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Contra la censura ?socialista? en el arte

Rolando Astarita [Blog]

Por estos días tuve oportunidad de leer la crítica de Eduardo Sartelli, del grupo Razón y Revolución, a la posición defendida por los partidos trotskistas sobre que debe existir la más plena libertad de creación artística. En un reportaje concedido a la Agencia Paco Urondo, Sartelli califica la posición de Trotsky y el trotskismo en el arte de “liberal”, y precisa: “Esa idea de otorgar ‘toda libertad al arte’ presupone la existencia de un campo abstraído de las relaciones sociales, sin conflictividad, donde el artista es una especie de privilegiado, el único ser en el universo que no está determinado por ninguna relación social” (http://www.agenciapacourondo.com.ar/cultura/18727-queremos-combatir-una-lectura-religiosa-de-trotsky).

Por otra parte, en el Prólogo que escriben Sartelli y Rosana López Rodríguez a la reciente edición de Literatura y revolución, critican la “caricatura trotskista” de la posición de Trotsky en el arte, diciendo que la misma “pretende que Trotsky encuentra repulsiva la idea misma de censura, defiende la libertad sin límite alguno del artista…”. Afirman que Trotsky “negaba libertad a todos aquellos que estuvieran a la derecha de los compañeros de ruta, es decir, de todos los que no apoyaban a la revolución. (…) Cuando Trotsky habla de ‘libertad’ al arte se refiere pura y exclusivamente a la cuestión formal... La cuestión temática es más compleja: si se escribe desde un punto de vista reaccionario, se hace acreedor a la censura; si se actúa lo que se escribe, se expone a cosas peores” (http://razonyrevolucion.org/trotsky-literatura-y-revolucion-por-rosana-lopez-rodriguez-y-eduardo-sartelli/).

Pues bien, considerándome un marxista que encuentra revulsiva a la censura y defiende la libertad sin límite alguno del artista, afirmo que la posición de Sartelli y López Rodríguez es nefasta. Y si Trotsky era partidario de la censura en el arte, pues también estoy en contra de la posición de Trotsky en este asunto. Sostengo que defender la censura porque el contenido de tal o cual producto artístico es reaccionario, es puro oscurantismo reaccionario. Más en general, se trata de un criterio anti-científico por excelencia, sea cual sea el campo del pensamiento al que se lo aplique. Por caso, ¿hay que censurar la obra de Say, Keynes o Friedman porque en Economía Política estos autores “están a la derecha de los compañeros de ruta”? ¿O censurar a los que siguen sus doctrinas? Además, ¿qué se gana con eso? Respuesta: nada, absolutamente nada. Solo los que piensan que las ideas se modifican con censuras y represalias, pueden creer que con estos métodos se defiende al socialismo. Pero si esto es cierto para la ciencia, con tanta o más razón lo es en el campo del arte. No hay ninguna razón “revolucionaria” para defender la censura en el terreno de la creación o el consumo artístico. Con estas prácticas lo único que se logra es anular la posibilidad de argumentos razonados. ¿No hay suficientes pruebas históricas de adónde condujeron estas aberraciones? Además, ¿quién decide qué “contenido temático” se permite publicar, y cuál no? ¿Quién decide dónde “la forma” empieza a afectar “al contenido”? ¿Con qué derecho el censor ve y lee todo lo que se le ocurre, y prohíbe que vea y lea todo lo que se le pueda ocurrir a la gente común?

Por supuesto, la posición de Razón y Revolución es un aval a la censura ejercida por Stalin y compañía en la URSS. Y una vez embarcados en ese camino, no hay frenos. Estamos en el terreno nauseabundo de las “revoluciones culturales” en las que se obliga a un Eisenstein a eliminar a Trotsky del film “Octubre”; en las que se envía a jóvenes a campos de trabajos forzados por escuchar a los Beatles; o se prohíben los cuartetos para cuerda de Mozart. Todo es pasible de ser atacado “por su contenido temático”; o, en última instancia, siempre se podrá decir que “dialécticamente”, tal forma está contaminada de tal “contenido reaccionario”. Es el terreno del todo vale, el de la arbitrariedad del burócrata investido de poder.

Aclaremos también que combatir la censura en el arte no significa acordar con la tesis de que el arte está abstraído de las relaciones sociales. Un marxista puede, por ejemplo, realizar un análisis de las raíces sociales y políticas de la obra de Solzhenitsyn, y no por ello dejar de defender el derecho de Solzhenitsyn a publicar su obra en un país “del socialismo real”.

Por último, Sartelli y López Rodríguez enmarcan su defensa de la censura en un balance favorable de la colectivización forzosa y la industrialización acelerada en la URSS. Afirman: “Stalin encarna, con las deformaciones que se quiera, el impulso transformador de Octubre. (…) El stalinismo procede a resolver problemas pendientes de la revolución, de modo que no viene tanto a consolidar sus conquistas como a profundizarlas”. Esta cuestión justamente la estoy discutiendo por estos tiempos en una extensa nota en el blog (aquí y siguientes). Por ahora solo diré que la censura stalinista de los treinta estuvo orgánicamente vinculada a los millones de muertos (entre seis y siete millones, por lo menos) que provocó la colectivización forzosa; a los campos de trabajo forzado a donde se enviaron a millones de seres humanos; al millón de represaliados por motivos políticos; y a los increíbles padecimientos a los que fue sometido el pueblo soviético. Por eso, no solo el arte, sino también el periodismo, la ciencia (incluida la demografía), los análisis políticos, y cualquier otra expresión intelectual, fueron obligados a disimular y mentir. Había que ocultar a cualquier precio el gigantesco drama humano que estaba ocurriendo. Es la censura “temática” que elogian los Sartelli y López Rodríguez, cacareando –faltaba  más- sobre “razones” y “revoluciones”.