Puntualizando, clarificándonos
El interés suscitado, por las discusiones surgidas a partir de las notas que publiqué bajo el título: “Persistencia de la impunidad y terrorismo de Estado democrático”, me impulsa a retomar el tema. Además, algunas puntualizaciones recibidas exigen ser conocidas.
Poco a poco, el eje de aquellas discusiones, sobre la impunidad democrática, se ha ido desplazando hacia cuestiones más programáticas (lo que considero sano y lógico) que explican la derrota histórica del movimiento revolucionario en el país (cada vez más entendido en su contexto internacional, lo que también considero fundamental). En ese sentido me pareció lógico cambiar el título de lo que se va discutiendo y, por eso, pongo “derrota y programa” para centrar mejor los aportes.
Nuevamente como método de exposición utilizo la discusión, los aportes compañeros, mis respuestas, otras contribuciones, etc. Por supuesto que se respeta el anonimato de los compañeros que lo requieren, o, cuando se cita a algún compañero que no haya autorizado expresamente dicha cita, se cambia el nombre para no sea identificado. Quede claro que se mantiene el contenido textual, por considerarlo importante como aporte a la polémica.
Quiero hacer algunas puntualizaciones básicas, hacia las que hemos podido ir convergiendo y que son aportes cualitativos, subrayados así por los compañeros, aunque también muy denigrados por quienes dicen que todo esto no aporta nada. Globalmente hemos partido de la impunidad real, garantida por el Estado uruguayo, y hemos ido desentrañando la contribución histórica incuestionable de los Tupamaros a ese proceso Estatista que (como quedó bien aclarado), abarcó represivamente no solo a aquel grupo guerrillero, sino en general a toda la población del país.
Todos los que, de una forma u otra, estuvimos concernidos directamente por el terrorismo de Estado, por la liquidación de aquella potente ola de cuestionamiento revolucionaria de la inmunda sociedad del capital, y vivimos el proceso por el cual aquella organización que se había alimentado por la energía del proletariado capituló hasta transformarse en central en el aparato mismo del Estado burgués, partimos, como es lógico, de nuestras propias tripas, de nuestro propio sufrimiento, dolor, vida. En ese sentido hubo unanimidad en señalar traiciones y traidores, manipulaciones y manipuladores, oportunismo y capitulaciones; y también en ir reconociendo que aunque casi todos conocimos elementos de aquella capitulación histórica del año 1972, la profundidad de la misma no la conocíamos cabalmente, sino que la hemos seguido descubriendo todos los días.
Todo proceso de reflexión arranca siempre de lo que siente y vive quien reflexiona. No se trata entonces de decir “no hay que hablar de traidores” y hay que hablar de “condiciones materiales”, como si lo objetivo no estuviera lleno de subjetividades, como si la derrota política objetiva no tuviese actores, ni responsables, ni falsificadores de la historia.
Al contrario, se trata de ubicar la traición, la manipulación, así como también la actuación deliberada y manipuladora de los milicos como torturadores buenos, torturadores progresistas (desde lo más alto del aparato mundial del Estado…, allá más al Norte, para lograr la traición, la cooptación manipulando en los interrogatorios), en las condiciones reales de la lucha de clases, de sus intereses antagónicos, sus proyectos sociales contrapuestos. Justamente la liquidación de todo cuestionamiento fundamental del sistema capitalista, o dicho de otra forma la liquidación total del proletariado como clase autónoma durante tantas décadas /1, solo fue posible gracias a ese nivel bien concreto de la traición, de la colaboración, de la capitulación y toda minimización de este nivel lleva a concesiones frente a los traidores mismos.
Pero, agregamos desde el principio, todo eso tiene bases, fundamentos profundos, y eso es lo que hemos tratado de exponer, o mejor dicho de ir desenredando, desentrañando... Así llegamos a los niveles más programáticos de la derrota, y constatamos que el “programa” /2 mismo del oficialismo Tupamaro NO era diferente del programa de los “torturadores progresistas” (¡ni del Frente Amplio de ayer y de hoy!), aclarando al mismo tiempo que ese programa de progreso del capitalismo no tiene nada de nuevo, sino que es exactamente el mismísimo del populismo (frente popular, socialdemocracia, leninismo/estalinismo, peronismo, fascismo, antifascismo, frente único, unido o nacional…) que existió siempre como recambio en todas las épocas, en todos los países.
Vimos que, en el medio de la batalla, quienes, se supone, dirigían el proceso revolucionario, encontraron coincidencias y acuerdos con una parte del Estado burgués imperialista y que, en base a las mismas, empezaron a colaborar con ese proyecto.
