Antes que nada, un abrazo emocionado al compañerazo Picacheta. Tenemos que encontrarnos. Te buscaré donde era tu casa la última vez que nos vimos, cerca de la playa, hace tantos años.
Lo que hizo la corrupta ultra derecha brasilera con Dilma tiene la misma significación, el mismo objetivo, utilizando los mismos instrumentos vernáculos a partir del fin del uso de la fuerza bruta externa o interna, pero creada, apoyada y dirigida desde el Norte. No podemos dejar de tener presente, la afinidad y complicidad entre el capitalismo y la embajada norteamericana durante la extensa y contradictoria vida política de Brasil en la trayectoria de Getulio Vargas, y la de Joao Goulart. Pero “Jango” iba mucho más lejos que Getulio y que Dilma. Planteó y exigió lo inédito, lo increíble en materia de nacionalizaciones y la blasfemia de la reforma agraria y estatuto del trabajador rural ya desde que era ministro de Vargas. Suficiente para ser pasado de latifundista a comunista, capaz de poner en situación de riesgo a los EE.UU.
Hace muchas décadas que en nuestro continente la fuerza bruta ha cedido el predominio en la injerencia en países ajenos, a la obsecuencia y entreguismo de los sectores de poder en nuestras propias naciones. Los cuerpos de Paz de la ONU son la versión armada “legal” sostenida por los países adeptos a la política exterior yanqui como lo es el nuestro, el de Tabaré, del extinto Ñato, y de casi toda la oposición y, muy lamentablemente, de nuestro propio pueblo.
Si revisamos muy ligeramente la historia de Latinoamérica desde el original y lejano límite norte de Méjico hasta Tierra del Fuego, advertiremos la coherencia de los intervencionismos yanquis en tierra continental y en el Caribe; el mismo perro con diferentes collares. Lo que debemos conocer y saber es cómo y cuándo los hechos sucedieron, como también sí o sí debemos conocer nuestra propia historia patria, con más miserias que glorias. Abandonemos la mezquindad chovinista y todo culto localista de villorrio.
El conocimiento del ideario Artiguista, su lucha, los lugares geográficos donde combatió al usurpador de nuestro territorio, incluyendo las Misiones; de los propios traidores de turno en el área federal de las Provincias Unidas, la personalidad de Fructuoso Rivera, juramentando fidelidad en 1820 al Reino de Portugal como oficial de alto rango en el ejército portugués a cuarenta días del desastre en las puntas del Tacuarembó, el mismo juramento y servicio a favor del nuevo imperio de Brasil tras el Grito de Ipiranga en el 22 con la adhesión personal siempre acompañada del reconocimiento de la Provincia Oriental como territorio portugués primero, y de Brasil luego, va conformando decimos, la conspiración hacia lo que no debíamos ser, lo poco que somos hoy.
Figuras de relevancia como el Padre Larrañaga y la camarilla que copió nuestra lamentable Constitución de la vigente en Argentina, habían ansiado fervorosamente pertenecer al Reino o al Imperio de los Braganza. Nosotros hoy traicionamos en forma permanente al Prócer, a los 33, a los argentinos orientales vencedores de Ituzaingó, Lavalleja, los Oribe, Eugenio Garzón, Pablo Zufriategui, Anacleto Medina y tantos otros, cuando celebramos la decisión imperial brasilera, la decisión imperial inglesa, la de Rivadavia y, dolorosamente, del federal Manuel Dorrego. Rivera, por adelantado, había iniciado el proceso de entrega devolviendo las Misiones “reconquistadas” por el tratado de Iberé-Ambá en diciembre de 1828 ante la exigencia brasilera. Antes, lo había hecho el tristemente célebre Cabildo de Montevideo en 1819 – Tratado de la Farola – a cambio de 150.000 km cuadrados de las Misiones por un faro en el Río de la Plata!
La entrega en 1828 era un requisito para la firma de la Convención Preliminar de Paz. Hoy, y tal vez por siempre, repetimos y repetiremos la infame mentira del día de la “independencia” al glorioso 25 de agosto de 1825. El mal día de la independencia sí lo fue el 28 de agosto pero 3 años después, por voluntad ajena y la de un puñado de réprobos locales.
Esto fue claramente explicado más de una vez en Posta. Viene esto con motivo de la reciente celebración del engaño celebrado una vez más, hace pocos días, por boca de quienes, inflamados de patriotismo, demagogos e incompetentes tanto como inescrupulosos intendentes, alcaldes, y nada menos que el mentiroso “licenciado” vicepresidente, colmo de la desvergüenza, usan y abusan de la ignorancia popular. Nuestro más profundo desprecio a todos ellos.
Iniciando el siglo veinte, el idolatrado y autoritario (¿o totalitario?) José Batlle, adulón de Teodoro Roosevelt, creador del Big Stick ( gran garrote), a raíz del asalto yanqui a Veracruz en Méjico en 1914, escribió en la caverna El Día durante su segunda presidencia, lo siguiente: cuando una nación incurre en desvaríos internos es un deber legítimo, que deben aplicarlo con urgencia sus vecinos, intervenir por las armas y llevar tranquilidad a ese hogar ensombrecido por la anarquía”.
He ahí a don Pepe, el que llamó a los “marines” ante una probable victoria del ejército popular de Aparicio Saravia; he ahí a quien gobernó dos veces como presidente y como patrón absoluto del partido atornillado al poder con fraudes, sobornos, proscripción, encarcelamiento y fuerzas armadas serviles y todavía con la Constitución de 1830; que dejó un país donde sólo el siete por ciento de sus habitantes tenía derecho a voto; el que recibe de Roosevelt el elogio de haber hecho lo que yo le dije tenía que hacer; el impúdico asesino de W. Beltrán; el que no reconocía el derecho de las mujeres a la activa vida política; el que usó y creó un estado fuerte para servir los intereses sectoriales de su nefasto partido.
Lo que fue en Paraguay con Lugo, lo es con Dilma en Brasil. Todo legal para la genuflexión leguleya derechista. El objetivo: terminar con el chavismo y hoy con Maduro; crear divisionismo y hacer bosta al Mercosur.