Corbyn se impuso al otro candidato para dirigir el principal
grupo opositor del Gobierno conservador
El izquierdista Jeremy Corbyn fue reelegido líder del Partido Laborista británico tras un proceso de elecciones internas en el que compitió con el diputado Owen Smith. Así lo confirmó este sábado (24.09.2016) esta formación política en Liverpool. Corbyn se impuso al otro candidato para dirigir el principal grupo opositor del Gobierno conservador, al lograr el 61,8 por ciento de los votos frente al 38,2 por ciento obtenido por su rival.
Smith, hasta ahora un desconocido diputado por Pontypridd, en Gales, desafió el liderazgo de Corbyn, provocando estas segundas elecciones primarias, con el respaldo del grupo parlamentario, un 80 por ciento del cual votó en julio contra el líder en una moción de confianza, tras una cascada de dimisiones en su equipo de oposición. Los diputados retaron a Corbyn tras achacarle un pobre papel en la campaña del referéndum sobre la permanencia en la UE, si bien los expertos electorales dijeron que su posición no había incidido en el resultado, favorable al "brexit".
Corbyn afrontará la difícil tarea de unificar la formación tras un año de enfrentamientos. Fue elegido por primera vez el 12 de septiembre de 2015 con el voto arrollador de las bases. Su reelección se produce con ese mismo apoyo de los afiliados, mientras que Smith cuenta con el respaldo de la mayoría de los 230 diputados del partido. Estas elecciones se han interpretado como un pulso ideológico entre las bases, más progresistas, y los diputados, muchos de ellos herederos del más conservador Nuevo Laborismo del ex primer ministro Tony Blair.
Los retos de Corbyn
Han podido votar 640.000 afiliados al partido, 80.000 más que la primera vez, una cifra alta que se debe al aumento de la afiliación bajo el liderazgo de Corbyn, que ha revitalizado el Laborismo como movimiento social. De estos, 340.000 son miembros plenos, 168.000 son afiliados a través de sindicatos -fundadores del partido y principales donantes- y 129.000 son "simpatizantes afiliados", personas que han pagado 25 libras para poder votar, según la normativa del partido. Unos 130.000 activistas perdieron el derecho automático de votación por la decisión del Comité Ejecutivo Nacional (NEC) del partido, amparada por los tribunales, de obligar a los afiliados por menos de seis meses (desde el pasado enero) a pagar también esa cantidad para poder votar.
Al cierre de las urnas, el pasado miércoles, Corbyn y Smith, de 46 años, hicieron un último llamamiento a los militantes para que apoyen su causa y les agradecieron su apoyo. Ahora Corbyn, como ganador de las elecciones, deberá formar en los próximos días su equipo opositor, lo que es más complicado para él por la falta de aliados en la Cámara de los Comunes.
Además, el partido todavía tiene que decidir si el líder continúa eligiendo a su equipo, como hasta ahora, o si lo han de votar los diputados y las bases. Además, su prioridad será unir al partido y prepararlo para la posibilidad de que la primera ministra conservadora, Theresa May -que sustituyó a David Cameron sin pasar por las urnas-, convoque elecciones anticipadas. Otro reto será definir la estrategia ante la inminente negociación del Gobierno sobre la salida de la Unión Europea, que empezará en 2017
MS (rtrla/dpa/efe)25/9/16
Corbyn logra un voto de confianza del laborismo
y pide superar las divisiones
Fue reelegido para liderar el partido tras una dura batalla ideológica en la interna
Luisa Corradini
LA NACIÓN DOM 25 DE SEP 2016
El Partido Laborista británico cerró definitivamente la era social-liberal que encarnaron Tony Blair y sus herederos durante 20 años. Con su histórica victoria de ayer en las elecciones internas, Jeremy Corbyn obtuvo un voto de confianza para volver a la tradicional orientación socialista del laborismo. Esa línea, sin embargo, amenaza con poner en peligro sus posibilidades electorales en una sociedad mayoritariamente conservadora.
"Si la situación no evoluciona rápida y radicalmente, no volveré a ver un gobierno laborista en mi vida", advirtió el ex líder laborista Neil Kinnock, de 74 años, a la BBC.
