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PERSISTENCIA de la IMPUNIDAD y TERRORISMO DE ESTADO DEMOCRÁTICO

NOTA 3: Comentarios y discusiones

He recibido tantos comentarios y criticas que no he terminado de seleccionar algunas para publicar y menos de responder a las que me parecen particularmente importantes sobre la impunidad y su continuidad. Por lo que eso vendrá, después…Entre tanto se han publicado varios comentarios a mis 2 notas anteriores sobre la impunidad. No tengo más remedio que elegir subjetivamente las que permiten aclarar cosas que me parecen decisivas en las polémicas actuales. En este caso solo tomo algunas frases de una contribución de Soledad Orejana que critica elementos importantes de mis notas.

* * *

Soledad orejana dice: “Ricardo, me entusiasme con los 1os párrafos, coincido. Pero tal parece que para todos los que escriben en PP,  los únicos damnificados en la dictadura, fueron los tupas”[1]

Estimada solitaria y orejana: Me debo haber expresado muy mal sobre la dictadura si se entendió que los únicos damnificados fueron los tupas…, al contrario siempre quise expresar que la traición histórica del aparato de los Tupamaros perjudicó y consolidó la dictadura contra toda la población del país y particularmente contra el proletariado que se había ido definiendo en la lucha y contraposición con el capital. O sea que te doy totalmente la razón en haber insistido en que el terrorismo de Estado nos hizo mierda a todos (aunque creo que ya en la segunda nota estaba más clara esta cuestión).

Estoy también totalmente de acuerdo en que: “La dictadura NO TERMINÓ! CAMBIO DE FORMA! Pero siguen gobernándonos. Y ahora junto con blancos, colorados e independientes… ¡TODOS SON DERECHA! Incluyo a los ex comunistas travestidos, netos neoliberales disfrazados, pero ya sin antifaz!

La vigencia de aquella impunidad permite la "nueva", que los impunes, cívico-militares manden el producto de su robo diario y sus coimas, a Panamá, etc. Y se ocupan y preocupan de que los jóvenes no reciban educación, que la poca que les dan obvie la historia de 1960 a 1985, y MUCHO consumismo, porque a un pueblo inculto alienado, drogado se le maneja fácil!

Es parte de la estrategia. Los profesores de milicos son los mismos, iguales libretos y métodos que antes. Y antes los mandaban a Panamá, ahora los mandan a Haití y África! Y traen instructores yanquis e israelíes! Quienes? Los tupas y compañía!”

Por el contrario, no estoy de acuerdo con otras afirmaciones de tu intervención, por razones más conceptuales profundas, que no tengo posibilidades de discutir (aquí y ahora) en detalle, pero si me resulta indispensable mencionar las más importantes.

Por ejemplo no tengo el concepto de “democracia” que vos tenés, pienso que la democracia históricamente siempre ha sido la dictadura de la sociedad mercantil y no el “gobierno del pueblo” como el Estado dice (¡también es mentira lo que cuentan sobre Grecia y su democracia!). El sustrato de la democracia es siempre el mercado, la propiedad privada (y la indispensable violencia Estatal para privar a los seres humanos de sus medios de vida). La democracia es históricamente el producto de la igualdad y la libertad mercantil, del egoísmo generalizado, de la atomización de la sociedad en individuos autónomos. Por eso no veo nada reivindicable en la misma y le auguro una muerte violenta junto a la sociedad mercantil.

Con los otros temas sucede lo mismo. No se puede partir de lo que dice el Estado, ni lo que cada partido dice de sí mismo. No me parece correcto hablar de “comunistas” sin comillas en referencia al Partido “comunista” del Uruguay porque, casi desde el principio, fue una organización no comunista, sino leninista, estalinista.

Los militantes que fueron perseguidos de dicho partido, en la medida en que lucharon contra el poder, sí constituyeron parte del proletariado. Sin embargo no estoy de acuerdo con la categoría sociológica de “clase obrera” que confunde más de lo que aporta en la clarificación de la lucha de clases. Globalmente no estoy de acuerdo en considerar determinante la extracción de clase como hace la sociología universitaria o el leninismo distorsionando el concepto dinámico e histórico de proletariado, tal como fue utilizado durante siglos por los mismos proletarios constituyéndose en fuerza histórica [2]

Al contrario sostengo que el proletariado se define en la lucha, por su contraposición a la propiedad privada, al capital, al poder. Es en su movimiento, en su dinámica, en su práctica social que el proletariado se constituye como clase.