Los mayores traidores no hubiesen podido convencer a tanta gente, hasta para constituir un gobierno conjunto, algunas décadas después, si no fuera así. Todo no lo explica el verticalismo estalinista existente en el aparato, pero si lo explica la ideología social democrática y progresista que dominaba ideológicamente a los oficialistas tupas. Pusimos en evidencia que esa coincidencia programática sí constituye la explicación fundamental del colaboracionismo, de la capitulación, del frenteamplismo tupamaro, del abandono total del cuestionamiento del sistema capitalista, en fin de la aceptación total del programa burgués que dirigió todos los gobiernos del Frente Amplio. La garantía de la impunidad de los torturadores, que pactaron los dirigentes Tupamaros en distintas instancias, siempre fue parte indispensable de ese programa y de la reorganización capitalista y estatista de la democracia en todas partes.
Las traiciones, las manipulaciones fueron decisivas, fueron ellas las que nos cagaron la vida y más nos dolieron y nos duelen, como expresaron tantos compañeros, pero no son la base, el fundamento. Desde que se va a las causas de tanta manipulación y traición y se sale del terreno del individuo, se entra en los fundamentos mismos de la sociedad, de la contraposición de clases y de proyectos.
Evidentemente que ese nivel, en donde se va ubicando el individuo en la contraposición de clases, es, como las clases sociales, directamente internacional. El progresismo, el populismo, el frenteamplismo son viejas posiciones internacionales que siempre llevaron a la ruina a un pueblo, y lo que los Tupas oficialistas tenían como programa no era diferente a todo eso. ¿Qué es lo que fue llevando a aceptar un programa totalmente ajeno al cuestionamiento a la sociedad del capital?
Algunos señalamos el carácter invariante del programa burgués para los proletarios, del programa del progreso del capital vendido como progreso para todo el pueblo, e insistimos en que, cuando esa formidable ola de cuestionamiento social del capital y el Estado, ni en Uruguay ni en otra parte el proletariado logró afirmar claramente su programa propio de destrucción de la sociedad.
Algunos compañeros que han participado en estas y otras polémicas sobre el tema, dan ejemplos concretos de cómo, incluso en esos años de tanto cuestionamiento a nivel mundial, los viejos Tupamaros no eran los que cuestionaban a fondo las raíces de la sociedad del capital, sino, por el contrario, exponen que eran dentro de las luchas una tendencia moderada y en general centrista.
Esa ruptura generalizada a nivel internacional, que se produjo contra el orden y la moral burguesa, y que el proletariado en el Uruguay (como en el mundo) asumió como propia cuestionando los fundamentos mismos de toda la sociedad, no fue vanguardizada por lo que se pretendía y se vendió como “la vanguardia”. Como señalan los compañeros, en cuanto a la ruptura, la vieja guardia Tupamara constituyó más un freno que un impulso. También se pone en evidencia el peso internacional de los elementos programáticos usados como modelo ideológico: el frentismo, el leninismo…
En ese sentido, Luis Sabini pone, en primer lugar, el caso Cuba, señalando que fue el verdadero modelo. Da el brutal ejemplo de la propia Federación de Estudiantes, que había mantenido una dirección anarquista, que nunca se había supeditado a uno u otro imperialismo, ni siquiera durante la guerra mundial, y que, finalmente, el modelo Cuba y la venida del propio Fidel Castro terminarían por liquidar aquella trayectoria e imponer el alineamiento que tan nefastas consecuencias tendría; “…el ejemplo cubano generó un espejismo más o menos generalizado en el subcontinente…”... Es verdad que, si bien en trabajos anteriores yo había criticado el castrismo y más globalmente el modelo socialdemócrata y leninista de “socialismo”, en las polémicas actuales no le habíamos dado el peso que realmente tuvo el “modelo cubano” como señala Luis Sabini.
En sus contribuciones recentra el asunto en el espejismo, en la zanahoria cubana: “La omnipresencia de “la Cuba socialista” y el guerrillerismo allí triunfante como “zanahoria” revolucionaria es, a mi modo de ver, decisiva para cuestionar buena parte de los análisis planteados”
Sin dudas, el peso ideológico de esa zanahoria, esa mezcla de guerrillerismo guevarista y de modelo de “socialismo en un solo país,” ocupó todo el horizonte, y es un avance el que se clarifique también ese elemento. Sin embargo, la importancia ideológica de Cuba en todo el continente más allá de la heroicidad de los combatientes y de la “teoría del foco” como táctica, es derivada de una cuestión mucho más global, del programa mismo de la socialdemocracia y el leninismo para los proletarios. Corriendo el velo táctico de la guerrilla y el romanticismo del “hombre nuevo” nos encontramos con la teoría misma del “socialismo en un solo país”, es decir de la reaccionaria asimilación del “programa socialista” a una simple toma del poder político más las estatizaciones.
