Envíopostaporteñ@ 1674

Haití, Plan B


"Se necesitan dos para un tango"



Habrá elecciones presidenciales en Haití el próximo domingo 9 y seguramente segunda vuelta en enero. En relación al régimen duvalierista del ex-presidente Martelly, esto es el parte una ruptura y en parte una continuidad; pero tal como va a ocurrir es mucho más continuidad que ruptura.

El gobierno uruguayo participará como sostén y garante de la continuidad con "observadores" de las elecciones, mientras sigue siendo parte de la ocupación militar. En primer lugar, entonces, nuestro rechazo a cualquier forma de "supervisión" internacional a estas elecciones. Un breve repaso de los hechos puede ser útil para ponernos en situación.

En febrero Martelly llegaba al final de su mandato. Se había hecho la primera vuelta de "selección" del futuro presidente al estilo usual en estos casos, elecciones fraudulentas, sin más de un 20% de participación de la población, digitadas con respaldo de la "comunidad internacional" que convalida todo tipo de irregularidades; quedaba solamente la "selección" del próximo presidente en una segunda vuelta. Como lo han dicho varias veces y de distintas maneras los voceros del gobierno uruguayo, los haitianos serían un caso de "pueblos con capacidades diferentes" que necesitan ser tutelados por la comunidad internacional para tener al menos algún grado de democracia, y con las irregularidades solo queda ser algo tolerantes porque es peor que esto se desbande.

Pero el escándalo y la indignación popular fueron demasiado grandes, la protesta ganó las calles y le pasó por encima al aparato represivo. Uno de los dos candidatos finales renunció a participar en la segunda vuelta, y una "selección" de un solo candidato sería una farsa demasiado grotesca. El plan de continuidad del régimen duvalerista fracasó.

No se trata del fracaso de un fraude electoral de cuarta, es la crisis de la forma política que  debía culminar la reconstrucción del estado neo-colonial haitiano "fallido". Yendo un poco más atrás, era el zurcido en uno de los agujeros del orden del sistema-mundo imperialista, en el que aparecen todos los días nuevos agujeros y cada zurcido es más difícil que el anterior. Este tema da para mucho y siempre se puede volver a él; sigamos con Haití.

Con el pie cambiado, Haití -que también se había adelantado un paso al resto de nosotros cuando proclamó su independencia- tuvo un intento temprano y trunco de gobierno de izquierda socialdemócrata con Jean Bertrand Aristide, 1991, cuando acá estábamos con Lacalle. Golpe de derecha, dictadura, invasión imperialista "democrática", nuevo intento socialdemócrata, etc., mientras aquí seguíamos con  Sanguinetti y Batlle y en el resto de la región cosas parecidas

Luego de la crisis y colapso del neoliberalismo en el continente comienza el ciclo socialdemócrata, y es allí que las potencias imperialistas invaden nuevamente Haití para recomponer por arriba el estado neo-colonial, desbordado por la turbulencia. La pareja de baile del imperialismo yanqui, jaqueado por sus propias contradicciones, fueron entonces esos gobiernos latinoamericanos de izquierda del ciclo socialdemócrata post-neoliberal. Ese es el comienzo del período de la MINUSTAH, que va culminando en el régimen duvalierista de Martelly. Su colapso ocurre junto con la crisis terminal de ese ciclo socialdemócrata.

Se produce por varias razones, internas y externas. La primordial es el estallido de la rebelión popular, producto de la extrema penuria interminable del pueblo haitiano, golpeado una vez más por la incapacidad sistémica de los gobiernos de turno de encontrar siquiera una forma de paliarla o contenerla. Pero también por la farsa cruel de la “ayuda humanitaria”, que usando esa penuria como excusa crea un sistema obsceno de corrupción y parasitismo de la ayuda como negocio, ONGs, MINUSTAH y tutti quanti.

Una segunda causa interna del fracaso del gobierno de Martelly es ese gobierno en sí mismo. Tal es su ineptitud y corrupción que es un gol en contra. Esto es expresión de las contradicciones internas de la oligarquía haitiana. En cuanto a las casas externas, tenemos la larga decadencia de la hegemonía yanqui y su incapacidad en instrumentar su propia solución, y las contradicciones con sus socios cercanos; Francia por ejemplo quiere liberarse del costo de financiar la ocupación militar porque necesita esos recursos para otras aventuras imperialistas que tiene en el mundo. Es por esas flojedades imperialistas que para esta intervención se recurrió a los “hermanos” latinoamericanos, los “amigos de Haití”. Y entonces ahora, cuando todas las patas se quiebran, es obvio que la mesa se viene al piso.

