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IDENTIDAD PARA ALGO

Compañeros, tratando de entender y sobre todo con la tal vez utópica ilusión de que los que nos siguen como generación, puedan entenderse algún día para avanzar de verdad sobre la construcción de una nueva sociedad, aporto ésta reflexión de más abajo. 

Nadie de los que leemos y escribimos para intercambiar a través de PP es el ombligo del mundo. Y de verdad si ésta herramienta pueda transformarse en catártica y medio de autoproclamación, lamentablemente habrá perdido como medio de difusión --a mi pobre entender-- otra oportunidad, de las tantas perdidas en la historia de los que queremos aun cambiar la sociedad. 

Las polémicas sobre la importancia de lo objetivo y lo subjetivo, y la relatividad de su peso coyuntural, la importancia de la praxis y su ida y vuelta, han sido resueltas en mi opinión, al menos en la teoría del marxismo y de escritos y opiniones de aquéllos luchadores que, con o sin afiliación ideológica materialista, he podido leer, para tratar de explicar las previsiones del curso de la historia de las luchas de la humanidad. De la de Uruguay quedará más de una interpretación histórica. Incluso florecerá la facha de nuevo buscando su lugar "legal y democrático". 

La verdad es que hoy, hay una parte muy minoritaria de una humanidad que quiere cambiar el curso de desastre que se sigue profundizando a nivel planetario. 

Opino, y polemizo. El día que un grupo de súper héroes, heroicamente redundantes con su nombre, destruyan al imperialismo actual, a todos sus posibles herederos y a toda materialidad y subjetividad subyacente, a todo intento burgués capitalista malo y ó bueno, para que la humanidad florezca casta y pura, libre de contradicciones, libre de tensiones y de culturalismo y oscurantismo, de tradiciones regresivas, y sea un paraíso terrenal el planeta, todo solidaridad y espontaneidad, creeré de verdad en ese tipo de sujeto que todo lo hace a voluntad de sus cojones u ovarios y pre claridad.

El, ella, y su grupo de iluminados, también deberían previamente ser libre pensadores sin influencias de ninguna especie que los contamine. Tal algo extraterrestre a salvo de la experiencia humana. 

Temo que esa aspiración vuele a los cielos religiosos de la adoración mística que sea. 

Disculparán la falta de pólvora y de cárcel y o tortura en el escrito, como condición previa para darle validez. Respeto enormemente todos los sacrificios y al ser militante que experimentó esas situaciones, y se la jugó en distintas circunstancias históricas. Pero ése debate cargado de quien la tiene --o la tuvo-- más grande, no ha servido nunca para un carajo. 

Y ha dado giros inesperados en la historia real que vivimos. 

Basta ver al Pepe Mujica apadrinando la legalización de las FARC, más allá de las consecuencias en Colombia, como muestra inesperada de los giros de la historia. 

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  Relato Autobiográfico e Identidad Personal

AIBR. Revista de Antropología Iberoamericana. www.aibr.org

Volumen 2, Número 2. Mayo-Agosto 2007. Pp. 232-275.              Extracto. (Resaltados por mi cuenta Marcos).        

Dispositivos narrativos

Según Foucault, la cultura de Occidente ha generado diversas “tecnologías” para la construcción de la subjetividad (Foucault 1990; 2001). Pensarnos a nosotros mismos como sujetos y agentes, nos condiciona a un modo de estar insertos en el mundo. Por el contrario, la ausencia de una identidad así como la falta de un relato que dé cuenta de nuestras acciones desde un marco de intenciones y propósitos, hace imposible que nos reconozcamos como agentes.Si no se sabe quién se es, qué se quiere ni para qué, tampoco se sabe cómo actuar ni por qué

Un buen relato parece formar parte del conjunto de dispositivos potenciados por el ideal occidental de sujeto racional, a quien se supone capaz de responder por sus acciones. Una marcada incompetencia para generar una narración sobre nosotros y nuestras acciones parece ubicarnos fuera de estos ideales de “normalidad” y “cordura”.  Dante G. Duero y Gilberto Limón

En los últimos tiempos, cada vez son más los autores que creen que la identidad es una ficción que elaboramos a partir de nuestras especiales competencias para narrar historias (Ricoeur, 1978, 1990; Shotter, y Gergen, 1989; Gallager, 2000).

Así, se dice que el “yo” sería una especie de meta evento distribuido en cada elemento que ha contribuido a la elaboración de nuestra biografía (como son las anotaciones en cuadernos personales, los pasajes que subrayamos en nuestros libros, las fuentes de información de nuestro ordenador, o incluso las producciones literarias que han marcado los estilos discursivos de una determinada época o período histórico) el cual ofrece coherencia y continuidad a la experiencia (Bruner, 1991; 2002; Bajtín, 1979).

Gracias a esta construcción conseguimos pensarnos a nosotros mismos como individuos diferenciados y como agentes responsables, a un mismo tiempo que nos volvemos capaces de unificar nuestras experiencias pasadas, presentes y futuras en un todo organizado, lo cual vuelve al mundo en que vivimos, más predecibles y significativos. En este sentido, lograr narraciones coherentes e integradas, al tiempo que abiertas para la incorporación de experiencias novedosas, parecería ser un aspecto esencial con vistas a volver a nuestra experiencia y a nosotros mismos más inteligibles

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Tomando buena parte de las últimas escaramuzas entre escritores de la experiencia uruguaya desde los años 60, parto desde el texto pensando en que tal vez esa elaboración -volver a nuestra experiencia y a nosotros mismos más inteligibles-- aun no ha llegado a fructificar tal cual está expuesta. Lamentablemente ni cerca. Se vuelve en muchas ediciones de PP un mensaje de excesivo oscurantismo híper informado, anacronismos y catársticas autojustificaciones, y enunciamientos programáticos huecos. 

Lo que he aportado seguramente forma parte de lo mismo, pero intento de verdad creer en que la investigación, la elaboración colectiva, sumada y restada dialécticamente, confluyan en sintetizar, en experimentar y armar proyectos e intentos que fructifiquen en esperanzas nuevas. O sea en políticas. 

Abrazo, Marcos