Rolando Astarita [Blog]
En esta nota analizo problemas asociados al entrismo, una táctica que ha sido instrumentada principalmente por los trotskistas. En lo esencial el entrismo consiste en la incorporación de los marxistas a partidos o movimientos de masas para profundizar eventuales procesos de radicalización que puedan ocurrir en su seno, y ganar franjas amplias de militantes de esas organizaciones. De manera típica, se caracteriza que las organizaciones en las que se hace el entrismo abrigan profundas contradicciones internas y enfrentan, o están en vías de enfrentar, enemigos poderosos (el fascismo, el imperialismo, la derecha). Se sostiene entonces que en el curso de esos enfrentamientos se verán obligadas a tomar medidas revolucionarias; o en caso contrario sus bases militantes tomarán distancia de sus direcciones vacilantes, oportunistas o burocráticas. Por lo tanto, sigue el razonamiento, los marxistas deben incorporarse a estos partidos o movimientos con el fin de orientar y capitalizar las rupturas hacia la izquierda que se produzcan o incluso, eventualmente, ganar a la mayoría de la organización para una política revolucionaria. Un ejemplo actual de entrismo es el que realizan algunos grupos trotskistas en el Partido Socialista Unido de Venezuela
La idea que defiendo en esta nota es que históricamente el entrismo no ha dado resultados (y sigue sin dar resultados), y que esto se explica porque existen problemas en los fundamentos mismos de esta táctica. Esos problemas están asociados a la idea de que las organizaciones en las que se hace entrismo no tienen un contenido de clase y político definido (típicamente se las caracteriza como “centristas”), y por lo tanto son pasibles de experimentar procesos masivos de radicalización hacia la izquierda revolucionaria. Esta perspectiva se potencia por la tesis -en última instancia, asociada a lo anterior- de que se produciría una toma de conciencia revolucionaria de sus bases como reflejo directo de la crisis capitalista y los enfrentamientos con el fascismo, la derecha o el imperialismo. Como se discutirá en lo que sigue, el tema tiene implicancias que van más allá de las cuestiones específicamente asociadas a la táctica entrista. Dada su extensión, he dividido la nota en varias partes
Diversas formas de entrismo
En su forma clásica el entrismo fue aconsejado por Trotsky en 1934 en lo que se conoció como “el giro francés”. Previendo que se avecinaba un enfrentamiento decisivo de la clase obrera con el fascismo, y que esto podría radicalizar al socialismo, en agosto de ese año Trotsky recomendó a sus partidarios incorporarse a los partidos de la Segunda Internacional, haciendo públicas sus posiciones y manteniéndose como grupos internos diferenciados. En consecuencia, la Liga francesa, transformada en Grupo Bolchevique Leninista, entró en la SFIO (Section Française de l’ Internationale Ouvrière) y en los partidos socialistas de algunos otros países, como EEUU, Bélgica, Canadá y Polonia, aunque no siempre en las condiciones en que se hizo en Francia. Por ejemplo, en EEUU la entrada de los trotskistas en el PS, producida en 1936, se realizó a título individual y renunciando a la posibilidad de editar una prensa propia. En América Latina se hizo entrismo en el PS de Chile, y en el PS de Argentina, entre otros casos (sobre la historia del entrismo en Argentina, véase la nota de Omar de Lucía, “Unas relaciones curiosas: Trotskismo y socialdemocracia, 1926-1956”, en http://www.pacarinadelsur.com/home/oleajes/253-unas-relaciones-curiosas-trotskismo-y-socialdemocracia-1929-1956)
