Adrián Enrique Gómez Fitipaldi
29/2/16 Facebook
En los sistemas políticos de América Latina han surgido nuevos partidos de derecha, con mayor y menor éxito electoral, debido a la crisis de los partidos que llevaron adelante gobiernos con programas económicos neoliberales.
Generalmente en esos países hermanos no había sistemas de partidos políticos tan consolidados como en Uruguay. Aquí el resurgir electoral de la derecha, que se viene dando en el resto de América Latina, quizás no necesite de nuevas estructuras partidarias.
El problema de estructuras partidarias lo tenemos en la izquierda porque el proceso que llevó al Frente Amplio al gobierno convirtió a ese principal partido de izquierda, primero en un partido de “centro izquierda” para acceder al gobierno y luego a un partido de centro ya en el gobierno.
Ese corrimiento político-ideológico de la estructura partidaria hacia el centro nos dejó a los de izquierda en una situación muy difícil. Ya durante el gobierno de Mujica, con el disciplinamiento gubernamental del MPP la izquierda quedó sin ninguna expresión parlamentaria. Recién en este período de gobierno, la Unidad Popular pudo hacer entrar por estrecho margen, a un solo diputado de izquierda, de manera independiente del gobierno del Frente Amplio.
Pero pensar que el espacio electoral que ideológicamente se identifica con la izquierda debe estar representado con 1 sólo diputado en 99 de Uruguay sería un error político. El problema es que estamos enormemente fragmentados: dentro del partido de gobierno todavía hay votantes de izquierda que tienen miedo de que vuelva la derecha y esperanzas en políticos oportunistas que se impostan en la mentira y discursean sobre la posibilidad de un regreso a las viejas banderas fundacionales de 1971.
También debemos tener en cuenta que fuera del partido de gobierno también hay otras opciones electorales “atractivas” para el votante de izquierda, además de la Unidad Popular: el Partido Ecologista con un caudillo que se mimetiza con Mujica y hace un discurso muy populista, el Anarquismo que SI hace Campaña Electoral en favor del Voto en Blanco/Anulado/Abstención y el trotskismo que viene creciendo con respaldo bonaerense.
El problema que tenemos para reagrupar la izquierda en nuestro país es que en la única coalición política en capacidad de hacerlo (Unidad Popular) tenemos como una especie de “anticuerpo ideológico” contra el crecimiento. Es una especie muy particular de mutación del sectarismo adaptada nuestro sistema político.
En abstracto podemos caracterizar a este anticuerpo ideológico como una “tesis de la tabla rasa” para el sistema político donde exceptuando al 1%, “todo lo demás” es lo mismo.
Esta “tabla rasa” genera un montón de problemas para caracterizar y comprender la política porque a la hora de un balotaje entre el candidato del gobierno o el candidato de la oposición de derecha hay que sumarse al “voto en blanco” porque “son lo mismo”, en el movimiento sindical hay que armar sindicatos paralelos porque todas las corrientes sindicales “son lo mismo”, en el panorama político son “todos de derecha”, y así funciona ese modo de pensar.
Bien, en esto último quiero detenerme porque la caracterización del Frente Amplio como “nueva derecha” es la que me motivó a escribir esta nota.
En primer lugar la expresión “nueva derecha” viene trasplantada de sistemas de partidos políticos que no tienen nada que ver con el nuestro, como vimos más arriba la derecha no necesita nuevas estructuras partidarias aquí.
Lo que sí pasa en el Frente Amplio, como en cualquier partido de grandes masas en épocas de paz, es que logra atraer elementos políticos de derecha, de centro derecha, de centro izquierda y de izquierda, aunque se ubique hábilmente en el lugar que menos molesta: el centro.
Pero no hay que confundirse, la derecha está bien ocupada por sus dos partidos tradicionales, y expresa casi a la mitad del electorado.
La expresión “nueva derecha” que han comenzado a utilizar compañeros de izquierda para referirse al Frente Amplio, contiene otro error porque oscurece las diferencias entre derecha y centro, ya que como dije anteriormente, todo esto tiene origen en la “tabla rasa”.