En el Uruguay de aquellos años, coincide muy poco con las estructuras políticas formales y la prédica ideológica de los bolches y otros “socialistas”. El proletariado, como clase en lucha contra el capital, es evidentemente mucho más amplio en cuanto a gente que todas las organizaciones formales de izquierda (no se limita tampoco a en la “clase obrera” de la socialdemocracia) y al mismo tiempo en su proceso de afirmación es mucho más determinado y restringido que los programas y direcciones de todas eses organizaciones, incluyendo por supuesto a las “organizaciones armadas”. Las determinaciones más fuertes del proletariado como clase en lucha en los años 60/70 [3] le pasaron por arriba a todas esas estructuras formales, y particularmente al “PC”, que nunca enarboló banderas clasistas, ni revolucionarias y que seguía defendiendo el parlamentarismo y el sindicalismo en plena guerra social.

Si los Tupamaros fueron particularmente importantes en aquellos años, es justamente por haber atraído a una parte muy importante del proletariado en lucha contra el poder, por la sencilla razón que apareció como una solución radical y revolucionaria. Mientras tanto el “PC” en Uruguay ni siquiera hablaba de revolución y era un obstáculo importante en toda tentativa de lucha autónoma de clase.

Justamente en 1967/71 la lucha de clases es clara y neta: el proletariado se contrapone abiertamente a toda la política burguesa logrando constituirse en fuerza opuesta al orden establecido. Por eso en la memoria colectiva se siguen reconociendo como los mejores años de cuestionamiento de la sociedad y son sin dudas los años de menor impunidad en toda la historia del Uruguay.

En concreto y para volver a nuestro tema, los torturadores andaban con miedo, porque había fuerza proletaria contrapuesta al Estado. Se había liquidado algún milico torturador, se había ejecutado al principal profesor de torturas venido del Norte, Dan Mitrione y en los barrios a los milicos los insultaban y les tiraban piedras. Entre los estudiantes a los tiras que se descubría se les daba una buena paliza y hubo cantegriles en los que los echaban a patadas: tiras y otros milicos terminaban mudándose o viviendo en los cuarteles. Hace muy  poco en una esquina de Montevideo, que ni quiero mencionar, se recordaba con alegría las anécdotas de esa época, en donde el represor (por ejemplo de la Metropolitana) la pasaba tan mal en general  que se iba del barrio o “vivía” escondido.

¡Qué diferencia con el Uruguay de los Mujica/Vázquez y los Bonomi/Huidobro en donde la impunidad reina y los milicos imponen el terror en cada calabozo, en cada comisaría, en cada barrio!

En plena democracia reina esa dictadura, como en plena dictadura quienes habían hecho posible tanto terror de Estado en el Cono Sur, habían sido las mayores democracias del planeta (USA, Francia, Alemania...)

Lo subrayo solo para reafirmar el ABC sobre lo que es en realidad la democracia, en contraste con lo que ella dice de sí misma. La supuesta oposición entre ambos términos es otra mentira del capital y el Estado.

Volviendo entonces a aquel proceso tan rico de defensa elemental de la lucha humana, en donde la impunidad no era omnipresente como hoy, me parece importante subrayar que ello fue posible por la lucha proletaria en todas partes en los barrios, en los liceos, en las oficinas y fábricas, que en el mismo participaba gente suelta, grupos que se organizaban para ello y grupos armados, entre los cuales se destacaron los Tupamaros [4] El “PC” en cambio ni siquiera apoyó ese proceso, y si el proletariado lo hizo, fue pasándole por arriba.

Justamente si los Tupamaros fueron importantes fue por ser la estructura formal que aparecía como la más espectacular en la organización de la violencia de los de abajo. En su lucha radical, el proletariado no encontró otra opción que le permitiera ganar la guerra de clases y lo que aparecía más creíble era el proyecto que ofrecían las “organizaciones guerrilleras”. Los “sediciosos” de diferentes organizaciones eran, en los años 67/72, los únicos que obtenían victorias inmediatas frente a los patrones y al Estado.