Con el 61,8% de los votos, Corbyn, de 67 años, mejoró el caudal que había cosechado en las internas de 2015 (59,48%) y aplastó a su adversario Owen Smith (46), que representaba al ala socialdemócrata del partido. En junio último, ese grupo había promovido un golpe interno tratando de aprovechar el desconcierto que reinaba en el país después del referéndum sobre el Brexit (salida de Gran Bretaña de la Unión Europea).
Ese grupo, dirigido por varias figuras emblemáticas del laborismo -como Hilary Benn, Tom Watson, Margaret Hodge, Ann Coffey, el propio Smith y un 80% del bloque parlamentario laborista-, primero intentó provocar la renuncia de Corbyn y, luego, lo obligó a aceptar un proceso de elecciones internas anticipadas para designar al líder partidario. Incluso lo acusaron de antisemita.
"Trabajemos unidos por un verdadero cambio"; "concentremos todas las energías contra el gobierno [conservador] de Theresa May", y "olvidemos el pasado", exhortó Corbyn al conocer los resultados, anunciados en la primera jornada del congreso laborista en Liverpool.
Nada indica, sin embargo, que los rebeldes recogerán la rama de olivo tendida por Corbyn, a quien siguen acusando de no haber hecho una campaña suficientemente vigorosa contra el Brexit, haber promovido una purga de dirigentes rivales a nivel local y, sobre todo, de comprometer las posibilidades electorales del partido con una línea radical que atemoriza a la mayor parte de la sociedad. El Congreso, que dura hasta el próximo miércoles, tratará de poner término a esa guerra civil. La exhortación a la reconciliación lanzada por los principales dirigentes difícilmente logrará disipar las tensiones internas, debido a los catastróficos sondeos para Corbyn en caso de eventuales elecciones anticipadas en el país, es decir, antes de 2020.
Una encuesta del instituto YouGov estima que 52% de los laboristas que apoyaron el Brexit no saben a quién van a votar en las próximas elecciones, lo que implicaría una sangría de 1,7 millones de votos para el laborismo. "No dudo que podemos ganar las próximas elecciones", dijo Corbyn a sus críticos, imperturbable como siempre. Contrariamente a su estilo informal y bohemio, ayer apareció en la tribuna del congreso laborista vestido de traje, camisa blanca y corbata roja.
Casado tres veces -primero con la británica Jane Chapman; luego con la chilena Claudia Bracchitta, madre de sus tres hijos, y por último con la mexicana Laura Álvarez-, Corbyn es diputado desde 1983 por el distrito londinense de Islington, ubicado al norte de la ciudad.
Fiel a su tradición popular, festejó su elección preparando pizzas para un grupo de activistas en un minúsculo café de Liverpool.
"Con Corbyn al frente del partido, el laborismo no volverá al poder hasta 2030 por lo menos", estimó el académico Tim Bale, especialista del partido en la Universidad de Londres.
Corbyn pudo legitimar su liderazgo gracias al ingreso de 300.000 nuevos militantes -sobre un total de 654.000 adherentes-, en su mayoría partidarios de una clara línea anticapitalista y antiausteridad.
Corbyn, por lo demás, cuenta con el apoyo incondicional de la central obrera TUC, tradicional columna vertebral laborista y principal fuente de financiación del partido: "Estoy cien por ciento detrás de Corbyn", reafirmó ayer Len McCluckey, líder del TUC, movimiento que fue duramente golpeado por el gobierno de Margaret Thatcher e ignorado por Tony Blair.
La reafirmación del liderazgo de Corbyn corre el riesgo de profundizar la actual división del partido que, en verdad, es un abismo. El remedio sería peor que la enfermedad, ya que haría el juego del Partido Conservador.
Su primer test será fijar la posición que defenderá su partido en las cruciales negociaciones que debe abrir el gobierno de May con Bruselas para definir las condiciones la salida británica del bloque europeo.