Luego de terminada la Segunda Guerra, la táctica adquirió nuevas dimensiones en la Cuarta Internacional encabezada por Michel Pablo y Ernest Mandel. A fines de la década de 1940 los trotskistas ingleses entraron en el partido Laborista, y a comienzos de los 1950 se decidió el llamado entrismo “sui generis” en los grandes partidos Comunistas de Europa Occidental. Por esos años se pensaba que era inevitable una guerra de las potencias imperialistas contra la URSS, y que los PC estarían obligados a enfrentar al capitalismo y radicalizar sus posiciones. Los trotskistas debían participar en ese combate junto a lo más combativo de la clase obrera, que estaba en los partidos comunistas; además, con el desarrollo del conflicto, se pensaba que se podría inducir a los trabajadores al enfrentamiento con la burocracia soviética y el stalinismo (véase la “Resolución política” del Partido Comunista Internacionalista de Francia, julio de 1951). Ese entrismo se llamó “sui generis” porque la militancia al interior de los PC se hizo de manera disimulada y se mantuvo durante muchos años. También se impulsó la incorporación de trotskistas a los partidos Socialistas de Japón, Brasil e India, al MNR de Bolivia y al FLN argelino, entre otros
Por fuera de la fracción de la Cuarta Internacional dirigida por Mandel y Pablo, otras corrientes trotskistas también practicaron el entrismo. Para citar solo algunos ejemplos, en períodos distintos varios grupos de Argentina hicieron entrismo en el peronismo. En los 1960 la Socialist Labour League, bajo dirección de Gerry Healy, hizo entrismo en el laborismo inglés, logrando influencia en las Juventudes Socialistas; pero fueron excluidos a mitad de la década. En los 1970 la corriente dirigida por Nahuel Moreno también aplicó la táctica en España, en el PSOE. Actualmente Marea Socialista hace entrismo en el partido Socialista Unido de Venezuela. La corriente conocida como The Militant hizo entrismo durante décadas en el Laborismo inglés, donde llegó a tener diputados en el Parlamento, dirigió las Juventudes Socialistas y ganó la mayoría en el consejo municipal de Liverpool, en los 1980. Sin embargo, desde ese pico de influencia, no pudo resistir la ofensiva de la dirección del laborismo y perdió terreno. También grupos The Militant hicieron entrismo en el PSOE y en el Partido Popular de Pakistán. Actualmente la Corriente Marxista Internacional (ex Militant) actúa en el partido Laborista inglés, en los partidos Comunistas, o en organizaciones herederas de estos en varios países; y en el PSUV, entre otros casos. Con estas enumeraciones no pretendemos agotar el fenómeno, simplemente mostrar que se trata de una táctica relativamente extendida, y con variantes importantes
Magros resultados
Han pasado ocho décadas desde que el entrismo fuera recomendado por Trotsky, y en ningún país el trotskismo logró influencia política de masas con su aplicación. De hecho, el principal argumento que se aduce en torno al saldo es contrafáctico: Trotsky pensaba que si Andreu Nin hubiera aceptado entrar al PSOE, el trotskismo español se hubiera convertido en una organización de masas. Es que la Juventud Socialista, dirigida por Largo Caballero, había llegado a pronunciarse a favor de la Cuarta Internacional, pero finalmente fue ganada por el partido Comunista, en tanto Nin se había negado a hacer el entrismo. Por este motivo Trotsky llega a calificarlo de “criminal”: “La Juventud Socialista ha pasado casi enteramente al campo stalinista. Quienes se llaman a sí mismos bolcheviques leninistas y permitieron esto, o mejor dicho, que causaron esto, deben ser estigmatizados para siempre como criminales contra la revolución” ("The Dutch Section and the International", 15-16 julio de 1936). Desde entonces este razonamiento quedó establecido como una muestra de las potencialidades de la táctica. Pero el argumento es contrafáctico, y en los hechos no existe saldo destacable, en relación a los objetivos propuestos, de los múltiples entrismos realizados por grupos trotskistas en las más diversas circunstancias y países
Ganar algunas decenas o centenas (en el mejor de los casos) de militantes, no es sinónimo de influencia de masas. Decir que se adquiere experiencia en el trabajo de masas tampoco parece convincente; después de todo, pequeñas organizaciones realizan cotidianamente trabajo político en organizaciones obreras y populares, o directamente en empresas, centros de enseñanza y barrios obreros y adquieren experiencia, con sus posiciones claras y definidas.