También hubo acciones de muchas otras organizaciones, así como de minorías decididas y estructuras que surgían solo para una acción. En efecto mientras los patrones (el FMI, el capital internacional….) imponían la austeridad, las huelgas se perdían, en las manifestaciones te cagaban a palos y en los cuarteles y comisarías también…, sólo las estructuras clandestinas y conspirativas podían dar algunos golpes significativos contra el poder del capital.

¿Se hubiese podido hacerlo de otra manera?Con total seguridad: NO, no había otra forma de enfrentar los aparatos más selectos y conspirativos del Estado mismo, que también conspiraban, que escondían sus métodos, que tenían jefes y profesores clandestinos que enseñaban a torturar ...

Las condiciones mismas empujaron al proletariado a desarrollar esas estructuras de defensa y empujaron a su especialización. La lucha conspirativa de los Tupamaros contra la impunidad fue una necesidad elemental y vital de los proletarios en lucha: realmente no había “otro método” y todo discurso a posteriori legalista condenándolo es en ese sentido, como el del P “C” uruguayo parte del discurso de la impunidad. ¡Por eso reclutaron tantos elementos valiosos! Porque expresaron una necesidad objetiva del proletariado en su respuesta al brutal despotismo del Estado democrático (Pacheco Areco), mientras las organizaciones electoreras seguían perdiendo gente.

Evidentemente esta discusión es muy importante y en última instancia nos llevaría a una discusión mucho más global sobre el proyecto social de destrucción del capital y las diferentes organizaciones formales... En efecto ser  expresión de esa necesaria violencia proletaria, no quiere decir para nada que las organizaciones que la asumían fuesen revolucionarias, en el sentido de tener un verdadero proyecto de destrucción del trabajo asalariado y la mercancía.

Pienso que esta discusión que asuma la realización de un verdadero balance histórico de la lucha del proletariado en la región recién está comenzando (a nivel local e internacional). Dentro de ese balance, la explicación de que los Tupamaros, terminaron en lo que terminaron, porque eran “estudiantes” o pequeño burgueses no sirve para nada, es una capucha socialdemócrata y obrerista, que nos impide ver la vida del proletariado mismo.

Exactamente como la que ponen en las comisarías y cuarteles de todo el planeta el terrorismo de Estado. Explicar a través de la pequeña burguesía los mayores acontecimientos sociales del siglo XX (también se aplica esto: al foquismo, al nazismo, al fascismo, a la radicalización en general, a la burocratización, al islamismo…y realmente a cualquier movimiento social), como hace el leninismo y en general el socialismo burgués, es en la práctica esconder las contradicciones reales de la sociedad burguesa y su catástrofe y solo puede contribuir a la perpetuación de la sociedad burguesa.

Creo que tampoco aporta gran cosa un análisis objetivista como el de Fernando Moyano, que se contenta con decir algo así como “no había condiciones”, “bastaba con no tomar las armas” (como declaró Plejánov frente al movimiento insurreccional en Rusia de principios del siglo):

“La guerrilla tupamara fue derrotada porque en esas condiciones no podía triunfar, no habíanmadurado las CONDICIONES POLÍTICAS Y SOCIALES para ese triunfo, fue un intento PREMATURO de lucha armada” [5]

Este tipo de afirmaciones, clásica en el socialismo democrático, considera que quien rompe el orden legitimo y sagrado de la democracia son los apresurados, los impacientes, los que no esperan a que “las condiciones objetivas” están dadas. En general se cuestiona siempre a la resistencia inevitable de los de abajo.

Se parte del falso presupuesto de que quienes decidieron la “lucha armada” fueron los Tupamaros, o en general “los grupos armados”, como si estos hubiesen podido decidir que “era prematuro” y podrían haberla largado unas décadas después, cuando en realidad fueron el capital y el Estado mundiales que desataron una impresionante ofensiva contra las condiciones de vida del proletariado de toda la región.

