haber caballos, por si a alguno se le ocurría montar. Y como es el ministro, nadie se rió. Al gallego Más no lo recuerdo, entre el Ñato y Engler lo hicieron bosta. De Rosencof no hace falta decir nada.
Bueno, creo que es hora de dar por terminada esta parrafada. Espero la oportunidad para poder seguir dándole a los dátiles. Como me decía mi vieja, hablando se entiende la gente. Espero que sigamos