A pesar de las buenas intenciones de luchar contra el individualismo capitalista y el entusiasmo de los primeros años el “socialismo tropical” chocaría con las viejas sentencias de los fundadores del socialismo: ninguna estatización cambiará nunca el carácter capitalista de la propiedad privada de los medios de producción. El proletario sigue privado de propiedad de los medios de producción mientras se reproduzca el sistema mercantil y el asalariado y el socialismo nunca pasará de ser un conjunto de declaraciones y de buenas intenciones.
Pero también con ello se fue colando el alineamiento interimperialistas que alejaba, al proletariado, de su programa para encuadrarlo en conformidad con el modelo leninista, con el que Cuba no solo no había roto, sino que imponía como horizonte posible. Visto más globalmente, la zanahoria de Cuba sirvió para hacer tragar no solo el estalinismo programático estatista como sinónimo de horizonte “socialista”, sino para excluir las tendencias autónomas y anti estatistas y reclutar para el frente popular (o amplio) de forma más o menos crítica y para alinear a los no alineados (como en el ejemplo de la FEU).
En todo caso, en aquellas primeras expulsiones de los errandoneanos, que cuenta Sabini, se estarían ya gestando elementos ideológicos para la liquidación de la autonomía del proletariado y su alineamiento en los bloques imperialistas. O visto todavía de forma más global, el frente populismo proimperialista que había ganado la Segunda Guerra Mundial se renovaba ideológicamente con Cuba y el Bloque Ruso, fijando un horizonte policlasista que pesaría, enormemente, contra la autonomía clasista unos años después.
Ello sitúa mejor programática e internacionalmente el proceso, por el cual, el Frente Amplio, como encuadre popular y burgués, será decisivo en la liquidación de la autonomía del proletariado (así como en su división en base al espectro electorero)y, en última instancia, en preparar el matadero que realizaron los milicos. En términos muchos más concretos, los compañeros señalan de que fue desde el principio (ver el aporte de Susana), y no luego, que el Frente Amplio se contrapone a la lucha autónoma del proletariado.
Se señala así el papel contrarrevolucionario del Frente Amplio durante toda su existencia, lo que si bien se dijo muchas veces, nunca se explicó y expuso tan explícitamente. Aunque en aquellos años la mayoría de los militantes de la tendencia pensaban así (“Frente Popular revolución fallida /3”)..., fueron pocos los escritos consecuentes, a nivel local, en este sentido. También aquí hay que reconocer la importancia de los trabajos de Luis Sabini que, desde el origen mismo del Frente, exponía claramente la cuestión (Posta Portenia ha reproducido varios aportes sobre el tema)
El Frente Amplio, en vez de ser un nivel organizativo de la lucha, como nos cuenta la historia oficial, es justamente lo contrario, la canalización de la lucha del proletariado hacia una solución estatal y un programa de proyecciones sociales enteramente reformista, burgués y estatista /4, que será, fundamental, para aislar y liquidar la tendencia revolucionaria en general, que constituye la otra mandíbula del aparato sanguinario del Estado. Los compañeros señalan la necesidad de profundizar sobre esta cuestión, y en la composición de partida del encuadre frenteamplista que no solo era lo opuesto a la tendencia revolucionaria e insurreccional del proletariado, sino que estaba, desde el origen, constituido básicamente por fuerzas burguesas y militares.
Programáticamente se explica que no es una casualidad que el primer candidato a presidente fuese el General que había reprimido, comandando la Región Militar Número 1 (la más importante), justamente cuando en los cuarteles empezaron a dar plantón y palo y las fuerzas armadas colaboraban en la militarización de toda la sociedad.
También fue en ese período que los cuarteles se llenaron, por primera vez, de presos sociales y políticos. Mientras los socialdemócratas y bolches seguían diciendo que “las condiciones materiales” no estaban dadas para la lucha armada, el Estado, y con la mano dura del General Seregni (apoyado por colorados, blancos y bolches), ya había comenzado la “lucha armada”, movilizado militarmente a los funcionarios públicos (militarización UTE, OSE, Ancap), allanado la Universidad, Ancap, encuartelando a los trabajadores bancarios en huelga, reprimido en el Cerro y la Teja…y un largo etcétera.