Por otra parte, hay que anotar en el pasivo de la táctica, en primer lugar, las múltiples rupturas que se produjeron en las organizaciones trotskistas a la hora de entrar a los partidos en los que se hacía entrismo; muchos militantes se resistían a lo que consideraban una renuncia a su identidad ideológica y política. En segundo término, hay que tener en cuenta los efectos de las expulsiones –a veces muy rápidas- o de las salidas: también generaron rupturas y crisis, a veces porque muchos militantes buscaban adaptarse a las demandas de las direcciones, a fin de permanecer en los partidos a los que se habían incorporado, en la esperanza de mantener o ganar posiciones. En tercer lugar, muchas veces el entrismo se hizo sin poder sostener claramente las posturas marxistas (en particular, en lo que respecta a caracterizaciones de clase, véase más abajo) , debido a las exigencias de las organizaciones en las que se entraba. Esto no sólo ocurrió después de la muerte de Trotsky, como se sostiene a veces; por ejemplo, los trotskistas de EEUU entraron, en los 1930, en el partido Socialista a título individual y renunciando a tener una publicación propia. En cuarto lugar, muchas veces fue difícil contrarrestar la acusación lanzada a los trotskistas por “fraccionalistas”, “quinta columna”, “infiltrados”, y similares. Estas cuestiones habitualmente generan confusión y no son fáciles de contrarrestar. En resumen, parece cumplirse el pronóstico que había hecho Lenin sobre las consecuencias que acarrearía la formación, en la Rusia prerrevolucionaria, de un partido obrero “centrista amplio”, de tendencias opuestas: una “infinita agravación de la discordia, diferencias, las divisiones, la confusión ideológica y la desorganización práctica” (véase más abajo). Con el agravante de que un pequeño grupo militando al interior de un partido de masas –socialista, comunista, nacionalista de izquierda- tiene pocas posibilidades de aclarar posiciones frente a los recursos de que disponen los aparatos de dirección
Muchos trotskistas, sin embargo, sostienen que la falta de éxito de la táctica entrista tiene su razón en que no se habrían seguido las recomendaciones de Trotsky. Afirman que la táctica tiene que aplicarse por un corto período de tiempo y que los trotskistas deben mantener al interior de los partidos a los que se afilian una publicación independiente (era la posición de Nahuel Moreno, por ejemplo). Sin embargo, tampoco los grupos que siguieron las recomendaciones de Trotsky, y estuvieron bajo su dirección, tuvieron éxito en relación al objetivo propuesto. El ejemplo más significativo es Francia donde los trotskistas entraron en la SFIO como grupo y mantuvieron una publicación, pero el objetivo propuesto –una ruptura de masas o el vuelco de la SFIO hacia las posiciones revolucionarias- no se logró. Tampoco en Bélgica o EEUU –las otras experiencias importantes- los trotskistas lograron influencia de masas. De hecho, el balance de Trotsky de estas experiencias fue que se habían ganado militantes, y que los trotskistas habían entrado en contacto con las masas; estaba muy lejos de las esperanzas que abrigaba al momento de recomendar la táctica
Algo similar puede decirse de las muchas experiencias de entrismo realizadas en la segunda posguerra. El balance típico sigue siendo “ganamos adherentes”, o “nuestros militantes entraron en contacto con las masas”; no hay registro de que se haya avanzado en algún lugar o momento en influencia a nivel masivo, con un programa anticapitalista y socialista
Como adelanté más arriba, la hipótesis que presento es que hay problemas de método y concepción política que van más allá de las adecuaciones o formas tácticas que usualmente discuten los grupos trotskistas en torno al entrismo. Por esta razón focalizo el análisis en la fundamentación de Trotsky del entrismo realizado por la Liga Comunista francesa en la SFIO, en 1934
El giro francés de 1934
La entrada de los trotskistas en el socialismo francés, en 1934, se produjo en el marco de una importante radicalización de la lucha de clases. El 6 de febrero la extrema derecha había realizado una gigantesca manifestación contra la república parlamentaria y el gobierno de Daladier, que terminó renunciando. Tres días después el PC convocó a una contramanifestación, seguida por una huelga general y manifestaciones en toda Francia, en defensa de las libertades y contra el fascismo. A partir de aquí hubo un extendido sentimiento entre las masas trabajadoras de que era necesaria la unidad para enfrentar al fascismo. En julio el PC, que hasta entonces había sido hostil a todo acercamiento con la socialdemocracia –a la que caracterizaba “la otra cara del fascismo”- dio un giro de 180 grados y llamó a la unidad; ese mismo mes el PC y la SFIO firman un pacto de unidad de acción. Trotsky caracteriza entonces que ese pacto había sido impuesto por las masas, y que la Liga (la organización trotskista) debía tomar parte en el frente único obrero, entrando a la SFIO. Es lo que se conoce como “el giro francés”
A pesar de que hubo militantes que se negaron aceptar la nueva táctica, la Liga entró a la SFIO donde se constituyó en “Grupo bolchevique leninista” y publicó La Vérité. En poco tiempo el GBL ocupó posiciones de relevancia en la Juventudes Socialistas del Sena y ganó influencia en el ala izquierda del partido. Sin embargo, el entrismo duró apenas 18 meses. Es que el pacto entre el PC y la SFIO fue el germen de la formación del Frente Popular, que a su vez abría la perspectiva de acceso al gobierno. En junio de 1935 la SFIO dio su apoyo a la formación de un Frente Popular con el PC y el partido Radical, de carácter democrático liberal. La dirección de la SFIO intensificó sus ataques contra los críticos de izquierda, y se aceleró el enfrentamiento con los trotskistas. Ese mismo mes fueron expulsados los dirigentes de la Entente des Jeunesses socialistes del Sena. Y en agosto, cuando se publica una carta abierta en La Verité por la Cuarta Internacional (era la respuesta de Trotsky a la expulsión de la juventud), la dirección socialista excluye al GBL de conjunto. A pesar de que algunos trotskistas quisieron hacer concesiones para permanecer en el partido, Trotsky evaluó que la política estaba agotada y debía formarse un polo independiente.