Mucho antes de que los Tupamaros, la FAU…o el ERP en Argentina o el ELN en Bolivia…y muchísimos otros, comenzaran la “lucha armada”, los Estados de la región habían empezado su preparación para el despliegue de todo el terrorismo de Estado: cursos de tortura, “guerra contra el comunismo” apaleamiento de los obreros y estudiantes, escuela de Panamá, bombas en actos públicos, doctrina de seguridad nacional…represión abierta de los conflictos sociales y de todo tipo de  grupos de resistencia proletaria.

No fue el proletariado el que pasó al ataque sino la burguesía. El proletariado respondió como pudo. Sin lugar a dudas, el proletariado no conocía nada de su programa revolucionario de liquidación de la sociedad mercantil, lo que a la vez es el producto de un largo proceso de contrarrevolución internacional triunfante desde mucho los años 20/30. Por eso peleó como pudo y no se le puede reprochar a los que teorizaron que “la revolución era posible” el haber desencadenado el proceso. Más que un análisis de las “condiciones objetivas de la revolución” los militantes revolucionarias sienten con su clase, la necesidad objetiva y urgente de la revolución.

Quienes hacen el reproche del apresuramiento, todavía están en la filosofía, como si lo importante fuera solo interpretar el mundo “objetivamente” (a eso llamo objetivismo ¡porque siempre descalifica la práctica voluntaria y revolucionaria en nombre de “lo objetivo”!) como Marx criticaba en Fuerbach, sin implicarse en la lucha por cambiarlo. En última instancia siempre tienen “razón objetiva” quienes después descalifican a los que luchan por haber salido a pelear: diciendo como Plejánov (¡o Arismendi en Uruguay!) “no había condiciones objetivas”.

¡En efecto, a posteriori, siempre los Plejánov “tienen razón” porque si perdimos es porque los otros ganaron, y por lo tanto objetivamente: llevábamos las de perder! ¡En todas las luchas de la especie humana que se perdieron se podría decir lo mismo! Por lo que la coherencia de esta concepción los seguirá llevando a seguir proclamando que las condiciones objetivas no están dadas, como Rodney Arismendi, mientras las clases se enfrentaban abiertamente.

En última instancia la lucha humana contra el capital [6] seguirá desarrollándose aunque las sabiendas “condiciones objetivas” no estén dadas; la lucha revolucionaria subjetiva, voluntaria y contra la corriente (objetivista) es y será también parte de las condiciones objetivas de su triunfo.

Lo que si puede y debe reprochársele a los militantes históricos que objetivamente dirigieron el proceso es confundir “revolución” con “lucha armada” y no ver más lejos que un conjunto de reformas.  Se debe decir clarito que su horizonte era limitado y burgués, que en vez de desarrollar la negación del capital mismo, pretendían arreglarlo, estatizarlo, reformarlo, nacionalizarlo, distribuirlo, hacerlo progresar, etc. La “lucha armada de los Tupamaros” como de otras expresiones de la región, aunque basadas en las mejores fuerzas del proletariado, fueron dirigidas por una concepción ideológica que llevaron a la ruina a un pueblo y que explica precisamente que esos aparatos terminen siendo cooptados por la contrarrevolución.

Si es verdad que seguir explicando la derrota por los traidores es el colmo del subjetivismo idealista y se termina escondiendo la historia real; el remitirse a afirmar que faltaron las “condiciones materiales” es la contrapartida simplista y objetivista propia del más puro materialismo vulgar. Ninguna de esas dos “explicaciones” aborda un verdadero balance histórico y por eso es incapaz de denunciar claramente lo que llevo al proletariado a la derrota. ¡Y mucho menos construir una perspectiva!

En ambos casos se llega a la resignación, en ambos se elude denunciar las causas reales que llevaron a la derrota. En ambos casos falta balance histórico, en ambos casos la perspectiva es turbia y no se ve la importancia crucial que tiene la crítica de ese abigarrado complejo ideológico que llevó a la derrota.