Un veterano del socialismo
Jeremy Corbyn - Líder del partido laborista
Triunfo: Corbyn, de 67 años, derrotó al diputado Owen Smith y quedó así al frente del principal grupo opositor del gobierno conservador británico, al lograr el 61,8% de los votos
Caudal: Convencido de una política económica que rechaza la austeridad, se convirtió en el líder laborista con mayor caudal de votos
Reino Unido: continúa el auge del fenómeno Corbyn
Por Ale Kur, 20/9/16(socialismo o barbarie / SOB)
El 24 de septiembre se realizarán nuevamente las elecciones primarias en el Partido Laborista. Éstas ya se habían realizado hace sólo un año atrás, oportunidad en la cual Jeremy Corbyn se alzó con el triunfo con el 60 por ciento de los votos. Pero desde entonces, el establishment partidario (corporizado especialmente en los parlamentarios laboristas) le declaró la guerra. El triunfo del Brexit en el referéndum precipitó la convocatoria de nuevas elecciones para el liderazgo del partido, debido a que los opositores a Corbyn lo responsabilizaron por la derrota (el laborismo hizo campaña por el Remain, es decir, quedarse en la Unión Europea)
El establishment partidario, completamente adaptado al régimen político y económico (capitalista, imperialista y neoliberal), intentó sacarse de encima a Corbyn a través del voto de “no confianza” de sus diputados en el parlamento. El resultado fue de 172 parlamentarios votando contra Corbyn, y sólo 40 apoyándolo.
Sin embargo, el estado de ánimo ampliamente dominante entre los diputados laboristas no tiene la más mínima relación con el de la base social del partido. Allí la tendencia es exactamente la inversa. El 60 por ciento que había obtenido Corbyn en las anteriores primarias no sólo no quedó en el pasado, sino que señala una tendencia plenamente vigente y en ascenso. La principal prueba de esto es el brutal aumento en la cantidad de afiliados al partido: hoy son más de 500 mil, lo cual significa que sus filas aumentaron en más del doble desde mayo de 2015. Entre ellos, 125 mil ingresaron luego del referéndum europeo, y por lo tanto, del inicio de la ofensiva del ala derecha laborista contra el líder del partido. La aplastante mayoría de los nuevos afiliados de los últimos años, por no decir la totalidad, se acercaron al Partido Laborista con la perspectiva de apoyar a Corbyn. Esto significa el nacimiento de un nuevo movimiento social masivo de contenido “corbynista”, que se expresa tanto dentro como fuera de las estructuras laboristas
En estas condiciones, es de esperar que Corbyn obtenga un resultado igual o superior al de las anteriores primarias. Por esto mismo sus opositores dentro del partido lanzaron toda clase de maniobras para evitar que los nuevos afiliados voten (es decir, decenas de miles de personas), subieron a niveles antipopulares el precio del bono que hay que pagar para poder participar de la elección (medida especialmente prohibitiva tratándose de un partido de base obrera), desplegaron una campaña tipo “caza de brujas” contra la izquierda (a la que acusan de “infiltración en el partido”), etc. Nada de esto va a tener impacto en el resultado de las primarias: lo que se busca es debilitar la posición de Corbyn a través de una “guerra de guerrillas”, con miras al largo plazo.
Esencialmente, la derecha del partido se juega con todo a azuzar el fantasma de que Corbyn es “inelegible” para las amplias masas por su perfil izquierdista. Espera que unos posibles resultados electorales desfavorables del Partido Laborista (sea en elecciones locales o en las próximas generales) siembren la semilla del cuestionamiento, para poder derribarlo con una mayor base de legitimidad. Y si no funcionara el plan “A” para sacarse de encima a Corbyn, siempre queda el plan “B” de romper el partido
El “partido parlamentario”, como se puede ver, conforma una casta privilegiada que no responde a los intereses de la base social del laborismo (mayormente obrera). La candidatura de los parlamentarios laboristas ni siquiera es producto de una elección interna de los afiliados o militantes de cada distrito, sino que se impone una “tradición” por la que parlamentarios electos siguen siendo candidatos mientras no renuncien o sean derrotados en una elección. Esto explica cómo el “partido parlamentario” puede estar completamente distanciado de las bases partidarias y sin embargo seguir atornillado a sus cargos, sin tener que rendir cuentas ante nadie.
Todo el mecanismo de funcionamiento del Partido Laborista es profundamente burocrático. Inclusive la elección democrática de su líder a través del sistema “un afiliado, un voto” fue pensada inicialmente como una maniobra contra la base partidaria. El mecanismo fue establecido para liquidar el peso de la militancia orgánica del partido, dentro del cual tenía especial influencia el sector sindical. Se pensaba que, abriendo la votación a los afiliados no militantes, se diluiría el perfil obrero del partido permitiendo un mayor giro hacia el neoliberalismo. Pero este mecanismo se volvió en contra de la propia burocracia partidaria, cuando todo un sector del movimiento social anti-austeridad vio en Corbyn una herramienta política para llevar adelante sus aspiraciones.