Agreguemos que en la primavera de 1938 también fue excluida de la SFIO su ala izquierda, dirigida por Marceau Pivert, que había adquirido cierta influencia de masas. El partido Obrero y Campesino fundado por Pivert, que llegó a tener unos 10.000 militantes (incluidos algunos trotskistas), no tuvo sin embargo influencia de masas; y se mantuvo alejado de la Cuarta Internacional.
Los argumentos de Trotsky
Los argumentos de Trotsky a favor del entrismo en el socialismo fueron expuestos en su forma más desarrollada en el artículo “La salida”, escrito en agosto de 1934. La idea que lo recorre es que el socialismo es una formación “centrista”, que marcha a un “conflicto mortal” con el fascismo, lo cual abre posibilidades de una evolución revolucionaria de la SFIO, incluida su ruptura con el Estado burgués. Escribía Trotsky: “en nuestra época el destino del proletariado depende en gran medida de la manera resuelta en que la socialdemocracia en el breve intervalo que le concede la marcha de los acontecimientos, logre romper con el estado burgués, transformarse y prepararse para la lucha decisiva contra el fascismo” (énfasis añadido). Pero dado la Liga era pequeña, no tenía demasiada influencia, y el combate decisivo con el fascismo era inminente. En consecuencia, continuaba el razonamiento de Trotsky, debía ubicarse dentro del Frente Único decidido por el PC y los socialistas, entrando en la SFIO “para contribuir activamente al reagrupamiento revolucionario y a la concentración de fuerzas de ese reagrupamiento”. ¿Por qué no en el PC? Trotsky explica que, a diferencia del PS, no hay posibilidad de que el PC evolucione hacia la izquierda:
“Los dos partidos son organizaciones centristas con esta diferencia: el centrismo de los stalinistas es producto de la descomposición del bolchevismo, mientras que el centrismo del Partido Socialista surge de la descomposición del reformismo
Y hay otra diferencia entre ambos, no menos esencial. El centrismo stalinista, pese a sus convulsivos virajes, representa un sistema político muy estable indisolublemente ligado a la situación y a los intereses de la poderosa capa burocrática. El centrismo del Partido Socialista refleja la situación transicional de los obreros, que buscan una salida que los conduzca al camino revolucionario” (énfasis añadido). Los stalinistas, afirma Trotsky, incluso “retrasan el desarrollo revolucionario del Partido Socialista” (énfasis agregado). Aunque la SFIO no es el partido revolucionario de la clase obrera, sus contradicciones internas “pueden y deben señalarse como garantía de su ulterior evolución, y en consecuencia como posible apoyo de la palanca marxista” (énfasis añadido). Por eso Trotsky piensa que entrando en el socialismo los trotskistas “reforzarán enormemente su ala izquierda, fecundarán la evolución del conjunto del partido, constituirán un poderoso centro de atracción para los elementos revolucionarios del Partido Comunista y facilitarán en gran medida la búsqueda del camino revolucionario del proletariado”
Subrayemos una cuestión central: la creencia de que, debido a sus características “centristas”, dentro de la SFIO podían desarrollarse tendencias revolucionarias de masas, o incluso que la mayoría de la organización pudiera ser ganada a un programa revolucionario. Esta idea está presente de forma todavía más clara en el artículo que acabamos de comentar, y también en “The League faced with a Turn”, julio de 1934. Allí Trotsky recordaba que el Partido Socialista Francés había votado, en 1920, en el Congreso de Tours, la adhesión a la Tercera Internacional, y señalaba que “no conocemos una ley que diga que es imposible una repetición del Congreso de Tours. Por el contrario, muchas de las condiciones prevalecientes hablan de tal posibilidad” (énfasis añadido).