El foquismo, el aparatismo, el progresismo, el leninismo, el guevarismo…, fueron expresiones de esa ideología limitada, reformista y burguesa que creó tanta confusión en las filas guerrilleras que ni sus jefes sabían cómo diferenciar el progresismo del capital de sus propias concepciones. Hoy podemos afirmar que para la mayoría de ellos su concepción no se distinguía en absoluto del progreso del capital.

En vez de un programa de destrucción del trabajo asalariado y la mercancía, esos dirigentes se deslumbraban con el reformismo guevarista, leninista o castrista y confundían el “socialismo” con un programa de lucha contra los especuladores, nacionalizaciones, estatizaciones y/o redistribución del ingreso.

Por eso fue tan fácil convencer a muchos de esos dirigentes y hacerlos servir a los milicos progresistas pensando como estos, que todos los males se debían a las estafas de las financieras, de los bancos y a todos los que escondían sus capitales en otra parte. La “lucha contra los ilícitos económicos” fue la base común para los comandos conjuntos de los milicos con los Tupamaros y del pasaje definitivo de esta organización al servicio del capitalismo. Tampoco esto ha sido denunciado como tal, no se ha insistido lo suficiente en la identidad ideológica del oficial milico y el dirigente Tupamaro.

Lo mismo puede y debe decirse de toda la izquierda e incluso de las otras organizaciones armadas. No es por casualidad que el Gobierno del capital en Uruguay ha cooptado a dirigentes del PVP para cumplir el mismo papel milico que los Tupamaros, como algunos compañeros me han señalado luego de la primera nota, prometiendo escribir sobre el tema. En realidad desde el principio dicho partido renunció a su pasado clasista antiestatal y anticapital para someterse al más putrefacto posibilismo y progresismo.

Los bolches todavía peor, por más que pueda estar de acuerdo con Soledad Orejana en que la dictadura hizo mierda a tantos proletarios que eran militantes del P “C”. Basta con recordar que ese partido apoyó el golpe y los torturadores  buenos y progresistas, que El Popular se puso abiertamente al servicio de los milicos golpistas, que la dirección de la CNT hizo todo lo posible para ayudarlos saboteando la huelga general… que el proyecto social de dicho partido no se diferenciaba en nada sustancial de la dictadura capitalista mundial, como quedó totalmente en evidencia a nivel internacional (también Rusia y el “PC” argentino apoyaron a los milicos “buenos” como Videla).

Volviendo a la solitaria y orejana compañera  que escribe y de quien he apreciado mucho esta y otras contribuciones, a pesar de nuestras grandes diferencias, quisiera recomendarle que no utilice más otra categoría que ha puesto a la moda la izquierda del capital como “neoliberalismo” que no es otra cosa que la forma que ha tenido el capital de que solo se cuestione la “política económica neoliberal” como si hubiera otras políticas económicas (progresismo) y que bastaría cambiarlas para seguir con el capitalismo.

Fíjense bien compañeros que los únicos que utilizan consecuentemente esa palabreja de “neoliberalismo” son los que defienden “otra política” para el capitalismo, los que defienden a los gobiernos de izquierda o progresistas (Kirchneristas, Lulistas/Dilmaistas, chavistas, moralistas –por Evo- etc.) es decir al mismísimo capitalismo con un toquecito populista, nacionalista, redistributivo.

Todos ellos creen que el “otro mundo posible” se reduce a otra posible política económica para el mundo del capital. En realidad no sirve de nada una crítica que solo critique el tipo de política aplicada por el capital, cuando todas las políticas de todos los gobiernos obedecen en realidad a la dictadura de la tasa de ganancia del capital.

Justamente no hagamos el mismísimo error que las organizaciones que criticamos, que eran solo progresistas, pero nunca llegaron a cuestionar al capitalismo mismo. Definamos en contraposición un programa que vaya a la raíz misma de este sistema social y afirmemos la necesidad de destruirlo. No se trata de criticar a los que cometen ilícitos sino a la burguesía misma, por eso mismo no podremos aceptar torturadores buenos que nos propongan una pelea común. Ya la trampa está en la calle cuando nos proponen apoyar a tal gobierno progresista contra el neoliberalismo, como ayer los oficiales torturadores nos proponían luchar contra los ilícitos y hasta contra “la oligarquía y el imperialismo”.