Todo eso ha permitido seguir comprendiendo las traiciones y las manipulaciones en un cuadro programático que explica que, más allá de lo que hicieron fulano o zutano, la ruptura revolucionaria que se fue produciendo en los años 60 por doquier, tuvo como límite ideológico el de la izquierda burguesa, la socialdemocracia, el estatismo /5
En última instancia, las raíces de la traición posterior está en la el socialdemocratismo histórico de las direcciones de la guerrilla y particularmente de los Tupamaros. El programa de la falta de programa, que luego hará a Huidobro y compañía coincidir con los oficiales torturadores en su lucha por el progresismo un año después, es, en 1971, el mismo que lleva a aceptar el frenteamplismo por parte de los Tupamaros, como si fuese una alternativa metodológica más, cuando era en realidad la renuncia total a la ruptura revolucionaria que se había ido produciendo en la calle. Como señalaba Joaquín, los dirigentes tupamaros nunca habían roto, con los principios de la sociedad burguesa y no veían ningún inconveniente en hacer un “gran frente” como el Frente Amplio.
En la práctica, el Frente era el primer acto indispensable en la liquidación de la autonomía del proletariado; la generalización terrorismo de Estado contra las minorías que querían seguir la pelea solo podía llevarse a cabo después. En ese momento, en Argentina, los militares verificaban prácticamente que no lograban liquidar la revuelta, y se seguirían produciendo las grandes insurrecciones (Cordobazo, Rosariazo….), la brutal represión dictatorial no había logrado liquidar al proletariado que seguía actuando incontroladamente como fuerza histórica contra todo el espectro político. No había Frente Amplio…, por eso los militares llegaron a la conclusión de que había que crearlo, y decidieron la vuelta de Perón para convocar a un gran Frente “como en Uruguay”….El Frente Amplio en realidad no tenía nada de original, sino que fue la repetición de los Frentes Populares de España, de Francia, de Bulgaria…. y, en alguna medida, de la Unidad Popular en Chile, que tan eficazmente habían aislado “a los que luchan” fuera y contra el Estado, pasó a ser un caso de escuela contra insurreccional en todo el continente.
Pienso que, efectivamente, hemos avanzado, que estas puntualizaciones son posibles por la puesta en evidencia de los fundamentos programáticos de las traiciones. Constato, también, que eso es lo que más molesta en el ambiente ideológico dominante, tanto para aquellos que siguen reduciendo todo a lo subjetivo y a la traición de tal o cual personaje, como a aquellos que siguen repitiendo que reducen el horizonte a la clásica y putrefacta afirmación objetivista de que “no estaban dadas las condiciones materiales”.
¿Hacia dónde va la polémica? Contribuciones
A continuación, dos aportes compañeros sobre la polémica misma. El primero busca centrar las discusiones en las causas de la derrota y constituye un aporte y una directiva para seguir clarificando. El segundo me critica por entrar en el juego de Fernando Moyano, que nos aleja de los objetivos mismos de la polémica y nos lleva, según el autor, a una polémica de élites, que nos aleja de nuestros objetivos y nos lleva a una “diarrea teórica, sin resultados prácticos”.
Por supuesto que no estoy de acuerdo con el liquidacionismo de la polémica misma. El mismo me hace recordar lo que hacían los bolches y otros profesionales de la discusión al pedo en la asamblea, y su contraste con el “estilo tupa”. En el fondo, el enemigo se quedaba con toda la cancha; unos porque rompían las bolas con cualquier estupidez, el teoricismo al pedo y las elucubración de élite; y los otros porque se negaban a discutir y criticaban “la teoría” oponiéndole el practicismo e inmediatismo más chato: el estilo tupa.
Ricardo
Contribución 1
Estimado: Sigo con atención tus intervenciones. Creo que sin dejar de denunciar lo que haya que denunciar (la historia oficial, entre otras cosas) el grueso del esfuerzo hay que volcarlo a tratar de comprender las causas de la derrota. Seguramente el predominio de ciertas ideas, -el "leninismo" al uso soviético, el foquismo, entre otras- formen parte de la cosa; pero por algo fue (urbi et orbi). Estoy de acuerdo que sin disposición a rebelarse, a luchar y a eventualmente a perder y a morir no hay revolución posible, pero también creo que para que esa lucha consiga su propósito y no termine de la peor manera -sea con la destrucción previa o posterior de los revolucionarios- los que pretendemos ser agentes conscientes del cambio (y no marionetas del destino o de los aparatos) deberíamos tener más claro el "qué hacer".
Seguramente los procesos que terminan provocando cambios sociales trascendentales no puedan ser la obra de un grupo de conspiradores y respondan al conflicto que la misma estructura de la sociedad genera, pero la cuestión es que si no hay una "teoría de la revolución" (proletaria); una manera correcta, acertada, de hacerla (o no) tampoco es posible una discusión sobre los errores.
