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¡NO DEJEN MORIR A JIHAD!!!

¿Dónde fue a parar aquello de Uruguay, país de Asilo? ¿Dónde?

 

“A tal punto se atina, en estas peculiarísimas condiciones, a ahondar en el análisis, que me atrevo a confesarte algo: si bien no puedo hacer un plan quinquenal de mis pesadillas, sí puedo soñar despierto y por capítulos. Y así voy desgranando, desmenuzando, lo que quise y lo que quiero, lo que hice y lo que haré. Porque algún día podré volver a hacer cosas, ¿no te parece? Algún día abandonaré este raro exilio y me reintegraré al mundo, ¿no? Y seré alguien distinto, creo, incluso, que alguien mejor, pero nunca el enemigo del que fui o el que soy, sino más bien el complementario.”


Mario Benedetti. Primavera con una esquina rota

En Uruguay es casi imposible saber cuántos refugiados hay ni en qué difíciles condiciones viven. Unos dicen 300, otros 400, otros 600. Es una realidad invisibilizada.
Pero existe un organismo, CORE (Comisión de Refugiados), que se forma a partir de que “Uruguay es Estado parte de la Convención de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados y de su Protocolo de 1967. T

ambién ha ratificado los instrumentos universales más relevantes sobre derechos humanos… La CORE está integrada por representantes del Ministerio de Relaciones Exteriores, la Dirección Nacional de Migración, la Universidad de la República, un representante del Congreso Nacional, una organización no gubernamental sin fines de lucro y el ACNUR, que participa con voz pero sin voto…”

¿Ha oído usted que este organismo nos informe y haga algo por los refugiados?
¿Sabe usted que cualquier persona refugiada tiene derecho a saber los términos y condiciones de su refugio?

¿Sabe usted que en Guantánamo hubo niños y ancianos presos?
¿Sabe usted que fue Estados Unidos quien definió quién era terrorista y abrió Guantánamo?

¿Sabe usted que secuestró gente, la torturó y que nunca hubo juicios?
¿Sabe usted que el gobierno uruguayo y el de Estados Unidos hicieron un trato secreto para traer a los presos de Guantánamo?

Estamos viviendo, como humanidad, una tragedia interminable, de guerras por las energías, por el agua; por los territorios. Millones de refugiados por el mundo buscan un sitio donde vivir.
Las mentiras han sido muchas. Las esperas, demasiadas.

Hoy los uruguayos hablamos de Jihad.

¿Qué podemos decir de él?
Sufrió 13 años de torturas, un año y medio de destierro y lleva una huelga de casi 60 días. Solo quiere encontrase con su familia en un país de cultura árabe. Allá en Siria ha muerto parte de su familia, incluido su hijo mayor. Su familia es parte de eso que los que se disputan los territorios llaman “daños colaterales”

Podemos pensar que es un desagradecido. Que Uruguay lo recibió de Guantánamo, que le dio casa y 15 mil pesos. ¿Sabe usted que todo eso para todos los ex presos de Guantánamo se termina en enero de 2017? El 30/01/17 se termina el convenio firmado. No hubo ni habrá amparo ni reparación ninguna por parte de Estados Unidos.

Podemos sumarnos al castigo y condenar a Jihad por no aceptar lo que le “dieron”, después de quitarle trece años de su vida.
O podemos sentir que es su derecho; su derecho a ir donde él desea. Su derecho a ser libre.

¿Creemos posible que Jihad, después de todo lo sufrido, debe aceptar y adaptarse lejos de su familia, su tierra y su cultura, en condiciones críticas de vida?

La huelga de Jihad sacó a luz su drama concreto, y con él el drama colectivo.
Podemos mirar para otro lado.
Podemos ver que se está muriendo en una huelga de hambre y decir “que se muera”.
O podemos razonar que él fue una de las 800 personas secuestradas por comandos de Estados Unidos, sometidas a las peores torturas, en una de las peores cárceles del mundo creadas por los yanquis en 2002.

Podemos ver que el cerco tendido se debe a que fue condenado a muerte porque no lo doblegaron. Lo condenaron por no callar. Por denunciar. Porque él junto a otros expresos lleva adelante un juicio en Washington para divulgar las imágenes del martirio de la tortura y la alimentación forzosa.

La única manera de devolverle una fracción de la vida arrancada a Jihad es dejarlo en libertad y que pueda ir al reencuentro de sus hijos, su esposa y su madre.

La única manera de no ser su verdugo es dejar de mentir, es dejar de hacerle los mandados a los del norte.

La única y rápida salida es que el gobierno uruguayo diga al mundo y sus embajadas que Uruguay le da toda la documentación para que Jihad pueda ir a un país árabe.
La única manera de que Uruguay no sea su verdugo es que no lo dejen morir, que le otorguen la documentación adecuada para que pueda viajar.

Pongámonos por un momento en su pellejo: no nos sumemos al castigo de Estados Unidos.
No seamos cómplices de las barbaries de los poderosos.

De nada vale hablar contra las discriminaciones si discriminamos.
Ser sirio no es un delito.
Ser árabe tampoco es un delito.
Ser musulmán, tampoco.

Hoy es cuestión de horas: Jihad otra vez le suma a su huelga de hambre la huelga seca: no ingiere líquidos.

Nuestra alerta es humanitaria. Es solidaria. Es un alerta que apela a nuestra historia de pueblo solidario con el perseguido.

¿Dejaremos morir a Jihad?