No se trata de cuestionar una política de Estado por no ser lo suficientemente democrática sino al Estado mismo que mantiene la dictadura de la democracia, no alcanza con nacionalizar o estatizar el capital, sino que se requiere destruirlo. Por eso la crítica debe ir hasta la raíz misma de la sociedad burguesa a su composición celular, a la célula de base de la formación social burguesa, es decir a la mercancía y al trabajo asalariado. Como decía Marx, no se trata de hacer digno al trabajo asalariado porque es imposible, sino de abolirlo. ¡Sin su abolición este mundo será cada vez más inhumano, sin la destrucción de la mercancía habrá cada vez más terrorismo de Estado e impunidad!

Ricardo

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[1] Soledad orejana. PP Número 1635

[2] Por ejemplo cuando decís “Te olvidaste que la clase obrera (que existía, porque habían fabricas) mayoritariamente eran COMUNISTAS?! O no sabes que los tupas en su enorme mayoría eran jóvenes hijos de burgueses incluso estancieros, pero de IDEOLOGÍA muy poco!  Que en su mayoría NO ERAN OBREROS!?”  Rechazo totalmente ese criterio: ¡un partido no es “proletario” por estar compuesto por obreros! ¡Sino los nazis y los fascistas serían de los partidos más proletarios del siglo XX! ¡Y en Uruguay sin dudas, el batllismo sería el partido más proletario de todos! El ser “obrero” NO ofrece ninguna garantía sobre su práctica social. En casi todas partes el partido del orden recluta obreros masivamente.

[3] En un texto sobre la impunidad y su actual persistencia, resulta indispensable recordar y subrayar que entre esas determinaciones clasistas el proletariado se va afirmando luchando contra los represores y contra su impunidad, que esa lucha es para la clase algo de vida o muerte y que en esa lucha se van forjando las estructuras para ella, como veremos a continuación.

[4] Digo “destacaron” y en primer lugar hago referencia a lo que fue objetivo: eran las acciones más “destacables”, por su importancia por los blancos elegidos, su organización, su contundencia, su coherencia, su explicación, su propaganda…y las que más celebraba todo aquel que luchaba contra el Estado. En qué medida ese destaque contenía su transformación en espectáculo y al luchador en espectador (aplaudidor), o si se quiere, conducía a una lucha aparato contra aparato es parte de la discusión importante que hay que tener. ¿Era evitable? El problema no es solo que “los muchachos” hacían lo que el pueblo quería, sino que ellos también se la empezaron a creer (¡“la Orga es indestructible” y hasta había quienes le iban a ganar no solo al ejército uruguayo sino que hasta al brasilero que entraría de inmediato!), y las fuerzas represivas utilizaron esa brecha y esa creencia en la indestructibilidad para imponer la lucha entre aparatos que fue la clave para destruir al proletariado como clase.

[5]  En “Pobrecito Amodio”. No tengo el mayor deseo de responder a Moyano en particular, o señalar mis divergencias con sus aportes, en esta nota. Al contrario, podría haber citado aquí a muchos otros que dicen lo mismo, porque lo que me interesa criticar en este caso es esa tendencia objetivista en general, sobre las condiciones políticas y sociales que no habrían madurado…., y que condena los intentos como prematuros.

[6]  Los ideólogos del objetivismo que siempre condenan la lucha en base a las “condiciones materiales” se llevan muy mal con todas las clases explotadas del pasado que lucharon contra sus explotadores. Nunca estuvieron a favor del negro quilombolas que en su lucha contra la explotación se organizaba contra la esclavitud, porque “no podía triunfar”, ni “estaban dadas las condiciones materiales”. En última instancia aquí se encuentra también la clave socialdemócrata y leninista de apoyo a las tareas democrático burguesas, al desarrollo del capital. Por eso, aunque no lo digan, siempre estuvieron del lado de los esclavistas. ¡Nosotros estamos del lado del negro peleando contra la esclavitud y  también contra las famosas condiciones materiales que le impiden ser libre! ¡La misma lucha es una liberación, incluso si no logran consolidarse durante muchas décadas y generaciones de luchadores, como lo hicieron los quilombos!