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¿En qué estamos? ¿Qué hacer?

Luis E Sabini Fernández

revistafuturos.noblogs.org

Sigo, malamente, es cierto, las muy interesantes consideraciones que sobre el  socialismo, el destino de Cuba y la situación en el Uruguay,  brotan permanentemente en este fermentario que es p.p.

Pienso en los aportes de y las críticas a, Fernando Moyano, por ejemplo. En los de William Yohai, en Astarita… en las polémicas tuyas, Ricardo, con Roosevelt, con Perico y tantos otros.

Y me sale el verso aquel de Yupanqui, “con su permiso,  voy a entrar aunque no soy convidado”, aunque en rigor sí soy convidado, porque p.p. ha hecho del debate libre una condición de existencia

Sólo que a diferencia de casi todos los participantes, que se conocen personalmente,  al menos entre algunos,  no es mi caso, me parece.

La discusión sobre si Cuba es o ha sido socialista, si Rusia, o mejor dicho la URSS, igualmente lo ha sido o no, si lo fue en algún momento, dónde transita la inflexión para que la URSS llegara a su colapso, en fin, esta discusión nos revelaría que al día de hoy es todavía más fácil visualizar lo que es el capital desatado, diferenciando clases y destinos, aumentando desigualdades, destrozando cuerpos y territorios,  pero no resulta tan claro lo que alguna vez se definió como su opuesto, el socialismo. ¿Es Corea del Norte socialista?

De todos modos, vamos a ver hacia al final de esta nota cómo un factor que entra cada vez más en juego; el ambiente, el planeta y su destino, nos lleva a visualizar al socialismo como deseable y el sinsentido de la sociedad hoy en día dominante, la llamemos capitalista, transnacional, corporativista o heterónoma.

Entiendo que existe una limitación previa. El gran daño mental que se nos instaló, de modo totalmente involuntario, claro, con el corpus de ideas presentadas por Marx. Eso de entrever, anunciar, un momento históricamente posterior. Aun evitando en todo momento el pronóstico, la profecía, a los que eran tan afectos los socialistas utópicos, “dibujando” el futuro más o menos inmediato, y negándose, Marx, en todo momento a establecer alguna prefiguración de lo futuro (“el comunismo es el movimiento real de la sociedad”), diseñó, empero, un devenir histórico, un transcurso en el cual articuló lo medieval, lo burgués y lo socialista de algún modo secuencialmente

La potencia de sus escritos, supuestamente “socialismo científico”, tuvo enorme resonancia en los imaginarios políticos del s.XIX. Y del s. XX.

Y el socialismo, en sus múltiples variantes, incorporó la ineluctabilidad del pasaje del capitalismo al socialismo. Se convirtió en una verdad revelada. Inconmovible. Y en ese imaginario fuimos atrapados durante muchísimo tiempo. Embretando, sin darnos cuenta, el devenir histórico.

Tanto se esperaba desde la segunda mitad del s XIX “el advenimiento” ?repare el lector en la connotación religiosa y mesiánica de la denominación? que cuando sobreviene la crisis política de 1917, que resultará terminal, del zarismo, “todo el mundo” considera venido el tiempo… del socialismo. Como ya había pasado con los 70 días que conmovieron a las organizaciones de resistencia a la explotación capitalista y a  los críticos de la sociedad burguesa, en París, en 1871

Para ver el peso formidable de lo elaborado por Marx sobre las cabezas pensantes, hay que ver no tanto a sus epígonos, legión en progreso a lo largo de por lo menos toda la segunda mitad del siglo XIX, sino a sus detractores, a los “enemigos” del socialismo. Sociólogos como Gustave Lebon, por ejemplo, adversarios ideológicos entreveían, a su pesar, que se trataba de una profecía que consideraban inevitable

¿Qué tenía el gobierno de Kerensky de socialista, salvo la denominación de socialdemócrata? (1) Sin embargo, para “la izquierda” febrero de 1917 constituyó “la primera revolución” y el golpe de estado bolchevique de octubre fue “la segunda revolución”. Los rebeldes, amotinados en Kronstadt, en marzo de 1921, a su vez, proclamaron ir por “la tercera revolución”.

Para los bolcheviques la primera era la alborada socialista, la segunda “la buena”, la definitiva (la que les permitiera hacerse del control público) y la tercera constituía la contrarrevolución en marcha de los depuestos zaristas o en todo caso de energúmenos anarquistas que les hacían el juego…

Para quienes acompañaron las olas revolucionarias, pero no aceptaron el dominio cada vez más absoluto de los bolcheviques, la primera fue una revolución burguesa, la segunda un golpe de mano jacobino y la tercera encarnaba una revolución antiburocrática, que procuraba limitar un poder absoluto que se afianzaba

La confianza, ciega en la predicción marxista arrasó el pensamiento político y teórico de buena parte del siglo XIX y de casi todo el XX y por eso, el derrumbe soviético no pudo ser “previsto” por intelectuales y analistas marxistas, marxianos o similares. Solo la derecha tenía agoreros de tal derrumbe, pero en modo alguno basados en consideraciones políticas o ideológicas sino llevados por el odio que había generado el desafío socialista al poder del capital. Pudo sí ser “previsto” por disidentes soviéticos que conocían la estructura de poder allí vigente y sus limitaciones (2)

Poco a poco se ha ido abriendo paso la idea ?elemental Watson? que lo futuro es abierto, incognoscible, impredecible. Hoy vemos a autores como Bauman que lo explicitan con todas las letras.