Por eso actualmente el “partido parlamentario” está volviendo a pensar en restringir el voto de los afiliados, para poder resolver las elecciones internas entre las cúpulas partidarias. La derecha laborista espera poder encontrar eco para sus maniobras en un sector de la burocracia sindical –que se encuentra dividida entre el apoyo y la oposición a Corbyn-.
En cualquier caso, la guerra interna entre el “partido parlamentario” y la base partidaria refleja que es imposible utilizar las estructuras del laborismo para fines revolucionarios (o mínimamente progresivos). El Partido Laborista hace décadas que es uno de los principales pilares del régimen político del Reino Unido
Un partido que gobernó el país sosteniendo su carácter capitalista e imperialista, que se adaptó al giro neoliberal y globalizador, que fue parte de los recortes y la austeridad, que impulsó guerras de saqueo como la de Irak, que mantuvo la monarquía y la opresión sobre sus propias nacionalidades minoritarias (como los irlandeses)
Un partido que desarrolló una casta de “políticos profesionales” encargados de administrar la explotación y la opresión, y cuyo funcionamiento orgánico gravita alrededor de las necesidades de esa casta. Mientras se mantenga el respeto a la “institucionalidad” de dicho partido y se busquen componendas con su “establishment”, toda expectativa de cambio queda ahogada de antemano.
El perfil de Corbyn
Jeremy Corbyn es un militante de gran trayectoria dentro del Partido Laborista. Apoyó gran cantidad de luchas de los trabajadores (como la de los mineros contra Thatcher en los 80). Rechazó las guerras imperialistas llevadas adelante por el Reino Unido. Apoyó la causa de los palestinos contra el apartheid sionista. Enfrentó los programas de armamento nuclear. Se posiciona contras las medidas de austeridad y plantea la renacionalización de los servicios públicos como la energía y los ferrocarriles. Sostiene posiciones ecologistas y pacifistas.
Como se puede observar, su perfil está muy a la izquierda que el del establishment político británico (y de Europa en general). Sin embargo, no plantea una salida anticapitalista de fondo, sino que más bien propone una serie de reformas al régimen existente. Esto lo ubica en un lugar similar (aunque ligeramente más combativo) al de otras experiencias como Syriza (Grecia) y Podemos (España), cuyos pésimos resultados son de público conocimiento.
El fenómeno Corbyn tiene un aspecto muy progresivo, ya que refleja el giro a la izquierda de enormes sectores de los trabajadores y la juventud del Reino Unido. Se trata de la búsqueda de una alternativa a los putrefactos candidatos tradicionales, que sólo proponen más austeridad y más xenofobia. Sin embargo, tiene fuertes límites, ya que desde el punto de vista estratégico no postula una alternativa real a lo existente
Todavía está por verse el nivel de apoyo que pueda alcanzar en las elecciones generales del Reino Unido (en las que se elige el parlamento nacional y por lo tanto al gobierno de todo el país). Éstas estarían programadas inicialmente para el año 2020, aunque la crisis desatada por el Brexit puede adelantarlas inclusive para el año entrante.
Por el momento, las encuestas señalan que la intención de voto a un Partido Laborista dirigido por Corbyn está muy por debajo de la del Partido Conservador, actualmente gobernante. Esto es producto de una larga decadencia electoral del laborismo, como consecuencia de su adaptación al neoliberalismo y su incapacidad de ofrecer alternativas a la austeridad. La derecha partidaria invierte los hechos y acusa a Corbyn de ser el responsable del declive en la intención de voto, cuando en realidad es quien plantea (aunque sea discursivamente) cambiar el rumbo del partido que lo llevó al actual estancamiento.
En cualquier caso, para que el Partido Conservador se derrumbe y pueda surgir una alternativa a su gobierno, es necesario un ascenso de las luchas obreras y populares. La austeridad sólo puede y debe ser derrotada en las calles, en las fábricas, en las universidades y en todos los centros de trabajo y de estudio del país. Toda posible táctica electoral debe estar subordinada siempre a esta perspectiva.