Para la gente sin un nivel muy alto de politización la diferencia entre este gobierno “de centro” y los viejos gobiernos “de derecha” es por ejemplo: el doble de desocupación, o los Consejos de Salario, o el Derecho a la sindicalización, o la Ley de Seguridad Laboral, o las 8 horas de trabajo Rural, o la formalización de las Trabajadoras Domésticas. Hay una DIFERENCIA GRANDE entre un gobierno de Centro y un gobierno de Derecha.
Pero además de todos los errores e imprecisiones gruesas que tiene utilizar la expresión “nueva derecha” para referirse al Frente Amplio, es muy inconveniente políticamente ya que ofende a los votantes de izquierda que aún optan por el Frente Amplio, ya que los subestima políticamente.
De esta manera se genera por parte de sus propios militantes un rechazo de masas hacia la única coalición política capaz de reagrupar a la izquierda. Así funciona el anticuerpo contra el crecimiento de la Unidad Popular: la tabla rasa.
Los resultados de todo esto en la elección de 2014 fueron que la mayoría de quienes dejaron de votar al Frente Amplio en las elecciones parlamentarias se distribuyeron en las diversas opciones que antes mencioné (PERI, PT, voto en blanco, anulado, abstención). Aunque todo esto quedó disimulado porque una minoría importante, sí nos volcamos a la Unidad Popular, lo que sumando nuestros votos a la Asamblea Popular, que en 2009 había obtenido unos 16.000 votos nos permitió llegar juntos a 27.000 votos y lograr introducir un diputado de izquierda.
Pero lamentablemente algunos compañeros se niegan a entender la precariedad de la situación política de la izquierda y esperan la pronta irrupción del “auge de la lucha de masas” con las albricias de los antiguos esperando al mesías.
Esta incomprensión general del proceso de tendencia a la restauración derechista en América Latina, sumada a categorías fanáticas provenientes de la tesis de la “tabla rasa”, fragmentan y debilitan a la verdadera izquierda uruguaya, obstruyen su crecimiento y desorientan a quienes, lentamente, van abandonando las inútiles esperanzas en una restauración ideológica izquierdista del Frente Amplio.
En todo sistema político burgués existe derecha, centro-derecha, centro, centro-izquierda e izquierda. El problema es que en Uruguay el centro y la centro-izquierda tienen chantajeada, secuestrada y fragmentada a la izquierda.
En las últimas elecciones las encuestas favorecían a las expectativas del principal candidato derechista para que los votantes de izquierda se asustaran y no votaran por fuera del partido de gobierno. Pasadas las elecciones, las maniobras del sistema para evitar la unidad de la verdadera izquierda toman un carácter mucho más sutil y difícil de caracterizar, pero entre esas maniobras se encuentran, seguramente, la propaganda para la confusión ideológica y la división del sindicalismo combativo.
La permanente propaganda derechista contra el esquema “derecha-centro-izquierda” que permite la comprensión de la política por grandes masas, está enormemente ligada a la confusión izquierdista respecto del problema de la “nueva derecha” y la correcta caracterización política del gobierno del Frente Amplio.
Quizás la única esperanza para evitar el retorno de la derecha al gobierno sea el reagrupamiento de la verdadera izquierda en la Unidad Popular, no para disputar el gobierno, sino para evitar la confusión y la dispersión de la izquierda haciendo posible la perspectiva de una “unidad táctica” en el balotaje con el Frente Amplio, y evitar así la restauración derechista.
Falta mucho para las elecciones, pero tal y como se perfilan las cosas, manteniéndose la tendencia actual el Frente Amplio pierde votos por derecha y va a seguir perdiendo votos por izquierda.
En este momento el mejor “juego a favor del retorno de la derecha” es mantener a la izquierda fragmentada, desmoralizada y sin ninguna perspectiva hasta las próximas elecciones. Ofrecerle la perspectiva de seguir tras el centrismo frenteamplista ya ha dejado de ser una opción creíble para demasiados votantes.
Sólo abandonando confusiones y fantasías provenientes de la tesis de la “tabla rasa” podremos reagrupar a la izquierda en la única coalición de partidos en condiciones de hacerlo, para ello hay que abandonar las maniobras de división del sindicalismo combativo, fundadas en fantasías sobre una “central paralela” inexistente, y volver a apropiarnos del lenguaje político que la mayoría de nuestra gente entiende: es mentira que “todo es lo mismo”, en política hay derecha, centro e izquierda, por más que la derecha insista en negarlo.