El gobierno provisional de Privert que sucedió a Martelly y la Comisión Electoral actuante anularon la primera vuelta electoral y decidieron recomenzar la elección presidencial desde el principio. No tocaron sin embargo las elecciones parlamentarias de las cuales salió este mismo gobierno y que fueron igualmente fraudulentas y sin respaldo popular. Privert presidía el parlamento y el parlamento eligió a Privert como presidente del país, Privert contó los votos y proclamó al ganador Privert.

Aún así, de un lado hubo expectativas -desmedidas, creo- en el “triunfo” de haber anulado las elecciones presidenciales fraudulentas y convocarlas nuevamente; del otro lado, y no podía ser menos, los yanquis, la Unión Europea, y toda su claque, pusieron el grito en el cielo.

¡Hacer de nuevo las elecciones es prolongar el caos! En Consejo de Seguridad de la ONU presionó para que la farsa electoral continuase según lo planeado, con los votos de los “rivales” de los yanquis Rusia y China, y del gobierno “antiimperialista” de Venezuela.

También con el voto de Uruguay. Aunque, curiosamente, ese fue el único tímido matiz de diferencia en la ONU. La causa -ya hemos desarrollado esta explicación- es que la aventura mercenaria del Estado uruguayo con la que se busca financiar el aparato militar hipertrofiado, inútil y oneroso, ha llegado demasiado lejos y tiene dificultades para sostenerse. Una cosa es el negocio de la guerra y otra cosa es la guerra.

El gobierno uruguayo “quiere” retirar las tropas de Haití pero “no puede” retirarlas. Los argumentos son más vergonzosos que el problema mismo. No puede porque si se van sin el permiso de la ONU es el Estado uruguayo el que debe pagar los gastos de repatriación; nuestra “defensa nacional” no tiene capacidad de moverse independientemente del poder extranjero. No puede porque ahora ocupa un lugar importante en la ONU y eso significa “compromisos” y no compromisos con principios de defensa de los derechos de los pueblos, ciertamente, sino compromisos con las potencias imperialistas y sus instrumentos; cuanto más “importancia”  menos soberanía. ¡Y no puede porque los haitianos la complicaron, ahora tienen la pretensión de hacer sus propias elecciones como a ellos les parece, hay que seguirlos vigilando!

Pero aunque se haya hecho a contrapelo de la presión imperialista notoria y aunque su pretensión máxima no se haya cumplido, esto de ahora es su “plan B”. Sigue estando dentro del modelo de reconstrucción de estado neo-colonial.

Ahora el gobierno uruguayo envía un “observador” a supervisar las elecciones en Haití. Quién es el que va no es lo que más importa, y quién preside esa misión internacional tampoco, lo que importa es su contenido, pero es Juan Raúl Ferreira y en el marco de la OEA.

La pretensión de las instituciones internacionales que “observan” las elecciones en Haití es continuar tutelando el proceso político y chantajear con la continuación de la ocupación militar. La supervisión electoral es el complemento de la ocupación. Es muy cínico hablar de “garantizar” las elecciones si todas las trampas se organizan de ese mismo lado, y la trampa principal es mantener la ocupación.

Sobre el proceso haitiano podemos tener distintas opiniones. En la mía, sería preferible que el pueblo haitiano no se dejase engañar por ninguna de las formas de la democracia burguesa, y apuntase hacia un “modelo Rojava” de comunidades autónomas y una confederación desde la base, con unidades populares de autodefensa. Pero las cosas no pasan porque a mí se me ocurra que deben pasar, dependen de algo llamado “condiciones objetivas”.

Eran 54 candidatos, quedan solo 27, por falta de recursos. Esa fragmentación es una foto de lo que es la sociedad haitiana. De los cuatro candidatos principales, el más a la izquierda es Moïse Jeach Charles que encabeza una especie de “Frente Amplio”. Pero no vamos a decirles a los haitianos lo que tienen que hacer. La experiencia del pueblo haitiano avanza a su propio ritmo. Es tonto esperar que tenga saltos enormes mientras en todo el continente hay retroceso tras retroceso, es tonto pedirles una notable claridad si por acá reina una completa confusión, incluyendo nuestro “entorno”.

El mejor apoyo que podemos dar a la lucha del pueblo haitiano es el rechazo terminante a la actitud intervencionista del gobierno uruguayo.

Además de continuar con la ocupación militar, se la completa ahora mandando “jueces” y “profesores de democracia”.