Cuando edité una revista de análisis en el año 2000 (futuros, con la ese bien puesta) en su primer editorial procuramos desligarnos de esa falsa simetría que el idioma nos tiende, entre pasado y futuro. Que el idioma castellano nos ha tendido en tiempos modernos. En castellano se solía hablar de “el pasado” pero de “lo futuro”. Asimetría conceptual para tener en cuenta. En algún momento, tanto el positivismo burgués como el marxismo nos sumió en la idea, atractiva, de “el futuro” y su manejabilidad.

“El futuro” perderá su encanto a través de la literatura de ficción científica cuando la literatura utópica sea barrida por la literatura distópica, cuando empezamos a ver el porvenir no como ventura sino como pesadilla (es muy significativo que el primer relato de este tipo, Nosotros, provenga de la flamante URSS, en 1920 (3))

¿En qué estamos entonces ahora? Por un lado, podríamos sostener con Elías Canetti que hemos acumulado experiencias y saberes como nunca antes. Ya no para “el asalto al cielo” que no ha dado los frutos esperados sino otros, mucho más amargos. La URSS, que era sin duda una pesadilla para la mayoría que le tocó vivirla, pero así y todo, sobre todo en su ocaso, ha resultado prácticamente un juego de niños frente a la bestialidad desencadenada hoy por el imperio israelo-anglo-estadounidense.

En “¿Pasado socialista, futuro capitalista?” (4) observamos un reencuentro de las ansias liberadoras desde el “cuarto mundo” (poblaciones aborígenes sistemáticamente desplazadas), de sectores “tradicionales” del campesinado sometido a un campesinicidio sistemático y feroz a manos de modernosos y sus tentáculos transnacionales, como Monsanto, y sectores de izquierda, que resisten la integración funcional a la “globalización” (5)

Junto con ello,  vemos una confluencia entre cierta crítica ecológica, antisistémica, anticapitalista (porque existe también una postura “ecológica” que procura flexibilizar y habilitar al capitalismo) y el socialismo, como bandera o plataforma de liberación:

Rastreando identificaciones la ecología se encuentra asimismo con el socialismo por compartir el reconocimiento de nuestro destino común. (…)  Con lo que una concepción ecológica o ecologista no logra encontrarse en ningún momento teórico ni práctico es con el mundo privatizado y privatista, que es el fundamento de las corporaciones transnacionales.

”El orden neoconservador predica una universalidad en el consumo que ni está en condiciones económicas de satisfacer ni psicológicas de admitir. Como dice Immanuel Wallerstein" (6) el racismo es el modo principal de distinguir entre los que tienen derechos (o más derechos) y los otros que no tienen o tienen menos derechos.

Pero destrozar vínculos y reducir todo a mercancía es invivible. Nadie puede vivir, ni siquiera sobrevivir como el rey Midas.”

¿Cómo enfrentar lo vigente?

Lo que tenemos por delante se nos presenta como deleznable, asesino y a la vez suicida. Un genocidio latente es su bandera.

El socialismo, absolutizando el mundo-por-venir, empeñado en hacer un paraíso en la Tierra, engendró construcciones sociales demasiado a menudo más cercanas al infierno. Ya lo sabía Blas Pascal, siglos antes: “El hombre es medio ángel y medio bestia, y cada vez que procura convertirse totalmente en ángel, se convierte totalmente en bestia.”

La ofensiva neoconservadora, la arrogante invasión de las corporaciones en nuestras vidas cotidianas está destrozando nuestros hábitats y nuestros vínculos, fragmentándonos, pero ha empezado a generar alguna reacción, resistencias. Y validos de las experiencias previas, tal vez podamos optar por una política que no sea ni absolutista ni salvacionista ni teleológica, pero sí todo lo crítica e irreductible que sea necesario (¡que no es poco!), una política justiciera y liberadora, para nosotros, humanos comunes y no “hombres nuevos”

notas

1) Poco después, la reacción racista y militarista del nazismo también se autodenominará “socialista”

2) Pierre Bukovski, encerrado en un psiquiátrico soviético durante años, fue finalmente desterrado. En 1978 ingresa como refugiado político a Suecia, sostenido por quienes conocían sus escritos y habían logrado su extradición. En una conferencia de prensa, analizando a la sociedad soviética “anuncia” que la URSS no llega a 1984, jugando con el año de la novela de Orwell. Empezando a conocer detalles de la vida cotidiana en la URSS, poco a poco fui entendiendo la calidad de su “vaticinio”. Le erró por poco: la URSS se derrumba en 1989, o si se quiere, formalmente, en 1991

3)  Yevgeni Zamyatin pagará apenas con 6 años de cárcel su relato. Amigo estrecho de Stalin esquivó el atroz destino que muchos tuvieron haciendo una obra menos significativa

4) En futuros no 2, mediados 2001) decía: “(…) las aberraciones del socialismo empalidecen ante las correspondientes dentro de las estructuras del capitalismo mundial: la URSS se disolvió sin que su ejército disparara un  tiro  sobre la población. La situación correspondiente en Occidente nos resulta improbable. La práctica mundial de marines y boinas verdes no nos habilita para pensar en algo similar.” Y esto está escrito en la “prehistoria”, antes del 11/9/2001

5) Que con mucho acierto Leonardo Boff califica de “globocolonización”

6) “A Left Politics for an Age of Transition”, N. Y., 13/4/2001. También “prehistórica”