Yo no estoy discutiendo el encuadre social de Gabriel Pereyra ni el papel que juegan El País y El Observador. He dicho más de una vez, y a eso me atengo, que sólo me interesa referirme al falseo de la historia del MLN y por ende de los últimos 50 años del Uruguay. Yo vine a eso y para eso es que mantengo esta –si c.e.r. me permite- amistosa discusión. Yo solo he dicho que ninguno de los tres me han “hecho la cama”. Y mucho menos Federico Leicht y los responsables de Ediciones de la Plaza. Yo vine porque quise, porque creí en la separación de poderes y porque ignoramos -todos- la requisitoria que existía contra mí por la “denuncia de las 28 mujeres”, que como se sabe no está dirigida contra mí, sino contra dos militares que cumplieron servicio en Punta de Rieles.
Que quienes desde Montevideo organizaron mi viaje se “la comieron”, no cabe duda alguna. Ha sido un error que ya todos hemos asumido. Pero si ese error no se hubiera cometido y si desde el gobierno no hubieran decidido poner en marcha el mecanismo jurídico para procesarme, yo no habría conseguido que Juan Pueblo conociera la historia que durante 50 años se le ha ocultado y este intercambio de pareceres y ni otros que he mantenido, habrían sido posibles. Algunos dirán que peco de atrevimiento… pero siempre he sido ansí, galopiador contra el viento…
Y el Negro Mansilla puede atestiguar sobre lo que digo, porque fue testigo de muchas de mis discrepancias, las que según sus propias palabras el tiempo siempre acababa dándome la razón. Y qué puedo decir de Alemañy… pues que estando en Chile supo antes que nadie que “el negro Amodio no tuvo nada que ver con la Cárcel del Pueblo”. Ambos callan, al menos por ahora.
Mis discrepancias en el “coso.coso” y en otras instancias anteriores fueron conocidas en los ámbitos que debían serlo, porque siempre respeté las normas de funcionamiento, imprescindibles para el mantenimiento de la organización, la misma que nos permitió remontar las crisis de diciembre 1966, julio de 1967, octubre de 1968 y todo el período entre agosto de 1970 -caída de Almería- y diciembre de 1971, cuando renuncio al Comando General de Montevideo, ante la claudicación que el Ejecutivo evidenciaba ante las maniobras del Ñato, el Bebe y quienes los acompañaban y que son el inicio de la debacle, hoy calificada como derrota de 1972, pero que todos sabemos hoy que se inició un par de años antes, cuando la dirección real del MLN, la que lo reconstruyó después de Almería resolvió no seguir a pie juntillas los planes, sugerencias y recomendaciones varias que algunos “históricos” creyeron que debían ser seguidas al pie de la letra.
Pese a quienes opinan lo contrario, la compartimentación, incluida la de las discrepancias, era una medida imprescindible para mantener la organización, esa que hoy para denostarla se la ha rebajado a la condición de “aparato”, con el tono peyorativo apropiado.
La “historia oficial” es tan endeble que solo ha sido posible porque la inmensa mayoría de quienes conocían su trasfondo se callaron, en aras de mantener abierto el horizonte insurreccional, y se permitió que cada uno contara su propia batallita, que después fueron propaladas a los cuatro vientos por los voceros de turno, a un lado y a otro de las “trincheras ideológicas” para ocultar cada uno la parte que le interesaba. No importó que una batallita contradijera a otra anterior, o que se dijera que los planes eran maravillosos pero inviables, y que para detener a los camiones del ejército en la Ruta 8 no había ni armas ni explosivos y se resuelve instaurar el segundo frente, sin armas y sin preparación, para “tirarle a todo lo verde” y que se fueron a la base “para demostrar que sus planes eran los correctos” y para recuperar “antiguos prestigios perdidos”, después de decir que fueron relegados, todo en el mismo libro de la “historiadora oficial”, Clara Aldrighi
A mí se me convirtió en traidor antes de ser detenido por el Florida, cuando se me niega la baja que después dirán que me dieron, diciendo que se me iba a enviar al exterior cuando precisamente ese era mi pedido, para intentar resolver el enorme problema de la documentación con que viajaban los compañeros que regresaban a Uruguay. Pese a mis discrepancias, me seguía considerando un militante, tan tupamaro como los demás
Dice c.e.r. que La nueva versión con HAP, es un poco más compleja. Yo creo que no, que es sencilla y transparente y es fruto de muchos años de trabajo, de lectura de libros, memorias, artículos, reportajes, conversaciones, testimonios y de escuchar los discursos de quienes levantaron la mano para declarar el estado de guerra interno y me acusaron de conspirar contra la legalidad mientras se reunían con el negociador de la rendición incondicional y fraguaban la falsificación de mi manuscrito a medias con Fasano y Trabal, que ya había pasado de ser el jefe de los torturadores a líder del “golpe bueno”, con el que maquinaron la rendición-entrega de Sendic.
Dice c.e.r. que parecería que no estoy dispuesto a reconocer que no siempre he tenido razón. Creo que se equivoca, porque esa y no otra han sido y es mi intención. Lo que pasa es que hasta ahora nadie – y c.e.r. tampoco—me señalan cuáles han sido esos errores, más allá de citar fallos de funcionamiento de manera genérica, de una organización clandestina. Muchas veces me parece que esa condición se deja de lado, como si el MLN hubiera sido un comité de base del 26 de marzo.
Claro que reconozco que colaboré “con el enemigo”. Pero c.e.r. olvida que lo hice, en los términos que reconozco en Palabra de Amodio, después que Nepo, ya perdonado por su “equivocación”, al decir de Marenales, me comunicara que yo era el cabeza de turco. Era entonces mi enemigo el que me sacó del barracón para evitarme la boleta decretada por quienes sabían que la acusación era falsa o fueron quienes me acusaron a sabiendas de la falsedad? That is the question, please.
Dice c.e.r. que Por esos mismos deslices, en tiempos que HAP era un dirigente, a varios se les dio “la baja deshonrosa” y, a alguno, en la “fuga” del Abuso, -de la cual HAP fue un planificador junto con Zabalza- justamente (¿…?), por esas “aflojes”, se los dejó “adentro”: verbigracia “el perro” Ubillos, verbigracia (también?) Mejías Collazo.
Espero que c.e.r. comprenda que no pueda recordar concretamente la situación de Ubillos, pero voy a decirle que me opuse a darles lugar en la fuga a integrantes de otras organizaciones a las que considerábamos actuando de mala fe en relación al MLN, mientras dejábamos “de muestra” a compañeros valiosos. A Mejías Collazo se lo acusaba de hacer “entrismo” para la FAU. Yo fui el encargado de hablar con Julien, para que fueran ellos los que designaran a quienes se irían en la fuga, y fueron ellos los que no lo designaron, en acuerdo con el propio Mejías Collazo, en un gesto que nunca se les reconoció.
Yo también estoy convencido de que lo mejor que podemos hacer para las generaciones futuras, es dejarles el legado de lo-que-no-debe-hacerse.
Hago mías sus palabras finales: Es –estoy convencido- el mejor homenaje a todos los que murieron, cayeron, fueron torturados, mutilados, violados y fusilados. Para eso creo que es imprescindible que se conozca la verdad, toda la verdad.
Creo que no puedo reivindicar la gesta colectiva de los tupamaros, porque como tal, no existió. Y eso es parte, también, de la historia oficial.