Andrés
Contribución 2
Ricardo: Mirá FM está para las discusiones de elites, de "consagrados", los intelectuales soberbios de tanta lectura teórica, pero ABSOLUTAMENTE INCAPACES DE organizar, trabajar, solucionar los innumerables problemas prácticos del DÍA A DÍA.
Todo es una gran diarrea teórica, sin resultados prácticos. TE RECOMENDÉ QUE NO ENTRARAS, no diste pelota.
AHORA mirando todo de conjunto, la discusión se va al carajo. En esas minucias de yo dije o no dije, y el resto de las boludeces DEL PASADO.
Para los pibes jóvenes TODO ESO no les sirve y se corre un riesgo AUN PEOR, si todo es tan complicado, e intricado, quedate con lo QUE HAY.
O sea la política es una mierda. Saca las conclusiones…
Cacho
1 / He recibido algunas protestas o incomprensiones sobre eso de la “desaparición histórica del proletariado como clase”. Sin embargo, si el proletariado es concebido como la fuerza organizada que destruye la sociedad burguesa, es simple y claro ver que dicha fuerza desaparece por décadas de la historia.
En la mayoría de los casos, el problema se debe a que los compañeros no entienden **al, y muchas veces te equivocas al remplazarlo por el** el proletariado de esta manera, sino como una simple clasificación sociológica, lo que evidentemente es una concepción muy jodida, porque es la base ideológica de la apología del trabajo y de la dictadura de la “clase trabajadora” (¡que se encuentra en las antípodas de la destrucción del capital y el trabajo!). Es decir, no conciben al proletariado como fuerza histórica (que debe constituirse como clase y por lo tanto como partido para serlo), sino que consideran que “proletariado” es un sinónimo de “clase obrera”, tal como la socialdemocracia ha logrado imponer como verdadero credo religioso.
El leninismo (fracción de izquierda de la socialdemocracia) dio un paso más en este sentido: en nombre del socialismo le otorgará un contenido positivo al trabajo (**trepalium-**tortura), haciendo **del**al “proletariado” sinónimo de “clase trabajadora” y declarando que sobre esta base debe dirigir la sociedad. De ahí a transformar los campos de concentración para el trabajo en el modelo de socialismo había solo un pasito que dieron los bolcheviques desde 1918, por medio de la política de militarización del trabajo y los sindicatos dirigida por Trotsky y Lenin.
2/ Estamos hablando de programa en el sentido totalmente práctico y no de un librito o texto que existiría en alguna parte. Se fue explicando entonces que “el estilo Tupa”, el desprecio por la teoría, el empirismo, el aparatismo y el militarismo constituyeron, en la práctica, un “programa” que en vez de cuestionar los fundamentos de la sociedad burguesa buscaba mejorarla, hacerla más honesta (lucha contra los ilícitos económicos), sacarla del estancamiento y hacerla progresar.
3/ Fue así que se tradujo en castellano el libro de Daniel Guerin: Front Populaire, révolution manquée” y que fuera a nivel internacional el libro más conocido al respecto, aunque el propio Guerin fue tal vez más claro en otras charlas y artículos: “el Frente Popular como auxiliante del capitalismo francés”. Internacionalmente había mucho material sobre el papel contrarrevolucionario el frente populismo en toda Europa en Alemania (carta abierta, frentismo), en Bulgaria, en Francia y sobretodo en España adonde había sido el verdadero asesino de la Revolución social (1936/37). Ver al respecto: “Los verdugos de la revolución española” de Katia Landau.
4 / Solo para quienes no hayan leído nada de lo que se ha ido discutiendo recordemos que las pequeñas zanahorias como el progresismo, la lucha contra los ilícitos, las reformas agrarias, o las nacionalizaciones…no ponen en absoluto en cuestión a la sociedad del capital y al Estado, sino que son anzuelos para captar la energía revolucionaria, que se desarrollaba en las calles (en las fábricas, en los liceos, en los barrios…), hacia reformitas estatales.
Es decir para castrarlas. La aceptación de una gran parte de la guerrilla (operada también por el reformismo programático de la dirección oficialista de la mayoría de los grupos armados) de esa castración tuvo como efecto inmediato la liquidación de la tendencia revolucionaria real y constituyó el primer triunfo militar del Estado. El segundo, que consistió en la generalización de la tortura y el terror de Estado, solo se pudo desarrollar con esa base.
5/ “Limite”, en el sentido de contraposición a la ruptura, es decir de política burguesa limitante en el seno de la lucha proletaria